La Caridad sin Verdad sería ciega, La Verdad sin Caridad sería como , “un címbalo que tintinea.” San Pablo 1 Cor.13.1
domingo, septiembre 24, 2017
«Estar de Jauja», «valer un Potosí» y otras expresiones que derivan de los descubrimientos del Imperio español
El Descubrimiento supuso un cambio para toda
la humanidad y una revolución para Castilla, cuya lengua regó las
nuevas tierras, y que, a su vez, se contagió de un sinfín de expresiones
y refranes que tenían referencias en América y en la exploración de
territorios del pacífico
Incluso cuando Cristóbal Colón no hubiera sido el primer europeo en llegar a América, como apuntan las pruebas arqueológicas sobre la presencia de vikingos
en el continente; lo importancia de lo ocurrido en 1492 fue el
encuentro definitivo y continuado entre dos civilizaciones, que dio
lugar a un mestizaje único y a un intercambio en numerosos ámbitos. El Descubrimiento supuso un cambio para toda la humanidad y una revolución para Castilla,
cuya lengua regó las nuevas tierras, y que, a su vez, se contagió de un
sinfín de expresiones y refranes que tenían referencias en América y en
la exploración de territorios americanos y pacíficos por parte del
Imperio español. La gesta de Colón impregnó también el imaginario
popular.
«Hacer las Américas»
La larga tradición de emigración española a América, tanto después del Descubrimiento
como en tiempos más recientes, dio lugar a la expresión popular «hacer
las américas», como sinónimo de una empresa arriesgada donde se tiene la
esperanza de hacer fortuna.
«Estar de Jauja»
En su viaje al corazón del Imperio inca, Francisco Pizarro
dio con una ciudad llamada Jauja, cuya fama de oasis en medio de las
adversidades que sufrían en ese momento los conquistadores españoles
terminó evolucionando en el sinónimo de un lugar idílico y paradisiaco,
donde no faltaba de nada y todo eran placeres. Lope de Rueda escribió en
1547 el paso titulado «La tierra de Jauja» y fabuló
que allí las calles estaban empedradas con piñones y por ellas corrían
arroyos de leche y miel. Así, pues, el dicho «¡esto es Jauja!» se suele
pronunciar para expresar abundancia, si bien puede tener un sentido
irónico: ¿Estamos aquí o en Jauja? Expresión coloquial usada para reprender una acción o un dicho importuno o indecoroso.
«Quemar las naves»
La expresión «quemar las naves» ha sido sinónimo a lo largo de la
historia de lanzarse a por un objetivo a la desesperada, renunciando a
la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso. Algo
similar a lo que Hernán Cortés
hizo en su campaña contra el Imperio azteca. «Propuso Cortés ir a
México. Y para que le siguiesen todos, aunque no quisiesen, acordó
quebrar los navíos, cosa recia y peligrosa y de gran pérdida», narra el
cronista López de Gómara sobre la decisión de Cortés.
El 8 de noviembre de 1519 iniciaron el viaje definitivo hacia
Tenochtitlán los 400 españoles supervivientes, acompañados de 15
caballos y siete cañones, que pasarían a la historia como los
principales responsables del derrumbe del estado mexica. Ya no había
marcha atrás.
Su decisión kamikaze se considera el origen de la
expresión, si bien puede que su origen aun más lejano esté en el siglo
III antes de Cristo, tal y como refleja Manuel Campuzano en su libro «Alejandro Magno. La excelencia desde el liderazgo» (Visión).
Al llegar a la costa Fenicia, Alejandro Magno observó que sus enemigos
le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar
el campo de batalla. Alejandro Magno
desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Mientras su
flota ardía, el líder macedonio «reunió a sus hombres y les dijo:
Observad cómo se queman los barcos... Esa es la única razón por la que
debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros
hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente,
ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos». «Cuando
regresemos, lo haremos en los barcos del enemigo», anunció.
«Hacer el indio»
Como
equivalente de actuar de forma ridícula, festiva o extravagante se
emplea la expresión «hacer el indio», lo cual no tiene ninguna relación
con el primer significado que se le dio a esta expresión. Según cuenta Ramón J. Sender en su libro «Túpac Amaru» (Navona),
«los criollos habían troquelado una expresión que expresaba cualquier
clase de resignación vergonzosa ante el oprobio: hacer el indio». Es
decir, que a mediados del siglo XVIII, «hacer el indio» era sinónimo de
asumir sin rechistar las humillaciones.
