martes, mayo 23, 2017

63 Prelados (28 Cardenales, 9 Arzobispos y 26 Obispos) apoyan las "dubia" sobre "Amoris laetitia" enviadas al Papa Francisco, defienden la Doctrina y Magisterio de la Iglesia y rechazan dar los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía a los adúlteros

Siguen aumentando: 63 Prelados (28 Cardenales, 9 Arzobispos y 26 Obispos) apoyan las "dubia" sobre "Amoris laetitia" enviadas al Papa Francisco, defienden la Doctrina y Magisterio de la Iglesia y rechazan dar los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía a los adúlteros

En las dos entradas anteriores sobre este tema (ver aquí y aquí) ya había contabilizados 32 Prelados:
  • 15 de ellos son Cardenales, de los cuales:

    1 es el Cardenal Protodiácono.
    3 son Prefectos de Congregaciones.
  • 6 son Arzobispos.
  • 11 son Obispos.
A ellos hay que añadir a otros 31 Prelados más:
  • 13 de ellos son Cardenales, de los cuales:
1 es Cardenal-Arzobispo Primado.
9 son Arzobispos.
2 son Arzobispos eméritos.
5 son Presidentes de Conferencias Episcopales (1 de ellos honorífico).
1 es Presidente emérito de una Prefectura de la Santa Sede.
1 es Presidente emérito de una Academia Pontificia.
3 son ex Presidentes de Conferencias Episcopales.
  • 3 son Arzobispos.
  • 15 son Obispos.
Bajo estas líneas pongo la lista con las nuevas incorporaciones y, a continuación, la lista completa con los 63 Prelados:
S. E. R. Velasio Card. De Paolis, Presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede.
S. E. R. Moran Mor Baselios Card. Cleemis, Arzobispo Mayor de Trivandrum, Catholicós de la Iglesia católica siro-malankar y Presidente de la Conferencia Episcopal de la India.
S. E. R. Dominik Jaroslav Card. Duka, O.P., Arzobispo de Praga y Primado de la República Checa.
S. E. R. John Olorunfemi Card. Onaiyekan, Arzobispo de Abuya (Nigeria).
S. E. R. Willem Jacobus Card. Eijk, Arzobispo de Utrecht (Países Bajos).
S. E. R. Thomas Christopher Card. Collins, Arzobispo de Toronto (Canadá).
S. E. R. Daniel Nicholas Card. DiNardo, Arzobispo de Galveston-Houston (EE.UU.) y Presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.
S. E. R. Timothy Michael Card. Dolan, Arzobispo de Nueva York (EE.UU.).
S. E. R. John Card. Njue, Arzobispo de Nairobi y Presidente de la Conferencia Episcopal Keniana.
S. E. R. Elio Card. Sgreccia, Presidente emérito de la Academia Pontificia por la Vida.
S. E. R. Antonio María Card. Rouco Varela, Arzobispo emérito de Madrid y ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española.
S. E. R. Jorge Liberato Card. Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Presidente "ad honorem" de la Conferencia Episcopal Venezolana.
S. E. R. Jānis Card. Pujats, Arzobispo emérito de Riga y ex Presidente de la Conferencia Episcopal Letona.

S. E. R. Mons. Stanisław Gądecki, Arzobispo Metropolitano de Poznań, Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca y Vicepresidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa.
S. E. R. Mons. Richard W. Smith, Arzobispo de Edmonton (Canadá).
S. E. R. Mons. Gerard Pettipas, CSsR, Arzobispo de Grouard-McLennan (Canadá).

