La Caridad sin Verdad sería ciega, La Verdad sin Caridad sería como , “un címbalo que tintinea.” San Pablo 1 Cor.13.1
martes, diciembre 20, 2016
Dólar futuro: Bonadio cerró la causa y Cristina Kirchner quedó al borde del juicio oral
El juez federal clausuró la investigación en la que está procesada la ex presidenta y le envió el expediente al fiscal
Miércoles 14 de diciembre de 2016 • 09:57
La
ex presidenta está a punto de ser llevada a juicio oral en la causa por
la venta de dólar futuro. Foto: Archivo / LA NACION / Fernando
Massobrio
Se cierra el cerco judicial contra Cristina Kirchner en la causa por la venta de dólar futuro.
El juez federal Claudio Bonadio clausuró hoy la investigación en la
que está procesada la ex presidenta y le envió el expediente al fiscal
Eduardo Taiano para que éste proponga la elevación a juicio oral y
público.
El trámite, de todos modos, podría sufrir demoras, pues
varios de los imputados presentaron la semana pasada un recurso de
apelación contra sus procesamientos, que aún está pendiente de
resolución por la Cámara Federal de Casación Penal.
Bonadio
consideró que la etapa de instrucción de la causa está agotada, y en
consecuencia, después de que los procesamientos dictados por él fueran
confirmados por la Cámara Federal, consideró que el expediente está en
condiciones de pasar a la etapa de debate, consignó la agencia DyN. La ex presidenta y el ex ministro de Economía Axel Kicillof no apelaron sus procesamientos y proclamaron su intención de que la causa pasara rápidamente a la etapa de debate.
Pero
sus consortes de causa, Alejandro Vanoli, Miguel Angel Pesce, Pedro
Biscay, Alejandro Formento, Germán Feldman, Cristian Girard, Guillermo
Pavan, David Jacoby, Bárbara Domatto Conti y Mariano Beltrami, sí lo
apelaron y sus recursos pasaron a estudio de la Casación, el máximo
tribunal penal del país.
Bonadio le envió el expediente al fiscal
Taiano para que formule el requerimiento de elevación a juicio, y lo
propio hará luego con cada uno de los imputados. En esta instancia, las
partes pueden oponerse al pase a la etapa oral, argumentar que hay
decisiones trascendentes pendientes o, incluso, pedir el sobreseimiento
de los imputados.
La causa del dólar futuro se originó a partir de una denuncia de Cambiemos. Alfonso Prat-Gay,
ministro de Hacienda, dio su testimonio ante Bonadio e impulsó la
investigación. En la denuncia se cuestiona que el Banco Central, por
instrucciones supuestas de la ex presidenta, firmó que el dólar futuro
iba a estar a $ 10 cuando el llamado blue ya cotizaba a $ 15, lo que
permitió a los compradores cobrar la diferencia y al Estado, ya
administrado por Macri al momento de pagar, le provocó un perjuicio
millonario.
La
Plata (Buenos Aires) (AICA): El sábado 19 de noviembre, en su habitual
reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La Plata,
monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia en la
sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de
conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre
cotidianamente. El prelado atribuyó esta situación a la disolución de la
familia, a la caída de la educación y a la falta de trabajo digno y
genuino.
El sábado 19 de noviembre, en su
habitual reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La
Plata, monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia
en la sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de
conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre
cotidianamente.
"Basta seguir las noticias de cada día -detalló el prelado-:
atracos, crímenes, asaltos que acaban en homicidios sin necesidad.
Quieren robarle el celular a alguien y, a veces, no alcanzan a robárselo
pero lo matan. Además vemos entraderas de todo tipo y también lo que se
sabe de la violencia doméstica, el maltrato a las mujeres, lo que se
llama ahora femicidio. Todo esto pareciera que se hubiera precipitado de
una manera tremenda en los últimos años”.
El pastor platense se pregunta acerca de la causa de esto. ¿Por
qué es así? Sí, está la malicia de la persona humana y siempre habrá
habido robos y crímenes pero tengo la impresión de que, ahora, hay una
especie de concentración de estos males”, reflexionó.
Admitiendo que no es un sociólogo, dijo que a su parecer "hay
dos o tres causas que pueden influir en esto. Una es la disolución de la
familia, pues hoy es muy difícil encontrar una familia como la
entendíamos antes. Ahora tenemos lo que se llaman las familias
ensambladas y yo, hablando con los jóvenes, como lo hago frecuentemente,
observo que muchos no han conocido a su padre y tienen hermanos de
varias parejas de su madre, etc. Hay una especie de orfandad afectiva en
muchos de estos chicos y en algunos ambientes eso le llega fácilmente.
