domingo, enero 25, 2015

Lo que pudimos haber sido y no fuimos.

Mirá. Sin mucho esfuerzo en este mapa de Argentina entran los territorios de Alemania, Nueva Zelanda, Israel, Japón, Corea del Sur (donde diseñan entre otras cosas los Samsung y Toyotas del mundo), Noruega, Finlandia, Singapur y Holanda. Y aún queda espacio para sumar a otros.
Algunos de estos países tienen tierras infértiles o muy pocas riquezas naturales, y otros, además, están rodeados por enemigos. Sin embargo no dejan de prosperar.

Me pregunto:
¿Por qué ellos pueden ser exitosos y nosotros no? ¿Por qué Israel que es más chico que Tucumán es una potencia mundial en innovación? ¿O por qué Corea del Sur, que cabe en el territorio de Salta, es líder en tecnología? ¿Por qué Nueva Zelanda es uno de los países con mayor calidad de vida del planeta y nosotros no?

No podemos echarle la culpa a nadie de afuera, ni siquiera a la geografía. Fuimos nosotros mismos, o mejor dicho, fueron los que elegimos para que nos representen los que lo hicieron.

Cambiar las cosas ahora está en nuestras manos. Puede ser rápido y definitivo.

Si elegimos la dirección correcta podemos ser tan prósperos como cualquiera, como Corea, Nueva Zelanda, Alemania o Israel. No hay nada que lo impida. Nos sobra coraje, riqueza, humanidad, creatividad, agua, energía, tierras fértiles, montañas ricas y la libertad para hacerlo.

Te pido que mires por última vez hacia atrás para ver lo que pudimos haber sido y no fuimos.

Ya está.

Ahora sólo miremos hacia adelante y vayamos a buscar el destino que nos corresponde. Hay mucho trabajo por hacer. Ya es la hora.

Calderón de la Barca: el poeta soldado que participó en el asedio de Breda

El dramaturgo fue soldado de los Tercios de Flandes y miembro de la caballería castellana en el sitio de Fuenterrabía por los franceses y en la guerra de Secesión de Cataluña 

 

 

La participación de poetas y dramaturgos en el oficio de la guerra fue una enraizada tradición de los ejércitos del Imperio español. La guerra era un vehículo para viajar por Europa y acumular experiencias vitales, a las cuales los poetas no estaban dispuestos a renunciar. Se dice que Garcilaso de la Vega, que en tiempos de Carlos I de España llegó a ser maestre de campo de los tercios castellanos, untó de renacimiento italiano nuestra literatura precisamente cuando viajó allí como soldado. Y si Garcilaso prendió el Siglo de Oro de nuestras artes, la muerte de Calderón de la Barca lo apagó con no poca lucidez.
«España mi natura, Italia mi ventura, ¡Flandes mi sepultura!», cantaba una rima de la época sobre la experiencia más común para un soldado de los tercios. Calderón desde luego cumplió con las dos primeras etapas, pero se guardó un tranquilo retiro como sacerdote, para gloria del genero de los autos sacramentales. A diferencia de otros poetas soldados como Francisco de Aldana –fallecido en la batalla de Alcazarquivir– o Miguel de Cervantes –presente en la batalla de Lepanto–, la carrera militar de Calderón coincidió con los años más negros del Imperio español, donde las sublevaciones de Cataluña y Portugal trajeron la sangre de vuelta a tierras españolas. Es cierto, por tanto, que el poeta natural de Madrid sufrió más fracasos que victorias, pero no fue por falta de talento como espadachín.

La Guerra de Flandes como refugio

Nacido a finales del reinado de Felipe II, Pedro Calderón de la Barca era hijo de un alto funcionario de la Corte, en el cargo de secretario de Hacienda Real, que quiso impartirle una esmerada educación. Empezó a ir al colegio con 5 años en Valladolid, donde estaba en ese momento la Corte, y al destacar en los estudios básicos su padre Diego Calderón decidió destinarlo a ocupar una capellanía de la familia, reservada por la abuela a un miembro que fuese sacerdote. Con ese propósito ingresó en el Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid en 1608, situado donde ahora se encuentra el Instituto San Isidro, y allí permaneció hasta 1613 estudiando gramática, latín, griego, y teología. Su formación continuó en la Universidad de Alcalá, donde aprendió lógica y retórica y, al fallecer su padre, marchó a la Universidad de Salamanca, donde se graduó en derecho canónico y civil. No en vano, no cumplió el designio de su padre y, en última instancia, no quiso ordenarse sacerdote.
Calderón de la Barca: el poeta soldado que participó en el asedio de Breda
Grabado del poeta Calderón de la Barca
Entregado a las calles madrileñas del periodo, tan pendencieras como anchas de cornudos, Calderón se vio envuelto en diversas rencillas que le forzaron a enrolarse en el ejército de Flandes en 1623 por prevenirse de malas estocadas. El poeta, que ya había estrenado su primera comedia en Madrid, «Amor, honor y poder», con motivo de la visita del Príncipe de Gales, marchó a Italia y posteriormente a Flandes al servicio del Duque de Frías. Desde 1609, la situación se había mantenido en calma entre el Flandes español y los rebeldes, ya constituidos como Provincias Unidas, durante la tregua conocida como la de los Doce Años. Sin embargo, la llegada del dramaturgo madrileño a este territorio coincidió con la reanudación de la actividad armada a cargo, en el caso español, del comandante genovés Ambrosio Spínola.
Como vino a recordar la saga literaria de «El capitán Alatriste» en su tercera novela, es muy probable que Calderón de la Barca estuviera entre los soldados que asediaron con éxito la estratégica ciudad de Breda en 1625, o al menos que participaran en alguna de sus fases. De hecho, su comedia «El sitio de Breda», que sirvió a Diego Velázquez para pintar su cuadro de «Las lanzas», cuenta con una detallada descripción de la contienda. La obra de Calderón suministra el motivo central de la célebre pintura, la entrega de las llaves de la ciudad por el comandante vencido Justino de Nassau al general Spínola tras más de un año de asedio y decenas de miles de muertos en ambos bandos. La ciudad permanecería bajo dominio español hasta 1637, cuando el líder holandés Federico Enrique de Orange-Nassau la recuperó para las Provincias Unidas.