S. E. Mons. Scott MacCaig, Obispo del Ordinariato Militar de Canadá.
S. E. Mons. Philip Egan, Obispo de Portsmout (Reino Unido).
S. E. Mons. Thomas J. Olmsted, Obispo de Phoenix (EE.UU.).
S. E. Mons. James Conley, Obispo de Lincoln, Nebraska (EE.UU.).
S. E. Mons. Ignazio Zambito, Obispo de Patti (Italia).
S. E. Mons. Juan Rodolfo Laise, OFMCap, Obispo emérito de San Luis (Argentina).
S. E. Mons. Taras Senkiv, O.M., Obispo de Stryi (Ucrania).
S. E. Mons. Frederick Henry, Obispo de Calgary (Canadá).
S. E. Mons. Mark Hagemoen, Obispo de Mackenzie-Fort Smith (Canadá).
S. E. Mons. Paul Terrio, Obispo de St. Paul (Canadá).
S. E. Mons. José Francisco Ulloa Rojas, Obispo de Cartago y Presidente de la Comisión de Familia y Comunidad de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
S. E. Mons. Adriano Langa, Obispo de Inhambane (Mozambique).
S. E. Mons. Jonas Kauneckas, Obispo de Panevėžys (Lituania).
S. E. Mons. Anthony Lee Kok Hin, Obispo emérito de Miri (Malasia).
S. E. Mons. Gregory J. Bittman, Obispo auxiliar de Edmonton (Canadá).
En el cuadro bajo estas líneas está la LISTA COMPLETA, que hasta la fecha suma 63 Prelados (28 Cardenales, 9 Arzobispos y 26 Obispos), contándose entre ellos:
  • El Cardenal Protodiácono.
  • El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
  • El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
  • El Prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede.
  • El ex Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.
  • El Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca.
  • El Vicepresidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (el mismo que el Presidente de la C. E. Polaca).
  • El Presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.
  • El Presidente de la Conferencia Episcopal de la India.
  • El Presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia.
  • El Presidente "ad honorem" de la Conferencia Episcopal Venezolana.
  • El ex Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.
  • El ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española.
  • El ex Presidente de la Conferencia Episcopal Letona.
  • El Presidente del Consejo para la Familia de la Conferencia Episcopal Polaca.
  • El Presidente de la Comisión de Familia y Comunidad de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
  • El Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
  • El Presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede.
  • El Presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida.
  • El Presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias Históricas.
  • El Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Familia.
  • El Presidente emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum".
  • El Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz.
  • El Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes (el mismo que Justicia y Paz).
  • El Presidente emérito de "Peregrinatio ad Petri Sedem".
  1. S. E. R. Walter Card. Brandmüller, Presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas.
  2. S. E. R. Raymond Leo Card. Burke, ex Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y Patrón de la ex Soberana Orden de Malta.
  3. S. E. R. Carlo Card. Caffarra, Arzobispo emérito de Bolonia (Italia)
  4. S. E. R. Joachim Card. Meisner, Arzobispo emérito de Colonia (Alemania).
  5. S. E. R. Robert Card. Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
  6. S. E. R. Paul Josef Card. Cordes, Presidente emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum".
  7. S. E. R. George Card. Pell, Prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede.
  8. S. E. R. Wilfrid Fox Card. Napier, Arzobispo de Durban (Sudáfrica).
  9. S. E. R. Gerhard Ludwig Card. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
  10. S. E. R. Renato Raffaele Card. Martino, Cardenal Protodiácono, Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y ex Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas.
  11. S. E. R. Camilo Card. Ruini, Vicario General emérito de Su Santidad para la diócesis de Roma, ex Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Arcipreste emérito de la Basílica Papal de Letrán, Gran Canciller emérito de la Pontificia Universidad Lateranense y Presidente emérito de "Peregrinatio ad Petri Sedem".
  12. S. E. R. Francis Card. Arinze Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
  13. S. E. R. Angelo Card. Scola, Arzobispo de Milán (Italia).
  14. S. E. R. Ennio Card. Antonelli, Arzobispo emérito de Florencia (italia) y Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Familia.