Son reclutados, con facilidad, por una bandita y caen presos y se
tragan, como “perejiles”, ocho años en la cárcel cuando los grandes
“chorros” pasean tranquilos”.
A la disolución de la familia el arzobispo agregó otra razón que
podría ser la caída de la educación. "Y no me refiero sólo al sistema
educativo sino a la educación en general, lo que era el decoro, el
respeto, la cordialidad, el respeto por el otro, por la vida del otro.
Eso también es algo que hoy parece que no tiene una vigencia cultural de
peso”.
“Además -añadió- está la falta de trabajo, de trabajo digno, de
trabajo genuino. Hay mucha gente cuyo trabajo es 'chorrear' y hacen lo
que pueden por sobrevivir y, por supuesto, no estoy justificando esto.
Lo que veo es entre todas estas causas la constitución de una especie de
drama argentino, una tragedia argentina y eso tiene que ver con la
violencia, la violencia en todos los órdenes Incluso en la calle, entre
los pasajeros de un colectivo, o alguien que cruza una calle y un auto
que no lo respeta, etc. Parecen minucias pero el conjunto hace una
especie de síndrome psicológico y sociológico de violencia”.
En tren de proponer alguna solución, monseñor Aguer señaló que
"los cristianos tenemos que hacer un aporte, no sólo en cuanto a nuestra
conducta sino en cuanto a la difusión de una corriente diversa de trato
con las personas, de respeto, de afecto, de solidaridad aun con
personas desconocidas. Esto parece algo difícil de realizar pero es lo
normal, tendría que ser lo corriente, lo cotidiano”.
“No quiero exagerar las cosas. Si yo sigo las noticias
policiales de los diarios por supuesto que este cuadro que les estoy
pintando es perfecto y ya sé que hay gente que vive de otra manera, que
vive bien, que trata a los demás como deben ser tratados. Pero los
periodistas reflejan esto sobre todo y, de hecho, uno encuentra que hay
una especie de crispación que tiene además de las causas que he citado
algunas otras que se podrían añadir pero que implican la deshumanización
de la convivencia humana”.
En el final de su reflexión, monseñor Aguer dijo que "tenemos
que reaccionar, en primer lugar con el aporte de nuestro propio trato
empezando por casa, y siguiendo por los que están más próximos. Es una
experiencia que yo mismo, como pastor de la Iglesia, he tenido porque
hay cosas que a uno lo enojan, lo fastidian, y espontáneamente surge el
temperamento, uno está inclinado a contestar de mal modo, aun en esas
pequeñeces, me parece que se juega ese imperio de la violencia y es algo
que nosotros podemos dominar, podemos corregir, podemos encauzar y
sobre todo los que tenemos alguna responsabilidad educativa con los
chicos, sea en el hogar, sea en la escuela. Es muy importante eso de
tratar de tranquilizarlos, tratar de llevarlos a la mesura. Hay una
especie de descontrol y eso no es la libertad porque la libertad es
perfectamente compatible con el respeto, con la mesura, con la
integración de una comunidad”, concluyó.+
Milagro de la Inmaculada Concepción El milagro que impidió que el Tercio español de Bobadilla fuese cruelmente masacrado
El grupo de recreación histórica «Imperial
Service» construyó el año pasado una recreación de la iglesia de Empel
en la base militar de «El Goloso» para conmemorar aquel episodio
- Actualizado: Guardado
en:
El 7 de diciembre de 1585, en plena época dorada del soldado español en Europa (y parte de las Américas), el Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla se hallaba atrapado en la isla holandesa de Bommel.
Eran apenas 4.000 combatientes que, aunque hispanos, poco podían hacer
ante la imponente fuerza enemiga que les rodeaba. Hambrientos, vestidos
con harapos y tras días de defensa, sabían que era imposible que
salieran victoriosos. Solo esperaban a que se produjera el asalto final
de los protestantes para vender caras sus vidas. En esas andaba la
situación cuando un militar, para asombro de todos, encontró la imagen
de una virgen cerca de la iglesia del pueblo de Empel,
en el que residían en espera de su destino final. Este signo fue
considerado como un milagro. Una señal que les enviaba Dios para que
lucharan con ánimo y bravura.