«En fila india»
Se
cree que esta expresión deriva de la costumbre, obligada por las
condiciones geográficas y la ausencia de caminos anchos, de avanzar en
fila de a uno de los indígenas. El principal motivo por el que marchaban
así era por estrategia y defensa, pues el primero
abría paso y todos los siguientes iban pisando sobre las mismas huellas
que había dejado el cabeza de la fila. El último miembro iba borrando
las huellas para no dejar rastro alguno en la estrecha ruta. De ahí
viene que el ir de un sitio a otro manteniendo un orden y uno detrás de
otro se le llame «ir en fila india».
«Valer un Potosí»
Potosí
significa hoy «riqueza extraordinaria», por lo que valer algo un Potosí
equivale a ser algo de mucho precio o estimación. Las asombrosas minas
de Potosí están en el origen de este significado. Así, el oro fue el
protagonista de los primeros años de la conquista, viviendo su punto
álgido entre 1550 y 1560, coincidiendo con un periodo de gran escasez de
este mineral en Europa. Pero pronto el oro fue sustituido por el verdadero «Dorado»
de América: las minas de plata. La expresión «vale un Perú o un Potosí»
hace referencia a que fue en esta región donde estaba una de las minas
más emblemática y productiva. En 1545 se inició la explotación de estos
yacimientos de plata en el Alto Perú (hoy Bolivia), siendo el año cero del boom en la extracción de este material.
«Chile, la flor de mis guzmanes»
En
este caso no es en sí una expresión popular, sino más bien una cita con
tono novelado. Para Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV la Guerra de Arauco,
en Chile, fue un quebradero de cabeza por su irresuelta situación
constante en el tiempo y su alto coste de vidas. En una ocasión, el
Emperador Carlos V resumió con sátira el asunto: «Chile le cuesta al
Imperio la flor de mis guzmanes». Esto es, «la conquista de Chile se ha
llevado mis mejores hombres».
«El huevo de Colón»
La
definición de esta expresión es la de «cosa que aparenta tener mucha
dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio». Una
expresión que surgió por la novelización de una reunión en la que
algunos cortesanos le dijeron a Cristóbal Colón que su Descubrimiento no
tenía nada de particular y tarde o temprano hubiera ocurrido. Para
demostrarles su error, Colón les invitó a que pusiesen derecho un huevo
cocido. Todos dijeron que aquello era imposible, y él, entonces, dando
al huevo un pequeño golpe contra la mesa, lo colocó de pie por efecto de
la abolladura del cascarón. Protestaron diciendo que aquello era muy
fácil, pero a ninguno de ellos se le había ocurrido hacerlo.
No
obstante, esta misma anécdota se contaba anteriormente a Colón con otros
protagonistas, como Brunelleschi, el célebre arquitecto florentino, y
el famoso constructor Juanelo Turriano, quien inventó el artificio para subir a lo más alto de Toledo las aguas del Tajo.
«De aquí a Lima»
La expresión de «aquí a Lima» es equivalente a recorrer una gran distancia o una ruta muy dificultosa. Si bien Cuzco (la Roma de América)
era la ciudad más importante del Imperio inca y dejó impresionados a
Pizarro y sus hombres, lo cierto es que su posición geográfica entre
montañas hizo desaconsejable establecer allí el aparato burocrático que
trajo la llegada de los españoles. La administración virreinal prefirió
la ubicación de Lima (fundada dos años después que Cuzco, en 1535) y
principalmente la cercanía de ésta con el puerto natural de lo que sería
El Callao, para establecer la cabecera de sus dominios en Sudamérica. Lima deriva del nombre del río que atraviesa la ciudad, el Rímac; pero fue llamada originalmente la Ciudad de los Reyes.
«El Dorado»
Tras la conquista de Quito (Ecuador), que se suponía más rica que Cuzco pero no lo era, el cordobés Sebastián de Belalcázar
tuvo noticia de una tierra más al norte llamada Cundinamarca, donde los
reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte para ofrendarlo a los
dioses, naciendo allí la actual leyenda de «El Dorado».
