La Caridad sin Verdad sería ciega, La Verdad sin Caridad sería como , “un címbalo que tintinea.” San Pablo 1 Cor.13.1
miércoles, noviembre 23, 2016
El conde Joseph de Maistre: profeta de la Contrarrevolución.
"La
Contrarrevolución no será una revolución en sentido contrario, sino lo
contrario de la Revolución. Es decir, el restablecimiento integral del
Orden Cristiano".
El conde Joseph de Maistre ( 1753-1821 ) es el máximo teórico de la Contrarrevolución y denuncia proféticamente: "La Revolución ha conseguido hacerse amar por aquellos mismos de los cuales es su enemiga mortal".
Se
alzó contra la "teofobia del pensamiento moderno". Puso a Dios en el
centro de toda doctrina. En su obra "Consideraciones sobre Francia"
removió las conciencias de quienes se conformaban con un pacto
conservador.
Consideraba la Revolución Francesa un acontecimiento
satánico por sus causas y sus efectos. Partidario de una monarquía
hereditaria antiliberal, propuso al poder espiritual infalible del Papa
para liderar la lucha contra la decadencia moderna de Occidente. El
conde de Maistre denuncia a los que quieren pactar con la Revolución una
falsa paz y una falsa restauración, comprendió la ceguera de los
soberanos de Europa: "La Revolución quiere hacerse amar por aquellos
mismos de quienes era su peor enemiga, y esa misma autoridad que la
Revolución busca inmolar, la abraza estúpidamente antes de recibir el
golpe fatal". La política restauradora post napoleónica no cortaba
la cabeza de la bestia, no destruía las raíces de la subversión sino que
imponía la revolución moderada a la radical. De Maistre fue leído y
temido incluso por Napoleón que impuso su destierro. Muchos
intelectuales franceses afirmaron que les enseñó a pensar. Otras obras:
Veladas de San Petersburgo, Plan para un nuevo equilibrio de Europa y
Sobre el Papa.
Sus enseñanzas pueden ser aplicadas ahora a
quienes después de haber resistido a la Revolución quieren un pacto de
falsa paz y orden o incluso se abrazan a los supuestos valores modernos
condenados por los Papas antiliberales de forma clara y tajante.
Fray Jerónimo
Isabel la Católica. Sierva de Dios, Reina de la Hispanidad
Cetro y Corona de Isabel la Católica
ORACIÓN (uso privado)
Por intercesión de la sierva de Dios Isabel la Católica.
DIOS,
Señor y Padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la
elección de tu sierva Isabel como instrumento de tu gloria en la
dignificación cristiana del hombre, en la exaltación de la fe y su
extensión al Nuevo Mundo. Te damos las gracias por este don sobrenatural
de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde las cimas del gobierno
de los pueblos para la redención y la salvación de todos. Te rogamos te
dignes perpetuar su intercesión en el Cielo para continuar su obra
comenzada en la Tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y
favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y
Mediador, que contigo y el espíritu Santo vive y reina y es Dios por
todos los siglos. Amén.
Excelentísimos señores, queridos amigos:
Es
para mí una gran satisfacción poder acompañarles en este simposio que,
con motivo del Quinto Centenario de la muerte de la Reina Isabel de
Castilla, la Católica, organiza la Universidad Autónoma de Guadalajara.
Debo
comenzar por expresar mi agradecimiento a la Universidad, que ha
querido asociarme a la celebración. Conozco la Universidad desde hace
decenios, pues goza de merecida fama, y me honro con la amistad de
algunos de sus fundadores, singularmente la ejemplar familia Leaño, que
hoy tengo ocasión también de renovar.
Como Infante de España y descendiente de la Reina Católica, son muchos los sentimientos que se me agolpan:
En
primer lugar, una gran emoción de que este acto se celebre no en la
vieja Península Ibérica, sino en la pujante Nueva España. Y en una Nueva
España nacida al calor del amor a la Virgen María, en Guadalupe y aquí,
más cerca, en Zapopan.
En segundo lugar que, dentro de la Nueva
España, nos encontremos en Jalisco. ¡Cómo dejar de evocar la epopeya
cristera, que en estas tierras se desarrolló con especial intensidad!
Depositario de la legitimidad carlista española, no puedo dejar de
recordar que aquellas guerras dinásticas del XIX se hicieron al grito de
“por Dios, por la Patria y el Rey”, afirmación de la Realeza Social de
Nuestro Señor Jesucristo que los mártires cristeros rubricaron con su
grito “¡Viva Cristo Rey!”, y que los voluntarios carlistas todavía
volvieron a hacer sonar en la cruzada de 1936-1939.
Finalmente no
podría dejar de decir algunas palabras sobre la Reina Isabel, que
quisiéramos ver pronto en los altares, una vez que los dictados de la
“corrección política” (y eclesiástica) sean de una vez, y esperemos que
definitivamente, dejados a un lado.
