miércoles, noviembre 23, 2016

El conde Joseph de Maistre: profeta de la Contrarrevolución.

"La Contrarrevolución no será una revolución en sentido contrario, sino lo contrario de la Revolución. Es decir, el restablecimiento integral del Orden Cristiano".

El conde Joseph de Maistre ( 1753-1821 ) es el máximo teórico de la Contrarrevolución y denuncia proféticamente: "La Revolución ha conseguido hacerse amar por aquellos mismos de los cuales es su enemiga mortal".

Se alzó contra la "teofobia del pensamiento moderno". Puso a Dios en el centro de toda doctrina. En su obra "Consideraciones sobre Francia" removió las conciencias de quienes se conformaban con un pacto conservador.

Consideraba la Revolución Francesa un acontecimiento satánico por sus causas y sus efectos. Partidario de una monarquía hereditaria antiliberal, propuso al poder espiritual infalible del Papa para liderar la lucha contra la decadencia moderna de Occidente. El conde de Maistre denuncia a los que quieren pactar con la Revolución una falsa paz y una falsa restauración, comprendió la ceguera de los soberanos de Europa: "La Revolución quiere hacerse amar por aquellos mismos de quienes era su peor enemiga, y esa misma autoridad que la Revolución busca inmolar, la abraza estúpidamente antes de recibir el golpe fatal". La política restauradora post napoleónica no cortaba la cabeza de la bestia, no destruía las raíces de la subversión sino que imponía la revolución moderada a la radical. De Maistre fue leído y temido incluso por Napoleón que impuso su destierro. Muchos intelectuales franceses afirmaron que les enseñó a pensar. Otras obras: Veladas de San Petersburgo, Plan para un nuevo equilibrio de Europa y Sobre el Papa.

Sus enseñanzas pueden ser aplicadas ahora a quienes después de haber resistido a la Revolución quieren un pacto de falsa paz y orden o incluso se abrazan a los supuestos valores modernos condenados por los Papas antiliberales de forma clara y tajante.

Fray Jerónimo

Isabel la Católica. Sierva de Dios, Reina de la Hispanidad

Cetro y Corona de Isabel la Católica

ORACIÓN (uso privado)
Por intercesión de la sierva de Dios Isabel la Católica.

DIOS, Señor y Padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la elección de tu sierva Isabel como instrumento de tu gloria en la dignificación cristiana del hombre, en la exaltación de la fe y su extensión al Nuevo Mundo. Te damos las gracias por este don sobrenatural de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde las cimas del gobierno de los pueblos para la redención y la salvación de todos. Te rogamos te dignes perpetuar su intercesión en el Cielo para continuar su obra comenzada en la Tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y Mediador, que contigo y el espíritu Santo vive y reina y es Dios por todos los siglos. Amén.
Excelentísimos señores, queridos amigos:

Es para mí una gran satisfacción poder acompañarles en este simposio que, con motivo del Quinto Centenario de la muerte de la Reina Isabel de Castilla, la Católica, organiza la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Debo comenzar por expresar mi agradecimiento a la Universidad, que ha querido asociarme a la celebración. Conozco la Universidad desde hace decenios, pues goza de merecida fama, y me honro con la amistad de algunos de sus fundadores, singularmente la ejemplar familia Leaño, que hoy tengo ocasión también de renovar.

Como Infante de España y descendiente de la Reina Católica, son muchos los sentimientos que se me agolpan:

En primer lugar, una gran emoción de que este acto se celebre no en la vieja Península Ibérica, sino en la pujante Nueva España. Y en una Nueva España nacida al calor del amor a la Virgen María, en Guadalupe y aquí, más cerca, en Zapopan.

En segundo lugar que, dentro de la Nueva España, nos encontremos en Jalisco. ¡Cómo dejar de evocar la epopeya cristera, que en estas tierras se desarrolló con especial intensidad! Depositario de la legitimidad carlista española, no puedo dejar de recordar que aquellas guerras dinásticas del XIX se hicieron al grito de “por Dios, por la Patria y el Rey”, afirmación de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo que los mártires cristeros rubricaron con su grito “¡Viva Cristo Rey!”, y que los voluntarios carlistas todavía volvieron a hacer sonar en la cruzada de 1936-1939.

Finalmente no podría dejar de decir algunas palabras sobre la Reina Isabel, que quisiéramos ver pronto en los altares, una vez que los dictados de la “corrección política” (y eclesiástica) sean de una vez, y esperemos que definitivamente, dejados a un lado.

La meditación de su testamento debiera estar siempre presente en la mente de los gobernantes. Por las virtudes humanas y cristianas que exhibe. Por el temple de Reina que lo llena. Por el amor a la Hispanidad, aunque la palabra aún no se usara, que lo preside.