Lo cierto es que algo de divino
tuvo la aparición de aquella tablilla pues, al día siguiente, uno de los
ríos colindantes se heló por primera vez en siglos. Un «milagro» que obligó a la flota protestante a salir a toda vela de la zona y permitió al Tercio de Bobadilla
cargar contra el enemigo. Los combatientes hispanos tuvieron suerte,
pues sus enemigos no se esperaban aquello y fueron arrollados bajo
decenas de picas, espadas roperas y arcabuces. A pesar de que la
situación explicada puede parecer el argumento de una película de
ciencia ficción, aquel suceso no solo ocurrió de veras, sino que quedó
guardado para siempre en las páginas de la Historia española. De hecho, tan reseñable fue, que la Inmaculada Concepción
(cuya imagen fue encontrada en aquella trinchera), fue declarada la
patrona de la infantería española desde ese instante y se bautizó el
episodio como el «Milagro de Empel».
El año
pasado, 430 años después de que los soldados de los Tercios salvaran sus
vidas por gracia de Dios, el Ejército de Tierra español -de la mano de José Conde de Arjona (jefe de la Brigada del Sector Este de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano y jefe de la Brigada Acorazada Guadarrama XII)- y la asociación de recreación histórica «Imperial Service» unieron fuerzas para edificar en la base militar de «El Goloso»
la iglesia en la que los soldados encontraron la imagen de la Virgen.
«La estética final que buscamos no es otra que la que debió tener en ese
momento la iglesia. No solo con las ruinas, sino con las trincheras
españolas que la circunvalaban», explica José Miguel Alberte, presidente de este grupo, en declaraciones a ABC.
Un Tercio en Bommel
Pero… ¿qué hacía en 1585 un Tercio español por Bommel? Para responder a esta cuestión hay que retrotraerse hasta el momento en el que Carlos I de España (V para los germanos) dio en herencia a su hijo Felipe II los
territorios que, con sangre, sudor, y la muerte de miles de hombres,
había atesorado durante años. Entre ellos se incluían los estados que
hoy ocupan una buena parte de los Países Bajos. El
cambio, según se pensó desde nuestro país, no tendría por qué provocar
calentamientos de cabellera. Pero los flamencos no estuvieron de
acuerdo. Y es que, considerando que iban a ser gobernados por un monarca extranjero que no sabía de su región más allá de dónde se situaba en un mapa –y aprovechando el auge del protestantismo-
comenzaron su propia guerra de independencia contra la familia hispana.
El rey (que, aunque nuevo en el trono, no tenía un pelo de botarate)
respondió como mejor sabía: llamando a las armas a sus soldados.
Plano de la isla de BommelFelipe, hasta el cetro de protestantes, envió para detener aquella sublevación a Alejandro Farnesio quien
–mes arriba, mes abajo- no necesitó mucho tiempo para demostrar que, ya
fuera en España o en los Países Bajos, andaba sobrado de narices. Así
lo dejó claro, por ejemplo, tras vencer en batallas como la de Glembloux.
No obstante, parece que ir bien armado de gónadas no le valió para
someter rápidamente a los rebeldes quienes, allá por el segundo tercio
del siglo XVI, todavía daban más de un dolor de mollera a los españoles
en multitud de regiones. Precisamente una de ellas era Brabante, zona que andaba necesitada de ayuda para sofocar las revueltas y a la que el oficial envió a su subordinado, Carlos de Mansfeld, para poner orden espada mediante. Este, por su parte, partió decidido a repartir bofetadas en nombre de su Católica Majestad junto a tres Tercios.
Entre ellos estaba el de Bobadilla. Un Tercio, por cierto, que contaba con un curioso apodo. «Al Tercio de Francisco de Bobadilla lo llamaban el de los Colmeneros, por ser gente poco curtida que no se atrevía a forrajear, por lo que se conformaban con comer miel de las colmenas y beber agua empantanada», explica el historiador José Rodríguez Hernández en su obra «Breve historia de los Tercios de Flandes». Dejando los sobrenombres a un lado, en el camino a Brabante los hispanos se dieron de bruces con la isla de Bommel, ubicada en el sur de los Países Bajos entre dos ríos (el Mosa, de 1.000 kilómetros, y el Wall)
y solo a flote gracias a los diques que soportaban las aguas de estas
corrientes. Mansfelt, en vista de que la zona estaba desierta, ordenó a
Bobadilla que se posicionara junto a sus hombres y defendiese el lugar. A
las pocas horas, más de 4.000 soldados protegían la región y decían
adiós a sus aliados, que se marchaban a buen paso a tomar la siguiente
ciudad.