Un Caballero de Santiago en Cataluña

A su vuelta de Flandes, Pedro Calderón de la Barca retomó su papel de granuja madrileño. Un comediante hirió gravemente a su hermano y Pedro persiguió, espada en mano, al agresor hasta el convento de Trinitarias. El dramaturgo interrumpió en el lugar sagrado, donde se encontraba la hija de Lope de Vega, causando un gran escándalo entre las monjas. Aquel incidente sumó otro párrafo al historial delictivo del poeta y le granjeó la enemistad con el llamado «Fénix de los ingenios», Lope de Vega. Mientras que la obra de este último se iba apagando poco a poco, Calderón se convirtió en el favorito del Rey Felipe IV, quien empezó a hacerle encargos para los teatros de la Corte, ya fuera el salón dorado del desaparecido Alcázar o el recién inaugurado Coliseo del Palacio del Buen Retiro, para cuya primera función escribió en 1634 «El nuevo Palacio del Retiro».

Murió en combate un hermano, con el cargo de maestre de campo

El aprecio del Monarca por Calderón se plasmó en su nombramiento como Caballero de la Orden de Santiago en el año 1636. Quizás creyéndose en la obligación por ser miembro de esta orden o por petición directa del Rey, el dramaturgo sentó plaza de coraza (caballería acorazada) para participar en el sitio de Fuenterrabía por los franceses (1638), y en la guerra de secesión de Cataluña (1640). A este último conflicto regresó huyendo de nuevo de un asunto de cuchilladas callejeras, viviendo en sus carnes ampliamente la dureza de la guerra en Cataluña. En 1642 obtuvo licencia para convertirse en secretario del Duque de Alba, donde pudo dedicarse plenamente a la creación literaria.
Durante una acción armada, murió en el puente de Camarasa (Lleida) uno de los hermanos de Calderón en 1645, que tras treinta años en servicio había alcanzado el cargo de maestre de campo general. Fue entonces cuando el dramaturgo se sumió en una depresión que corresponde también con la crisis de un Imperio español al borde del precipicio, entre la caída del Conde-Duque de Olivares en 1643 y la firma en 1648 de la Paz de Westfalia.
Poco tiempo después del nacimiento de su hijo natural, Pedro José, el poeta ingresó en la Tercera orden de San Francisco y se ordenó sacerdote en 1651. Así obtuvo la capellanía que su padre tanto ansiaba para la familia, la de los Reyes Nuevos de Toledo, y renunció a escribir comedias para dar prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a la máxima plenitud hasta su muerte. Con 110 comedias y dramas a la espalda, Pedro Calderón de la Barca falleció el 25 de mayo de 1681 cuando todavía estaba considerado el mejor dramaturgo vivo. El autor de «La vida es sueño» fue el último representante de una larga estirpe de poetas soldados.
Un fragmento de su obra «Para vencer amor; querer vencerle» sintetiza lo que significaba para él la vida en los tercios castellanos:
«Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido».