Pero son toda su vida y su obra las que deben ser objeto de meditación. Al reformar la Iglesia alejó el peligro de la “reforma” luterana, que habría de llegar más tarde a Europa, pero de la que el mundo hispánico se vio libre. Al llevar adelante la Reconquista, hasta el reino de Granada, último reducto moro, completó la recuperación de España, y hasta el final con la expulsión de los judíos no convertidos. Al afirmar la presencia castellana en el Norte de África, en la llamada Hispania Tingitana, demostró otra vez su celo apostólico y su aguda visión geopolítica. Y, sobre todo, al impulsar la gesta americana, sentó las bases de la Hispanidad, de las Españas grandes. Que sus sucesores consolidaron en la senda de su espíritu: Carlos I en la “Controversia de Valladolid” y en la legislación de Indias, completada luego por los Felipes.

La gesta americana no se puede comprender sin la acción de los Reyes y todo un pueblo en misión. Solórsano Pereyra, en su Política indiana resume que “la conservación y el aumento de la fe es el fundamento de la Monarquía”. Así fue la obra de la Reina Católica, que tantos frutos esperamos siga dando. Quiera Dios que este simposio sirva para que la Reina Isabel esté pronto en los altares.

Muchas gracias.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Guadalajara, Jalisco (Nueva España) 22 de mayo de 2004. Mensaje inaugural del "Seminario Internacional sobre la Sierva de Dios Isabel la Católica".
Isabel la Católica forma parte esencial de la Tradición Hispánica, pues toda su acción social y política viene guiada por el tetralema de Dios, Patria, Fueros, Rey legítimo. Así pone en el centro de su empeño político la consecución de la unidad católica de España con la derrota militar de los últimos reductos mahometanos (derrota para la cual empeña las arcas de la Corona y sus propias posesiones personales) y la expulsión de los judíos; emprende labores de reforma de órdenes religiosas en una época de relajación de costumbres en los monasterios; conduce toda la empresa del descubrimiento americano al bautismo de los indios. Ama a España profundamente, a la que quiere ver reunificada y libre del yugo invasor, dando un impulso a una Reconquista adormecida por la anteposición de intereses materiales por parte de algunos reyes cristianos anteriores. Entiende que el poder Real ha de ejercitarse con respeto de las leyes y las Cortes territoriales y concede nuevos Fueros a los territorios reconquistados, recorriendo y gobernando las Españas según sus tradiciones políticas y respetando el derecho consuetudinario; viviendo la variedad de las Españas también en lo cultural, vistiendo el traje tradicional de los territorios que visitaba e incluso expresándose e imprimiendo documentos oficiales en las lenguas particulares de cada uno de ellos (sin detrimento de la consolidación desde siglos atrás del castellano como lengua común, o española por antonomasia). Impuso un sistema de justicia social y redistributiva, sobre todo en las Leyes de Indias, tomadas como modelo de muchas reivindicaciones laborales posteriores. Y su sentido legitimista la llevó a reclamar sus derechos al trono de Castilla contra las intrigas palaciegas, fortaleciendo la monarquía y ejerciendo con rectitud cristiana el poder y el mando. Su vida y su actuación religiosa y política son la antítesis del liberalismo, por lo que es una infamia que su nombre y su Trono se vea usurpado por las antirreinas de la revolución.

Presentación del acto "Isabel la Católica y la Tradición Hispánica". Organizado por las Juventudes Tradicionalistas de España en Albacete el 15 de mayo de 2002.


[Agencia FARO] Madrid, 10 octubre 2010, mes del Santo Rosario. El próximo martes 12 de octubre se celebra, como es sabido, la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de Aragón, día de la Hispanidad y de la Raza (por más que en Argentina, donde apareció por primera vez esta denominación, pretenda suprimirla el tándem Kichner-Fernández, como FARO informaba recientemente). No se trata, sin embargo, de una supuesta "fiesta nacional", invento del Gobierno socialista de Felipe González en 1986. Por eso resultan lamentables los llamamientos de muchos supuestos patriotas para celebrarla como tal.

Los días oficiales de "fiesta nacional" son propios de los nuevos estados-nación surgidos de la Revolución. Una patria tan antigua como España no celebra semejantes cursilerías. A menos que se sostenga --como lo hacen Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y el PP, o el arrupita Fernando García de Cortázar-- que España nació de las falsas Cortes de Cádiz y la nefasta Constitución de 1812. En cuyo caso deberían poner la "fiesta nacional" el 19 de marzo. Porque lo que celebramos el 12 de octubre en la Península es la ocasión memorable en que nuestra tierra fue hollada por los pies venerables de la Santísima Madre de Dios; catolicidad a la que debemos, ciertamente, nuestra identidad nacional, y por consiguiente la empresa descubridora que extendió la Hispanidad por todos los continentes. Pero la Patrona Mayor de las Españas es la Inmaculada Concepción, cuya fiesta se celebra el 8 de diciembre.

LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN
Haz cuanto puedas por rezar el Rosario cada día, y si es junto con otros multiplicas el valor de tu oración y de tu filial amor a la Madre de Dios. Lleva su escapulario y una medalla. Sea cual fuere su advocación, la Virgen te acompaña. Pero en especial invócala en la del Pilar de Zaragoza.

Devocionario del Requeté

La primera batalla de la Historia entre musulmanes y judíos

Una tribu hebrea ayudó en el 627 a los politeístas de La Meca a combatir a Mahoma, y tras ser vencida por el profeta 700 judíos fueron decapitados
Mahoma predica después de la Batalla de la Trinchera, según un autor anónimo
Mahoma predica después de la Batalla de la Trinchera, según un autor anónimo
La enemistad entre judíos y musulmanes dirimida en el campo de batalla no comenzó en 1947 con la creación del Estado de Israel. La primera gran contienda de la que se tiene constancia histórica data del 627. Los historiadores la denominan La Batalla de la Trinchera, por el ingenioso método utilizado por Mahoma para vencer a un enemigo mucho mayor en número y medios de combate. Pero el aspecto más polémico tiene que ver con la conclusión de aquella campaña, la última y más decisiva para la creación del islam, y para entender su rápida difusión por todo el mundo conocido a golpe de espada. Por orden del profeta, casi 700 miembros varones de una tribu judía, la de los Qurayza, fueron decapitados, y sus mujeres y niños repartidos como esclavos.
Los historiadores coinciden en que la Batalla de la Trinchera en la ciudad de Medina fue el acto fundacional de la comunidad musulmana en la península Arábiga. La campaña previa pretendía ser el golpe definitivo a Mahoma y sus seguidores, que habían huido de La Meca y encontrado refugio en Medina. Una coalición de tribus politeístas mecanas, junto a unas pocas tribus nómadas judías, establecieron en La Kaaba un pacto militar para combatir a Mahoma. En vísperas de marzo de 627 se dirigieron a esa ciudad unos 10.000 hombres, con 600 caballos y camellos. Alertados, los mahometanos, que solo contaban con 3.000 soldados, decidieron recurrir a la construcción de un foso en torno a Medina para frenar a la caballería. El ingenio militar era conocido entre los persas, pero pilló por sorpresa a la coalición árabe .
El sitio de Medina duró varias semanas, pero pudo haberse decantado rápidamente en favor del bando agresor debido a una circunstancia: el pacto secreto de la coalición con una tribu judía que habitaba cerca de Medina, la de Banu Qurayza, que debía actuar como “quinta columna” en Medina para permitir la entrada del ejército invasor. Mahoma fue advertido y la conspiración se frustró. Finalmente -y como consecuencia de una “intervención divina” en forma de terribles tormentas, según la tradición musulmana- la coalición se desmoralizó y levantó el sitio.
Sin dar pausa al júbilo, Mahoma decidió marchar contra los Qurayza para hacerles pagar la traición, por la ruptura de una alianza anterior entre la tribu judía y la nueva comunidad musulmana. El sitio duró poco tiempo, y Banu Qurayza se rindió. Las historiadores musulmanes disputan en este punto, pero el más aceptado es que el profeta pidió consejo a uno de sus consejeros, Saad ibn Maad, quien concluyó que todos los judíos de la tribu debían ser pasados a espada. Mahoma asintió, y unos 700 hebreos fueron decapitados. El Corán recoge en varios de sus versículos tanto la conspiración de los Qurayza como la venganza contra ellos por orden de Alá.

La carta de Hebe de Bonafini al Papa: "El pueblo tiene miedo, la mentira es moneda corriente en todos los que gobiernan"