La meditación de su
testamento debiera estar siempre presente en la mente de los
gobernantes. Por las virtudes humanas y cristianas que exhibe. Por el
temple de Reina que lo llena. Por el amor a la Hispanidad, aunque la
palabra aún no se usara, que lo preside.
Pero son toda su vida y
su obra las que deben ser objeto de meditación. Al reformar la Iglesia
alejó el peligro de la “reforma” luterana, que habría de llegar más
tarde a Europa, pero de la que el mundo hispánico se vio libre. Al
llevar adelante la Reconquista, hasta el reino de Granada, último
reducto moro, completó la recuperación de España, y hasta el final con
la expulsión de los judíos no convertidos. Al afirmar la presencia
castellana en el Norte de África, en la llamada Hispania Tingitana,
demostró otra vez su celo apostólico y su aguda visión geopolítica. Y,
sobre todo, al impulsar la gesta americana, sentó las bases de la
Hispanidad, de las Españas grandes. Que sus sucesores consolidaron en la
senda de su espíritu: Carlos I en la “Controversia de Valladolid” y en
la legislación de Indias, completada luego por los Felipes.
La gesta americana no se puede comprender sin la acción de los Reyes y todo un pueblo en misión. Solórsano Pereyra, en su Política indiana resume que “la conservación y el aumento de la fe es el fundamento de la Monarquía”.
Así fue la obra de la Reina Católica, que tantos frutos esperamos siga
dando. Quiera Dios que este simposio sirva para que la Reina Isabel esté
pronto en los altares.
Muchas gracias.
S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Guadalajara, Jalisco (Nueva España) 22 de mayo de 2004. Mensaje inaugural del "Seminario Internacional sobre la Sierva de Dios Isabel la Católica".
Isabel
la Católica forma parte esencial de la Tradición Hispánica, pues toda
su acción social y política viene guiada por el tetralema de Dios, Patria, Fueros, Rey legítimo.
Así pone en el centro de su empeño político la consecución de la unidad
católica de España con la derrota militar de los últimos reductos
mahometanos (derrota para la cual empeña las arcas de la Corona y sus
propias posesiones personales) y la expulsión de los judíos; emprende
labores de reforma de órdenes religiosas en una época de relajación de
costumbres en los monasterios; conduce toda la empresa del
descubrimiento americano al bautismo de los indios. Ama a España
profundamente, a la que quiere ver reunificada y libre del yugo invasor,
dando un impulso a una Reconquista adormecida por la anteposición de
intereses materiales por parte de algunos reyes cristianos anteriores.
Entiende que el poder Real ha de ejercitarse con respeto de las leyes y
las Cortes territoriales y concede nuevos Fueros a los territorios
reconquistados, recorriendo y gobernando las Españas según sus
tradiciones políticas y respetando el derecho consuetudinario; viviendo
la variedad de las Españas también en lo cultural, vistiendo el traje
tradicional de los territorios que visitaba e incluso expresándose e
imprimiendo documentos oficiales en las lenguas particulares de cada uno
de ellos (sin detrimento de la consolidación desde siglos atrás del
castellano como lengua común, o española por antonomasia). Impuso un
sistema de justicia social y redistributiva, sobre todo en las Leyes de
Indias, tomadas como modelo de muchas reivindicaciones laborales
posteriores. Y su sentido legitimista la llevó a reclamar sus derechos
al trono de Castilla contra las intrigas palaciegas, fortaleciendo la
monarquía y ejerciendo con rectitud cristiana el poder y el mando. Su
vida y su actuación religiosa y política son la antítesis del
liberalismo, por lo que es una infamia que su nombre y su Trono se vea
usurpado por las antirreinas de la revolución.
Presentación del acto "Isabel la Católica y la Tradición Hispánica". Organizado por las Juventudes Tradicionalistas de España en Albacete el 15 de mayo de 2002.
[Agencia FARO] Madrid, 10 octubre 2010, mes del Santo Rosario.
El próximo martes 12 de octubre se celebra, como es sabido, la fiesta
de Nuestra Señora del Pilar, patrona de Aragón, día de la Hispanidad y
de la Raza (por más que en Argentina, donde apareció por primera vez
esta denominación, pretenda suprimirla el tándem Kichner-Fernández, como
FARO informaba recientemente). No se trata, sin embargo, de una
supuesta "fiesta nacional", invento del Gobierno socialista de Felipe
González en 1986. Por eso resultan lamentables los llamamientos de
muchos supuestos patriotas para celebrarla como tal.
