miércoles, julio 20, 2016

Un documento revela los detalles de la herencia que dejó Néstor Kirchner

Diferencias con lo declarado por Cristina, Máximo y Florencia.
El ex Presidente dejó propiedades y 19 plazos fijo. El contador de la familia recién presentó la documentación cuatro años después de su fallecimiento.


El fallecido ex presidente Néstor Kirchner, la ex presidente Cristina Fernández y sus hijos, Florencia y Máximo.
El fallecido ex presidente Néstor Kirchner, la ex presidente Cristina Fernández y sus hijos, Florencia y Máximo.
El 3 de septiembre del 2014, o sea, casi cuatro años después de la muerte de Néstor Kirchner, el contador de su familia se presentó en el juzgado en el que se tramitaba su herencia para aclarar, recién entonces, a cuánto ascendía la fortuna del ex presidente al momento de fallecer el 27 de octubre del 2010. La cuenta especifica que ese “total de bienes” daba 60.440.299,66 pesos.
En la cuenta se incluyeron veinticinco propiedades, participaciones societarias en tres empresas, un auto, y depósitos bancarios por 33.791.077,67 pesos. Kirchner había invertido en 19 plazos fijos cuatros años atrás.
 ¿Cuánto habían dado de ganancias en esos cuatro años en los que el contador Víctor Manzanares tardó en oficializarlos ante la Justicia? Uno solo de esos plazos fijos, por ejemplo, era de 3.066.632,32 dólares. Ese enigma financiero, como tantos otros de esta trama, no está esclarecido ni por la Justicia ni por la familia Kirchner.
El documento de la sucesión de Kirchner se desconocía hasta ahora. Clarín accedió a ese papel firmado por el contador de los K tras una semana en la que la Justicia le embargó a Florencia Kirchner, hija menor del matrimonio ex presidencial, 5.676.168,90 dólares.
Florencia podría haber ayudado a su madre a esconder parte de su patrimonio​
La Justicia sospecha que esta joven de 26 años, sin trabajo conocido, podría estar involucrada en maniobras financieras vinculadas a la corrupción. Florencia es accionista de las tres empresas de los Kirchner. La inhibición de sus millones de dólares se dictaminó en el marco del caso Hotesur, que indaga si su familia usó sus hoteles para justificar fondos de origen ilegal. Ese expediente está bajo mando del juez Julián Ercolini, quien delegó la instrucción en el fiscal Gerardo Pollicita.
Por otro lado, la Justicia también sospecha que Florencia podría haber ayudado a su madre, la ex presidenta Cristina Fernández, a esconder parte de su patrimonio en una caja de seguridad y en una cuenta bancaria que están a nombre de su hija: así evitaría ser embargada por 15 millones de pesos, tal como lo dispuso otro juez, Claudio Bonadio en otra causa en la que la ex mandataria esta procesada.
Florencia Kirchner tenía en una caja de seguridad de la casa central del Banco Galicia 4.664.000 dólares en efectivo.
La imagen de los billetes apilados es impactante, y configura la primera imagen de millones de dólares en efectivo atesorados por los Kirchner.
Al menos hasta el viernes pasado, Florencia tenía también acreditados 992.000 dólares en una caja de ahorro del Galicia, también embargada.
El documento que da a conocer Clarín sobre el total de la herencia de Néstor Kirchner –incluido en varios expedientes judiciales- es un indicio más de la falta de transparencia en el patrimonio de su familia.
El contador histórico de los K, Víctor Manzanares, tardó cuatro años en declarar “en carácter de juramento” que había confeccionado el “detalle” de los bienes que tenía el ex presidente Néstor Kirchner, “sin omitir ni falsificar dato alguno que deba contener” esa declaración jurada de bienes siendo entonces “fiel expresión de la verdad”.