La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo le advirtió a Francisco que "el hambre crece" en el país desde el encuentro que mantuvieron ambos el pasado 27 de mayo en el Vaticano
Viernes 18 de noviembre de 2016 • 15:09
La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini , advirtió en una carta dirigida al papa Francisco que "el hambre crece" en el país y que la situación social "está mucho peor" desde el encuentro que mantuvieron ambos el pasado 27 de mayo en el Vaticano.
En una carta abierta que hizo pública hoy, Bonafini dijo que "la violencia institucional crece en los barrios pobres, sobre todo", y sostuvo que "el pueblo tiene miedo, la mentira es moneda corriente todo el día, todos los días, en todos los que gobiernan".
"El hambre crece, con hombres y mujeres con sus niños durmiendo en las plazas y las veredas", aseveró la titular de Madres de Plaza de Mayo.
Hebe le mandó una carta al Papa en la que le pide ayuda
Hebe le mandó una carta al Papa en la que le pide ayuda. Foto: Archivo
"Queridísimo Francisco", se inicia la misiva y explica los motivos que la impulsaron a enviarle la carta abierta: "Te escribo porque desde que nos vimos, el 27 de mayo pasado, las cosas están mucho peor".
"Perdoname por esta carta pero sé que tus palabras tienen una gran recepción en el pueblo: las necesitamos. Las Madres hacemos más de lo que podemos y los jóvenes también: reuniones y discusiones para ejercer mejor la solidaridad, entregando, como antes, lo mejor que tenemos, pero nunca alcanza porque el hambre no espera y la bronca crece", agregó la dirigente de derechos humanos.
Bonafini señaló, además, que "muchos de los que están cerca del gobierno empiezan a echarle la culpa de todo a (el presidente electo de los Estados Unidos, Donald) Trump " y añadió: "Me da miedo pensar a qué violencia nos impulsan, a qué respuesta".
"¿Te acordás lo que hablamos, de no permitir más merenderos y comedores para que nuestros niños coman con sus padres, para que no tengan que sentir vergüenza por un plato de sopa?. Ayudanos con tus palabras", le pidió la titular de Madres de Plaza de Mayo y finalizó el texto: "Disculpá por pedirte tanto, pero no me queda otra, la política sola no alcanza. Un abrazo".
El papa Francisco recibió el pasado 27 de mayo a Bonafini durante dos horas en la residencia Santa Marta, encuentro durante el cual la dirigente le pidió perdón por las duras críticas que le había lanzado cuando fue electo en el cargo.
Agencia Télam

La matanza en la que el minúsculo ejército de Francisco Pizarro capturó al emperador inca

El 16 de noviembre de 1532, el extremeño logró hacer algo que parecía imposible: apresar a uno de los hombres más poderosos de la América precolombina. Un acto que le reportó una ingente cantidad de oro
Francisco Pizarro
Francisco Pizarro - Augusto Ferrer-Dalmau
Bárbaro para unos y valeroso combatiente para otros, lo que no se le puede negar a Francisco Pizarro (uno de los conquistadores más famosos de la Historia de España) es su capacidad para hacerse con el dominio del Imperio Inca (ubicado aproximadamente en el actual Perú) con apenas dos centenares de hombres. En su camino hacia la fama, este extremeño atesoró grandes victorias. Sin embargo, sobre ellas resuena una cuyo aniversario se cumple precisamente hoy.
Y es que, fue un 16 de noviembre de 1532 cuando, tras idear una estrategia envidiable, el ya anciano Francisco Pizarro logró capturar a Atahualpa (décimo tercer emperador de los incas) en la plaza de la ciudad de Cajamarca. Todo ello, a pesar de que el español apenas contaba con centenar y medio de combatientes y, por su parte, el líder nativo sumaba un séquito de 40.000 hombres junto a él (una cifra que varía atendiendo a las fuentes).
PARA SABER MÁS: Pizarro, el conquistador que venció a 40.000 soldados incas con 200 españoles
El origen de esta batalla (en la que los incas no pudieron hacer frente al poder de los jinetes y la artillería de Pizarro) se remonta al año 1530. Fue entonces cuando un cincuentón Francisco (el mismo hombre que había viajado al Nuevo Mundo en 1502 y que había participado en dos expediciones fallidas contra el Perú) partió desde Panamá con aproximadamente 180 combatientes y una treintena de jinetes (la mayoría de fuentes dicen 37) hacia Cajamarca: una de las ciudades más importantes del Imperio Inca.
Francisco Pizarro
Francisco Pizarro
¿Su objetivo? Oficialmente, poner orden en nombre del rey en la zona, donde se estaba librado una encarnizada lucha entre el emperador Atahualpa y su hermano Huáscar. Extraoficialmente: introducirse en el corazón del territorio para dominarlo.
A esa región llegó el viernes 15 de noviembre de 1532 bajo el paraguas de una supuesta entrevista personal con el mismo Atahualpa. ¿Un truco? Si, pero el emperador tampoco es que fuera demasiado sincero ya que, a pesar de que acudía a la zona supuestamente para hablar con Pizarro, tenía en su cabeza la idea clara de acabar con aquellos conquistadores que habían penetrado en su territorio con suma facilidad.

