viernes, febrero 11, 2011

EL LEGADO DE UN PERVERSO

DECLARACIÓN DEL INSTITUTO
DE FILOSOFÍA PRÁCTICA:
EL LEGADO DE UN PERVERSO
      
    
“Cada árbol se conoce por su fruto…
El hombre bueno del buen tesoro del corazón
saca lo bueno, y el malo, de lo malo saca lo malo”
(San Lucas, 6, 44/45)
        
              
El Instituto de Filosofía Práctica acaba de publicar sus declaraciones de los años 2006 al 2010 inclusive, las que se encuentran en nuestra sede a disposición de socios y amigos.
       
Y hoy, para comenzar con fuerza el 2011, entendemos que lo más positivo es hacer un balance, desde nuestra perspectiva, del hecho más saliente sucedido en la Argentina durante el 2010.
        
             
I. Una muerte repentina
       
En otros tiempos, los cristianos acostumbrábamos pedir a Dios que nos librara de “la muerte repentina”,(1) porque poder prepararnos para nuestro último viaje era una gracia. Hoy eso casi no sucede, porque la misma realidad de la muerte parece haber desaparecido de nuestras inquietudes.  Apenas se reflexiona, o se predica, acerca del término de nuestra existencia terrena;  menos quizás se piensa en el juicio particular, en el cielo, el purgatorio o el infierno.
       
Hemos asistido este año a la muerte repentina de un hombre perverso, quien ocupó la primera magistratura de nuestro país, y que al acabar su período legal, la siguió ocupando de hecho, convertida en “bien ganancial” hasta su último día en la tierra. Se dijo y repitió que había sido “ungido” por el pueblo. Se omitió aclarar que con el 22% de los votos emitidos, equivalentes a menos del 18% de los votos posibles.
       
Hace muchos años, Ramón Maciá Manso, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Oviedo, publicó un artículo titulado Perversión y conversión, en el cual describe al perverso, identificado con el hipócrita moral; afirma que hay personas que “sabiendo que hacen el mal, dicen que hacen el bien, y si esto no es creíble, alegan un buen motivo para hacerlo”. Y así, “en nombre de la libertad se puede atropellar la libertad de otras personas… en nombre de la justicia se puede cometer la injusticia… en nombre de la ética se puede destrozar y aniquilar la ética. En nombre de determinados derechos humanos se pueden violar otros derechos humanos e incluso los mismos de que se habla… en nombre de la libertad sexual se puede hacer ostentación de las mayores cerdadas ante quienes no quieren verlas… El hipócrita moral es un taimado que engaña a quien no descubre sus ardides e indigna a los que se dan cuenta de su pretensión de engañarles” (Verbo, Madrid, n° 265/6, 1988).
       
El fin de la vida temporal de un hombre congela para siempre sus posibilidades de mejorar o de empeorar; su imagen queda esculpida para siempre. Se acabaron los propósitos y las promesas. El futuro para él ya no existe; sólo quedan los frutos dulces o amargos generados por su existencia.
               
Las participaciones fúnebres, con motivo de la muerte del presidente de facto, fueron numerosísimas y un buen negocio para un matutino que confundió unas 40.000 personas, presentes en la Plaza de Mayo, con centenares de miles.
       
Avisos casi calcados fueron los de La Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de la República Argentina y de la Pontificia Universidad Católica Argentina, ambos publicados en la misma página y el mismo día.
        
Según el Cardenal Sandri, que se nota ausente de la Argentina desde hace tiempo, la muerte del ex presidente nos ha dejado “desamparados”. Es lo que comparten los masones y la UCA. Nosotros, vistos los frutos, y siguiendo las enseñanzas evangélicas, preferimos continuar en otra sintonía.
        
        
II. Una lectura sapiencial
        
Para consuelo de los familiares y amigos de un hombre que desaparece en plena juventud, escribe el Libro de la Sabiduría: “el justo aunque muera prematuramente tendrá descanso; la vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años; canas del hombre son la prudencia, y la edad avanzada una vida sin tacha. Agradó a Dios, y Dios lo amó; vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó; lo arrebató para que la malicia no pervirtiera su conciencia, para que la perfidia no sedujera su alma…” (4, 7/11).
          
“Maduro en pocos años, cumplió mucho tiempo; como su alma era agradable a Dios, se dio prisa en salir de la maldad” (4, 12/14). Este fue el texto que se leyó en la Catedral durante la Misa celebrada el día de la muerte del ex presidente. No nos quejemos luego los cristianos de la comparación con Jesús, efectuada por la agencia oficial de noticias.
              