Los textuales llevan su firma en el documento que entregó el 3 de septiembre del 2014 en el juzgado de primera instancia en lo civil y comercial y de minería de Río Gallegos. En ese juzgado sigue abierto el trámite por la sucesión de Néstor Kirchner. El administrador de los bienes de su padre fallecido es su hijo mayor, Máximo.
Ante el descubrimiento de sus millones de dólares cash, Florencia Kirchner acusó a la Justicia y a la prensa de armar una especie de complot para tapar con las investigaciones sobre su patrimonio y el de su madre una coyuntura político y económica que describió como muy negativa.
Fueron frases viralizadas por las redes sociales de una imputada en un caso de corrupción.
Según los registros públicos, Florencia Kirchner es empleada de una de las empresas de la que es accionista, la inmobiliaria Los Sauces.
Ante la AFIP, ella registró que su actividad principal es la de “Producción de films y videocintas”. Es un rubro en el que aun no demostró en público ningún producto.
Tras la muerte de su padre, se convirtió en accionista de las tres empresas familiares. Entre otros negocios, ella es dueña de parte de la cadena hotelera familiar, de una inmobiliaria que da ganancias millonarias, y heredó el 25 por ciento del dinero de los plazos fijos en los que había invertido su padre, un ex presidente que decía impulsar un proyecto de país basado en producción que genere trabajo genuino. Había invertido al menos hasta el 2010 más de 33 millones de pesos.
Según ella, los millones en dólares en efectivo y depositados en una caja de ahorro es dinero “proveniente de la sucesión de mi padre y de la cesión de bienes gananciales que efectuara mi madre, de acuerdo a la ley, y que consta en el expediente sucesorio”.
Las evidencias dejan dudas al respecto.
La denunciante de la maraña de posibles irregularidades de las finanzas de las empresas K es la diputada del GEN Margarita Stolbizer, quien realizó este trabajo junto a su abogada Silvina Martínez. Explicó el viernes que “hoy en las cajas de seguridad de Florencia Kirchner hay en dólares más que el equivalente al total de la herencia recibida en 2011 (se recuerda que la herencia incluía propiedades, empresas y dinero)”.
Tal como consignó Clarín en diciembre del 2015, la diputada Stolbizer detectó, por ejemplo, que de los 19 plazos fijos declarados en la sucesión de Kirchner cuatro años después de que éste muriera, su heredera principal, la ex presidenta Cristina Fernández, solo declaró nueve plazos fijos ante la oficina anticorrupción.
Es solo un ejemplo entre varios que hacer sospechar que la contabilidad de los Kirchner es irregular adrede para blanquear dinero de la corrupción.
Los Kirchner tienen tres empresas. Hotesur, con la que manejan su hotel más grande, el Alto Calafate. Los Sauces SA, una inmobiliaria que da ganancias millonarias. Y COMA S.A., sin actividad pública aparente. Niguna de estas compañías presentó balances contables tal como dictan las leyes, hasta el año 2015. Tampoco tuvieron sedes legales reales. Y ninguna de ellas renovó autoridades de acuerdo a la normativa de las empresas comerciales.
¿Cómo pueden demostrar Cristina Kirchner, y sus herederos, que su hotel Alto Calafate les dio las ganancias multmillonarias que declaró su madre siento Presidenta? La misma pregunta podría hacerse sobre la inmobiliaria Los Sauces. Entre las dos empresas, y otro hotel de la familia, existe un patrón común: quienes les alquilaron esos negocios o propiedades a precios más altos que los de mercado fueron beneficiados con contratos estatales de obra pública o con licencias gubernamentales, de juego o medios. Son Lázaro Báez, Cristóbal López y la familia Relats. Matemáticas: parte del dinero que estas tres familias recibieron del Estado K, terminó después en las cuentas privadas de los Kirchner, con quienes hacían negocios. Un círculo: plata pública usada para generar ganancias entre privados.

