miércoles, febrero 28, 2018

Ramiro de Maeztu

Este artículo trata sobre el escritor. Para el centro de enseñanza, véase Instituto Ramiro de Maeztu.
Ramiro de Maeztu y Whitney (Vitoria, 4 de mayo de 1874-Aravaca, 29 de octubre de 1936) fue un ensayista, crítico literario y teórico político español.
Afecto en su juventud a una cosmovisión nítidamente nietzscheana y darwinista social,1​ perteneció a la generación del 98. Enviado en 1905 como corresponsal al Reino Unido, allí flirteó ideológicamente en primera instancia con la Sociedad Fabiana, para después, hacia 1912, aproximarse a grupos distributistas y al socialismo corporativo.2​ Maeztu, que terminó migrando a posiciones reaccionarias, y que estuvo destinado durante la dictadura de Primo de Rivera en Argentina como embajador, fue un impulsor del concepto de «Hispanidad». Militarista convencido a lo largo de su trayectoria, destacó durante la Segunda República como figura de la sociedad cultural Acción Española, de cuño contrarrevolucionario y monárquico, así como de la revista homónima.
Diputado por Guipúzcoa en la segunda legislatura de las Cortes republicanas, fue asesinado al comenzar la Guerra Civil, en el curso de una de las numerosas sacas que elementos del bando republicano efectuaron en el Madrid posterior al golpe de Estado de julio de 1936.