Murió el Rey... y nació España

Así fueron las últimas horas del artífice de la unidad nacional, Fernando El Católico, que falleció hace 499 años, el 23 de enero de 1516

 

 

Enfermo de gota y del corazón, y tan desfigurado por la hinchazón y las pústulas «que no parecía él», Fernando El Católico se dirigía el 22 de enero de 1516 desde Plasencia al Monasterio de Guadalupe para proveer el cargo de comendador de Calatrava, que estaba vacante. Sin embargo, el agravamiento de su enfermedad le impidió alcanzar su destino y tuvo que buscar refugio en la llamada casa de Santa María, propiedad de los monjes en Madrigalejo.
Al Rey «se le cayó la quijada», según el cronista Lorenzo Galíndez de Carvajal (1472-1528), problablemente como consecuencia de un ictus, pero empezó a correr el rumor de que el motivo de su agravamiento había sido un potaje para aumentar sus fuerzas sexuales, ya que su segunda esposa, Doña Germana, ansiaba tener descendencia que le sucediera en el Trono de Aragón. «A la verdad su enfermedad era hidropesía (gota) con mal de corazón (patología cardiaca) -añadía el cronista-, aunque algunos quisieron decir que habían sido hierbas porque se le cayó la quijada».
A sus 63 años, veía el Rey que su fin se acercaba y, por la tarde, pidió confesión, recibió la extremaunción y mandó llamar a su tesorero y a sus relatores para modificar su testamento. Nombró a su hija, Juana La Loca, heredera universal de todas sus posesiones; pero teniendo en cuenta su estado de salud, sería su nieto Carlos quien reinaría. Con su firma de aquel testamento -«Yo, el Rey»-, quedaban unidas, por primera vez, las tierras que integran lo que hoy conocemos por España.
Juana La Loca, que había heredado de su madre la Corona de Castilla, asumía también las Coronas de Aragón y de Navarra, que le dejaba su padre. La Corona de Aragón agrupaba los territorios que actualmen se denominan: Aragón, Valencia, Baleares y Cataluña. Y la de Castilla comprendía lo que hoy son: el País Vasco, La Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Murcia y Canarias. Melilla se incorporó en 1497 y Ceuta en 1640.

Londres enviará 'supermisiles' a las Malvinas contra aviones rusos de Argentina

El Reino Unido prevé 'súper misiles' para Malvinas
Reuters / Rupak De Chowdhuri
El Reino Unido prevé enviar 'supermisiles' por valor de 345 millones de dólares a las Islas Malvinas supuestamente en respuesta a Argentina, que refuerza su poder aéreo con aviones rusos arrendados.
El territorio disputado durante mucho tiempo por Argentina y el Reino Unido se encuentra actualmente bajo la protección de misiles Rapier, pero dicha maquinaria envejece y es cada vez menos eficaz.
El diario 'The Sun' informa de que el Ministerio de Defensa adquirirá el Futuro Sistema de Defensa Aérea Local (FLAADS, por sus siglas en inglés), compuesto de misiles tierra-aire basado en vehículos, para proporcionar apoyo militar adicional en la zona después de que se revelara en diciembre que Argentina podría alquilar aviones de combate rusos.
El posible acuerdo, que aún no ha sido confirmado, contemplaría el arrendamiento o préstamo de doce aviones de combate Sukhoi-24M a cambio de carne y trigo. Funcionarios del Ministerio de Defensa han expresado al rotativo británico su temor de que una entrega de este tipo llegue mucho antes de que entre en servicio en la Armada británica el nuevo portaaviones HMS Queen Elizabeth con sus cazas F-35B, lo cual está previsto para 2020.
LEER MÁS: Argentina protesta contra maniobras británicas en Malvinas

(defensa.com) El Ministerio de Defensa británico tendría previsto realizar una revisión de sus planes de seguridad en las islas Malvinas/Falkland después de que diferentes medios de comunicación británicos recogieran la noticia de que Rusia ha ofrecido a Argentina aviones de combate Sukhoi Su-24. Este anuncio se produjo el pasado día 28 y fue recogido en el diario británico Daily Express. El ofrecimiento ruso consistiría en el leasing de 12 aviones de combate Su-24 Fencer a la Fuerza Aérea Argentina a cambio del suministro de productos alimenticios como carne de bovino y trigo. En julio tuvo lugar la visita del primer ministro Vladimir Putin a Argentina, momento en el que se habrían producido los primeros contactos sobre este intercambio.
Argentina querría disponer de estos aviones para contrarrestar la llegada del portaaviones británico Queen Elizabeth. El buque, dotado de aviones de combate F-35B, entrará en servicio en 2020 y obtendrá la plena capacidad operativa en 2023. Esta situación es valorada por el Ministerio de Defensa británico como una “ventana de vulnerabilidad real”, según reflejaba el Daily Express.

El Su-24 Fencer no estaría afectado por ningún tipo de veto político o comercial, como el que se planteó  tras valorarse la posible adquisición por Argentina de aviones Saab Gripen, que fuera respondido  por el gobierno británico con la intención de vetar la venta por incluir componentes fabricados en Reino Unido. Se trata de un avión de elevadas prestaciones, dado su radio de acción, velocidad y capacidad para portar armas, también es un veterano al servicio de la Fuerza Aérea rusa. El radio de acción de 650 millas permitiría realizar misiones hasta las islas sin tener que emplear aviones de reabastecimiento y además es capaz de portar más de tres toneladas de armas.

Reino Unido mantiene en las Malvinas/Falklands cuatro aviones de combate Eurofighter Typhoon, misiles de defensa aérea Rapier y una dotación de personal de 1.200 soldados, medios que se ven reforzados puntualmente con la llegada de buques de guerra periódicamente. (J.N.G.)