Así es el cuadro de Ferrer Dalmau sobre la batalla de las Navas de Tolosa


Hostias en el piso


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Ajuste brutal

Se escucha a los aplaudidores de la década pasada hablar reiteradamente de “ajuste brutal”. Incluso aquellos que se bajaron del barco cuando el barco empezaba a hacer agua (Facundo Moyano entre otros).
Agregan para no quedarse cortos: “hasta ahora Macri sólo ha beneficiado a los ricos” y ejemplifican con el campo al que se le eliminaron algunas de las retenciones.
Es necesario enfrentar estas falacias antes que se vuelvan parte del relato al que son afectos políticos, periodistas y académicos.
Pagar tarifas o pasajes según su costo -lo mismo o menos que lo que se pagaba en el 2002, 2003 o lo que abona habitualmente cualquier habitante de las Provincias- no constituye ningún ajuste brutal.
Ajuste brutal fue haber aniquilado el 40% de los tamberos (7.000) extinguiendo a generaciones centenarias, con los mismos que actualmente cacarean aturdiendo con cifras falsas.
Ajuste brutal fue cerrar las exportaciones y perder los mercados internacionales de carne que nos costaron décadas conseguir y con ellos 40.000 puestos de trabajo directo, mientras se fundían más de 100 frigoríficos y los indignados de ahora atacaban con saña a quienes manifestaban alguna preocupación calificándolos de oligarcas.
Ajuste brutal fue hacer desaparecer a 100.000 productores agropecuarios sin que los promotores del “vivir con lo nuestro” digan una palabra.
Ajuste brutal fue ver pudrirse las frutas en las plantas porque salía más caro cosecharlas que venderlas, a la vez que los corifeos de entonces y los quejosos de ahora se llenaban la boca con la defensa de la mesa de los argentinos y la soberanía alimentaria.
Ajuste brutal fue haber reducido a una generación a la ignorancia con todo tipo de disparates pedagógicos y aprietes a los maestros para que nadie repita; condenando a los chicos a meses enteros sin clases y consagrando un genocidio cultural sin parangón en el que los alumnos no saben leer ni escribir en tercer grado, no comprenden textos en la secundaria y entran a la universidad con menos conocimientos y habilidades que los que hace unas décadas tenían quienes egresaban de séptimo grado.
Ajuste brutal fue haber dilapidado millones en publicidad oficial, envileciendo la moneda mediante una emisión descontrolada, con hospitales sin insumos y rutas que se destruyeron a seis meses de inauguradas.
Ajuste brutal fue permitir que los testaferros y capitalistas amigos del poder se quedasen con 8.000 millones de aportes de los trabajadores con los sindicalistas (a quienes no se le escapa un despedido en pueblo Gómez sin que llamen a un paro general) mirando para otro lado.
Ajuste brutal fue saquear al interior productivo impidiendo el despliegue de una burguesía agropecuaria e industrial genuina, empujando a la gente a hacinarse en las megápolis.
Ajuste brutal fue expulsar a los ancianos de la vereda y a los niños de los baldíos para entregar estos espacios a la delincuencia, confinando a millones de ciudadanos pacíficos a vivir tras las rejas (donde el fútbol gratis reemplazó a la pelota y al potrero).
Ajuste brutal fue usar la AFIP y la SIDE para perseguir a adversarios políticos y a quienes se atrevían a contradecir el discurso dominante.
Ajuste brutal fue vivir sin libertad… en medio de la mentira.
No hay ajuste brutal.
Simplemente nos estamos reconciliando con el principio de realidad y haciéndonos cargo de los cheques sin fondo que irresponsablemente libraron para sostener la idea de una fiesta popular que era para pocos y corruptos.
 

DEMOCRACIA  POR  EL  SUELO
                                                                Hugo Esteva

