miércoles, febrero 28, 2018


La decapitación pública del general catalán que se rebeló contra Felipe V

Josep Moragues -uno de los miliatares austracistas más destacados del siglo XVIII- terminó sus días linchado por alzarse contra las Dos Coronas. Su cabeza quedó expuesta en una jaula durante doce años

Su historia es una de las muchas que se recogen en la obra «Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados» (editado por «Desperta Ferro»)

 

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Guerrillero y líder rebelde para unos. Héroe que se negó a rendirse para otros. La figura del general José Moragues (también Josep Moragues) navega entre la realidad, la controversia y la manipulación. Y es que, no falta quien le retrata como un mártir de la independencia catalana a pesar de que se limitó a elegir el bando austracista durante la Guerra de Sucesión. Más allá de su utilización como icono de la emancipación, la realidad es que el oficial se hizo tristemente famoso por ser decapitado por sus enemigos allá por el año 1715. Su cabeza, posteriormente, fue expuesta en una jaula ubicada en uno de los accesos a Barcelona durante más de una década.
La ejecución del general Moragues es una de las muchas historias que recoge el último libro de Francisco Gracia Alonso: «Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados» («Despeta Ferro», 2017). Una completa obra en la que este catedrático de Prehistoria por la Universidad de Barcelona analiza la importancia de estas prácticas desde la época de los egipcios, hasta la actualidad (pues, a día de hoy, los narcotraficantes todavía recurren a ellas en América Latina para aterrorizar a sus enemigos). Así pues, y más allá de quedarse en la mera anécdota, el español se adentra en campos como el valor antropológico de este castigo o su significado para las diferentes culturas.
«La decapitación y toda la serie de ultrajes que se practican con los cuerpos de las víctimas, como las mutilaciones, las emasculaciones, el descuartizamiento, la extirpación de los órganos internos, la quema y el desollamiento, sin olvidar en algunos casos el canibalismo ritual, tienen además un componente ideológico que sobrepasa el concepto específico de la muerte. Buscan la humillación, el quebranto de la memoria de los actos del individuo muerto mediante su degradación pública cuando se trata de personas conocidas o destacadas en sus estructuras sociales, o el ejercicio del terror cuando los asesinatos innecesarios o masivos», explica el autor en «Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados».

Realidad contra mito

Moragues vino al mundo allá por 1669 en Gerona y, ya desde su infancia, demostró estar predestinado al mundo de las armas. Así lo explica el historiador y arqueólogo Joan Llinàs i Pol en su dossier «El general Moragues. De les Guilleries al capdavant de la Guerra de Successió»: «Fue el heredero de una hacienda situada entre Sant Hilari Sacalm y Joanet». El autor le define también como «un campesino acomodado» cuyo padre murió cuando él sumaba apenas 16 primaveras. Poco más de dos décadas después, el futuro mártir contrajo matrimonio con Cecilia Regàs, a quien este experto define como miembro de «una familia de ciudadanos honrados de Girona» acaudalada.
Moragues comenzó su andadura castrense tras las escaramuzas perpetradas por los galos contra España a finales del siglo XVII en el marco de la guerra de los Nueve Años. «En el transcurso de esta guerra, Francia se enfrentó en solitario a una coalición liderada por Inglaterra, Provincias Unidas y Austria (que había firmado el Tratado de Viena en 1689 por el que Guillermo III reconocía una sucesión austríaca en caso de la muerte de Carlos II) a la cual se añadieron otros miembros de la llamada Liga de Augsburgo, constituida el 9 de julio de 1686: la Monarquía Hispánica, Suecia y los círculos germánicos de Baviera, Franconia y el Alto Rín», explica Antonio Espino López en «Las guerras de Cataluña: El teatro de Marte 1652 – 1714».
Para ser más concretos, Moragues se alzó en armas cuando el invasor francés conquistó Sant Hilari. Y lo hizo en una compañía de fusileros en la que demostró sus buenas dotes de mando.
Josep Moragues i Mas
Josep Moragues i Mas
En palabras de Joan Llinàs i Pol, a partir de entonces «entró en contacto con una serie de personajes de extracción social similar con los que formaría el grupo de los “Vigatans”, declarado antifrancés, con el que nunca perdería el contacto a pesar del fin de la guerra». Aquel fue el inicio de su odio hacia lo gabacho. Una inquina que, posteriormente, derivó en la repulsión hacia el candidato galo (el Borbón Felipe V) en la Guerra de Sucesión. Todo ello, en favor del archiduque Carlos de Austria, a quien apoyaron a partir de 1701 desde los ingleses, hasta los holandeses pasando por los imperiales.
Su aversión hacia Felipe V llevó a nuestro protagonista a contribuir por la causa austracista. «En 1705, Moragues y los “Vigatans” recibieron la propuesta de movilizar el país contra el nuevo orden borbónico», explica Joan Llinàs i Pol. El militar no lo dudó y se unió al llamado «Pacto de los “Vigatans”». Un tratado que favoreció la llegada de los ingleses a España y, posteriormente, la conquista de Barcelona por parte del archiduque Carlos.
Felipe V, candidato de la casa Borbón
Felipe V, candidato de la casa Borbón
Así explica la importancia que tuvo el tratado a la hora de aupar al poder al archiduque la autora Dolores Luna-Guinot en su obra «Desde Al-Andalus Hasta Monte Sacro»: «Por medio de este pacto, los ingleses se comprometían a garantizar el sistema foral catalán fuera cual fuese al final de la contienda, negociando los ingleses con varios disidentes catalanes, entre ellos Josep Moragues, […] comprometiéndose los catalanes a aportar 6.000 hombres cuando los ingleses volviesen a desembarcar en Barcelona, tras un posible levantamiento contra los borbones que quedaría asegurado en el caso de presencia de la flota aliada en Cataluña para entronizar al archiduque Karl».
Sin duda, el plan les salió en principio a pedir de boca. Y es que, tras el prometido desembarco, el archiduque se nombró rey y se dio a conocer como Carlos III. «Aunque el nuevo rey premió a Moragues ascendiéndolo a coronel y poniéndolo a la cabeza de un regimiento, él era hombre más de acción que de honores, y pronto formó una compañía que contribuyó a rechazar los intentos de Felipe V de recuperar Barcelona», añade el experto.