Los días
oficiales de "fiesta nacional" son propios de los nuevos estados-nación
surgidos de la Revolución. Una patria tan antigua como España no celebra
semejantes cursilerías. A menos que se sostenga --como lo hacen
Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y el PP, o el arrupita Fernando García
de Cortázar-- que España nació de las falsas Cortes de Cádiz y la
nefasta Constitución de 1812. En cuyo caso deberían poner la "fiesta
nacional" el 19 de marzo. Porque lo que celebramos el 12 de octubre en
la Península es la ocasión memorable en que nuestra tierra fue hollada
por los pies venerables de la Santísima Madre de Dios; catolicidad a la
que debemos, ciertamente, nuestra identidad nacional, y por consiguiente
la empresa descubridora que extendió la Hispanidad por todos los
continentes. Pero la Patrona Mayor de las Españas es la Inmaculada
Concepción, cuya fiesta se celebra el 8 de diciembre.
LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN Haz
cuanto puedas por rezar el Rosario cada día, y si es junto con otros
multiplicas el valor de tu oración y de tu filial amor a la Madre de
Dios. Lleva su escapulario y una medalla. Sea cual fuere su advocación,
la Virgen te acompaña. Pero en especial invócala en la del Pilar de
Zaragoza.
Devocionario del Requeté
La primera batalla de la Historia entre musulmanes y judíos
Una tribu hebrea ayudó en el 627 a los
politeístas de La Meca a combatir a Mahoma, y tras ser vencida por el
profeta 700 judíos fueron decapitados
Mahoma predica después de la Batalla de la Trinchera, según un autor anónimo La enemistad entre judíos y musulmanes dirimida en el campo de batalla no comenzó en 1947 con la creación del Estado de Israel. La primera gran contienda de la que se tiene constancia histórica data del 627. Los historiadores la denominan La Batalla de la Trinchera,
por el ingenioso método utilizado por Mahoma para vencer a un enemigo
mucho mayor en número y medios de combate. Pero el aspecto más polémico
tiene que ver con la conclusión de aquella campaña, la última y más decisiva para la creación del islam,
y para entender su rápida difusión por todo el mundo conocido a golpe
de espada. Por orden del profeta, casi 700 miembros varones de una tribu
judía, la de los Qurayza, fueron decapitados, y sus mujeres y niños repartidos como esclavos.
Los
historiadores coinciden en que la Batalla de la Trinchera en la ciudad
de Medina fue el acto fundacional de la comunidad musulmana en la
península Arábiga. La campaña previa pretendía ser el golpe definitivo a
Mahoma y sus seguidores, que habían huido de La Meca y encontrado
refugio en Medina. Una coalición de tribus politeístas mecanas, junto a
unas pocas tribus nómadas judías, establecieron en La Kaaba un pacto
militar para combatir a Mahoma. En vísperas de marzo de 627 se
dirigieron a esa ciudad unos 10.000 hombres, con 600 caballos y
camellos. Alertados, los mahometanos, que solo contaban con 3.000
soldados, decidieron recurrir a la construcción de un foso en torno a Medina para frenar a la caballería. El ingenio militar era conocido entre los persas, pero pilló por sorpresa a la coalición árabe .
El
sitio de Medina duró varias semanas, pero pudo haberse decantado
rápidamente en favor del bando agresor debido a una circunstancia: el pacto secreto de la coalición con una tribu judía
que habitaba cerca de Medina, la de Banu Qurayza, que debía actuar como
“quinta columna” en Medina para permitir la entrada del ejército
invasor. Mahoma fue advertido y la conspiración se frustró. Finalmente
-y como consecuencia de una “intervención divina” en forma de terribles
tormentas, según la tradición musulmana- la coalición se desmoralizó y
levantó el sitio.
Sin dar pausa al júbilo, Mahoma decidió marchar contra los Qurayza para hacerles pagar la traición,
por la ruptura de una alianza anterior entre la tribu judía y la nueva
comunidad musulmana. El sitio duró poco tiempo, y Banu Qurayza se
rindió. Las historiadores musulmanes disputan en este punto, pero el más
aceptado es que el profeta pidió consejo a uno de sus consejeros, Saad
ibn Maad, quien concluyó que todos los judíos de la tribu debían ser
pasados a espada. Mahoma asintió, y unos 700 hebreos fueron decapitados.
El Corán recoge en varios de sus versículos tanto la conspiración de
los Qurayza como la venganza contra ellos por orden de Alá.
La carta de Hebe de Bonafini al Papa: "El pueblo tiene miedo, la mentira es moneda corriente en todos los que gobiernan"
La
presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo le advirtió a
Francisco que "el hambre crece" en el país desde el encuentro que
mantuvieron ambos el pasado 27 de mayo en el Vaticano
Viernes 18 de noviembre de 2016 • 15:09
La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini , advirtió en una carta dirigida al papa Francisco que "el hambre crece" en el país y que la situación social "está mucho peor" desde el encuentro que mantuvieron ambos el pasado 27 de mayo en el Vaticano.
En
una carta abierta que hizo pública hoy, Bonafini dijo que "la violencia
institucional crece en los barrios pobres, sobre todo", y sostuvo que
"el pueblo tiene miedo, la mentira es moneda corriente todo el día,
todos los días, en todos los que gobiernan".