Un plan perfecto

El sábado 16 de noviembre Pizarro preparó a sus hombres. La misión no era fácil, pues sabía que Atahualpa llegaría cubierto por una infinidad de incas. Pero el premio al que aspiraban era para salivar: la conquista del uno de los imperios más poderosos del continente.
Francisco ordenó a sus hombres que estuvieran preparados para cualquier eventualidad. Al fin y al cabo, no sabía cómo serían recibidos por el emperador y la reacción que este tendría tras parlamentar con ellos en Cajamarca. «Decidió que tendría que actuar de manera espontánea. Llegado el momento tomaría una decisión de última hora sobre la estrategia a seguir, ser amable, huir o atacar», explica el investigador Kim Macquarrie en su obra «Los últimos días de los incas».
En todo caso, estableció un orden de batalla concreto para -independientemente de lo que se le pasara por la cabeza a los incas- tratar de capturar a Atahualpa.
Atahualpa
Atahualpa
El plan lo ideó de forma que sus hombres pudieran esconderse en los tres edificios que flanqueaban la plaza de la ciudad (un cuadrado de 200 metros de largo por 200 de ancho al que solo se podía acceder por tres entradas). Su objetivo era sencillo: contar con el factor sorpresa, atacar de improviso y hacerse con el emperador. Eso garantizaría la dispersión del ejército enemigo y les permitiría cobrar una importante suma a cambio de la vida del líder. Y el oro, amigos, era el oro.
Para empezar, Pizarro dividió a sus jinetes en tres grupos. Cada uno de ellos de unos veinte hombres al mando respectivamente de Hernando de Soto, Hernando Pizarro y Sebastián de Benalcázar. Estas unidades (escondidas en los soportales de los edificios que rodeaban la plaza) serían las encargadas de servir como fuerza de choque principal y tratar de contener al enemigo. Algo nada descabellado si consideramos el miedo que todavía causaban los caballos entre la población.
«De las conquistas en el Nuevo Mundo tuvieron los indios que el caballo y el caballero eran una pieza, como los centauros»
«De las conquistas en todo el Nuevo Mundo tuvieron los indios que el caballo y el caballero eran todo una pieza, como los centauros de la época. […] Comúnmente los indios tienen grandísimo miedo a los caballos; en viéndolos correr, se desatinan de tal manera que, por ancha que sea la calle, no saben arrimarse a una de las paredes y dejarle pasar», se explica en «Comentarios reales del Inca» (de Garcilaso de la Vega).
Pizarro, por su parte, se ubicó en un edificio junto a una veintena (entre 20 y 24) de soldados. Una especie de guardia personal cuyo objetivo sería capturar a Atahualpa en el caso de que hubiera posibilidades. A su vez, otro nutrido grupo de infantería (aproximadamente otros 20) tendría que cortar la retirada del emperador cerrando las tres entradas que daban acceso a la plaza.
«En otro edificio de la plaza, Pizarro dispuso al artillero griego Pedro de Candía con sus cuatro cañones y ocho o nueve arcabuces, además del resto de la infantería.. Dado que la mayoría de los españoles estarían escondidos dentro de los edificios, siendo prácticamente imposible para ellos ver lo que ocurría en la plaza, el fuego de artillería sería la señal preestablecida para atacar», añade el hispanista en su obra.
Pizarro parte hacia Cajamarca
Pizarro parte hacia Cajamarca- Wikimedia
Al igual que sucedía con los jinetes, la pólvora solía causar terror en los indios. Y eso a pesar de que, como ya explicó ABC en su momento, los arcos eran mucho más efectivos que los arcabuces.
Como explica José María González-Ochoa en su obra «Breve historia de los conquistadores españoles», Pizarro dio órdenes a todos sus hombres de quedarse quietos en espera de la señal de ataque (un disparo y el grito de «Santiago y cierra España»). Los únicos que deberían acudir al encuentro de Atahualpa serían Vicente de Valverde (fraile dominico de treinta y tantos) y su intérprete Felipillo.
Oficialmente, el religioso tendría que tratar de convencer al inca de que se convirtiera al cristianos (algo que, objetivamente, nadie consideraba viable). La batalla estaba servida.