«La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

Carlos A. Marmelada publica el volumen «El Dios de los ateos» en el que expone los sustentos del ateísmo, basados en una «idea de los filósofos clásicos que nada tiene que ver con el Dios católico». Concluye como un latigazo a las conciencias: «No hay argumentos teóricos ni razones objetivas para ser ateo»

 

 

 

De la biografía novelada de un «héroe», Juan Pablo II, que bregó «Hasta el último aliento» (Ediciones Sekotia, 2012), a desgranar las claves que fundamentan el ateísmo clásico y el actual. Parece un salto de mata demasiado drástico para un conocedor exhaustivo de la Teología, la Filosofía y las Ciencias de la Educación como Carlos A. Marmelada. No es así, sino que «El Dios de los ateos» (Stella Maris, 2014) es fruto de una evolución coherente, asegura este profesor de la Universidad Internacional de Cataluña.
Con 27 años de docencia a sus espaldas y cinco publicaciones que le hacen valedor de una de las bibliotecas de conocimiento teológico más amplio del panorama literario nacional, Marmelada (Barcelona, 1962) no pretende desmantelar los sofismas planteados por el ateo con su nueva publicación. Sí lanza empero algunas reflexiones directas al corazón (más bien, a su raciocinio) del no creyente, como que los sustentos intelectuales de este pensamiento no hablan del Dios de los cristianos, es un «dios» imaginado por la idea de filósofos concretos que ha adoptado nuestra cultura. Expone de forma concienzuda las tesis de esos pensadores e introduce un debate de plena actualidad, tras los ataques en «nombre de la fe» perpetrados por yihadistas islámicos contra el semanario francés «Charlie Hebdo». Para el ateísmo, la existencia del mal es la prueba capital de que Dios existe. El autor desbanca ese argumento: precisamente, es al contrario, afirma. «La existencia del mal es la prueba de que Dios existe. Dios tolera la existencia del mal para poder extraer de él bienes» (página 264). Un aforismo tan interesante que obligaría a remodelar los capiteles de las columnas que sujetan el ateísmo de nuestros días. Y otra llamada a la meditación introspectiva de cada cual: «La Ciencia trata procesos materiales. Dios es inmaterial». Ergo, «no hay un solo argumento científico que pruebe que Dios no existe».
-De acuerdo con su titular del libro, ¿cuál es «el dios de los ateos?
-El título no alude a los becerros de oro (el poder, el dinero o la fama, por ejemplo) que pueden adorar los que dicen rechazar toda fe religiosa. El título hace referencia al tema central que se trata en el libro. Los ateos dicen que el Dios de los creyentes no existe, ¿pero qué Dios creen los ateos que tienen los cristianos? Cuando se estudia este tema uno se lleva la sorpresa de que el Dios que niegan los ateos no es el Dios creador, personal y providente, del que nos habla el Cristianismo, el Dios Amor de San Juan; sino el Dios concebido por Spinoza o Hegel, que eran panteístas; o el Dios juez riguroso e implacable de Kant, que era fideísta. En fin, los grandes ateos no niegan el Dios que nos enseñan en la catequesis, sino un Dios imposible, el de la teología racionalista y el del idealismo absoluto. En el libro se explica de una forma documentada.
-Cuando usted apela a la confusión que se da entre los ateos que no especifican, que no identifican a un dios en concreto, ¿a qué dios se refiere entonces el ateo cuando dice que no cree en Dios? ¿No serviría, ortográficamente, con modificar la grafía: es decir, no creen en un dios o no creen en Dios, el Dios de los cristianos, Jesucristo?
-Cuando los grandes ateos teóricos, como Nietzsche o Sartre rechazan la existencia de Dios, lo hacen porque sostienen que los cristianos decimos que Dios se causa a sí mismo y esto es, efectivamente, imposible. Pero ese es el parecer de Spinoza y Hegel. La Teología Natural, en cambio, sostiene que Dios es la Causa Primera de todo, pero que Él no tiene causa, es la única causa incausada. Por otra parte, dicen que nos equivocamos cuando sostenemos que Dios es el Ser y que esto significa que es la realidad más vacía de todas. Pero nuevamente hay un grave error histórico, porque ésta era la opinión de Hegel. Ya el filósofo griego Aristóteles (siglo IV a. de C.) se percató de que Dios es la plenitud, el ser más rico de todos, el más perfecto y con él, a partir del siglo XIII, la tradición teológica cristiana.
-En términos personales, cualquiera le diría al autor, al señor Marmelada, que cómo ha pasado de rendir tributo en un excepcional libro, por cierto, al «héroe» Juan Pablo II a hablar sobre los ateos y la falta de creencias por parte de estos…

«En el libro no se juzga a nadie. Se debaten las ideas»