"El hambre crece, con
hombres y mujeres con sus niños durmiendo en las plazas y las veredas",
aseveró la titular de Madres de Plaza de Mayo.
Hebe le mandó una carta al Papa en la que le pide ayuda. Foto: Archivo "Queridísimo
Francisco", se inicia la misiva y explica los motivos que la impulsaron
a enviarle la carta abierta: "Te escribo porque desde que nos vimos, el
27 de mayo pasado, las cosas están mucho peor".
"Perdoname por
esta carta pero sé que tus palabras tienen una gran recepción en el
pueblo: las necesitamos. Las Madres hacemos más de lo que podemos y los
jóvenes también: reuniones y discusiones para ejercer mejor la
solidaridad, entregando, como antes, lo mejor que tenemos, pero nunca
alcanza porque el hambre no espera y la bronca crece", agregó la
dirigente de derechos humanos.
Bonafini señaló, además, que
"muchos de los que están cerca del gobierno empiezan a echarle la culpa
de todo a (el presidente electo de los Estados Unidos, Donald) Trump " y añadió: "Me da miedo pensar a qué violencia nos impulsan, a qué respuesta".
"¿Te
acordás lo que hablamos, de no permitir más merenderos y comedores para
que nuestros niños coman con sus padres, para que no tengan que sentir
vergüenza por un plato de sopa?. Ayudanos con tus palabras", le pidió la
titular de Madres de Plaza de Mayo y finalizó el texto: "Disculpá por
pedirte tanto, pero no me queda otra, la política sola no alcanza. Un
abrazo".
El papa Francisco recibió el pasado 27 de mayo a Bonafini
durante dos horas en la residencia Santa Marta, encuentro durante el
cual la dirigente le pidió perdón por las duras críticas que le había
lanzado cuando fue electo en el cargo. Agencia Télam
La matanza en la que el minúsculo ejército de Francisco Pizarro capturó al emperador inca
El 16 de noviembre de 1532, el extremeño
logró hacer algo que parecía imposible: apresar a uno de los hombres más
poderosos de la América precolombina. Un acto que le reportó una
ingente cantidad de oro
Francisco Pizarro - Augusto Ferrer-DalmauBárbaro para unos y valeroso combatiente para otros, lo que no se le puede negar a Francisco Pizarro (uno de los conquistadores más famosos de la Historia de España) es su capacidad para hacerse con el dominio del Imperio Inca (ubicado
aproximadamente en el actual Perú) con apenas dos centenares de
hombres. En su camino hacia la fama, este extremeño atesoró grandes
victorias. Sin embargo, sobre ellas resuena una cuyo aniversario se
cumple precisamente hoy.
Y es que, fue un 16 de noviembre de 1532 cuando, tras idear una estrategia envidiable, el ya anciano Francisco Pizarro logró capturar a Atahualpa (décimo tercer emperador de los incas) en la plaza de la ciudad de Cajamarca. Todo ello, a pesar de que el español apenas contaba con centenar y medio de combatientes y, por su parte, el líder nativo sumaba un séquito de 40.000 hombres junto a él (una cifra que varía atendiendo a las fuentes).
PARA SABER MÁS: Pizarro, el conquistador que venció a 40.000 soldados incas con 200 españoles
El origen de esta batalla (en la que los incas no pudieron hacer
frente al poder de los jinetes y la artillería de Pizarro) se remonta al
año 1530. Fue entonces cuando un cincuentón Francisco (el mismo hombre que había viajado al Nuevo Mundo en 1502 y que había participado en dos expediciones fallidas contra el Perú) partió desde Panamá con aproximadamente 180 combatientes y una treintena de jinetes (la mayoría de fuentes dicen 37) hacia Cajamarca: una de las ciudades más importantes del Imperio Inca. Francisco Pizarro¿Su
objetivo? Oficialmente, poner orden en nombre del rey en la zona, donde
se estaba librado una encarnizada lucha entre el emperador Atahualpa y su hermano Huáscar. Extraoficialmente: introducirse en el corazón del territorio para dominarlo.
A esa región llegó el viernes 15 de noviembre de 1532 bajo el paraguas de una supuesta entrevista personal con el mismo Atahualpa.
¿Un truco? Si, pero el emperador tampoco es que fuera demasiado sincero
ya que, a pesar de que acudía a la zona supuestamente para hablar con Pizarro,
tenía en su cabeza la idea clara de acabar con aquellos conquistadores
que habían penetrado en su territorio con suma facilidad.
Un plan perfecto
El sábado 16 de noviembre Pizarro preparó a sus hombres. La misión no era fácil, pues sabía que Atahualpa llegaría
cubierto por una infinidad de incas. Pero el premio al que aspiraban
era para salivar: la conquista del uno de los imperios más poderosos del
continente.
