martes, diciembre 20, 2016

Dólar futuro: Bonadio cerró la causa y Cristina Kirchner quedó al borde del juicio oral

El juez federal clausuró la investigación en la que está procesada la ex presidenta y le envió el expediente al fiscal
Miércoles 14 de diciembre de 2016 • 09:57
La ex presidenta está a punto de ser llevada a juicio oral en la causa por la venta de dólar futuro
La ex presidenta está a punto de ser llevada a juicio oral en la causa por la venta de dólar futuro. Foto: Archivo / LA NACION / Fernando Massobrio
Se cierra el cerco judicial contra Cristina Kirchner en la causa por la venta de dólar futuro. El juez federal Claudio Bonadio clausuró hoy la investigación en la que está procesada la ex presidenta y le envió el expediente al fiscal Eduardo Taiano para que éste proponga la elevación a juicio oral y público.
El trámite, de todos modos, podría sufrir demoras, pues varios de los imputados presentaron la semana pasada un recurso de apelación contra sus procesamientos, que aún está pendiente de resolución por la Cámara Federal de Casación Penal.
Bonadio consideró que la etapa de instrucción de la causa está agotada, y en consecuencia, después de que los procesamientos dictados por él fueran confirmados por la Cámara Federal, consideró que el expediente está en condiciones de pasar a la etapa de debate, consignó la agencia DyN.
La ex presidenta y el ex ministro de Economía Axel Kicillof no apelaron sus procesamientos y proclamaron su intención de que la causa pasara rápidamente a la etapa de debate.
Pero sus consortes de causa, Alejandro Vanoli, Miguel Angel Pesce, Pedro Biscay, Alejandro Formento, Germán Feldman, Cristian Girard, Guillermo Pavan, David Jacoby, Bárbara Domatto Conti y Mariano Beltrami, sí lo apelaron y sus recursos pasaron a estudio de la Casación, el máximo tribunal penal del país.
Bonadio le envió el expediente al fiscal Taiano para que formule el requerimiento de elevación a juicio, y lo propio hará luego con cada uno de los imputados. En esta instancia, las partes pueden oponerse al pase a la etapa oral, argumentar que hay decisiones trascendentes pendientes o, incluso, pedir el sobreseimiento de los imputados.
La causa del dólar futuro se originó a partir de una denuncia de Cambiemos. Alfonso Prat-Gay, ministro de Hacienda, dio su testimonio ante Bonadio e impulsó la investigación. En la denuncia se cuestiona que el Banco Central, por instrucciones supuestas de la ex presidenta, firmó que el dólar futuro iba a estar a $ 10 cuando el llamado blue ya cotizaba a $ 15, lo que permitió a los compradores cobrar la diferencia y al Estado, ya administrado por Macri al momento de pagar, le provocó un perjuicio millonario.

martes, diciembre 13, 2016

La Naciòn 4-xII-16


El imperio de la violencia en la Argentina

aica.org  |  Especial  |  Magisterio de los obispos
Mons. Aguer: El imperio de la violencia en la Argentina
Martes 29 Nov 2016 | 10:27 am
La Plata (Buenos Aires) (AICA): El sábado 19 de noviembre, en su habitual reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia en la sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre cotidianamente. El prelado atribuyó esta situación a la disolución de la familia, a la caída de la educación y a la falta de trabajo digno y genuino.
El sábado 19 de noviembre, en su habitual reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia en la sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre cotidianamente.

"Basta seguir las noticias de cada día -detalló el prelado-: atracos, crímenes, asaltos que acaban en homicidios sin necesidad. Quieren robarle el celular a alguien y, a veces, no alcanzan a robárselo pero lo matan. Además vemos entraderas de todo tipo y también lo que se sabe de la violencia doméstica, el maltrato a las mujeres, lo que se llama ahora femicidio. Todo esto pareciera que se hubiera precipitado de una manera tremenda en los últimos años”.

El pastor platense se pregunta acerca de la causa de esto. ¿Por qué es así? Sí, está la malicia de la persona humana y siempre habrá habido robos y crímenes pero tengo la impresión de que, ahora, hay una especie de concentración de estos males”, reflexionó.