Llega el enemigo
La primera parte de las órdenes fue cumplida de forma impecable, pero lo que no sabía Bobadilla es que iba a tener que sudar sangre para obedecer la orden. Más cuando los rebeldes –al mando del Conde de Holac-
se dispusieron a pasar por el cuchillo, la piedra, y lo que se
terciase, a los hombres de Bobadilla. No es que Bommel fuese de una
importancia estratégica vital, pero cortar el cuello a cuatro millares
de militares españoles era un acto de propaganda que no tenía precio.
«Pareció efta buena ocaffion a Holak, para vegarfe con una memorable
rota de la mejor parte del exercito Catholico, Y apreftada una armada de cafi cien vafos, los más de quillas chatas, defde Dordrech por el Moffa fe arrima a Bommel», explica el historiador italiano del S.XVI Famiano Estrada en su obra «Segunda
Decada de las Guerras de Flandes: Desde el principio del Govierno de
Alexandro Farnese, Tercero Duque de Parma y Placencia».
Imperial Service, junto al cuadro del Milagro de Empel de Ferrer Dalmau- M.P.V.A
finales de noviembre, la armada de Holac se posicionó cerca de la isla
de Bommel con miles de combatientes. Una vez en tierra, estos tomaron dos de los tres diques que
impedían que la isla se inundase. Sin piedad, los hombres de Holac
abrieron ambos con la intención de ahogar a los hombres de Bobadilla,
quien apenas tuvo tiempo para ordenar a sus hombres recoger todos los
bártulos y, antes de que les llegase el agua al morrión, huyeran por piernas a la parte más alta de Bommel. Justo la zona en la que se ubicaba un pequeño pueblo llamado Empel y
que se convertiría en su última defensa. Para colmo de males, los
rebeldes cañonearon a los españoles durante varias noches, segando
algunas vidas y acabando, de un tajo seco, con su moral. Con el paso de los días, rodeados, hambrientos y sucios, los de Bobadilla abandonaron toda esperanza de sobrevivir y
se dispusieron a esperar el asalto enemigo sabiendo que este tenía,
además de un mayor número de combatientes al otro lado del río, una
flota que macharía cualquier intento de atacar sus posiciones. Pintaban
bastos, vaya.
A pesar de lo mala situación, Bobadilla se aprestó a
la defensa. «Bobadilla, hombre de ardiente corazón, inflava [los ánimos
de los hombres], y no folamente aquellos que eftavan con el en Emple
-mas de tres mil efpañoles- fino también a los que havian ocupado los
diques […] les animava por medio de menfageros. [Decididos] puef a la
defenfa, fortifican las cafas y los templos, y arman con parapetos los márgenes de los diques: fi algunas barcas del enemigo affomavan de cerca, las ahuyentavan con artillería,
y ninguna mueftra daban de temor», añade el autor italiano en su
escrito. Además de todo ello, el Maestre también ordenó a sus soldados cavar trincheras alrededor
de algunos puntos clave para la defensa del lugar. Desde viviendas
robustas, hasta una pequeña iglesia medio derruida del pueblo de Empel.
La hora de su muerte estaba cercana, pero no se irían al otro mundo sin
cortar alguna que otra cabeza.
Un milagro obrado por la Virgen
Fue
entonces, en pleno 7 de Diciembre, cuando un soldado que cavaba una
posición defensiva se encontró con algo increíble. «El encuentro con la
virgen fue absolutamente fortuito y se produjo, históricamente, dentro de los muros de la iglesia. Cuando
todos los españoles estaban intentando buscar protección en torno a
esas piedras apareció una tabla que, al darle la vuelta, mostró una virgen ricamente pintada», explica, en declaraciones a ABC, José Miguel Alberte, presidente de «Imperial Service». La tablilla, como señala a su vez el historiador italiano (contemporáneo del suceso) era «de la Madre de Dios de la Concepción» y contaba con unos tonos tan vivos como si nunca hubiera estado bajo tierra.