  15. S. E. R. Joseph Card. Zen Ze-kiun, S.D.B., Arzobispo emérito de Hong Kong (China).
  16. S. E. R. Velasio Card. De Paolis, Presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede.
  17. S. E. R. Moran Mor Baselios Card. Cleemis, Arzobispo Mayor de Trivandrum, Catholicós de la Iglesia católica siro-malankar y Presidente de la Conferencia Episcopal de la India.
  18. S. E. R. Dominik Jaroslav Card. Duka, O.P., Arzobispo de Praga y Primado de la República Checa.
  19. S. E. R. John Olorunfemi Card. Onaiyekan, Arzobispo de Abuya (Nigeria).
  20. S. E. R. Willem Jacobus Card. Eijk, Arzobispo de Utrecht (Países Bajos).
  21. S. E. R. Thomas Christopher Card. Collins, Arzobispo de Toronto (Canadá).
  22. S. E. R. Daniel Nicholas Card. DiNardo, Arzobispo de Galveston-Houston (EE.UU.) y Presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.
  23. S. E. R. Timothy Michael Card. Dolan, Arzobispo de Nueva York (EE.UU.).
  24. S. E. R. John Card. Njue, Arzobispo de Nairobi y Presidente de la Conferencia Episcopal Keniana.
  25. S. E. R. Elio Card. Sgreccia, Presidente emérito de la Academia Pontificia para la Vida.
  26. S. E. R. Antonio María Card. Rouco Varela, Arzobispo emérito de Madrid y ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española.
  27. S. E. R. Jorge Liberato Card. Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Presidente "ad honorem" de la Conferencia Episcopal Venezolana.
  28. S. E. R. Jānis Card. Pujats, Arzobispo emérito de Riga y ex Presidente de la Conferencia Episcopal Letona.
  29. S. E. R. Mons. Stanisław Gądecki, Arzobispo Metropolitano de Poznań, Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca y Vicepresidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa.
  30. S. E. R. Mons. Charles Joseph Chaput, O.F.M. Cap., Arzobispo Metropolitano de Filadelfia (EE.UU.).
  31. S. E. R. Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata (Argentina).
  32. S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán).
  33. S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu (Kazajistán).
  34. S. E. R. Mons. William E. Lori, Arzobispo de Baltimore, Maryland (EE.UU.).
  35. S. E. R. Alexander K. Sample, Arzobispo de Portland (EE.UU.).
  36. S. E. R. Mons. Richard W. Smith, Arzobispo de Edmonton (Canadá).
  37. S. E. R. Mons. Gerard Pettipas, CSsR, Arzobispo de Grouard-McLennan (Canadá).
  38. S. E. Mons. Fernando Arêas Rifan, Obispo de la Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney (Brasil).
  39. S. E. Mons. Steven Lopes, Obispo del Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro (EE.UU.).
  40. S. E. Mons. Jan Wątroba, Obispo de Rzeszów y Presidente del Consejo para la Familia de la Conferencia Episcopal Polaca.
  41. S. E. Mons. José Francisco Ulloa Rojas, Obispo de Cartago y Presidente de la Comisión de Familia y Comunidad de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
  42. S. E. Mons. Ratko Peric, Obispo de Mostar-Duvno (Bosnia y Herzegovina).
  43. S. E. Mons. Vitus Huonder, Obispo de Coira -Chur- (Suiza).
  44. S. E. Mons. Antonio C. Rossi, Obispo de Frederico Westphalen (Brasil).
  45. S. E. Mons. David Kagan, Obispo de Bismarck, Dakota del Norte (EE.UU.).
  46. S. E. Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares (España).
  47. S. E. Mons. Scott MacCaig, Obispo del Ordinariato Militar de Canadá.
  48. S. E. Mons. Philip Egan, Obispo de Portsmout (Reino Unido).
  49. S. E. Mons. Thomas J. Olmsted, Obispo de Phoenix (EE.UU.).
  50. S. E. Mons. James Conley, Obispo de Lincoln, Nebraska (EE.UU.).
  51. S. E. Mons. Ignazio Zambito, Obispo dee Patti (Italia).
  52. S. E. Mons. Juan Rodolfo Laise, OFMCap, Obispo emérito de San Luis (Argentina).
  53. S. E. Mons. Taras Senkiv, O.M., Obispo de Stryi (Ucrania).
  54. S. E. Mons. Frederick Henry, Obispo de Calgary (Canadá).
  55. S. E. Mons. Mark Hagemoen, Obispo de Mackenzie-Fort Smith (Canadá).
  56. S. E. Mons. Paul Terrio, Obispo de St. Paul (Canadá).
  57. S. E. Mons. Adriano Langa, Obispo de Inhambane (Mozambique).
  58. S. E. Mons. Jonas Kauneckas, Obispo de Panevėžys (Lituania).
  59. S. E. Mons. Anthony Lee Kok Hin, Obispo emérito de Miri (Malasia).
  60. S. E. Mons. Gregory J. Bittman, Obispo auxiliar de Edmonton (Canadá).
  61. S. E. Mons. Jósef Wróbel, Obispo titular de Suas y auxiliar de Lublin (Polonia).
  62. S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo titular de Celerina y auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán).
  63. S. E. Mons. Andreas Laun, Obispo auxiliar de Salzburgo, miembro de los Oblatos de San Francisco de Sales y Profesor de Teología Moral en la Facultad de Filosofía y Teología de Heiligenkreuz (Austria).