-Fue un honor poder publicar la novela biográfica sobre Juan Pablo II En realidad no he pasado de un tema a otro; sino que, por lo que al actual libro se refiere es el fruto de treinta años de estudio y estoy muy contento y muy agradecido a la editorial Stella Maris que me haya encargado la redacción de este trabajo. En «El Dios de los ateos» no se juzga a nadie, se debaten las ideas. Se respeta a todas las personas, pero se reflexiona en torno a las ideas. Se estudia cuáles son los argumentos teóricos que han esgrimido los grandes ateos y se analiza su validez objetiva. El lector tendrá sorpresas cuando descubra cuáles son esos argumentos. Por otra parte, cuando se investiga los rasgos distintivos del ateísmo actual no se hacen juicios de valor. Si queremos que haya un diálogo fecundo entre la fe cristiana y la cultura actual es necesaria una actitud de gran respeto mutuo.
-Ha colaborado también en el libro «60 preguntas sobre ciencia y fe respondidas por profesores de universidad» (Stella Maris, 2014). ¿Cuál es la pregunta digamos «estrella» sobre ciencia y fe que más se hace el ciudadano?
-Tal vez la pregunta que más se puede planear la gente es la de si la Ciencia puede demostrar verdaderamente que Dios no existe. En fin, si el progreso de la Ciencia hace que resulte innecesaria la Religión. A algunos creyentes les puede generar dudas el hecho de que grandes científicos aduzcan que sus investigaciones les llevan a concluir que Dios no existe. Esto sucede especialmente en el campo de la cosmología, la evolución y la neurociencia. Pero lo cierto es que la Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe. De hecho, otros grandes científicos, como es el caso de Francis Collins (el director del primer equipo en descifrar el genoma humano), sostienen que profundizar en conocimientos científicos de la realidad les ha llevado a creer que debe existir un principio absoluto que es trascendente a la Naturaleza y que es la causa última de todo, el fundamento racional de la realidad que la ciencia, con tanto esfuerzo y éxito, trata de comprender.

«La pregunta que más se hace la gente es si la Ciencia puede probar que Dios no existe»

-Plantea usted precisamente en la publicación si la razón y la ciencia han demostrado las tesis del ateísmo. Le traslado el interrogante a usted mismo. ¿Es así, lo han hecho? ¿En qué se fundamenta la consciencia de no creer? ¿Es una mera cuestión: se cree o no se cree y se decide no creer y ya está?
-No puede existir ningún argumento científico que demuestre que Dios no existe, por la simple razón de que Dios es inmaterial y la ciencia sólo trata con procesos materiales, tránsitos de un estado de materia o energía a otro, por lo que la realidad de Dios cae fuera de su campo de estudio y escapa a todo tratamiento de cualquier método científico. Por otra parte, cuando el lector pueda leer en este volumen los argumentos racionales dados por los ateos para demostrar que Dios no existe sacará sus propias conclusiones acerca de la validez de los mismos. Lo cierto es que la voluntad juega un gran papel a la hora de rechazar la existencia real de Dios. Explicar por qué es así resulta complejo, pero abordo también esta cuestión.
«La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»
Portada del libro «El dios de los ateos», de Carlos A. Marmelada
-¿Es más difícil razonar la existencia de Dios o argumentar la existencia del ateísmo?
-Lo primero es difícil, lo segundo es imposible. Me explicaré. Los argumentos racionales del ateísmo clásico, el de los filósofos ateos de los siglos XIX y XX, son inconsistentes, hasta el punto de que han sido abandonados, ya no se repiten; los argumentos teóricos de los ateos del siglo XXI han pasado de la Filosofía a la Ciencia. Ahora ya no se dice que Dios no puede existir porque es imposible que el «ens causa sui» de Spinoza y Hegel o el «ens realissimum» de Kant sean entes objetivos. Ahora se dice que Dios no existe porque el Universo no tiene contornos en el espacio y el tiempo, o sea: es eterno (Stephen Hawking) o porque tiene origen pero no causa (Lawrence M. Krauss, cosmólogo). En definitiva, ningún argumento teórico aducido por los no creyentes ha conseguido demostrar que Dios no existe. Por su parte los argumentos racionales a favor de la existencia de Dios esgrimidos desde hace siglos deben ser minuciosamente analizados para poder determinar aquellos que tienen validez probatoria de los que no son adecuados.
-El subtítulo del libro reza «Las sorprendentes claves del mayor debate de todos los tiempos». ¿Nos daría alguna de esas claves?
-La primera cosa que sorprende cuando se investiga este tema es lo poco que tiene que ver la idea de Dios de los filósofos ateos con el Dios católico, por ejemplo. Sorprende también que el ateísmo actual, el indiferentismo, esté convencido de que ya no hace falta plantearse la cuestión de Dios porque este tema ya lo zanjaron los grandes ateos de los siglos anteriores. El último gran argumento que queda en pie sería la incompatibilidad entre la existencia de un Dios omnipotente, creador, omnisciente y perfectamente bueno con lo que simboliza Auschwitz; es decir: el mal moral en el mundo, el sufrimiento injusto de los inocentes. La existencia del mal no sólo no demuestra que Dios no existe, sino que es una prueba de su existencia; esto, naturalmente, hay que explicarlo y entenderlo bien.
El lector se sorprenderá también cuando lea que Kant proclamó que su «Crítica de la razón pura» era un gran intento por acabar con el ateísmo y el materialismo, teniendo como resultado el agnosticismo, él lo decía en el sentido de que la existencia de Dios se demostraba por la vía de una necesidad moral, pero lo que sucedió en realidad es que su pensamiento se utilizó para fundamentar el ateísmo práctico en el que ha desembocado el agnosticismo; por citar sólo algunos ejemplos.