Aquel signo fue tomado como una señal enviada por el mismísimo Dios. Un signo de que debían seguir combatiendo,
pues él obraría con ayuda de la virgen un milagro para que salieran
victoriosos. El suceso, además, fue utilizado por Bobadilla, sabedor de
que sus hombres necesitaban una inyección de moral. «La importancia del
hallazgo de la virgen es muy difícil de valorar teniendo en cuenta la
situación en la que estaban las tropas españolas. La realidad es que,
cuando el soldado español la encontró, y debido a la religiosidad que
había en el siglo XVI español, la tomó en sus manos y fue corriendo a su
maestre de campo para enseñársela. Bobadilla, como comandante del Tercio español,
sabía que tenía casi a 5.000 hombres desesperados, muertos de frío,
muertos de hambre y que sabían que, muy probablemente, iba a ser su
último día en la Tierra. De manera que tomó la virgen como un elemento para canalizar el ánimo de sus tropas», añade Alberte.
Detalle de los soldados de los TerciosFuera
por la causa que fuese, Bobadilla trató aquella tablilla como si se
tratase de la misma Madre del Señor en carne y hueso. «Como fi hubiera defcubierto un theforo,
acudieron de las tiendas cercanas [los soldados a adorarla].
Maravillandofe de la novedad de la obra, y del colorido tan frefco, como
fi entonces acavara de correr por la tabla el pincel. […]. Llevanla pues como en proceffion al templo,
y colocanla entre las banderas de las legiones, la adoran pecho por
tierra todos; y ruegan a la Madre de los Exercitos, que pues es la que
folo podía hacerlo, quiera librar a fus foldados de aquellas affechanzas de elementos y enemigos»,
destaca el experto. Durante la noche del día 7, fueron muchos los
combatientes españoles que le dedicaron una oración a aquella imagen,
sabedores de que, si no era por ella, poco tiempo más podrían sobrevivir
en aquella isla perdida de la mano de Su Majestad Católica.
El
sacerdote del Tercio tampoco despreció la imagen. De hecho, solicitó a
todos los combatientes que le rindiesen honores para que les ayudase en
aquel momento tan aciago. «El Padre Fray García de Santisteban hizo luego que todos los soldados le dijesen un Salve,
y lo continuaban muy de ordinario. […) Este tesoro tan rico que
descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien (que por
intercesión de la Virgen María) esperaban en su bendito día […].
Quedaron tan consolados lo sitiados españoles después de haber dicho la
Salve […] que no sentían tanto el hambre» completa el soldado y cronista de los Tercios Alonso Vázquez (contemporáneo del milagro) en su obra «Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese».
El sacerdote del Tercio hizo que todos los soldados le «dirigiesen un salve» a la virgen
La
virgen debió escuchar en aquella iglesia las oraciones de los hombres
de Bobabilla pues, el día 8 de diciembre, acaeció algo que llevaba sin
suceder siglos en aquella región: un viento gélido del nordeste se levantó y, además de hacer crujir los huesos de los combatientes, heló las aguas del río Mosa. Algo que obligó a los buques rebeldes a largarse de allí viento en popa para no quedar encallados mientras decían, entre gruñidos, que sin duda Dios era español.
El 9 de ese mismo mes, Bobadilla llamó a sus soldados para dar el golpe
definitivo –ya sin buques que los protegiesen- al campamento contrario.
Sin embargo, la contienda no se llegó a celebrar, pues estos huyeron
despavoridos. Se había ganado una batalla imposible y todo,
presuntamente, gracias a un milagro. Por eso, desde ese día se decidió
que la Inmaculada Concepción fuese la patrona de la infantería.
Tras
el 9 de diciembre, y después del regreso del Tercio de Bobadilla a su
hogar, aquella imagen de madera fue adorada por cientos de cristianos.
«Y recivido en Flandes, y defpues paflado a Efpaña el exmplo, fue venerada la Madre de Dios en los prefidios por
eftas coffradias militares derivadas de la primera de Bommel […]. Y de
verdad el cafo mereció, que no oyeffe la pofteridad fin demoftraciones
de piadofo agradecimiento para con la Virgen Soberana. Porque quando mas el hambre confumia a los cercados,
quando el rigor del invierno les apagava el calor vital, quando las
avenidas los anegavan; y finaslmente quando en una univerfal
defefperacion de cofas, fola la efperanza en la Madre de Dios no defamparava a los miferos», completa el autor italiano.
Cinco preguntas a José Miguel Alberte
¿Cuál es el objetivo de edificar esta iglesia?