Francisco ordenó a sus hombres que estuvieran
preparados para cualquier eventualidad. Al fin y al cabo, no sabía cómo
serían recibidos por el emperador y la reacción que este tendría tras
parlamentar con ellos en Cajamarca. «Decidió que
tendría que actuar de manera espontánea. Llegado el momento tomaría una
decisión de última hora sobre la estrategia a seguir, ser amable, huir o
atacar», explica el investigador Kim Macquarrie en su obra «Los últimos días de los incas».
En
todo caso, estableció un orden de batalla concreto para
-independientemente de lo que se le pasara por la cabeza a los incas-
tratar de capturar a Atahualpa.
AtahualpaEl
plan lo ideó de forma que sus hombres pudieran esconderse en los tres
edificios que flanqueaban la plaza de la ciudad (un cuadrado de 200
metros de largo por 200 de ancho al que solo se podía acceder por tres entradas). Su objetivo era sencillo: contar con el factor sorpresa,
atacar de improviso y hacerse con el emperador. Eso garantizaría la
dispersión del ejército enemigo y les permitiría cobrar una importante
suma a cambio de la vida del líder. Y el oro, amigos, era el oro.
Para empezar, Pizarro dividió a sus jinetes en tres grupos. Cada uno de ellos de unos veinte hombres al mando respectivamente de Hernando de Soto, Hernando Pizarro y Sebastián de Benalcázar.
Estas unidades (escondidas en los soportales de los edificios que
rodeaban la plaza) serían las encargadas de servir como fuerza de choque
principal y tratar de contener al enemigo. Algo nada descabellado si
consideramos el miedo que todavía causaban los caballos entre la
población.
«De las conquistas en el Nuevo Mundo tuvieron los indios que el caballo y el caballero eran una pieza, como los centauros»
«De
las conquistas en todo el Nuevo Mundo tuvieron los indios que el
caballo y el caballero eran todo una pieza, como los centauros de la
época. […] Comúnmente los indios tienen grandísimo miedo a los caballos;
en viéndolos correr, se desatinan de tal manera que, por ancha que sea
la calle, no saben arrimarse a una de las paredes y dejarle pasar», se
explica en «Comentarios reales del Inca» (de Garcilaso de la Vega). Pizarro,
por su parte, se ubicó en un edificio junto a una veintena (entre 20 y
24) de soldados. Una especie de guardia personal cuyo objetivo sería
capturar a Atahualpa en el caso de que hubiera posibilidades. A su vez,
otro nutrido grupo de infantería (aproximadamente otros 20) tendría que cortar la retirada del emperador cerrando las tres entradas que daban acceso a la plaza.
«En otro edificio de la plaza, Pizarro dispuso al artillero griego Pedro de Candía
con sus cuatro cañones y ocho o nueve arcabuces, además del resto de la
infantería.. Dado que la mayoría de los españoles estarían escondidos
dentro de los edificios, siendo prácticamente imposible para ellos ver
lo que ocurría en la plaza, el fuego de artillería sería la señal
preestablecida para atacar», añade el hispanista en su obra.
Pizarro parte hacia Cajamarca- WikimediaAl
igual que sucedía con los jinetes, la pólvora solía causar terror en
los indios. Y eso a pesar de que, como ya explicó ABC en su momento, los arcos eran mucho más efectivos que los arcabuces.
Como explica José María González-Ochoa en su obra «Breve historia de los conquistadores españoles», Pizarro dio órdenes a todos sus hombres de quedarse quietos en espera de la señal de ataque (un disparo y el grito de «Santiago y cierra España»). Los únicos que deberían acudir al encuentro de Atahualpa serían Vicente de Valverde (fraile dominico de treinta y tantos) y su intérprete Felipillo.
Oficialmente,
el religioso tendría que tratar de convencer al inca de que se
convirtiera al cristianos (algo que, objetivamente, nadie consideraba
viable). La batalla estaba servida.
La llegada a la plaza
El
día 16, mientras los españoles esperaban con una mezcla de ansiedad y
nerviosismo, Atahualpa hizo su llegada a Cajamarca acompañado
(atendiendo a las diferentes fuentes) por entre 8.000 y 40.000 hombres. Cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo, el emperador ordenó partir hacia la plaza en busca de Pizarro.
Y
lo hizo con una sonrisa sabiendo que su hermano -al que consideraba
usurpador de una parte del Imperio- había caído presa de sus ejércitos.
El día no podía empezar mejor. Ya solo le quedaba aniquilar a aquellos
molestos invasores para poder reinar sin mayores dificultades en su
extenso territorio.
«Llevaban tal cantidad de servicio de mesa de oro y plata que era maravilloso verlo brillar bajo el sol»
Según explica en sus crónicas Pedro Pizarro (primo de Francisco), Atahualpa iba subido en una rica litera
(la cual contaba con almohadas de pluma de papagayo) y rodeado por
cientos de combatientes que formaban en falanges: «Dos mil indios iban
delante de él, barriendo el camino [empedrado] por el que viajaba. […]
Llevaban tal cantidad de servicio de mesa de oro y plata que era maravilloso verlo brillar bajo el sol […] Delante de Atahualpa iban muchos indios cantando y bailando».