Admitiendo que no es un sociólogo, dijo que a su parecer "hay dos o tres causas que pueden influir en esto. Una es la disolución de la familia, pues hoy es muy difícil encontrar una familia como la entendíamos antes. Ahora tenemos lo que se llaman las familias ensambladas y yo, hablando con los jóvenes, como lo hago frecuentemente, observo que muchos no han conocido a su padre y tienen hermanos de varias parejas de su madre, etc. Hay una especie de orfandad afectiva en muchos de estos chicos y en algunos ambientes eso le llega fácilmente. Son reclutados, con facilidad, por una bandita y caen presos y se tragan, como “perejiles”, ocho años en la cárcel cuando los grandes “chorros” pasean tranquilos”.

A la disolución de la familia el arzobispo agregó otra razón que podría ser la caída de la educación. "Y no me refiero sólo al sistema educativo sino a la educación en general, lo que era el decoro, el respeto, la cordialidad, el respeto por el otro, por la vida del otro. Eso también es algo que hoy parece que no tiene una vigencia cultural de peso”.

“Además -añadió- está la falta de trabajo, de trabajo digno, de trabajo genuino. Hay mucha gente cuyo trabajo es 'chorrear' y hacen lo que pueden por sobrevivir y, por supuesto, no estoy justificando esto. Lo que veo es entre todas estas causas la constitución de una especie de drama argentino, una tragedia argentina y eso tiene que ver con la violencia, la violencia en todos los órdenes Incluso en la calle, entre los pasajeros de un colectivo, o alguien que cruza una calle y un auto que no lo respeta, etc. Parecen minucias pero el conjunto hace una especie de síndrome psicológico y sociológico de violencia”.

En tren de proponer alguna solución, monseñor Aguer señaló que "los cristianos tenemos que hacer un aporte, no sólo en cuanto a nuestra conducta sino en cuanto a la difusión de una corriente diversa de trato con las personas, de respeto, de afecto, de solidaridad aun con personas desconocidas. Esto parece algo difícil de realizar pero es lo normal, tendría que ser lo corriente, lo cotidiano”.

“No quiero exagerar las cosas. Si yo sigo las noticias policiales de los diarios por supuesto que este cuadro que les estoy pintando es perfecto y ya sé que hay gente que vive de otra manera, que vive bien, que trata a los demás como deben ser tratados. Pero los periodistas reflejan esto sobre todo y, de hecho, uno encuentra que hay una especie de crispación que tiene además de las causas que he citado algunas otras que se podrían añadir pero que implican la deshumanización de la convivencia humana”.

En el final de su reflexión, monseñor Aguer dijo que "tenemos que reaccionar, en primer lugar con el aporte de nuestro propio trato empezando por casa, y siguiendo por los que están más próximos. Es una experiencia que yo mismo, como pastor de la Iglesia, he tenido porque hay cosas que a uno lo enojan, lo fastidian, y espontáneamente surge el temperamento, uno está inclinado a contestar de mal modo, aun en esas pequeñeces, me parece que se juega ese imperio de la violencia y es algo que nosotros podemos dominar, podemos corregir, podemos encauzar y sobre todo los que tenemos alguna responsabilidad educativa con los chicos, sea en el hogar, sea en la escuela. Es muy importante eso de tratar de tranquilizarlos, tratar de llevarlos a la mesura. Hay una especie de descontrol y eso no es la libertad porque la libertad es perfectamente compatible con el respeto, con la mesura, con la integración de una comunidad”, concluyó.+

Milagro de la Inmaculada Concepción El milagro que impidió que el Tercio español de Bobadilla fuese cruelmente masacrado