«La voluntad juega un papel clave a la hora de rechazar la existencia real de Dios»

-En síntesis, sabiendo que es una cuestión compleja como para explicarla en unas líneas, pero… ¿de dónde nace el ateísmo, cuál es su fuente de origen?
-Sintetizando mucho se podría decir que el ateísmo actual se caracteriza por ser indiferente a la cuestión de Dios; siendo a nivel individual más bien el fruto de un acto de la voluntad que la consecuencia de un raciocinio concienzudo. Sin embargo, desde un punto de vista filosófico, y por no retrotraernos hasta el nominalismo de Ockham, puede afirmarse que sus raíces más profundas se remontan al menos al giro subjetivista obrado en el racionalismo cartesiano y ahondado por el idealismo absoluto alemán, después de haber pasado por el empirismo radical de corte humeano que acabó desembocando en el positivismo de Augusto Conte y en el Neopositivismo Lógico del Círculo de Viena en los años veinte y treinta del siglo pasado. La versión más mitigada, de la que hablaba antes, el ateísmo práctico e indoloro del agnosticismo, arrancaría en el idealismo trascendental kantiano y luego se prolongaría en las prescripciones epistemológicas de Popper, quien concebía el progreso del conocimiento como una búsqueda interminable de la verdad, la cual nunca podría ser alcanzada (una postura que, por cierto, es contradictoria) y, por tanto, equivale a sostener que no existe ninguna verdad absoluta. Si no hay verdades absolutas, ¿qué sentido tienen las religiones?
-Si tuviese que recopilar los argumentos cruciales para el ateísmo, ¿cuáles serían? ¿Nos podría ayudar usted a elaborar una especie de decálogo de principios del buen ateo?
-Es imposible elaborar ese decálogo, porque los argumentos no llegan a diez. Pero sí es cierto que hay toda una serie de estereotipos. Marx decía que él no daría pruebas de la existencia de Dios porque eso ya lo había demostrado Ludwig Feuerbach cuando sostuvo que «Dios no es otra cosa que reunir en un concepto todas las cualidades buenas del ser humano y objetivarlas en una figura celestial»; en fin, «Dios no crea al hombre, sino que es el hombre el que crea a Dios». Esto se ha repetido con diversas variantes; la más actual sería el ateísmo de la neuroteología, la cual sostiene que Dios es un invento del cerebro, el fruto de la actividad eléctrica neuronal. Nietzsche afirmaba que «Dios no existe porque si existiera él querría ser Dios, pero como esto no era posible Dios no podía existir». Sartre adopta este mismo argumento pero revistiéndolo de un complejo y técnico aparato conceptual en su obra «Crítica de la razón dialéctica». Ambos coinciden en rechazar la existencia de Dios porque lo caracterizan como el ser que es causa de sí y eso es imposible que pueda existir. También coinciden en negar a Dios porque afirman que es incompatible con la libertad absoluta del ser humano, lo que Sartre denominó «Teoría de la mirada».
El argumento falla por negación de la mayor: la libertad humana no es absoluta, ni siquiera a nivel moral (axiológico). Otros, como es el caso de Einstein, lo hacen siguiendo a Freud, sostienen que «Dios es un invento de la mente humana para apaciguar los miedos atávicos», se trataría de una figura que nos daría paz y confort frente a los temores que nos depara el destino incierto, igual que un niño pequeño acude a su padre para apaciguar todos sus temores la humanidad se habría inventado un padre celestial para tranquilizar sus miedos. Y, como no, un buen ateo ha de rechazar que Dios exista realmente porque es incompatible con todo el sufrimiento que se ve en el mundo y en la Historia de la humanidad.
-Abundando en ello, ¿qué predica un buen ateo?
-Hay varios tipos de ateísmo, el clásico (el de los siglos XIX y XX), que he comentado más arriba. El ateísmo sociológico actual, el indiferentista, no diría nada si le hablas de Dios, te miraría como si fueras un marciano, se encogería de hombros y se marcharía a vivir el día a día. Como es habitual en él, Nietzsche se adelanta a su tiempo y se convierte en el heraldo de una nueva época gracias a una parábola titulada «El hijo del carcelero», en la que, con una prosa elegante y majestuosa, explica cómo un buen día un preso que llevaba muchos años encarcelado se puso ante los demás en el patio y les dijo a los otros reclusos que creyeran en él, que él era el hijo del carcelero y si creían en él les iba a salvar. Los presos reaccionaron encogiéndose de hombros y continuaron indiferentes dedicándose a los suyo.
Por otra parte, la nueva elite intelectual atea agrupada en torno a las más recientes teorías cosmológicas dirían que Dios no existe porque el universo se ha creado a sí mismo a partir de fluctuaciones topológicas del vacío cuántico, incluidas las propias leyes del universo; como si esto solucionara el tema, pues estaríamos afirmando que algo surge de algo. Algo similar dirían los ultradarwinistas: «Dios no existe porque el género Homo surge por evolución biológica a partir de un homínido no humano» (algunos etólogos lo definen como el tercer chimpancé); como si este hecho anulara realmente la existencia objetiva de Dios. Para los neuroteólogos, Dios es una invención del cerebro, puesto que los escáneres revelan que cuando se hace meditación hay ciertas áreas del cerebro que se activan. Seguro que cuando comemos un yogur hay ciertas zonas del cerebro que se activan y no por eso el yogur es un invento de nuestra mente.
-Viendo y releyendo a los grandes pensadores que usted introduce en su libro (Camus, Sartre, Nietzsche, Hume, Popper, Spinoza…) la gente creería que es «razonable» seguir los principios preconizados por esos intelectuales...
-Es normal; de Nietzsche se dice que es el autor de la mejor prosa alemana del siglo XIX, y textos como la parábola mencionada avala justamente esa opinión. Sartre y Camus ganaron merecidamente el Premio Nobel de Literatura; y así podríamos continuar reconociendo los méritos personales de los autores citados. Pero lo importante es seguir sus razonamientos. El libro está consagrado a eso. Y que cada lector saque sus propias conclusiones. Es un libro muy respetuoso. Claro y profundo, pero muy respetuoso. Encaminado a estimular la reflexión y huyendo del adoctrinamiento. No me escondo, la conclusión es que no hay razones objetivas para ser ateo, en el sentido de que no hay argumentos racionales teóricos que logren demostrar de un modo objetivo y satisfactorio que Dios no existe. Ser ateo es una decisión personal, es un acto de la voluntad que, eso sí, puede ir acompañado de argumentos racionales, pero que, tal como se analiza en el libro, si son como los propuestos hasta la fecha, no son probatorios. No obstante, esta tesis se defiende respetando siempre de un modo profundo y sincero a todo el mundo y exponiendo las ideas y los razonamientos con honestidad.