En
principio, la comitiva se detuvo en las afueras de la ciudad. Una mala
noticia para los españoles, que habían preparado su trampa en el
interior de la plaza. Por suerte, Pizarro solventó esta dificultad
enviando a uno de sus hombres (Pedro de Aldana) hasta el campamento de Atahualpa.
Este, a pesar de no tener ni idea de cómo debía comunicarse con
aquellos indios, logró hacerles entender por señas que su jefe les
esperaba para «parlamentar» dentro de la plaza. Picaron el anzuelo y, al
poco, unos 600 indios accedieron a la construcción.
El ataque de Pizarro«Ochenta señores llevaban [al señor inca] sobre sus hombros,
y todos llevaban uniformes muy ricos de color azul. El propio Atabilpa
iba vestido muy ricamente, con su corona en la cabeza y un collar de
grandes esmeraldas alrededor del cuello. Iba sentado sobre un pequeño
asiento que tenía un suntuoso cojín», señalaba Miguel de Estete, otro de los combatientes que acompañó a los Pizarro en la expedición.
Mientras
Atahualpa entraba en la plaza, algunos españoles se orinaron encima por
el miedo. Y es que, aunque eran valientes y sabían que debían combatir,
no estaban locos.
El fraile enfadado
Cuando Atahualpa
llegó a la plaza, no había ningún enemigo a la vista. Tan solo pudo
observar cuatro extraños cilindros de bronce (los cañones) que se
hallaban en un extremo. La plaza parecía estar virgen de españoles. Y
así fue hasta que, de un edificio cercano, salieron dos figuras. Una de
ellas vestida con una túnica (el padre Valverde) y el intérprete, Felipillo. El primero llevaba en su mano un crucifijo y un libro de oraciones (objeto que jamás habían visto los indios).
Tras
acercarse al emperador, Valverde se dispuso a leerle el manifiesto que
-por norma- tenía que proclamarse en todos y cada uno de los lugares se
planeaban conquistar. Aquel documento era el llamado «Requerimiento». Y en él se afirmaba (básicamente) que, o se rendían y daban todas sus posesiones a Carlos V, o se podían preparar para ser aniquilados.
Captura de Atahualpa- WikimediaEsto
era lo que se prometía hacer en el manifiesto si los incas no se
rendían: «Os certifico que, con la ayuda de Dios, entraremos
poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas partes y
maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la
Iglesia y Su Majestad, y tomaremos vuestras personas y de vuestras
mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales
los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y
os daños que pudiéramos. ¡E insisto que las muertes y los daños que de
ello siguiesen serán vuestra culpa!».
Después de que Felipillo tradujera
aquellas desafortunadas palabras (suponemos que no demasiado bien, pues
Atahulpa no terminó de enfadarse), el fraile acercó a los morros de su
sagrada majestad un libro de oraciones. Desconocemos también para qué,
pues aquel personaje jamás había visto uno y desconocía hasta cómo se
abría. En todo caso, al líder inca no debió gustarle que invadieran su
espacio personal, pues le dio un sopapo al sacerdote.
«¡Salid, salid cristianos, arremeted contra estos perros enemigos que rechazan las cosas de Dios!»
A continuación se sucedió una conversación entre ambos que provocó el aumento de tensión:
Atahulpa
- «Estoy bien instruído en lo que habéis hecho en el camino y de cómo
habéis tratado a mis caciques y robado las casas».
Valverde - «Los
cristianos no han hecho eso. Sino que habíendose algunos indios llevado
sus efectos sin que el gobernador lo supiese, éste los ha despedido».
Atahualpa - «Pues bien. No me moveré de aquí hasta que todo me sea devuelto».
Tras alzarse sobre su litera, ordenó a los combatientes que le acompañaban que iniciasen el ataque. Valverde entró entonces en cólera. Los presentes dejaron escrito que, totalmente fuera de sí, se retiró hasta la posición de Pizarro e instó a gritos a sus compañeros a asesinar a aquellos infieles por haber mancillado la santas escrituras del Señor: «¡Salid, salid cristianos, arremeted contra estos perros enemigos que
rechazan las cosas de Dios! ¡Ese jefe ha echado por tierra el libro de
la Ley Divina! ¿No veis lo que ha ocurrido? ¿Por qué ser cortés y servil
ante este arrogante perro, cuando las llanuras están llenas de indios?
¡Id y atacadle, pues yo os absuelvo!».