El grupo de recreación histórica «Imperial Service» construyó el año pasado una recreación de la iglesia de Empel en la base militar de «El Goloso» para conmemorar aquel episodio
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- Actualizado: Guardado en: El 7 de diciembre de 1585, en plena época dorada del soldado español en Europa (y parte de las Américas), el Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla se hallaba atrapado en la isla holandesa de Bommel. Eran apenas 4.000 combatientes que, aunque hispanos, poco podían hacer ante la imponente fuerza enemiga que les rodeaba. Hambrientos, vestidos con harapos y tras días de defensa, sabían que era imposible que salieran victoriosos. Solo esperaban a que se produjera el asalto final de los protestantes para vender caras sus vidas. En esas andaba la situación cuando un militar, para asombro de todos, encontró la imagen de una virgen cerca de la iglesia del pueblo de Empel, en el que residían en espera de su destino final. Este signo fue considerado como un milagro. Una señal que les enviaba Dios para que lucharan con ánimo y bravura.
Lo cierto es que algo de divino tuvo la aparición de aquella tablilla pues, al día siguiente, uno de los ríos colindantes se heló por primera vez en siglos. Un «milagro» que obligó a la flota protestante a salir a toda vela de la zona y permitió al Tercio de Bobadilla cargar contra el enemigo. Los combatientes hispanos tuvieron suerte, pues sus enemigos no se esperaban aquello y fueron arrollados bajo decenas de picas, espadas roperas y arcabuces. A pesar de que la situación explicada puede parecer el argumento de una película de ciencia ficción, aquel suceso no solo ocurrió de veras, sino que quedó guardado para siempre en las páginas de la Historia española. De hecho, tan reseñable fue, que la Inmaculada Concepción (cuya imagen fue encontrada en aquella trinchera), fue declarada la patrona de la infantería española desde ese instante y se bautizó el episodio como el «Milagro de Empel».
El año pasado, 430 años después de que los soldados de los Tercios salvaran sus vidas por gracia de Dios, el Ejército de Tierra español -de la mano de José Conde de Arjona (jefe de la Brigada del Sector Este de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano y jefe de la Brigada Acorazada Guadarrama XII)- y la asociación de recreación histórica «Imperial Service» unieron fuerzas para edificar en la base militar de «El Goloso» la iglesia en la que los soldados encontraron la imagen de la Virgen. «La estética final que buscamos no es otra que la que debió tener en ese momento la iglesia. No solo con las ruinas, sino con las trincheras españolas que la circunvalaban», explica José Miguel Alberte, presidente de este grupo, en declaraciones a ABC.

Un Tercio en Bommel

Pero… ¿qué hacía en 1585 un Tercio español por Bommel? Para responder a esta cuestión hay que retrotraerse hasta el momento en el que Carlos I de España (V para los germanos) dio en herencia a su hijo Felipe II los territorios que, con sangre, sudor, y la muerte de miles de hombres, había atesorado durante años. Entre ellos se incluían los estados que hoy ocupan una buena parte de los Países Bajos. El cambio, según se pensó desde nuestro país, no tendría por qué provocar calentamientos de cabellera. Pero los flamencos no estuvieron de acuerdo. Y es que, considerando que iban a ser gobernados por un monarca extranjero que no sabía de su región más allá de dónde se situaba en un mapa –y aprovechando el auge del protestantismo- comenzaron su propia guerra de independencia contra la familia hispana. El rey (que, aunque nuevo en el trono, no tenía un pelo de botarate) respondió como mejor sabía: llamando a las armas a sus soldados.

Plano de la isla de Bommel
Plano de la isla de Bommel
Felipe, hasta el cetro de protestantes, envió para detener aquella sublevación a Alejandro Farnesio quien –mes arriba, mes abajo- no necesitó mucho tiempo para demostrar que, ya fuera en España o en los Países Bajos, andaba sobrado de narices. Así lo dejó claro, por ejemplo, tras vencer en batallas como la de Glembloux. No obstante, parece que ir bien armado de gónadas no le valió para someter rápidamente a los rebeldes quienes, allá por el segundo tercio del siglo XVI, todavía daban más de un dolor de mollera a los españoles en multitud de regiones. Precisamente una de ellas era Brabante, zona que andaba necesitada de ayuda para sofocar las revueltas y a la que el oficial envió a su subordinado, Carlos de Mansfeld, para poner orden espada mediante. Este, por su parte, partió decidido a repartir bofetadas en nombre de su Católica Majestad junto a tres Tercios.
Entre ellos estaba el de Bobadilla. Un Tercio, por cierto, que contaba con un curioso apodo. «Al Tercio de Francisco de Bobadilla lo llamaban el de los Colmeneros, por ser gente poco curtida que no se atrevía a forrajear, por lo que se conformaban con comer miel de las colmenas y beber agua empantanada», explica el historiador José Rodríguez Hernández en su obra «Breve historia de los Tercios de Flandes». Dejando los sobrenombres a un lado, en el camino a Brabante los hispanos se dieron de bruces con la isla de Bommel, ubicada en el sur de los Países Bajos entre dos ríos (el Mosa, de 1.000 kilómetros, y el Wall) y solo a flote gracias a los diques que soportaban las aguas de estas corrientes. Mansfelt, en vista de que la zona estaba desierta, ordenó a Bobadilla que se posicionara junto a sus hombres y defendiese el lugar. A las pocas horas, más de 4.000 soldados protegían la región y decían adiós a sus aliados, que se marchaban a buen paso a tomar la siguiente ciudad.

