viernes, abril 23, 2010

Los Kirchner y la clave de la riqueza

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Los Kirchner y la clave de la riqueza

Varios de sus secretarios se han enriquecido en forma tan sospechosa y veloz como el matrimonio presidencial

No caben dudas de que Néstor y Cristina Kirchner parecen poseer el secreto de cómo enriquecerse a un ritmo vertiginoso y de que han decidido compartir la fórmula con un selecto puñado de colaboradores muy cercanos.
Por más malabarismos que realizó el juez federal Norberto Oyarbide para exculpar al matrimonio presidencial, las declaraciones juradas de bienes de los Kirchner no cierran. Tampoco cierra la de su ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, muy allegado a Néstor Kirchner antes de caer en desgracia.
Y otro tanto se repite con las de cuatro secretarios de los Kirchner, dos de los cuales han incrementado sus patrimonios 45 y 78 veces.
El de estos secretarios -algunos han renunciado a sus cargos, pero mantienen su cercanía con los Kirchner- es un caso realmente asombroso que alienta fundadas sospechas acerca de si ellos son los verdaderos dueños de sus rápidas fortunas o si en realidad actúan como testaferros.
Estas graves sospechas se ven abonadas cuando se repara en el hecho de que tres de ellos cuentan con la asistencia de dos de los abogados más caros de la Argentina.
Hay antecedentes cercanos del acelerado enriquecimiento de modestos empleados de la Presidencia. No hace muchos años salió a la luz la existencia de una cuenta europea en la que Ramón Hernández, ex policía de La Rioja y ex secretario de Carlos Menem, poseía varios millones de dólares. La estrecha relación de Hernández con Menem se mantiene en la actualidad.
Lo mismo ocurre con los cuatro secretarios, quienes comenzaron a trabajar para el matrimonio presidencial desde los tiempos en que Néstor Kirchner era gobernador de Santa Cruz.
Daniel Alvarez, Jorge Isidro Baltasar Bounine y Héctor Daniel Muñoz están sometidos a una investigación por presunto enriquecimiento ilícito a cargo del juez federal Claudio Bonadío. En otro expediente se investiga por el mismo delito a Fabián Gutiérrez, quien poseería en El Calafate una casa valuada en un millón de pesos.
Bounine incrementó su patrimonio de 15.000 a 676.194 pesos y la Oficina Anticorrupción halló inconsistencias en su declaración jurada. En cuanto a Muñoz, su patrimonio trepó de 14.000 pesos a más de un millón. Hasta hace poco tiempo, Bounine y Gutiérrez estaban a cargo del teléfono celular y de la agenda de Cristina Kirchner.
Es interesante el hecho de que la justificación de los bienes de Gutiérrez ante la Justicia lleve la firma del contador Víctor Alejandro Manzanares, quien realizó similar función con las declaraciones juradas de los Kirchner en el sumario en el que Oyarbide los sobreseyó.
Es más, con el consentimiento del juez Oyarbide, Manzanares llegó a actuar en aquel escandaloso expediente como perito de los Kirchner en momentos en que él también podía resultar imputado.
Es de esperar que el juez Bonadío no repita los pasos de su colega Oyarbide y someta a los secretarios a una seria y exhaustiva investigación.
El extraño y veloz sobreseimiento que benefició a los Kirchner de ninguna manera despejó las enormes dudas sobre su exponencial enriquecimiento. Al contrario, las avivó.
De no establecerse con claridad los mecanismos por los cuales sus secretarios se han enriquecido, las sospechas no sólo recaerán sobre éstos, sino, principalmente, sobre la Justicia. De esta manera, la impunidad, nuevamente, saldrá victoriosa .