La llegada a la plaza

El día 16, mientras los españoles esperaban con una mezcla de ansiedad y nerviosismo, Atahualpa hizo su llegada a Cajamarca acompañado (atendiendo a las diferentes fuentes) por entre 8.000 y 40.000 hombres. Cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo, el emperador ordenó partir hacia la plaza en busca de Pizarro.
Y lo hizo con una sonrisa sabiendo que su hermano -al que consideraba usurpador de una parte del Imperio- había caído presa de sus ejércitos. El día no podía empezar mejor. Ya solo le quedaba aniquilar a aquellos molestos invasores para poder reinar sin mayores dificultades en su extenso territorio.
«Llevaban tal cantidad de servicio de mesa de oro y plata que era maravilloso verlo brillar bajo el sol»
Según explica en sus crónicas Pedro Pizarro (primo de Francisco), Atahualpa iba subido en una rica litera (la cual contaba con almohadas de pluma de papagayo) y rodeado por cientos de combatientes que formaban en falanges: «Dos mil indios iban delante de él, barriendo el camino [empedrado] por el que viajaba. […] Llevaban tal cantidad de servicio de mesa de oro y plata que era maravilloso verlo brillar bajo el sol […] Delante de Atahualpa iban muchos indios cantando y bailando».
En principio, la comitiva se detuvo en las afueras de la ciudad. Una mala noticia para los españoles, que habían preparado su trampa en el interior de la plaza. Por suerte, Pizarro solventó esta dificultad enviando a uno de sus hombres (Pedro de Aldana) hasta el campamento de Atahualpa. Este, a pesar de no tener ni idea de cómo debía comunicarse con aquellos indios, logró hacerles entender por señas que su jefe les esperaba para «parlamentar» dentro de la plaza. Picaron el anzuelo y, al poco, unos 600 indios accedieron a la construcción.
El ataque de Pizarro
El ataque de Pizarro
«Ochenta señores llevaban [al señor inca] sobre sus hombros, y todos llevaban uniformes muy ricos de color azul. El propio Atabilpa iba vestido muy ricamente, con su corona en la cabeza y un collar de grandes esmeraldas alrededor del cuello. Iba sentado sobre un pequeño asiento que tenía un suntuoso cojín», señalaba Miguel de Estete, otro de los combatientes que acompañó a los Pizarro en la expedición.
Mientras Atahualpa entraba en la plaza, algunos españoles se orinaron encima por el miedo. Y es que, aunque eran valientes y sabían que debían combatir, no estaban locos.

El fraile enfadado

Cuando Atahualpa llegó a la plaza, no había ningún enemigo a la vista. Tan solo pudo observar cuatro extraños cilindros de bronce (los cañones) que se hallaban en un extremo. La plaza parecía estar virgen de españoles. Y así fue hasta que, de un edificio cercano, salieron dos figuras. Una de ellas vestida con una túnica (el padre Valverde) y el intérprete, Felipillo. El primero llevaba en su mano un crucifijo y un libro de oraciones (objeto que jamás habían visto los indios).
Tras acercarse al emperador, Valverde se dispuso a leerle el manifiesto que -por norma- tenía que proclamarse en todos y cada uno de los lugares se planeaban conquistar. Aquel documento era el llamado «Requerimiento». Y en él se afirmaba (básicamente) que, o se rendían y daban todas sus posesiones a Carlos V, o se podían preparar para ser aniquilados.
Captura de Atahualpa
Captura de Atahualpa- Wikimedia
Esto era lo que se prometía hacer en el manifiesto si los incas no se rendían: «Os certifico que, con la ayuda de Dios, entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y Su Majestad, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os daños que pudiéramos. ¡E insisto que las muertes y los daños que de ello siguiesen serán vuestra culpa!».
Después de que Felipillo tradujera aquellas desafortunadas palabras (suponemos que no demasiado bien, pues Atahulpa no terminó de enfadarse), el fraile acercó a los morros de su sagrada majestad un libro de oraciones. Desconocemos también para qué, pues aquel personaje jamás había visto uno y desconocía hasta cómo se abría. En todo caso, al líder inca no debió gustarle que invadieran su espacio personal, pues le dio un sopapo al sacerdote.
«¡Salid, salid cristianos, arremeted contra estos perros enemigos que rechazan las cosas de Dios!»
A continuación se sucedió una conversación entre ambos que provocó el aumento de tensión:
Atahulpa - «Estoy bien instruído en lo que habéis hecho en el camino y de cómo habéis tratado a mis caciques y robado las casas».
Valverde - «Los cristianos no han hecho eso. Sino que habíendose algunos indios llevado sus efectos sin que el gobernador lo supiese, éste los ha despedido».
Atahualpa - «Pues bien. No me moveré de aquí hasta que todo me sea devuelto».
Tras alzarse sobre su litera, ordenó a los combatientes que le acompañaban que iniciasen el ataque. Valverde entró entonces en cólera. Los presentes dejaron escrito que, totalmente fuera de sí, se retiró hasta la posición de Pizarro e instó a gritos a sus compañeros a asesinar a aquellos infieles por haber mancillado la santas escrituras del Señor: «¡Salid, salid cristianos, arremeted contra estos perros enemigos que rechazan las cosas de Dios! ¡Ese jefe ha echado por tierra el libro de la Ley Divina! ¿No veis lo que ha ocurrido? ¿Por qué ser cortés y servil ante este arrogante perro, cuando las llanuras están llenas de indios? ¡Id y atacadle, pues yo os absuelvo!».