Llega el enemigo

La primera parte de las órdenes fue cumplida de forma impecable, pero lo que no sabía Bobadilla es que iba a tener que sudar sangre para obedecer la orden. Más cuando los rebeldes –al mando del Conde de Holac- se dispusieron a pasar por el cuchillo, la piedra, y lo que se terciase, a los hombres de Bobadilla. No es que Bommel fuese de una importancia estratégica vital, pero cortar el cuello a cuatro millares de militares españoles era un acto de propaganda que no tenía precio. «Pareció efta buena ocaffion a Holak, para vegarfe con una memorable rota de la mejor parte del exercito Catholico, Y apreftada una armada de cafi cien vafos, los más de quillas chatas, defde Dordrech por el Moffa fe arrima a Bommel», explica el historiador italiano del S.XVI Famiano Estrada en su obra «Segunda Decada de las Guerras de Flandes: Desde el principio del Govierno de Alexandro Farnese, Tercero Duque de Parma y Placencia».

Imperial Service, junto al cuadro del Milagro de Empel de Ferrer Dalmau
Imperial Service, junto al cuadro del Milagro de Empel de Ferrer Dalmau- M.P.V.
A finales de noviembre, la armada de Holac se posicionó cerca de la isla de Bommel con miles de combatientes. Una vez en tierra, estos tomaron dos de los tres diques que impedían que la isla se inundase. Sin piedad, los hombres de Holac abrieron ambos con la intención de ahogar a los hombres de Bobadilla, quien apenas tuvo tiempo para ordenar a sus hombres recoger todos los bártulos y, antes de que les llegase el agua al morrión, huyeran por piernas a la parte más alta de Bommel. Justo la zona en la que se ubicaba un pequeño pueblo llamado Empel y que se convertiría en su última defensa. Para colmo de males, los rebeldes cañonearon a los españoles durante varias noches, segando algunas vidas y acabando, de un tajo seco, con su moral. Con el paso de los días, rodeados, hambrientos y sucios, los de Bobadilla abandonaron toda esperanza de sobrevivir y se dispusieron a esperar el asalto enemigo sabiendo que este tenía, además de un mayor número de combatientes al otro lado del río, una flota que macharía cualquier intento de atacar sus posiciones. Pintaban bastos, vaya.
A pesar de lo mala situación, Bobadilla se aprestó a la defensa. «Bobadilla, hombre de ardiente corazón, inflava [los ánimos de los hombres], y no folamente aquellos que eftavan con el en Emple -mas de tres mil efpañoles- fino también a los que havian ocupado los diques […] les animava por medio de menfageros. [Decididos] puef a la defenfa, fortifican las cafas y los templos, y arman con parapetos los márgenes de los diques: fi algunas barcas del enemigo affomavan de cerca, las ahuyentavan con artillería, y ninguna mueftra daban de temor», añade el autor italiano en su escrito. Además de todo ello, el Maestre también ordenó a sus soldados cavar trincheras alrededor de algunos puntos clave para la defensa del lugar. Desde viviendas robustas, hasta una pequeña iglesia medio derruida del pueblo de Empel. La hora de su muerte estaba cercana, pero no se irían al otro mundo sin cortar alguna que otra cabeza.