El
proyecto de la iglesia de Empel nació como parte de una actividad
previa realizada hace un año para la Brigada Acorazada de la mano del
general Conde. Este evento pretendía rememorar año tras año el milagro
de Empel tanto para las tropas de la Brigada Acorazada, como para sus
familias. El primer acercamiento fue reconstruir lo que ocurrió en aquel
islote de Bommel en la noche del 7 al 8 de diciembre. Un suceso que
luego da génesis a todas las tradiciones del Ejército Español.
El
proyecto es que la iglesia sea un elemento totalmente visitable para el
público en general y, en segundo lugar, que finalmente podamos realizar
la actividad de reconstrucción histórica para que podamos explicarle,
tanto a los miembros del Ejército como a sus familiares, la historia del
milagro.
¿La iglesia se basa en planos orginales?
La
iglesia es un elemento fundamental del Milagro de Empel porque le da una
ubicación física al propio hecho, pero estaba derruida. No se sabe
exactamente que antigüedad tenía. Ni siquiera se conoce el estilo
arquitectónico que tenía porque solo quedaban los sillares de piedra
inferiores. La parte superior había desaparecido desde hacía muchos
siglos.
¿Qué trabajo os queda por hacer?
El trabajo que nos
queda por realizar, que es mucho, va a ir en primer lugar encauzado a
terminar la nave principal de la iglesia, con las construcciones que
existían. Pero, en base a las fuentes históricas, también vamos a crear
esas trincheras donde las tropas españoles se protegían y donde,
finalmente y mientras cavaban, encontraron la imagen de la Inmaculada.
Estas
semanas van a ser de locura. Es imposible calcular las horas de trabajo
que nos quedan, pero seguramente no bajarán de las 200 o 300. Además,
en los últimos momentos tendremos que hacer un esfuerzo redoblado para
proveer a la escenografia de todos los elementos que tenían las tropas
españolas a su disposición en el entorno de Empel. De manera que,
seguramente, duplicaremos las horas de trabajo.
Los elementos que
vamos a incluir ya no son solo las propias trincheras, sino cestones,
caballos de Frisia, una pieza de artillería, lonas simulando las carpas
que protegían de las nevadas intensas a las tropas españolas. También
incluiremos todos los elementos que las unidades españolas llevaban con
ellos: carros de vituallas, pucheros, banderas, tambores y un largo etc.
¿Qué significa para «Imperial Service» colaborar en este proyecto?
Para
«Imperial Service», el que nos den la oportunidad de crear esta
escenografía es muy importante. Es muy importante porque la génesis o la
esencia misma del grupo no es otra que la de la divulgación histórica
de la historia de nuestra Fuerzas Armadas. Desde nuestro punto de vista,
creemos que la manera de que el pueblo español conozca y aprecie
nuestras fuerzas Armadas es la de enseñar parte de sus hechos de armas y
de su historia. Por ello, para nosotros es totalmente fundamental y
emocionante.
¿Es la primera vez que os dedicáis a la construcción?
A nivel de pico y pala es cierto que es la primera vez que nos hemos metido en un proyecto de estas características.
José Antonio, víspera de la muerte
Reprochó en 1934 a quienes confundían la
defensa de España con el desprecio a lo que entonces era Cataluña
José Antonio, en la cárcel - NietoJosé Antonio Primo de Rivera fue rotundo en su protesta
contra los exabruptos de rancio provincianismo mesetario oídos, el 4 de
enero de 1934, en el debate sobre los problemas de Cataluña que tenía
lugar en las Cortes: «Cuando nosotros empleamos el nombre de España, hay
algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de
agraviar a una tierra tan noble». Sus reproches iban destinados a
quienes, dentro y fuera del parlamento, confundían la defensa de España
con el desprecio, por pequeño que fuera el ultraje, a lo que era
entonces Cataluña y a lo que había significado en la formación de una
nación que debía concebirse no sólo como marco sentimental o
constitucional, sino, además, como voluntad de realizar una gran misión
civilizatoria. «Si alguien hubiese gritado muera Cataluña, no sólo
hubiera cometido una tremenda incorrección, sino que hubiera cometido un
crimen contra España, y no sería digno de sentarse entre españoles».