Es verdad que el texto correspondía al oficio de lectura de la Liturgia de las Horas de ese día, el miércoles XXX del tiempo ordinario, pero podría haberse también leído otra parte del mismo que por “prudencia” se omitió y que dice: “La familia innumerable de los impíos no prosperará: es retoño bastardo, no arraigará profundamente ni tendrá base firme; aunque por algún tiempo reverdezcan sus ramas, como está mal asentado, lo zarandeará el viento y lo descuajarán los huracanes. Se troncharán sus brotes tiernos, su fruto no servirá; está verde para comerlo, no aprovecha para nada” (4, 35).
         
         
III. Los frutos
        
a) Discordia.
         
El extinto, en lugar de perseguir la unidad de los argentinos, la paz y el sosiego, fue permanente gestor de discordias, crispaciones, enfrentamientos, que nos conducen a la guerra social, a la lucha de todos contra todos, al “estado de naturaleza” de Hobbes. Es interesante destacar que esos actos Santo Tomás no los estudia en el ámbito de la justicia sino entre los pecados contra la caridad.
          
Muchas discordias son el resultado de las mentiras sistemáticas y de las promesas incumplidas, como el Plan Federal de Viviendas del 2004 y sus ampliaciones; de las 420.000 prometidas en conjunto hasta el presente sólo se terminaron 143.959 o sea el 34,27% y las gestionadas por las Madres de Plaza de Mayo incrementaron su costo de 40.000 a 141.600 pesos, un porcentaje del 254%, que revienta cualquier índice de precios (La Nación, Negociados con viviendas oficiales, editorial del 27 de diciembre de 2010).
             
Tal vez, si el Plan se hubiera llevado a cabo, las aberraciones comprobadas en las últimas semanas del año, con la usurpación de inmuebles púbicos y privados, muertes y violencia, no hubieran ocurrido.
        
b) Sodomonio.
          
Puso todo su peso político para lograr la aprobación del “matrimonio” gay, incluida la adopción. Muchos no han advertido que este es el primer paso para una educación homosexual, contraria al plan de Dios y al orden de la creación.
          
El problema está tan generalizado en Occidente, que Benedicto XVI se refirió al mismo, en su discurso a los 178 embajadores acreditados ante el Vaticano: “Es impuesta la participación en cursos de educación sexual o cívica que transmiten concepciones de la persona y de la vida presuntamente neutras, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la recta razón” (Corriere della Sera, 11 de enero de 2011).
            
 Así en España, para “educar en valores”, se aconseja a los docentes entre los textos colaterales de educación cívica, uno titulado “Alí Babá y los 40 maricones” (Alí Babá e i quaranta finocchi, en la traducción italiana), que relata la vida de un condominio gay en Barcelona (Gian Guido Vecchi, Pericolosi alcuni corsi di educazione sessuale, CdS, 11 de enero de 2011).
           
c) Corrupción moral y cultural
           
Impulsó directamente la mayor degradación cultural y en las costumbres que haya experimentado la Argentina, instalándola incluso en los planes de enseñanza, aplicables desde la edad más temprana. En paralelo con ello, facilitó y promovió la falsificación de la historia, incluida la más reciente, que quiso reemplazar con el cultivo de una memoria resentida y bizca. Y es imposible negar que fue el ejecutor directo y principal de este plan propio de un hombre malvado: todo ese programa está contenido en el decreto 1086/2005, sancionado a poco de asumir el gobierno y que todos los “bienpensantes” recibieron en ominoso silencio.
            
El sociólogo Giuseppe De Rita destaca un aspecto fundamental: “Si impongo la enseñanza de la educación sexual y reduzco todo a un embrión que puede ser fecundado cuando y como quiere el hombre, o que puede ser destinado a la concepción y al nacimiento con intervención de un padre homosexual, o aun que puede ser uno de los tantos embriones ‘insertados’, la ‘creaturidad’ desaparece del horizonte de una persona humana mientras recibe una educación” (Corriere della Sera, 11 de enero de 2011).
              
Si desaparece la “creaturidad” ¿dónde queda la dignidad del hombre creado a imagen de Dios?
                      
d) La economía “al revés”
        
La inflación creciente es un atentado contra la justicia. La economía “al revés” se induce de dos títulos de un matutino: “El país vivió un año de fiesta financiera” (31 de diciembre de 2010) y “La banca argentina cerró su mejor año en toda la década” (8 de enero de 2011), mientras  continúan los robots cantando una marcha mentirosa e insincera, cuya letra apolillada entona: “combatiendo al capital”.
        