Un milagro obrado por la Virgen

Fue entonces, en pleno 7 de Diciembre, cuando un soldado que cavaba una posición defensiva se encontró con algo increíble. «El encuentro con la virgen fue absolutamente fortuito y se produjo, históricamente, dentro de los muros de la iglesia. Cuando todos los españoles estaban intentando buscar protección en torno a esas piedras apareció una tabla que, al darle la vuelta, mostró una virgen ricamente pintada», explica, en declaraciones a ABC, José Miguel Alberte, presidente de «Imperial Service». La tablilla, como señala a su vez el historiador italiano (contemporáneo del suceso) era «de la Madre de Dios de la Concepción» y contaba con unos tonos tan vivos como si nunca hubiera estado bajo tierra.
Aquel signo fue tomado como una señal enviada por el mismísimo Dios. Un signo de que debían seguir combatiendo, pues él obraría con ayuda de la virgen un milagro para que salieran victoriosos. El suceso, además, fue utilizado por Bobadilla, sabedor de que sus hombres necesitaban una inyección de moral. «La importancia del hallazgo de la virgen es muy difícil de valorar teniendo en cuenta la situación en la que estaban las tropas españolas. La realidad es que, cuando el soldado español la encontró, y debido a la religiosidad que había en el siglo XVI español, la tomó en sus manos y fue corriendo a su maestre de campo para enseñársela. Bobadilla, como comandante del Tercio español, sabía que tenía casi a 5.000 hombres desesperados, muertos de frío, muertos de hambre y que sabían que, muy probablemente, iba a ser su último día en la Tierra. De manera que tomó la virgen como un elemento para canalizar el ánimo de sus tropas», añade Alberte.

Detalle de los soldados de los Tercios
Detalle de los soldados de los Tercios
Fuera por la causa que fuese, Bobadilla trató aquella tablilla como si se tratase de la misma Madre del Señor en carne y hueso. «Como fi hubiera defcubierto un theforo, acudieron de las tiendas cercanas [los soldados a adorarla]. Maravillandofe de la novedad de la obra, y del colorido tan frefco, como fi entonces acavara de correr por la tabla el pincel. […]. Llevanla pues como en proceffion al templo, y colocanla entre las banderas de las legiones, la adoran pecho por tierra todos; y ruegan a la Madre de los Exercitos, que pues es la que folo podía hacerlo, quiera librar a fus foldados de aquellas affechanzas de elementos y enemigos», destaca el experto. Durante la noche del día 7, fueron muchos los combatientes españoles que le dedicaron una oración a aquella imagen, sabedores de que, si no era por ella, poco tiempo más podrían sobrevivir en aquella isla perdida de la mano de Su Majestad Católica.
El sacerdote del Tercio tampoco despreció la imagen. De hecho, solicitó a todos los combatientes que le rindiesen honores para que les ayudase en aquel momento tan aciago. «El Padre Fray García de Santisteban hizo luego que todos los soldados le dijesen un Salve, y lo continuaban muy de ordinario. […) Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien (que por intercesión de la Virgen María) esperaban en su bendito día […]. Quedaron tan consolados lo sitiados españoles después de haber dicho la Salve […] que no sentían tanto el hambre» completa el soldado y cronista de los Tercios Alonso Vázquez (contemporáneo del milagro) en su obra «Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese».
El sacerdote del Tercio hizo que todos los soldados le «dirigiesen un salve» a la virgen
La virgen debió escuchar en aquella iglesia las oraciones de los hombres de Bobabilla pues, el día 8 de diciembre, acaeció algo que llevaba sin suceder siglos en aquella región: un viento gélido del nordeste se levantó y, además de hacer crujir los huesos de los combatientes, heló las aguas del río Mosa. Algo que obligó a los buques rebeldes a largarse de allí viento en popa para no quedar encallados mientras decían, entre gruñidos, que sin duda Dios era español. El 9 de ese mismo mes, Bobadilla llamó a sus soldados para dar el golpe definitivo –ya sin buques que los protegiesen- al campamento contrario. Sin embargo, la contienda no se llegó a celebrar, pues estos huyeron despavoridos. Se había ganado una batalla imposible y todo, presuntamente, gracias a un milagro. Por eso, desde ese día se decidió que la Inmaculada Concepción fuese la patrona de la infantería.
Tras el 9 de diciembre, y después del regreso del Tercio de Bobadilla a su hogar, aquella imagen de madera fue adorada por cientos de cristianos. «Y recivido en Flandes, y defpues paflado a Efpaña el exmplo, fue venerada la Madre de Dios en los prefidios por eftas coffradias militares derivadas de la primera de Bommel […]. Y de verdad el cafo mereció, que no oyeffe la pofteridad fin demoftraciones de piadofo agradecimiento para con la Virgen Soberana. Porque quando mas el hambre confumia a los cercados, quando el rigor del invierno les apagava el calor vital, quando las avenidas los anegavan; y finaslmente quando en una univerfal defefperacion de cofas, fola la efperanza en la Madre de Dios no defamparava a los miferos», completa el autor italiano.