Se desata el caos

No había ya posibilidad de parlamento, así que Pizarro se limitó a dar la orden de ataque. A los pocos segundos, Pedro de Candía detonó sus cañones y, a base de bala y metralla (y entre un tremendo estruendo) empezó a aniquilar incas. Sus arcabuceros hicieron otro tanto y, apoyados en trípodes, comenzaron a llenar la plaza de humo con sus continuos disparos. El tronar fue brutal y, como cabía esperar, también lo fue el desconcierto de los enemigos.
Acto seguido, los jinetes espolearon a sus caballos para lanzarse contra la muchedumbre mientras, por su parte, los hombres de retaguardia cerraban las tres entradas a la plaza. Los incas habían quedado atrapados en una ratonera. «Los españoles empezaron a acuchillar, empalar, rajar, soltar hachazos y hasta a decapitar a cuantos indígenas tenían al alcance, utilizando sus afiladísimos puñales, lanzas y espadas», explica -por su parte- el hispanista.
La vista de los jinetes (enfundados en una coraza y acompañados de sus espadas) causó auténtico pavor entre los incas. De hecho, el terror cundió de tal manera que las primeras líneas de las formaciones se dieron la vuelta y -con gran empuje- iniciaron una retirada desesperada a cualquier precio. La avalancha fue tan grande que, en su intento desesperado por escapar, los hombres de Atahualapa aplastaron a los compañeros que estaban ubicados tras ellos. Decenas murieron asfixiados o bajo los pies de sus amigos mientras los españoles seguían avanzando hacia el emperador a base de espada.

Pizarro, al ataque

Pizarro tampoco se quedó atrás. Como bien explica el cronista Francisco de Jerez, se lanzó a la carga con sus hombres: «El gobernador se armó [...] y con los españoles que con él estaban entró por medio de los indios; y con mucho ánimo, con los cuatro hombres que le pudieron seguir, llegó hasta la litera donde Atabilpa estaba, y sin temor le echó mano del brazo izquierdo, diciendo: “Santiago” [pero] no le podía sacar de las andas [la litera]». Bajo la litera, el líder español acabó con todo aquel dispuesto a seguir sujetando la silla de su señor.
Su furia llegó a ser tal que cercenó varias cabezas de nativos. Sin embargo, siempre había otro que ocupaba el lugar del primero para evitar que Atahualpa fuese capturado. «Continuaron de esta guisa mucho tiempo, luchando y matando indios hasta que, casi exhausto, un español intentó apuñalar a Atahualpa con su cuchillo. Pero Francisco Pizarro paró el golpe y al hacerlo el español que quería matar a Atahualpa hirió al gobernador en la mano», explica Pedro Pizarro en sus crónicas.
Atahualpa prometió llenar de oro una gigantesca habitación a cambio de su libertad
Parecía que no había forma de capturar vivo a Atahualpa. Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando siete jinetes -decididos como estaban a terminar de una vez con aquella batalla- se lanzaron en tropel contra la litera para ayudar a Pizarro. Tras acabar con los que se atrevieron a interponerse en su camino, lograron ubicarse cerca de la silla del líder inca y arremeter contra ella. La fuerza fue tanta que lograron finalmente volcarla.
Así fue como acabó todo ya que, aprovechando que el rey estaba en el suelo, los conquistadores españoles se lo llevaron hasta unos aposentos cercanos, donde lo encerraron.
Posteriormente, los jinetes iniciaron la persecución del ejército contrario. Dirigieron sus espadas especialmente contra aquellos que tenían ricos uniformes, por considerarlos los de mejor posición. «Los españoles los persiguieron por todas partes. […] No murió ningún español», explica Henri Lebrún en su obra «Historia de la conquista de Perú y de Pizarro». Por el bando de Atahualpa las cifras son varias, pero se cree que unas 4.000 personas perdieron la vida.

Hacia la muerte

Después de la toma de Cajamarca y la victoria contra los incas, Pizarro mantuvo preso a Atahualpa, aunque simulando que era su huésped. En un intento de escapar, el emperador prometió al extremeño pagar su libertad. Según las crónicas, prometió llenar «de oro una sala que tiene veinte y dos pies en largo y diez y siete en ancho, llena hasta una raya blanca que está a la mitad del alto de la sala, que será lo que dijo de altura de estado y medio, y dijo que hasta allí henchiría la sala de diversas piezas de oro, cántaros, ollas y tejuelas, y otras piezas, y que de plata daría todo aquel bohío dos veces lleno, y que esto cumpliría dentro de dos meses».
Pizarro aceptó, pero cuando vio cumplidos sus deseos de oro se negó a liberar a Atahulpa. Con todo, envió a 60 de sus hombres junto a su hermano Fernando para relatarle al monarca español lo sucedido y entregarle su parte de las riquezas. Un número inconmensurable, en palabras de los expertos. Posteriormente hizo un juicio al inca en el que él y otros tres oficiales ejercieron como jueces. En principio, se le condenó a ser quemado vivo, pero antes de fallecer abrazó la religión cristiana. Al final, tras ser bautizado se le conmutó la pena y terminó siendo ahorcado.