El Tratado de Londres, la paz con la que España avergonzó a Inglaterra tras la «Armada Invencible»

Los exitosos ataques ingleses al Caribe español y el fracaso de la Empresa inglesa fueron compensados con la llamada Contraarmada, que devino en un desastre casi de la misma magnitud que el de Felipe II (la flota anglo holandesa perdió al 70% de sus hombres), y en una serie de victorias españolas a lo largo de la siguiente década

http://www.abc.es/historia/abci-tratado-londres-espana-avergonzo-inglaterra-tras-armada-invencible-201705190135_noticia.html
La guerra anglo-española iniciada en 1585 ha quedado en el imaginario popular como el principio del fin de la hegemonía militar española y como el arranque de la imbatibilidad naval de los británicos. Pero leyendo la letra pequeña se advierte que al Imperio español aún le quedaba cuerda para rato. ¿Cómo es posible que España saliera derrotada de la guerra y, a la vez, las condiciones del Tratado de Londres fueran favorables a este país? ¿Pudo aquella guerra ser el amanecer del poder británico si en 1625 perdieron de nuevo otra guerra de forma humillante?
Felipe II por Sofonisba Anguissola
Felipe II por Sofonisba Anguissola- Museo del Prado
Desde la muerte de su hermanastra María (la esposa de Felipe II), Isabel I comenzó a perseguir a los católicos de puertas para adentro y alinearse con las fuerzas protestantes en el resto de Europa. El conflicto abierto entre Isabel I de Inglaterra y Felipe II de España era así inevitable, siendo el casus belli el apoyo inglés a los protestantes en los Países Bajos, bajo la soberanía hispánica, y el envío de tropas y dinero de forma no oficial para la causa del rival de Felipe II por el trono portugués, Don Antonio. Si bien la Corona inglesa prestó toda clase de apoyo a los principales enemigos de España, no fue hasta después de la conquista de Amberes, en manos rebeldes, que la presencia militar inglesa junto a las tropas holandesas se hizo oficial y continuada con la firma del Tratado de Nonsuch.
Los rumores de que Felipe II planeaba envenenar a la Reina y sus constantes injerencias en los asuntos isleños elevaron las amenazas. Así las cosas, la guerra comenzó oficialmente en octubre 1585, cuando el pirata Francis Drake navegó por la costa oeste ibérica, saqueando Vigo y Santiago de Cabo Verde, además de intentar hacer lo mismo en La Palma, donde el asalto no tuvo éxito. En el Caribe capturó Santo Domingo y Cartagena de Indias y San Agustín (en la Florida). Fue aquí donde Felipe II comenzó los preparativos de la mal llamada Armada Invencible para trasladar parte del ejército en Flandes a Inglaterra y derrocar a Isabel I para colocar en su lugar a alguien favorable a la causa católica.
Durante la operación, en 1588, los ingleses no pudieron hundir prácticamente ninguno de los galeones españoles, auténticos castillos flotantes, pero el comandante español, Medina-Sidonia, no alcanzó a «darse la mano» con los ejércitos hispánicos en los Países Bajos y se vio forzado a bordear las Islas Británicas. Los arañazos alcanzados por los buques ingleses y las tempestades fueron transformando los barcos en ruinas flotantes. La defectuosa cartografía portada por los españoles fue el golpe de gracia para una travesía a ciegas por las escarpadas costas de Escocia y de Irlanda. Allí ocurrió la auténtica catástrofe: de las 130 embarcaciones enviadas se hundieron 35, siete en el Canal y en el Mar del Norte y 28 como consecuencia de los temporales.