Cinco preguntas a José Miguel Alberte

¿Cuál es el objetivo de edificar esta iglesia?
El proyecto de la iglesia de Empel nació como parte de una actividad previa realizada hace un año para la Brigada Acorazada de la mano del general Conde. Este evento pretendía rememorar año tras año el milagro de Empel tanto para las tropas de la Brigada Acorazada, como para sus familias. El primer acercamiento fue reconstruir lo que ocurrió en aquel islote de Bommel en la noche del 7 al 8 de diciembre. Un suceso que luego da génesis a todas las tradiciones del Ejército Español.
El proyecto es que la iglesia sea un elemento totalmente visitable para el público en general y, en segundo lugar, que finalmente podamos realizar la actividad de reconstrucción histórica para que podamos explicarle, tanto a los miembros del Ejército como a sus familiares, la historia del milagro.
¿La iglesia se basa en planos orginales?
La iglesia es un elemento fundamental del Milagro de Empel porque le da una ubicación física al propio hecho, pero estaba derruida. No se sabe exactamente que antigüedad tenía. Ni siquiera se conoce el estilo arquitectónico que tenía porque solo quedaban los sillares de piedra inferiores. La parte superior había desaparecido desde hacía muchos siglos.
¿Qué trabajo os queda por hacer?
El trabajo que nos queda por realizar, que es mucho, va a ir en primer lugar encauzado a terminar la nave principal de la iglesia, con las construcciones que existían. Pero, en base a las fuentes históricas, también vamos a crear esas trincheras donde las tropas españoles se protegían y donde, finalmente y mientras cavaban, encontraron la imagen de la Inmaculada.
Estas semanas van a ser de locura. Es imposible calcular las horas de trabajo que nos quedan, pero seguramente no bajarán de las 200 o 300. Además, en los últimos momentos tendremos que hacer un esfuerzo redoblado para proveer a la escenografia de todos los elementos que tenían las tropas españolas a su disposición en el entorno de Empel. De manera que, seguramente, duplicaremos las horas de trabajo.
Los elementos que vamos a incluir ya no son solo las propias trincheras, sino cestones, caballos de Frisia, una pieza de artillería, lonas simulando las carpas que protegían de las nevadas intensas a las tropas españolas. También incluiremos todos los elementos que las unidades españolas llevaban con ellos: carros de vituallas, pucheros, banderas, tambores y un largo etc.
¿Qué significa para «Imperial Service» colaborar en este proyecto?
Para «Imperial Service», el que nos den la oportunidad de crear esta escenografía es muy importante. Es muy importante porque la génesis o la esencia misma del grupo no es otra que la de la divulgación histórica de la historia de nuestra Fuerzas Armadas. Desde nuestro punto de vista, creemos que la manera de que el pueblo español conozca y aprecie nuestras fuerzas Armadas es la de enseñar parte de sus hechos de armas y de su historia. Por ello, para nosotros es totalmente fundamental y emocionante.
¿Es la primera vez que os dedicáis a la construcción?
A nivel de pico y pala es cierto que es la primera vez que nos hemos metido en un proyecto de estas características.