Se desata el caos
No había ya posibilidad de parlamento, así que Pizarro se limitó a dar la orden de ataque. A los pocos segundos, Pedro de Candía
detonó sus cañones y, a base de bala y metralla (y entre un tremendo
estruendo) empezó a aniquilar incas. Sus arcabuceros hicieron otro tanto
y, apoyados en trípodes, comenzaron a llenar la plaza de humo con sus
continuos disparos. El tronar fue brutal y, como cabía esperar, también
lo fue el desconcierto de los enemigos.
Acto
seguido, los jinetes espolearon a sus caballos para lanzarse contra la
muchedumbre mientras, por su parte, los hombres de retaguardia cerraban
las tres entradas a la plaza. Los incas habían quedado atrapados en una
ratonera. «Los españoles empezaron a acuchillar, empalar, rajar, soltar hachazos
y hasta a decapitar a cuantos indígenas tenían al alcance, utilizando
sus afiladísimos puñales, lanzas y espadas», explica -por su parte- el
hispanista.
La vista de los jinetes (enfundados en una coraza y
acompañados de sus espadas) causó auténtico pavor entre los incas. De
hecho, el terror cundió de tal manera que las primeras líneas de las
formaciones se dieron la vuelta y -con gran empuje- iniciaron una
retirada desesperada a cualquier precio. La avalancha fue tan grande
que, en su intento desesperado por escapar, los hombres de Atahualapa aplastaron a los compañeros que estaban ubicados tras ellos.
Decenas murieron asfixiados o bajo los pies de sus amigos mientras los
españoles seguían avanzando hacia el emperador a base de espada.
Pizarro, al ataque
Pizarro tampoco se quedó atrás. Como bien explica el cronista Francisco de Jerez,
se lanzó a la carga con sus hombres: «El gobernador se armó [...] y con
los españoles que con él estaban entró por medio de los indios; y con
mucho ánimo, con los cuatro hombres que le pudieron seguir, llegó hasta la litera donde Atabilpa estaba, y sin temor le echó mano del brazo izquierdo, diciendo: “Santiago”
[pero] no le podía sacar de las andas [la litera]». Bajo la litera, el
líder español acabó con todo aquel dispuesto a seguir sujetando la silla
de su señor.
Su furia llegó a ser tal que cercenó varias cabezas
de nativos. Sin embargo, siempre había otro que ocupaba el lugar del
primero para evitar que Atahualpa fuese capturado. «Continuaron de esta
guisa mucho tiempo, luchando y matando indios hasta que, casi exhausto, un español intentó apuñalar a Atahualpa con su cuchillo. Pero Francisco Pizarro paró
el golpe y al hacerlo el español que quería matar a Atahualpa hirió al
gobernador en la mano», explica Pedro Pizarro en sus crónicas.
Atahualpa prometió llenar de oro una gigantesca habitación a cambio de su libertad
Parecía que no había forma de capturar vivo a Atahualpa.
Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando siete jinetes
-decididos como estaban a terminar de una vez con aquella batalla- se
lanzaron en tropel contra la litera para ayudar a Pizarro. Tras acabar
con los que se atrevieron a interponerse en su camino, lograron ubicarse
cerca de la silla del líder inca y arremeter contra ella. La fuerza fue tanta que lograron finalmente volcarla.
Así
fue como acabó todo ya que, aprovechando que el rey estaba en el suelo,
los conquistadores españoles se lo llevaron hasta unos aposentos
cercanos, donde lo encerraron.
Posteriormente, los jinetes
iniciaron la persecución del ejército contrario. Dirigieron sus espadas
especialmente contra aquellos que tenían ricos uniformes, por
considerarlos los de mejor posición. «Los españoles los persiguieron por
todas partes. […] No murió ningún español», explica Henri Lebrún en su obra «Historia de la conquista de Perú y de Pizarro». Por el bando de Atahualpa las cifras son varias, pero se cree que unas 4.000 personas perdieron la vida.
Hacia la muerte
Después de la toma de Cajamarca y la victoria contra los incas, Pizarro mantuvo preso a Atahualpa,
aunque simulando que era su huésped. En un intento de escapar, el
emperador prometió al extremeño pagar su libertad. Según las crónicas,
prometió llenar «de oro una sala que tiene veinte y dos
pies en largo y diez y siete en ancho, llena hasta una raya blanca que
está a la mitad del alto de la sala, que será lo que dijo de altura de
estado y medio, y dijo que hasta allí henchiría la sala de diversas
piezas de oro, cántaros, ollas y tejuelas, y otras piezas, y que de
plata daría todo aquel bohío dos veces lleno, y que esto cumpliría
dentro de dos meses».
Pizarro aceptó, pero cuando vio cumplidos
sus deseos de oro se negó a liberar a Atahulpa. Con todo, envió a 60 de
sus hombres junto a su hermano Fernando para relatarle al monarca
español lo sucedido y entregarle su parte de las riquezas. Un número
inconmensurable, en palabras de los expertos. Posteriormente hizo un
juicio al inca en el que él y otros tres oficiales ejercieron como
jueces. En principio, se le condenó a ser quemado vivo, pero antes de fallecer abrazó la religión cristiana. Al final, tras ser bautizado se le conmutó la pena y terminó siendo ahorcado.