«No hay razones objetivas ni argumentos racionales para ser ateo»

-¿Cómo trata usted de desmantelar los sofismas planteados sobre el ateísmo?
-En este libro no realizo esa tarea. Lo siento. Quizás decepcione a alguien, empezando por los propios ateos que pueden pensar: «Ya estamos con lo mismo, niegan nuestra postura pero no argumentan la suya». La razón es muy sencilla: este libro trata sobre las posturas de los ateos y sobre cómo los creyentes pueden dialogar con el nuevo tipo de ateísmo que predomina en nuestros días (que, tal como ya he apuntado, es muy distinto al de los dos siglos anteriores). Abordar los argumentos que tiene el ateísmo para demostrar racionalmente la existencia de Dios de un modo objetivo y probatorio es un tema que da para escribir otro libro.
-En ese debate enconado que propone entre un ateo y un cristiano, ¿cómo pueden dialogar entre ellos? ¿Cuáles serían los puntos de encuentro que debieran hallar en esa conversación?
-El ateísmo actual se caracteriza por ser indiferentista, práctico, masivo (antes el ateísmo era un fenómeno extremadamente minoritario), rehúye de dar argumentos (al menos el ateísmo sociológico), por tanto es volitivo y no racional. Para mí, y siendo muy breve, el diálogo entre el teísmo y el ateísmo actual se debe hacer desde el mutuo respetoy desde aquello que nos une a todos: el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad, la defensa de la libertad y de los valores más fundamentales, como los recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, trabajar en favor de todas estas cosas nos acerca y une, a partir de ahí es posible preguntar por el fundamento último de todo esto. Como bien dice, la última parte del libro se consagra a profundizar en algunas de las claves de este diálogo tan necesario.
-¿Cómo ha recibido usted las palabras pronunciadas por el Papa en su viaje a Asia acerca de que no se deben ofender las creencias y la fe de nadie, obviamente, en relación con el atentado del «Charlie Hebdo»? ¿Y qué opina usted de estos sangrientos atentados cometidos en nombre de un dios, otro, el del islam?
-En mi opinión está absolutamente injustificado que se mate a nadie en nombre de Dios. Es algo contradictorio. ¿Cómo puede querer Dios a alguien que asesine a otro ser humano diciendo que así está sirviendo a Dios? Es algo que cae por su propio peso. Dios es el Creador absoluto y sólo Él es el dueño de cada vida humana que, en última instancia, es imagen y semejanza suya. Los crímenes de «Charlie Hebdo» me parecen abominables e injustificables, así como cualquier otro que se haga en nombre de cualquier credo religioso. Si alguien cree que se están ofendiendo sus creencias religiosas debe acudir a los tribunales y presentar allí sus alegaciones y si los fallos judiciales no son de su gusto tiene la posibilidad de, con paciencia y perseverancia, trabajar para lograr sentencias que sí le satisfagan. Por otra parte, me parece totalmente razonable que se hable del hecho de que ha de haber un profundo respeto por las creencias religiosas que promueven la dignidad de la persona, lo que no es incompatible con el derecho a la libertad de expresión. Mi libro apuesta por el diálogo respetuoso con las personas y centrado exclusivamente en el debate de las ideas, invitando a la reflexión y no a la confrontación. Ojalá que llegue un tiempo a partir del cual nunca más se vuelvan a repetir hechos así.