Biografíaeditar

Fotografía publicada en 1915 por Whiteley.
Nacido el 4 de mayo de 1874 en Vitoria,3​ fue hijo del ingeniero Manuel de Maeztu Rodríguez, un hacendado cubano de origen navarro que conoció a su madre, Juana Whitney, hija de un diplomático británico, en París, y con la que se casó cuando ella tenía dieciséis años.
Del matrimonio nacieron cinco hijos: Ramiro, Ángela, Miguel, la pedagoga María de Maeztu, y el pintor Gustavo de Maeztu.
La familia se estableció en Vitoria. Pronto Ramiro queda huérfano de padre y en 1894 se hunden los negocios de la familia en Cuba por confusos problemas administrativos (el padre, Manuel, vivía de los negocios derivados de la pertenencia de Cuba a España; la independencia de Cuba acabó con sus actividades).
Para poder hacer frente a la repentina viudez y a las necesidades de sus hijos, su madre Juana marchó a Bilbao.
Ramiro pasó parte de su juventud en París y en La Habana dedicado a oficios diversos y se inició en el periodismo. Autodidacta y de ideas combativas, se trasladó a Madrid en 1897, un hecho decisivo en su vida literaria, ya que inició entonces una colaboración importante con distintos periódicos y revistas, como Germinal, El País (editado de 1887 a 1921), Vida Nueva, La España Moderna o El Socialista, entre otros, con una orientación socialista reformista. Empleó por esta época el pseudónimo «Rotuney».4nota 1​ En esos años también da inicio a su amistad con regeneracionistas e intelectuales, especialmente con Azorín y Baroja, con quienes formó el grupo conocido bajo el nombre de «Grupo de los Tres» y fue un exponente destacado de la llamada Generación del 98. En sus colaboraciones de prensa —una pequeña parte de las cuales recogió en su primer libro, Hacia otra España—, examina las causas de la decadencia española, hace una crítica muy dura de la vida nacional y propone una renovación de estilo europeísta.
Entre 1905 y 1919 residió en Bayswater, Londres, donde trabajó como corresponsal para La Correspondencia de España, Nuevo Mundo y Heraldo de Madrid. Viajó por Francia y Alemania y fue corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial en Italia entre 1914 y 1915. Este periodo representa su fase liberal y de admiración a las instituciones británicas, ocupando su atención en numerosas disciplinas (filosofía, política o literatura) cuya actualidad acercaba al público español. Publica en inglés Authority, Liberty and Function in the Light of the War (1916)5​ —aparecido cuatro años después en español como La crisis del humanismo— donde somete a examen los conceptos de autoridad y libertad en la sociedad moderna.
Militarista convencido,6​ tras su regreso a España, en 1919, comienza su desconfianza en la democracia liberal y va cuajando su evolución hacia el tradicionalismo de signo católico, que se consumará durante la dictadura de Primo de Rivera. A comienzos de 1927 ingresó en la Unión Patriótica.7​ Durante un breve período de tiempo fue miembro de la Asamblea Nacional Consultiva instaurada por la Dictadura, entre 1927 y enero de 1928.8​ En diciembre de 1927 fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario en Argentina,9​ ejerciendo el cargo entre febrero de 1928 y febrero de 1930.10​ Allí tuvo ocasión de tratar con el nacionalista Leopoldo Lugones y con el jesuita Zacarías de Vizcarra,11​ introductor este último en 1926 de la idea de la «hispanidad» (que propuso como sustituto del espurio término raza); una idea que Maeztu asumió como propia y después abanderó. En esos años mantiene su concepto de decadencia, esencial en la actitud intelectual de los hombres del 98, e intensifica su defensa de los valores católicos y de las tradiciones hispánicas.
Casa madrileña en la que vivió Maeztu hasta su muerte.
Nada más producirse la caída de Primo de Rivera, Maeztu dimitió de su cargo de embajador y regresó a España. Se movió entonces en la órbita de la Unión Monárquica Nacional, construida sobre los restos de la Unión Patriótica.12​ Por entonces conoció al joven integrista Eugenio Vegas Latapie; ambos, con el concurso del marqués de Quintanar, proyectaron la creación de una sociedad cultural y una revista de pensamiento que acabó llamándose Acción Española (aunque Maeztu propuso en principio denominarla Hispanidad). La sociedad se creó en octubre de 1931 —tras la proclamación de la Segunda República Española— y el primer número de la revista apareció el 15 de diciembre de 1931. En la nueva organización Maeztu adquirió de inmediato «un claro perfil de líder espiritual».13​ En su artículo inaugural, Maeztu representó a España como una encina, que hunde sus raíces en la tierra (en la tradición), pero se encuentra sofocada por la hiedra, «es decir, por la intelligentsia progresista —resume González Cuevas—, ajena a la savia vivificadora de la historia, e incapaz, por tanto, de regenerar la nación».14​ Ese artículo de presentación de la revista le valdría el Premio Luca de Tena otorgado por el diario ABC. Desde el número 28 de la revista, Maeztu figuró formalmente como su director, y lo fue hasta el último número, el de junio de 1936.
El 20 de marzo de 1932 ingresó como miembro de número en la Academia de Ciencias Morales y Políticas con la lectura de El arte y la moral.15
En esta última fase su ideario intensifica su relación con el viejo tronco de pensamiento tradicionalista español (Donoso Cortés, Menéndez Pelayo, etc.) y mantiene afinidades con los teóricos del integralismo lusitano. Este ideario en pro de la civilización hispánica y católica, desarrollado en sus artículos publicados en Acción Española, fue recogido en su libro Defensa de la Hispanidad, que se convirtió en su obra más influyente y en exponente de su pensamiento. Su doctrina de la Hispanidad, un mundo espiritual que uniría a España y a sus antiguas colonias por medio del idioma español y la religión católica, constituyó una de las herramientas ideológicas de la derecha antirrepublicana y el franquismo.16​ Terminó militando en Renovación Española, partido político significado por su oposición frontal al régimen de la República, en cuyas filas fue elegido diputado en las Cortes por Guipúzcoa en las elecciones de noviembre de 1933. Ya en 1931 abogaba por la instauración de una «monarquía militar» con el monarca como dictador.17​ Tras la huelga revolucionaria de octubre de 1934 exacerbó todavía más sus posiciones contrarrevolucionarias y abogó por llevar a cabo una represión ejemplar que dejara a España pacificada «por una o dos generaciones».18
El 30 de mayo de 1935 leyó su discurso de ingreso en la Academia Española, titulado La brevedad de la vida en nuestra poesía lírica.19
Al inicio de la Guerra Civil Española fue detenido por los milicianos republicanos. Tras haber sido encarcelado, en la madrileña cárcel de Ventas el 30 de julio de 1936, fue fusilado en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936, víctima de una de las sacas (traslados y ejecuciones sumarias de presos) que ocurrieron durante la Guerra Civil. Sus últimas palabras, se ha dicho, fueron:2021
Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!
En 1974 se le otorgaría de manera póstuma el título de conde de Maeztu.22
En 2011 el Ayuntamiento de Madrid colocó una placa en la casa en que vivió hasta su muerte, situada en el número 13 de la calle Espalter.