La Corte Penal Internacional afirma que EE.UU. habría cometido crímenes de guerra en Afganistán
Los fiscales de este organismo aseguran que
tras un exhaustivo examen han descubierto que las tropas estadounidenses
habrían cometido torturas y otro tipo de maltratos en campos secretos
de detención
Un helicópero «CH-47 Chinook» del ejército estadounidense tomando tierra en Sarobi, Afganistán La fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI)
de la Haya afirmó este lunes que había razones sólidas para creer que
las fuerzas del ejército de Estados Unidos desplegadas en Afganistán podrían haber cometido crímenes de guerra en territorio afgano.
En
un informe hecho público esta noche en la Haya, sede de la CPI, los
fiscales de este organismo aseguran que tras un exhaustivo examen,
fuerzas estadounidenses, según la jurisdicción de esta Corte, habrían
cometido crímenes relacionados con la tortura y otros tipo de maltratos en campos secretos de detención. Según la CPI,
estos centros de detención estaban gestionados por la Agencia Central
de Inteligencia (CIA), y los crímenes de guerra tuvieron lugar «principalmente durante el periodo 2003-2004» aunque «en algunos casos continuaron hasta 2014».
Los crímenes se habrían cometido en territorio de Afganistán en todas las 34 provincias del país aunque «las de Kandahar y Helmand parecen las provincias más afectadas», precisa el informe
El documento añade que «miembros de las fuerzas armadas de EE.UU. parecen haber sometido al menos a 61 personas detenidas a tortura» y que oficiales de la CIA aparentemente habrían torturado a otros 27 detenidos.
La
fiscalía de la CPI subraya que también tiene razones fundadas para
creer que los Talibán y sus aliados, pertenecientes a la organización
Haqqani Network, habrían cometido igualmente «crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra».
Y que dichos crímenes de guerra y tortura también habrían sido llevados a cabo «por el Gobierno afgano, en particular por la Agencia de Inteligencia (National Directorate for Security, en inglés) y la Policía Nacional Afgana».
La oficina de la Fiscalía afirma que decidirá de forma inminente llevar a cabo una investigación completa sobre el asunto afgano y que según los resultados podrían presentar cargos contra individuales e incluso emitir órdenes de arresto.
La
CPI fue establecida en 2003 para juzgar graves crímenes de guerra y
crímenes contra la humanidad, pero Estados Unidos bajo la presidencia de
George W. Bush se opuso con fuerza al establecimiento de este tribunal, del que no es miembro, aunque sí es Afganistán.
sábado, noviembre 19, 2016
Reapareció el fiscal Campagnoli y tildó a Cristina de hipócrita
El fiscal José María Campagnoli tomó la palabra y criticó con
crudeza a la ex presidente Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner. “Es
una hipócrita”, afirmó, ya que mientras estaba fue mandataria “se la
pasó hablando de los humildes y es una millonaria”.
El fiscal dio una entrevista en el programa “Debo decir”, que Luis
Novaresio conduce en de América TV, allí consideró que “A mí, la gente
que dice que trabaja para los pobres pero es multimillonaria me hace
ruido. Y si fue Cristina Fernández de Kirchner fue una abogada exitosa,
debe ser muy fácil demostrar en los casos que intervino y cómo hizo su
fortuna (…) Me parece que es una tomada de pelo a todos los argentinos”.
También criticó la falta de independencia durante el la gestión K:
“Si bien durante el menemismo hubo hostigamiento, no pasó lo que pasó
durante el kirchnerismo. Hubo un fiscal muerto durante el kirchnerismo
(…) Yo no creo que Nisman se haya suicidado. Se metió con el poder y
terminó como terminó”, dijo.
“Me imagino un conjunto de acciones tendientes a silenciar a alguien, cuya muerte beneficiaba a muchos”, agregó.
“En ese sentido, el kirchnerismo fue mucho peor que el menemismo”,
dijo con referencia a la libertad de investigación que mantuvo la
justicia durante la década ganada.
También aprovechó a pegarle a la procuradora Alejandra Gils Carbó,
quien resiste en su cargo desde la gestión anterior y está acusada de
ser parcial en favor de gobierno anterior.
“Tengo por ella el sentimiento de la traición”, afirmó el fiscal.
Cabe recordar que Gils Carbó lo había suspendido en 2013 por su trabajo
en la causa que investiga a Lázaro Báez.
“Cuando un fiscal se enfrenta a grupos poderosos, lo que uno
esperaría es que la cúpula del Ministerio Público Fiscal lo apoye, no lo
sancione y no lo investigue y no le haga el juego a todas las defensas,
como se hizo en el caso Lázaro Báez”, manifestó.