«Desnudaban al heredero y lo untaban con una liga pegajosa, y lo
rociaban con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de este
metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba de pie, y a su alrededor
depositaban un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su
dios», escribió muchos años después el cronista Juan Rodríguez Freyle
sobre el mito que corrió febril entre los conquistadores españoles. Hoy
el término «El Dorado» hace referencia a un sitio de gran riqueza y
valor, aunque de carácter imposible.
«Hacer el misionero»
La
posición del «misionero» es una de las más utilizadas para mantener
relaciones sexuales y, según una leyenda urbana posiblemente falsa, el
origen de esta designación está en la evangelización que acompañó a la colonización y conquista de América.
En términos de esta teoría, los indios vincularon esta posición con los
misioneros porque éstos en su evangelización afirmaban que era el único
modo correcto de colocarse para mantener relaciones sexuales. Y
ciertamente desde la Iglesia Católica fue ampliamente
recomendada durante siglos realizar esta postura (considerándola la más
‘casta’ y efectiva para procrear, evidentemente dentro del matrimonio).
No obstante, no hay ni una sola constancia escrita de que a esta
postura, empleada desde la Antigüedad, se le llamara de ese modo antes
de mediados del siglo XX, cuando recibía el nombre de «postura angelical
o de la serpiente», tal y como explica el doctor en antropología Robert J. Priest en su artículo «Missionary Positions: Christian, Modernist, Postmodernist», publicado en febrero de 2001.
«Vete al carajo»
Se trata de un interjección para expresar un desacuerdo con alguien. Y curiosamente el origen de su uso está en el tiempo del Descubrimiento,
pues «carajo» se le llamaba al lugar situado en lo alto del palo mayor
de las antiguas carabelas españolas. Servía como puesto de observación
desde el que los vigías oteaban el horizonte en busca de naves enemigas o
lugares a donde querían llegar. Cuando un marinero cometía una falta se
le mandaba al carajo en señal de castigo, estando obligado a permanecer
allí como vigía.
«Ser pobres en Panamá»
Tras dos años y medio de viajes hacia Tierra Firme,
Pizarro recibió órdenes de cancelar la expedición al Perú y regresar a
Panamá. El extremeño, que carecía de la elocuencia de su sobrino lejano
Hernán Cortés, el conquistador de México, pero estaba convencido de que era la empresa más importante de su vida, trazó una raya en el suelo en la Isla del Gallo, cerca del municipio de Tumaco (Colombia),
y dijo con palabras gruesas: «Por este lado se va a Panamá a ser
pobres. Por este otro al Perú a ser ricos. Escoja el que fuere buen
castellano lo que más bien le estuviere». Solo 13 hombres de los 112
supervivientes que componían su expedición decidieron cruzar la línea
para «ser ricos en el Perú».
«Los últimos de Filipinas»
Filipinas
se convirtió con los años y la primera circunvalación a la tierra en un
punto clave del Imperio español. Allí llegaba y partía cada año el
llamado Galeón de Manila, que conectaba el comercio de Asia
con el de América, y este a su vez con Europa. De ahí que la pérdida de
este territorio en 1898 a manos de EE.UU. supusiera un golpe moral para
un España herida de muerte. Con la expresión «los últimos de Filipinas»
se alude hoy en día a las últimas personas que permanecen en un lugar o
a las últimas personas que defienden unas ideas, en referencia a la
resistencia que unos cuantos soldados españoles llevaron a cabo en el
fuerte filipino de Baler contra las tropas americanas. Los pocos
soldados del fuerte de Baler continuaron resistiendo, incluso después de
que se rindiera la capital de las islas, Manila.
«Malinchista»
La
palabra malinchismo se usa de modo peyorativo en la cultura popular
mexicana para definir la permeabilidad de un grupo social o étnico
frente a un proceso de asimilación cultural de costumbres o hábitos
ajenos a la cultura de origen. Su origen está en la figura histórica de
La Malinche, una mujer indígena que acompañó a Hernán Cortés durante la
conquista de lo que hoy es el territorio de México y ejerció como su
intérprete y ayudante.