jueves, enero 22, 2015

Cristina Kirchner, convencida ahora de que la muerte Nisman «no fue suicidio»

Según la presidenta, al fiscal «le plantaron pistas falsas» en el marco de una «operación contra el Gobierno» y después le mataron

 

 

La presidenta de Argentina ha dado un giro de 180 grados en su visión sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. Ahora, está convencida de que fue un asesinato y el objetivo del mismo era potenciar la «denuncia del siglo» (sic) de Nisman contra ella. Sobre la acusación, considera que está vacía de contenido y con «datos falsos».
«Hoy no tengo pruebas pero tampoco tengo dudas» sobre que fue un asesinato, escribe Fernández. La carta, de seis hojas y media, la subió parcialmente a Facebook pero, en esta ocasión, con un link a su blog. En la misma plantea las mismas interrogantes que preocupan a buena parte de los argentinos.
-¿Porque habría de suicidarse alguien que escribe un mensaje en su chat como el que escribe el Fiscal Nisman cuando explica a un grupo cerrado de amigos su regreso intempestivo al país? En un tono casi épico, reflejando que venía a cumplir una tarea «para la que se había preparado pero no se la imaginaba tan pronto».
-¿Por qué se iba a suicidar alguien que en su chat explica que la tenía pensada (la idea de presentar la denuncia) hace tiempo pero que la había tenido que adelantar?
-¿Por qué se iba a suicidar alguien que el sábado a las 18.27hs le envió una foto a un Wolff, miembro de la DAIA (institución israelita), de una imagen de su escritorio donde se ven papeles y resaltadores (rotuladores), y le aseguraba que se estaba preparando para la reunión del día lunes en Diputados?
-¿Por qué se iba a suicidar si no sabía que era falsa la información que estaba en el informe?

Engañado por el servicio de inteligencia

La presidenta también descarta el suicidio en el caso de que, como ella asegura, hubiera sido engañado por agentes del servicio de inteligencia y tuviera datos falsos en la denuncia.
«Si hubiera tenido sospechas de falsedad de información o de falta de sustento en el supuesto de que se lo habían escrito “otros” ¿Por qué se iba a suicidar alguien que ya había sido acusado por numerosos familiares de las víctimas del atentado en la AMIA o directamente lo habían recusado? ¿En qué hubiera cambiado su vida si el informe no tenía sustento y el Juez a cargo, como es común, corriente y sucede a diario, le dicta un “téngase presente y resérvese hasta que se adjunte más prueba”»?
En la misma línea y en contra de lo que ella manifestó en su primera carta que encabezaba con la idea de suicidio aunque en un párrafo posterior puso la palabra entre signos de interrogación, plantea: «¿Por qué se iba a suicidar alguien que siendo fiscal gozaba, él y su familia, de una excelente calidad de vida?»
Pero además ¿Por qué iba a pedir prestada un arma para suicidarse cuando el Fiscal tiene registradas dos armas a su nombre en el RENAR? (registro).

Protección para quien le prestó la pistola

Dicho esto, el párrafo siguiente resulta estremecedor: «En cualquier lugar del mundo, si alguien aparece muerto por un arma que está registrada a nombre de otra persona y esa misma persona resulta ser la última que estuvo con él en vida, le entregó el arma en el mismo lugar del hecho, su casa, y es un íntimo colaborador suyo especialista en informática que trabaja también en la causa AMIA desde el año 2007, resulta cuanto menos raro. Muy raro. Por eso es más que conveniente que se le otorgue mucha protección al Sr. Daniel Ángel Lagomarsino», el dueño de la pistola.
El senador Sergio Sanz, consideró la carta «gravísima». Si ahora piensa que lo mataron tiene que echar ya a la cúpula de la secretaria de Inteligencia por no preservar la vida del fiscal. No puede quedar sin consecuencias esta carta de la presidenta. «Más que una comentarista criminológica que es en lo que se ha convertido la presidenta, los argentinos necesitan una presidenta que tiene que traer tranquilidad y no zozobra y miedo».