El error independentista de la nueva serie de templarios: la gran mentira del Reino de Cataluña
En
el primer episodio de «Knightfall», la hija del Rey de Francia afirma
que quiere casarse con Lluis, el joven heredero del Reino de Cataluña
5-6 minutos
Desde el primer capítulo la nueva serie de templarios de History Channel, «Knightfall»
(emitida en España por la HBO), ha mostrado que el rigor histórico le
es un asunto secundario. Entre numerosas imprecisiones históricas, el
primer capítulo de la ficción, que quiere emular el éxito de «Vikingos»,
ha brillado, sin luz, por la controvertida pretensión de uno de los
personajes de ser la futura «Reina de Cataluña».
En concreto, la serie radiografía la corte del Rey Felipe de Francia,
donde se movían a sus anchas los caballeros templarios y donde hallaron
su perdición. Empobrecida la Corona, el Monarca francés deposita en el
primer capítulo sus esperanzas para recuperar influencia internacional
en el matrimonio de su primogénita, Isabel, con algún gran príncipe
europeo. No obstante, la joven afirma sin pudor que quiere casarse por
amor y, a pesar de que una oferta de la Casa Real de Inglaterra está sobre la mesa, prefiere contraer matrimonio con un príncipe con el que lleva meses carteándose: el príncipe Lluís, el sucesor de ¡El Reino de Cataluña!
Una
imprecisión histórica que provocó risas en la emisión del capítulo ante
la prensa española y que se alimenta de la mitología creada por el
nacionalismo catalán. Como explica Enric Ucelay-Da Cal, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra
de Barcelona: «A pesar de la tendencia de los historiadores
nacionalistas catalanes de retorcer la naturaleza "catalana-aragonesa"
de la Corona de Aragón, nunca ha existido nada, en la historia medieval,
y mucho menos en los tiempos modernos, que pudiera considerarse ni de
lejos un embrión del Estado catalán, excepto en las imaginaciones más
románticas y soñadoras». El Reino de Cataluña es una completa ficción,
tanto como los cacareados Países Catalanes. Los grupos independentistas tuvieron así que retorcer y distorsionar la naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de AragónFrente
a la incapacidad para encontrar un germen de nación catalana, la
mitología romántica acuñó a finales del siglo XIX el término Países Catalanes
(o Gran Cataluña). Pero lo que era originalmente una simple
denominación de carácter lingüístico, se convirtió en boca de los
nacionalistas en una especie de tierra prometida, cuya historia han
intentado solapar sobre la de la Corona de Aragón.
Los grupos
independentistas han retorcido y distorsionado con este fin la
naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de Aragón, el conjunto de
reinos que estuvieron sometidos al Rey de Aragón, entre los siglos XII y
XV, donde se encontraban no solo el territorios de lengua catalana,
sino también otras reinos como por ejemplo la propia Aragón, Valencia parcialmente, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria.
La verdadera historia medieval de Cataluña
La zona que hoy corresponde a la comunidad autonómica de Cataluña estuvo desde el siglo XII unida al Reino de Aragón y solo durante un breve periodo fue un ente propio, incluso entonces dependiente de otros reinos. Así, tras el colapso de la Hispania Visigoda
–que se extendía por prácticamente toda la Península Ibérica– y la
invasión musulmana en el 718 d.C, el Imperio carolingio estableció una
marca defensiva como frontera meridional con Al-Ándalus. Esto supuso la ocupación por los francos durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona
y, en el 801, de Barcelona. Este antiguo territorio visigodo se
organizó políticamente en diferentes condados dependientes del rey
franco.
Supuesto origen del escudo del condado de Barcelona (Real Academia Catalana de Bellas Artes)Conforme
el poder central del Imperio se debilitaba en el siglo X, los condados
catalanes, que estaban vertebrados por Barcelona, Gerona y Osona, fueron
progresivamente desvinculándose de los francos. En el año 987, el conde
Borrell II fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba. En este punto, las leyendas nacionalistas sitúan erróneamente al noble Wifredo «el Velloso»
–el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca– como
el artífice, no ya de la independencia de los condados catalanes, sino
del nacimiento de Cataluña y sus símbolos.
En el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón
conforme al derecho aragonés, es decir, en un tipo de matrimonio donde
el marido se integraba a la casa principal como un miembro de pleno
derecho. El acuerdo supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino
de Aragón en la forma de lo que luego fue conocido como Corona de
Aragón. En un contexto de alianzas medievales, la asociación de ambos
territorios no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista,
sino el resultado de una unión dinástica pactada entre la Casa de Aragón
y la poseedora del Condado de Barcelona.
De hecho, originalmente los territorios que formaron la Corona
mantuvieron por separado sus leyes, costumbres e instituciones. A lo
largo del segundo cuarto del siglo XIII, se incorporaron a esta Corona
las Islas Baleares y Valencia. Este último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un reino con sus propias Cortes y fueros.