Principio del fin

Ávido en el uso de las armas y experto en los movimientos militares, Moragues fue nombrado, previo ascenso a general, gobernador de la fortaleza de Castellciutat. Urbe que José Balari y Jovany define de esta guisa en «Orígenes históricos de Cataluña»: «Está situada en una pendiente entre dos colinas a la derecha de los ríos Segre y Balira. En la colina de la derecha […] hay un castillo o ciudadela de Urgell».
Nuestro protagonista cumplió su encargo y, tras organizar la defensa de la urbe, se convirtió en el verdadero muro que combatió contra la alianza franco-española. Si antes ya era conocido, a partir de entonces se ganó un nombre todavía mayor entre los partidarios de Felipe V. Posteriormente conoció a su segunda esposa, Margarita de Giralt, tras enviudar.
Sin embargo, su causa estuvo siempre condenada a un fracaso que empezó a vislumbrarse en 1713. Y es que, fue ese año cuando -a pesar de ser un verdadero baluarte de la resistencia- recibió la orden de retirarse de Castellciutat. En principio se negó a marcharse y aguantó el envite enemigo durante tres meses. Con todo, al final se vio obligado a firmar la rendición.
Enfermo, se retiró a Sort, desde donde trató de volver a hacerse con Castellciutat, aunque de forma inútil. «Su familia fue hecha prisionera, llevada a Balaguer y liberada (menos uno de sus sobrinos) en una acción de película dirigida por él mismo», explica el historiador. Tras este curioso suceso, el militar se puso a las órdenes del marqués del Poal, quien dirigía la defensa de Barcelona de las tropas de Felipe V.
Asalto sobre Barcelona (1714)
Asalto sobre Barcelona (1714)-Jacques Rigaud
Allá por el verano de 1714, Moragues trató de defender a ultranza las regiones que todavía permanecían en poder de los austracistas (entre ellas, Cardona). Sin embargo, el 11 de septiembre recibió la orden de rendirse a los vencedores tras la caída de Barcelona. «Fue indultado y se retiró con su familia a Sort, donde se mantuvo alejado de la política», añade Luna-Ginot.
Para su mala suerte, la tranquilidad no le duró demasiado. Poco después se presentó Barcelona para tratar de sacar de prisión al hijo de su cuñado. No pudo cometer un error peor, pues las autoridades le quitaron el pasaporte y le obligaron a presentarse diariamente en Capitanía para asegurarse de que no huía a otro país. Todo ello, por orden del Capitán General de la urbe.
Desesperado, nuestro protagonista trató entonces de huir hasta Menorca (en poder inglés tras la firma del tratado de Utrecht). Pero también fue en vano, pues el capitán del bajel le reconoció y ordenó el regreso a puerto. En tierra, Moragues intentó esconderse en las montañas, pero fue delatado y arrestado junto a otros dos oficiales austracistas, los capitanes Jaume Roca y Pau Macip, el 22 de marzo de 1715.

Decapitación

Tras ser torturado, Moragues fue decapitado. Así lo narra Francisco Gracia Alonso en «Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados»: «Fue juzgado y ejecutado en Barcelona el 27 de mayo de 1715, después de que le retiraran los honores militares por “haber cometido el crimen de una repetida rebelión abusando en dos ocasiones de la clemencia real, por lo que finalmente a la tercera fue detenido y ejecutado por la justicia”. Vestido con un hábito de penitente y arrastrado por un caballo a través de las calles de la ciudad hasta llegar al patíbulo, fue degollado, decapitado, y su cuerpo descuartizado».
Su cabeza decapitada fue, posteriormente, expuesta por orden real en el interior de una jaula de hierro ubicada en el Portal del Mar, una de las entradas principales de Barcelona. Allí permaneció, en palabras de Gracia Alonso, hasta 1727. «El escarnio cumplió su cometido unido a la represión de las guerrillas austracistas en el interior y sur de Cataluña», finaliza el experto en la obra editada por «Desperta Ferro».
El contenido de su testamento se conoce perfectamenet a día de hoy:
José Moragues (1669-1715), con residencia en Sant Hilari Sacalm, otorga testamento. Nombra albaceas a su esposa Magdalena de Giralt, a José Balmes, presbítero beneficiado de la parroquia de Sant Hilari Sacalm, a Isidro Verneda, agricultor, de esta misma parroquia, y a sus "tíos valencianos" (tíos segundos). 
Deja la elección de sepultura a voluntad de su esposa y ordena que sean celebradas doscientas misas por su alma, cien en la iglesia del Buen Suceso de Barcelona y cien al convento de San Agustín de la Seo de Urgel. Nombra heredera universal a su esposa, a condición de que esta disponga sus bienes a favor de sus hijos y que designe heredero universal al mayor de sus hijos varones, y escoge como tutores de aquellos a sus cuñados Jacinto y Aleix de Giralt.
A continuación, enumera todas las deudas que tiene pendientes de cobrar, en especial una de quinientas dobles de la que hace albarán, para evitar que vayan a parar a la hacienda real, ya que José Patiño, intendente general, le tiene confiscada toda su documentación. 
Testamento de Moragues
Testamento de Moragues-CNC