También la destrucción del INDEC colabora con la falta de toda certeza en poder medir el desarrollo de la economía y contribuye a la dispersión de los precios.
                       
e) Escandaloso incremento patrimonial.
          
El incremento patrimonial propio y ganancial del matrimonio presidencial, de sus nepotes, de sus ministros, de sus colaboradores y hasta de sus secretarios, no tiene parangón en la historia de los negociados argentinos. Es un pésimo ejemplo, en un país potencialmente rico, en el cual se multiplican los pobres y los miserables, por la pésima gestión de sus gobiernos, ya que tuvo los mejores términos del intercambio en 200 años e incrementó el índice de pobreza a un 30%.

Pero esta es la etapa final de un largo recorrido que comenzó en los oscuros tiempos del Proceso con la compra a precio vil de inmuebles de deudores ejecutados por un abogado sin entrañas de misericordia; y continuó con el manejo de los bienes públicos de Santa Cruz como si fueran privados ¿dónde están los centenares de millones de dólares provenientes de fondos de regalías petroleras?

f) Un atentado a la justicia distributiva.

El veto al 82% para los jubilados no es una injusticia cualquiera, pues afecta a millones de personas, a un sector importante de la sociedad, el cual, ante esta acepción de personas que se traduce en la violación de la Justicia distributiva, no se encuentra con la capacidad económica mínima para intervenir en el ámbito de las conmutaciones. Ese aumento podría pagarse perfectamente si se disminuyeran otros capítulos del gasto público, el incremento de la burocracia y se aminoraran progresivamente los subsidios.
            
g) Inseguridad galopante.
          
El acrecentamiento de la inseguridad es uno de los resultados del garantismo. El juez de la Corte Eugenio Zaffaroni afirma: “El derecho a la seguridad no existe. Hay que tener cuidado con automatizar conceptos y clonar derechos, porque se termina en el totalitarismo”, La Nación, 19 de diciembre de 2010).
          
Este auge tiene que ver con ese fenómeno que combina la inflación legislativa y reglamentaria con una anomia nunca vista en nuestro país.
         
La Provincia más importante de la Argentina padece el desgobierno de un aparente pánfilo, lelo, mentecato, que se hace el tonto para engañar mejor, pero que es, por encima de todo, adulón, carantoñero y un gran irresponsable, quien al bautizar a su equipo, eligió un nombre que lo identifica: “Piqueteros de Villa La Ñata”; nombre de la casa de Scioli en el Tigre. Y así se llama su equipo de fútbol 5 para jugar en Mar del Plata (La Nación, 31 de diciembre de 2010). ¿Cómo un piquetero combatirá los piquetes?
               
h) La droga instalada y la promoción del juego.
       
Dejó entrar, salir e instalarse a la droga, se negó a la radarización. Y transformó al país en un inmenso garito; nunca gravó al juego fomentando la ludopatía.
          
i) Dos pesas y dos medidas, incluso en los tiempos procesales.
          
Instauró una peculiar justicia en la cual desaparecieron dos símbolos de ella: la venda y la balanza.
             
Bastaba que una acusación fuera contra un opositor para que el escándalo y cierta etapa del proceso se desarrollaran con una rapidez inaudita. En cambio, cuando el acusado pertenecía al elenco gobernante los expedientes se demoraban o la lentitud y el desinterés de ciertos jueces colaboraban para que los ilícitos prescribieran.
                   
j) La Argentina en estado de indefensión.
            
Hoy, destruidas las Fuerzas Armadas (o lo que quedaba de ellas), el país se encuentra totalmente indefenso. La vejación sistemática no sólo a los hombres de armas, sino al espíritu mismo de milicia, ha jalonado esta tarea: desde la acepción de personas en los ascensos por portación de apellido o por haber pronunciado un discurso, hasta la transferencia de la Escuela de Mecánica de la Armada a las comisionistas de los derechos humanos y la eliminación de un presupuesto razonable.
           
Por otra parte, no podemos olvidar a los soldados y miembros de las fuerzas de seguridad, presos en los nuevos campos de concentración, ni a los muertos en esos lúgubres lugares por falta de atención médica, víctimas de una venganza disfrazada de justicia.
              