José Antonio, víspera de la muerte

Reprochó en 1934 a quienes confundían la defensa de España con el desprecio a lo que entonces era Cataluña
José Antonio, en la cárcel
José Antonio, en la cárcel - Nieto
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura
José Antonio Primo de Rivera fue rotundo en su protesta contra los exabruptos de rancio provincianismo mesetario oídos, el 4 de enero de 1934, en el debate sobre los problemas de Cataluña que tenía lugar en las Cortes: «Cuando nosotros empleamos el nombre de España, hay algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de agraviar a una tierra tan noble». Sus reproches iban destinados a quienes, dentro y fuera del parlamento, confundían la defensa de España con el desprecio, por pequeño que fuera el ultraje, a lo que era entonces Cataluña y a lo que había significado en la formación de una nación que debía concebirse no sólo como marco sentimental o constitucional, sino, además, como voluntad de realizar una gran misión civilizatoria. «Si alguien hubiese gritado muera Cataluña, no sólo hubiera cometido una tremenda incorrección, sino que hubiera cometido un crimen contra España, y no sería digno de sentarse entre españoles».
Unos meses después, haciendo frente al juicio histórico de la Dictadura, se dirigió a los representantes del pueblo para recordarles la necesidad de un cambio profundo que regenerara nuestra nación. España estaba «oprimida entre dos losas que todavía no ha conseguido romper: por arriba, la falta de toda ambición histórica; por abajo, la falta de una profunda justicia social». El discurso fue condenado, en especial, por la derecha más torpe y reaccionaria, que en voz de José Pemartín y en las páginas de Acción Española, indicó al fundador de Falange que dejara de coincidir con los demagogos y olvidara su debilidad por los intelectuales. Porque los problemas de Alemania o de Italia los habían resuelto un pintor de brocha gorda como Hitler o un albañil como Mussolini, y en España habría de seguirse un camino parecido. Si los agravios lanzados contra Cataluña debieron preocupar a quien tenía de España una idea verdaderamente unitaria, las majaderías propinadas al pensamiento habían necesariamente de conmover a quien tanto afán sentía por hacer de España un ámbito cultural cuyos valores fundamentaran la calidad de nuestra convivencia.
Sobre dos cuestiones gravísimas como el antagonismo de clases y el conflicto regional, José Antonio habló de un modo que quizás sorprenda aún a quienes, en ambos asuntos, flaco favor siguen haciendo a su memoria. Y a quienes brindan un apoyo más escaso, incluso, a la empresa nacional en que consiste España todavía. La sordera de quienes le consideraban uno de los suyos, y la indiferencia de quienes nunca llegaron a creerle, ocasionaron el aislamiento político y el silencio de un mensaje que fue contaminándose por las urgencias coyunturales. Y que, reflejando lo que sucedió en casi todos los espacios de compromiso político, condujo a una radicalización intolerante, en la que la causa de España fue perdiendo a quienes mejor deseaban servirla.
Preso desde la primavera de 1936, el jefe nacional de Falange organizó a sus hombres para lo que le parecía ya inevitable. Había que asaltar aquella República cuyas intenciones originales consideraba corrompidas. Creyó necesario llegar a esa violencia que había anunciado como recurso último cuando la integridad de España o el sustento de su civilización se hallaran en peligro. La preparación del movimiento de julio de 1936 atestigua su preocupación por lo que pudiera ocurrir con Falange como gran proyecto nacional, pero también su decisión de no dejar escapar una ocasión aunque le exigiera cualquier sacrificio personal y del partido. También el sacrificio postrero, la entrega de su vida. La sentencia del Tribunal Popular de Alicante, atroz y previsible, le dio tiempo a poner su conciencia en orden, hablando consigo mismo, con sus amigos y camaradas, con España y con Dios en vísperas de su ejecución. Dudo de que un español bien nacido pueda evitar conmoverse al leer su testamento. Como otras palabras que se escribieron en trances parecidos, nos indican la calidad humana que llegó a inmolarse en nombre de la patria, a uno y otro lado de aquella línea de sangre que empapó el paisaje de España durante tres años.

Un generoso propósito

Habló de la doctrina de Falange ante sus jueces, de los motivos que le habían llevado a constituir aquel movimiento juvenil. Lamentó que la mayoría no hubiera llegado a entender aquel propósito generoso. Porque, de haber sido así, de haberse comprendido lo que Falange significaba, ni él estaría ante un Tribunal, «ni otros matándose por los campos de España». Defendió la insurrección a la que Falange se había sumado, negando que pudiera calificarse de un golpe mercenario. Pero esperó, con reticencias que habrían sido mayores de tener más información, que sus camaradas y «su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange». Suplicó que fuera la suya «la última sangre española que se vertiera en discordias civiles».
Pidió a Dios que acogiera su muerte «en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida». Rogó que la sangre ya vertida «me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos». Y confió en la paz merecida por el pueblo español, que al día siguiente seguiría enfrentándose en aquella contienda enloquecida. Luego esperó en soledad antes de decir a quienes iban a morir con él, ante el pelotón de ejecución: «Valor, muchachos, que esto es solo un momento». Demasiados momentos como aquel en la España trágica, en la España ciega a sus valores, en la España de la intolerancia y de la inclinación al exterminio de hombres y de ideas. Demasiados momentos que segaron la vida de hombres y mujeres que merecieron, entre todos, una gran nación. Y, de uno en uno, la piadosa, la radiante, la perfecta eternidad.

Fidel Castro: el hombre de Washington


Nostalgie to those that remember