La Corte Penal Internacional afirma que EE.UU. habría cometido crímenes de guerra en Afganistán

Los fiscales de este organismo aseguran que tras un exhaustivo examen han descubierto que las tropas estadounidenses habrían cometido torturas y otro tipo de maltratos en campos secretos de detención
Un helicópero «CH-47 Chinook» del ejército estadounidense tomando tierra en Sarobi, Afganistán
EFE La Haya - Actualizado: Guardado en: Internacional
La fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) de la Haya afirmó este lunes que había razones sólidas para creer que las fuerzas del ejército de Estados Unidos desplegadas en Afganistán podrían haber cometido crímenes de guerra en territorio afgano.
En un informe hecho público esta noche en la Haya, sede de la CPI, los fiscales de este organismo aseguran que tras un exhaustivo examen, fuerzas estadounidenses, según la jurisdicción de esta Corte, habrían cometido crímenes relacionados con la tortura y otros tipo de maltratos en campos secretos de detención.
Según la CPI, estos centros de detención estaban gestionados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y los crímenes de guerra tuvieron lugar «principalmente durante el periodo 2003-2004» aunque «en algunos casos continuaron hasta 2014».
Los crímenes se habrían cometido en territorio de Afganistán en todas las 34 provincias del país aunque «las de Kandahar y Helmand parecen las provincias más afectadas», precisa el informe
El documento añade que «miembros de las fuerzas armadas de EE.UU. parecen haber sometido al menos a 61 personas detenidas a tortura» y que oficiales de la CIA aparentemente habrían torturado a otros 27 detenidos.
La fiscalía de la CPI subraya que también tiene razones fundadas para creer que los Talibán y sus aliados, pertenecientes a la organización Haqqani Network, habrían cometido igualmente «crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra».
Y que dichos crímenes de guerra y tortura también habrían sido llevados a cabo «por el Gobierno afgano, en particular por la Agencia de Inteligencia (National Directorate for Security, en inglés) y la Policía Nacional Afgana».
La oficina de la Fiscalía afirma que decidirá de forma inminente llevar a cabo una investigación completa sobre el asunto afgano y que según los resultados podrían presentar cargos contra individuales e incluso emitir órdenes de arresto.
La CPI fue establecida en 2003 para juzgar graves crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero Estados Unidos bajo la presidencia de George W. Bush se opuso con fuerza al establecimiento de este tribunal, del que no es miembro, aunque sí es Afganistán.

sábado, noviembre 19, 2016

Reapareció el fiscal Campagnoli y tildó a Cristina de hipócrita

Reapareció el fiscal Campagnoli y tildó a Cristina de hipócrita

El fiscal José María Campagnoli tomó la palabra y criticó con crudeza a la ex presidente Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner. “Es una hipócrita”, afirmó, ya que mientras estaba fue mandataria “se la pasó hablando de los humildes y es una millonaria”.
El fiscal dio una entrevista en el programa “Debo decir”, que Luis Novaresio conduce en de América TV, allí consideró que “A mí, la gente que dice que trabaja para los pobres pero es multimillonaria me hace ruido. Y si fue Cristina Fernández de Kirchner fue una abogada exitosa, debe ser muy fácil demostrar en los casos que intervino y cómo hizo su fortuna (…) Me parece que es una tomada de pelo a todos los argentinos”.
También criticó la falta de independencia durante el la gestión K: “Si bien durante el menemismo hubo hostigamiento, no pasó lo que pasó durante el kirchnerismo. Hubo un fiscal muerto durante el kirchnerismo (…) Yo no creo que Nisman se haya suicidado. Se metió con el poder y terminó como terminó”, dijo.
“Me imagino un conjunto de acciones tendientes a silenciar a alguien, cuya muerte beneficiaba a muchos”, agregó.
“En ese sentido, el kirchnerismo fue mucho peor que el menemismo”, dijo con referencia a la libertad de investigación que mantuvo la justicia durante la década ganada.
También aprovechó a pegarle a la procuradora Alejandra Gils Carbó, quien resiste en su cargo desde la gestión anterior y está acusada de ser parcial en favor de gobierno anterior.
“Tengo por ella el sentimiento de la traición”, afirmó el fiscal. Cabe recordar que Gils Carbó lo había suspendido en 2013 por su trabajo en la causa que investiga a Lázaro Báez.
“Cuando un fiscal se enfrenta a grupos poderosos, lo que uno esperaría es que la cúpula del Ministerio Público Fiscal lo apoye, no lo sancione y no lo investigue y no le haga el juego a todas las defensas, como se hizo en el caso Lázaro Báez”, manifestó.