Unos meses después, haciendo frente al juicio histórico de la Dictadura, se dirigió a los representantes del pueblo
para recordarles la necesidad de un cambio profundo que regenerara
nuestra nación. España estaba «oprimida entre dos losas que todavía no
ha conseguido romper: por arriba, la falta de toda ambición histórica;
por abajo, la falta de una profunda justicia social». El discurso fue
condenado, en especial, por la derecha más torpe y reaccionaria, que en
voz de José Pemartín y en las páginas de Acción Española, indicó al
fundador de Falange que dejara de coincidir con los demagogos y olvidara
su debilidad por los intelectuales. Porque los problemas de Alemania o
de Italia los habían resuelto un pintor de brocha gorda como Hitler o un
albañil como Mussolini, y en España habría de seguirse un camino
parecido. Si los agravios lanzados contra Cataluña debieron preocupar a
quien tenía de España una idea verdaderamente unitaria, las majaderías
propinadas al pensamiento habían necesariamente de conmover a quien
tanto afán sentía por hacer de España un ámbito cultural cuyos valores
fundamentaran la calidad de nuestra convivencia.
Sobre dos cuestiones gravísimas como el antagonismo de clases y el conflicto regional,
José Antonio habló de un modo que quizás sorprenda aún a quienes, en
ambos asuntos, flaco favor siguen haciendo a su memoria. Y a quienes
brindan un apoyo más escaso, incluso, a la empresa nacional en que
consiste España todavía. La sordera de quienes le consideraban uno de
los suyos, y la indiferencia de quienes nunca llegaron a creerle,
ocasionaron el aislamiento político y el silencio de un mensaje que fue
contaminándose por las urgencias coyunturales. Y que, reflejando lo que
sucedió en casi todos los espacios de compromiso político, condujo a una
radicalización intolerante, en la que la causa de España fue perdiendo a
quienes mejor deseaban servirla. Preso desde la primavera de 1936,
el jefe nacional de Falange organizó a sus hombres para lo que le
parecía ya inevitable. Había que asaltar aquella República cuyas
intenciones originales consideraba corrompidas. Creyó necesario llegar a
esa violencia que había anunciado como recurso último cuando la
integridad de España o el sustento de su civilización se hallaran en
peligro. La preparación del movimiento de julio de 1936 atestigua su
preocupación por lo que pudiera ocurrir con Falange como gran proyecto
nacional, pero también su decisión de no dejar escapar una ocasión
aunque le exigiera cualquier sacrificio personal y del partido. También
el sacrificio postrero, la entrega de su vida. La sentencia del Tribunal
Popular de Alicante, atroz y previsible, le dio tiempo a poner su
conciencia en orden, hablando consigo mismo, con sus amigos y camaradas,
con España y con Dios en vísperas de su ejecución. Dudo de que un
español bien nacido pueda evitar conmoverse al leer su testamento. Como
otras palabras que se escribieron en trances parecidos, nos indican la
calidad humana que llegó a inmolarse en nombre de la patria, a uno y
otro lado de aquella línea de sangre que empapó el paisaje de España
durante tres años.
Un generoso propósito
Habló de la doctrina de Falange ante sus jueces,
de los motivos que le habían llevado a constituir aquel movimiento
juvenil. Lamentó que la mayoría no hubiera llegado a entender aquel
propósito generoso. Porque, de haber sido así, de haberse comprendido lo
que Falange significaba, ni él estaría ante un Tribunal, «ni otros
matándose por los campos de España». Defendió la insurrección a la que
Falange se había sumado, negando que pudiera calificarse de un golpe
mercenario. Pero esperó, con reticencias que habrían sido mayores de
tener más información, que sus camaradas y «su ardorosa ingenuidad no
sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que
sueña la Falange». Suplicó que fuera la suya «la última sangre española
que se vertiera en discordias civiles».
Pidió a Dios que acogiera
su muerte «en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que
ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida». Rogó que la sangre ya
vertida «me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los
camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último
de ellos». Y confió en la paz merecida por el pueblo español,
que al día siguiente seguiría enfrentándose en aquella contienda
enloquecida. Luego esperó en soledad antes de decir a quienes iban a
morir con él, ante el pelotón de ejecución: «Valor, muchachos, que esto
es solo un momento». Demasiados momentos como aquel en la España
trágica, en la España ciega a sus valores, en la España de la
intolerancia y de la inclinación al exterminio de hombres y de ideas.
Demasiados momentos que segaron la vida de hombres y mujeres que
merecieron, entre todos, una gran nación. Y, de uno en uno, la piadosa,
la radiante, la perfecta eternidad.