Un tratado favorable a España

Los exitosos ataques ingleses al Caribe español, el fracaso de la Empresa inglesa y los sucesivos saqueos de Cádiz fueron compensados con la llamada Contraarmada, que devino en un desastre casi de la misma magnitud que el de Felipe II (la flota anglo holandesa perdió al 70% de sus hombres; solo regresaron 5.000 de los 18.000 hombres embarcados) y en una serie de victorias españolas a lo largo de la siguiente década. En 1592, el marino Pedro de Zubiaur dispersó en las costas francesas un convoy inglés de 40 buques; en 1596, Francis Drake y su mentor, John Hawkins, se estrellaron en el Caribe, donde pretendían repetir los lucrativos saqueos de su juventud y hallaron la muerte frente a poblaciones que se habían fortificado en años recientes.
Ambos países vivían momentos económicos precarios, pero la paz era imposible mientras vivieran los dos cuñados, porque se odiaban a muerte y estaban demasiado viejos para perdonarse los errores del pasado. Así las cosas, Felipe II murió en 1598 e Isabel Tudor cinco años después. Entonces sí fue posible que los nuevos soberanos finalizaran un conflicto que se alargaba sin rumbo y sin acciones en curso. Jacobo Estuardo, Rey de Escocia, sucedió a la «Reina Virgen» al frente de Inglaterra. Al final de su vida, la propia Isabel había aceptado que le sucediera el hijo de su otrora enemiga, María Estuardo, a la que ella mismo había ordenado ejecutar en 1587. Jacobo I se escudó en que él, como Rey de Escocia, no estaba en guerra con España y, dado que no se podía separar al Rey de Escocia del de Inglaterra, eso significaba que tampoco Inglaterra estaba en guerra con España. Este gracioso galimatías tardó menos de un año en materializarse en una paz duradera.
María Pita se distinguió en la defensa de La Coruña, en el ataque inglés de 1589
María Pita se distinguió en la defensa de La Coruña, en el ataque inglés de 1589
Los consejeros de Jacobo también estaban deseando firmar. Y el único con ciertas reservas, Felipe III, terminó cediendo al recordar tal vez que su padre ya no podía reprocharle nada, pues prefería callar, como es costumbre en los muertos. Las negociaciones llevadas a cabo en Somerset House desembocaron en el Tratado de Londres del 28 de agosto de 1604, donde los españoles se presentaron con dos delegaciones. Una representando al Rey de España, encabezada por Juan Fernández de Velasco y Tovar, y otra a los archiduques Alberto e Isabel, gobernadores de los Países Bajos Españoles. Los ingleses, por su parte, estuvieron representados por Robert Cecil, hijo del consejero de Isabel I que había vivido desde el principio el conflicto.
Retrato de Isabel I, Reina de Inglaterra
Retrato de Isabel I, Reina de Inglaterra
Los historiadores coinciden en señalar que se trató de un tratado favorable a España. No solo obligaba a los ingleses a cesar en su apoyo a los rebeldes holandeses, sino que en uno de sus artículos autorizaba a los barcos españoles a emplear los puertos británicos para refugiarse, reabastecerse o repararse, es decir, que ponían a su disposición toda su red portuaria. En lo referido al corso, el artículo sexto obligaba a ambos países a renunciar a la actividad pirata. Y muchos creyeron que este punto solo era papel mojado, entre ellos el último de los grandes corsarios isabelinos, Walter Raleigh (adaptado a lo bestia como «Guatarral» por los españoles), quien se embarcó por entonces en una expedición a América que le reportó un botín más bien escaso. De vuelta a Londres, Raleigh fue detenido y ejecutado por un delito de piratería a instancias del embajador español. El tiempo de la impunidad pirata había concluido.
Por su parte, España renunciaba a su pretensión de colocar a un rey católico en el trono inglés y a invadir el país de nuevo, lo cual eran condiciones obvia para que hubiera una paz duradera. Asimismo, Felipe III accedió a facilitar el comercio inglés en América y apenas pudo incluir en el tratado nada referido a los derechos de los católicos oprimidos en las islas.

Una paz que acercó una posible alianza

La tolerancia religiosa hacia los católicos fue la asignatura a la que más renunció España al firmar el tratado. No es de extrañar, en tanto, que un veterano soldado del Ejército español en Flandes, el inglés Guy Fawkes, intentara junto a un grupo de conspiradores católicos explotar el Palacio de Westminster con explosivos situados debajo de la Cámara de los Lores pocos meses después de la firma del tratado. Fawkes fue capturado con las mano en la masa, ejecutado de forma salvaje por su conspiración y recordado como un enemigo simbólico del país, si bien lo que pocos recuerdan es que él ni siquiera era el cabecilla del grupo, sino el noble Robert Catesby, quien había intentado persuadir al Condestable de Castilla, Juan Fernández de Velasco y Tovar, para que apoyaran la causa católica antes de firmar el Tratado de Londres.
A pesar del complot católico, el calvinista moderado Jacobo I se mantuvo firme en su paz con España e incluso dejó caer la posibilidad de casar a su heredero con una de las hijas de Felipe III. No obstante, las fallidas negociaciones a raíz de la posible boda de Carlos Estuardo y Doña María de Austria desembocaron pocos años después en una nueva guerra entre ambos países. A su vuelta a Inglaterra, Carlos Estuardo –sintiéndose víctima de un desplante amoroso– exigió a su padre que declarara la guerra contra España y retornara a los tiempos bélicos de Isabel.
Una vez muerto Jacobo, la guerra contra España no dio los resultados esperados y, en 1625, un ataque naval contra Cádiz terminó con una estrepitosa derrota para Carlos, causándole el descrédito ante sus súbditos. Varias derrotas más, incluida la Rendición de Breda donde había tropas inglesas desplegadas, llevaron a Inglaterra a firmar la paz en 1630 y a dar por finalizada su participación en la Guerra de Treinta Años. Los costes del conflicto y la mala gestión se sumaron a las disputas entre la Monarquía y el Parlamento que se alargaban desde el anterior reinado. Todo ello desembocó en la célebre Guerra Civil inglesa de la década de 1640 que terminó con la ejecución de Carlos I.