Que la “democracia” está en crisis no es ninguna novedad. En todo caso,  interesa comprobar es la velocidad creciente y las formas no esperadas con que lo hace.
Respecto de lo primero, se trata de un clásico de las decadencias. La aceleración permanente ha sido descripta tiempo atrás (por Guénon y por Évola, por ejemplo), pero su comprobación bajo los propios ojos no deja de sorprender. La “democracia” se va transformando entonces en un manual de malas costumbres individuales y colectivas que progresa sin cesar, a medida que se desploman sus mal nacidas raíces espirituales.
            “Esto no es un juicio sobre el mérito de ningún candidato, de ninguna filosofía política o de ninguna posición. En cambio, se refiere a un principio que, supuestamente, es fuente de orgullo de los norteamericanos pero que demasiados ciudadanos desprecian: la democracia” (Newsweek, 13/V/2016, pág. 26). Así empieza Kurt Eichenwald un largo artículo titulado “No le echen la culpa a Trump”, donde trata de justificar que no hay fundamento para descreer de los mecanismos electorales empleados en la cuna de lo “occidental y cristiano”. Y se queda ahí, en los mecanismos, tratando de explicar que no hay razón para dudar del sistema porque cuantitativamente el peso de los posibles fraudes –que, según él, ejercen sobre todo los republicanos- es pequeño respecto de la fortaleza del conjunto. Un conjunto que debería seguir como está.
            Sin embargo es en Estados Unidos, el país hijo del iluminismo por antonomasia, mesa de arena de los postulados de la Revolución Francesa y banco de pruebas del liberalismo político, donde hace años oí por primera vez la palabra “político” como adjetivo des-calificativo. Aún así, está claro que la falsa democracia no se hace sino con políticos como ingrediente principal y con financistas moviéndolos desde atrás.
Hoy ese país de gente trabajadora que sabe trabajar, descree en proporción nunca antes vista del sistema que, al mismo tiempo, intenta imponer universalmente sin mirar a quien. Y no es casual, entonces, que hayan aparecido líderes marginales en ambos partidos estadounidenses: Bernie Sanders para los demócratas y Donald Trump para los republicanos. De ahí que -derrotado el izquierdista Sanders entre los primeros por Hillary Clinton- el sistema, su poder  económico y sus medios de comunicación apunten contra Trump, el impredecible enemigo a la derecha.
Pero hay más. Porque en el país del Norte la “democracia”, supuesta herramienta para el gobierno de los más, se ha transformado en el modo de dominar de las minorías (sexuales, raciales, religiosas…) mientras pasa que: “Dejando luego la zona, esa tarde, manejé más allá de los campus de las compañías de alta tecnología, suerte de cajas de vidrio con amplias playas de estacionamiento en sus frentes. Se pasa suavemente de la pobreza a la prosperidad aquí, casi sin notarlo. Este contraste es comúnmente llamado desigualdad, aunque está más cerca de la irrealidad. Silicon Valley (el área de la hiper-tecnología en California, una meca de los cerebros) ha creado un mundo digital de eficiencias racionales, pero la gente a quien usted ve empujando sus pertenencias en changuitos de supermercado por la banquina de la ruta Interestadual 280 es empecinadamente analógica” (Alexander Nazaryan, Newsweek 13/V/16, pág 61). Y del mismo modo impone la llamativa proporción de enfermos psico-neurológicos que camina perdida, come o duerme tirada en las calles de San Francisco, como tributo/secuela a la cultura de la droga de los años sesenta, setenta y siguientes.
            No menos trágica es la situación de la Unión Europea invadida, que se debate bajo el mandato burocrático, haragán y bien pago de sus parlamentarios. Esos “demócratas” que querrían seguir subdividiendo a las naciones para mejor dominarlas. Ni una sola idea, sólo su complejo de culpa para resolver el problema de la inmigración. Pero, coincidentemente, la renuncia a su raíz cristiana que les reprochó Benedicto XVI oportunamente y ese afán de reunirse por el peor lado, la moneda, que le habrán dictado los verdaderos dueños de la sartén.
Si en semejante contexto el voto a favor del Brexit de los ingleses no es anti-“democrático”, ¿qué es?
            Eso sí, este sistema tolerante que se otorga leyes capaces de meter preso y denostar eternamente a quien lo critique, no quiere siquiera preguntarse sobre la mentira de su basamento doctrinario, que declara con hipocresía que la opinión de la mayoría es la verdad. Y así como va creando todo tipo de artilugios hipócritas para que terminen gobernando unos pocos, hoy promovidos principalmente desde la televisión, así también intenta torcer los resultados cuando no le convienen, como parece que ya planean ante el plebiscito inglés.
            Y si esto sucede en el hasta hoy poderoso hemisferio Norte, ya podrá imaginarse qué nos queda a los pobres del Sur.
            Soportar, tal vez. Pero sabiendo que fuimos advertidos por los mejores entre los nuestros, como el padre Castellani, que en 1946 escribía: “De acuerdo al principio de la seudodemocracia que dice: ‘Siendo así que cualquier hombre sirve para cualquier cosa hay que meterlo en cualquier puesto’, el gobernante nuevo no mide la obligación del cargo, el peso de la rueda ni la anchura de sus fuerzas y méritos, sino con el metro de goma de su desaforada ambición y engreimiento; y en los momentos descarrilados en que vivimos, la audacia es la escalera infalible que usa para encaramarse.” (Decíamos ayer. Ed Sudestada. Buenos Aires 1968, pág 24).
El mismo padre Castellani que, aprobadas entonces por casi unanimidad de ambas cámaras las actas del Tratado de Chapultepec de sujeción al ganador de la 2ª. Guerra Mundial, lo describe como: “… una desgracia nacional equivalente a una guerra perdida; y quizá peor. Es la ruptura con nuestra tradición hispánica. Es la consumación de la apostasía nacional de 1889. Es el emprendamiento del albedrío nacional a una nación lejana, protestante y atea. Es una claudicación.” (Id. pág 22).
Tenemos semejantes antecedentes en el momento en que tiemblan las “democracias” del mundo. Las que se han atribuido sin mérito todas las virtudes de la convivencia ciudadana, todas las de la interrelación de las naciones aunque hayan provocado guerras como nadie. Para ponerlos en su lugar, vale también en estos días de festejo patrio recordar una poesía esclarecedora:   

A LA CASA HISTORICA
Casa donde hace un siglo fue jurada
La independencia de la patria mía,
Dios sabe si es que fue una felonía
O un acto de sapiencia tu acordada.

Eclesiásticos hubo allí en manada
Y a Dios nombraron casi todo el día,
Pero no había Sacra Hierarquía
Y Madre Iglesia se quedó callada.

Más hoy, mil nueve cuatro seis, has dado
Oh casa, del través con tus rimeros
(La independencia se ha tornado espuma)*
Y tu Acta polvorienta ha caducado.

Volvemos peor que a los antiguos fueros.
Vuelve con su vergajo despiadado
De falsa democracia disfrazado,
Frank Chilabert con sus encomenderos.
                                    Leonardo Castellani, 1946
                        En “Decíamos ayer”. Ed Sudestada, Buenos Aires 1968, pág 26.
* El autor de esta nota se ha permitido agregar este verso, probablemente perdido en la edición, para completar la cuarteta.

El “blanco” nunca cierra

La columna de Lanata
La eterna pregunta de la calle durante los doce años K era, básicamente, comparativa: “¿Quién afanó más? ¿Los Kirchner o Menem?
Siempre pensé en la inutilidad de la comparación; lo terrible era la naturalización del delito, y no su monto.Después, el saber popular lo resumió mejor: “Al lado de estos, los menemistas eran motochorros”.
La pregunta anónima de los últimos meses es distinta:la gente se desvela por saber cuál es la causa judicial que más complica a Cristina. La respuesta es simple: la más lineal, la probada en público, la que lleva su firma en las declaraciones juradas: enriquecimiento ilícito. A menos que el matrimonio Kirchner hubiera creado y desarrollado la empresa Windows en Sillicon Valley, su fortuna no pudo haber aumentado más de un mil por ciento en diez años. Lo que esos números dicen es una verdad de Perogrullo: a los políticos casi nunca les cierra “el blanco”. En dos, en cinco o en diez años, un ministro no puede comprarse una casa de dos millones de dólares, o un piso de un millón. Pero su situación es incómoda: los gastos y el estilo de vida lo llevan a tener que declarar alguna cosa: esa declaración, aunque mínima en comparación con su realidad cotidiana, no cierra. El último sueldo bruto que percibió Cristina fue de $ 100.624, un neto de $ 60.784. Los ministros cobraban entonces $ 115.842, y los subsecretarios $ 94.432. La denuncia de la diputada del GEN Margarita Stolbizer contra Cristina Kirchner, por no haber declarado por lo menos diez plazos fijos de un total de 19 que heredó de su esposo, vuelve a poner el tema en su zona cero. En 2015, “Mamá” declaró ingresos por $ 6.239.289, por “trabajo, alquileres y otras rentas”, y el Nene $ 2.600.000 en el mismo concepto. El problema es la Nena, que apareció ayer con US$ 4.664.000 en una caja de seguridad. Son 69.960.000 pesos con el dólar a $ 15. La Nena llegó con una panadería bajo el brazo, porque su cash supera por lejos al de toda su familia, sin haber tenido nunca un trabajo conocido y sin haber cerrado los trámites de la herencia de su padre, que tampoco justificarían –en plata en efectivo– una suma de esa entidad.
También sucede, claro, que los jueces que ahora la juzgan ya la absolvieron por cargos similares: la primera causa por enriquecimiento ilícito del matrimonio Kirchner estuvo a cargo de Julián Ercolini, quien cerró la investigación de los bienes entre 1995 y 2004, oportunidad en la que el fiscal Eduardo Taiano no apeló; ese mismo día su hijo sufrió un secuestro exprés. Ayer Ercolini fue quien ordenó abrir las cajas. La segunda denuncia se tramitó en el juzgado de Rodolfo Canicoba Corral, que dictó el sobreseimiento del matrimonio en 2008, y la tercera fue clausurada en diciembre de 2009 por el juez Norberto Oyarbide, luego de una rápida investigación que determinó que todo fue legal entre 2008 y 2009.
Ahora, el Gobierno y parte de la sociedad esperan que –con excepción de Oyarbide, en pleno consagrado a la danza– sean los mismos jueces quienes condenen a los Kirchner. La utilidad propia de la declaración jurada, en un país donde los datos casi no se cruzan y se mantiene un cuarenta por ciento de la economía en negro, es casi pueril. Pero no hay, a la vez, nada más incriminatorio: lleva la firma de quien la falsea. Lo que falta ahora es que Florencia diga que los cuatro millones y medio de dólares son “políticos” y “forman parte de una persecusión”. Pero todo es posible en un país donde las monjas no son monjas y el Vaticano sostiene que un monasterio no depende de ellos sino de Mc Donalds.