              
IV. Epílogo para distraídos            
No obstante el inventario de males causados a la República (que con seguridad podría ampliarse), asistimos a una campaña que pretende la canonización laica del difunto. Viniendo la intentona de una dirigencia que ha hecho causa común con terroristas y delincuentes, la cosa no debiera sorprender. Sin embargo, parece necesario hacer un distingo.
             
Otros hombres, a lo largo de la historia universal, han hecho enorme daño a sus países. Pero en general obraron cautivos o tributarios de una ideología monstruosa, a la que servían con convicción y fanatismo. Eso no los disculpa, pero su inteligencia corrompida les hizo creer que obraban bien haciendo el mal.
             
Nuestro caso es distinto.
              
Nadie puede sostener seriamente que este hombre tenía convicciones ideológicas, por bárbaras que fueran. Todo lo que hizo no tuvo otro motivo que la construcción de poder personal. Un motivo bastardo, si lo hay. Que abona el justo calificativo que hemos aplicado desde el comienzo: perverso.
                    
             
Buenos Aires, enero 24 de 2011.
          
           
Bernardino Montejano
Presidente
                            
Gerardo Palacios Hardy
Vicepresidente

[condor-nacional] Héroe en el olvido...

EL SOLDADO MÁS CONDECORADO DE MALVINAS VIVE EN LA POBREZA Y NO TIENE TRABAJO
Peleó en el monte Dos Hermanas. Detuvo, solo y durante horas, el avance inglés. Salvó a parte de su compañía. Como muchos de los veteranos, vive en el olvido y la indiferencia.

Me ahogo. Qué querés. No puedo seguir (Seca sus lágrimas) Por esta casa, que, mirála, todavía está en parte sin techar, que me dieron con dos piezas y una cocinita donde había que entrar de costado, el resto lo hice yo, todo lo demás lo agrandé yo, por esta casa la municipalidad de General Rodríguez me pide ahora que pague una deuda de tres mil pesos. ¿De dónde saco yo tres mil pesos, si no trabajo desde hace tres años? Para la sociedad, nosotros, los veteranos de guerra, es como que no existimos.

Oscar Poltronieri es el máximo héroe civil, vivo, que tiene la Argentina. Lo certifica una medalla conformada por una Cruz de Malta en la que brilla, ya apenas, un Escudo Nacional y la leyenda "La Nación Argentina al heroico valor en combate" Sólo doce condecoraciones de ese tipo fueron entregadas luego de la guerra de Malvinas. Poltronieri es el único soldado que la recibió pero ya ni siquiera la luce. La guarda, junto a muchas otras medallas, en una vieja y oxidada lata que bien pudo contener té, tuercas o hilos de hilvanar refajos: poco puede leerse entre la escarcha saltada del esmalte rojo de la tapa y el indescifrable idioma alemán. Pero es seguro que la latita no fue diseñada para contener las medallas de un héroe de guerra.

En un momento pensé en venderlas. A todas. No sabía cuánto me podían dar. Pero yo necesitaba la plata. Después no lo hice. Antes preferí pasar la vergüenza de ir a pedir por los trenes. Pero dejé porque me decían: "Andá a pedirle a Galtieri...".

Uno de los máximos héroes no militares de la guerra de Malvinas vive hoy en la pobreza más extrema. Su casa, la número siete, se tambalea sobre una calle de tierra (que se convierte en un barrial cada vez que el cielo se lo propone) en General Rodríguez, muy cerca de La Serenísima, donde Poltronieri trabajó diecisiete años. Su caso sea tal vez el más paradigmático, pero no es el único de entre miles de veteranos de guerra que viven hoy olvidados, marginados, desamparados, hasta despreciados por una sociedad que festejó el inicio de la guerra con el siempre sospechoso exitismo de los aludes a la Plaza de Mayo, y miró para otro lado después de la rendición de Puerto Argentino, el 14 de junio de 1982. La mirada al costado dura ya veinte años.

Poltronieri era un soldado analfabeto cuando fue a combatir a Malvinas. "No leo las letras, señor, decía hace veinte años. Pero ahora voy a ir a la escuela". Hoy, al menos, sabe firmar. Pero todavía pelea con aspereza con las palabras, que apenas si le alcanzan para describir su impotencia: Poltronieri casi no tiene palabras, con tanto que tiene para decir.

Los fundamentos por los que le dieron la distinción más alta que duerme su sueño oxidado en la lata donde Poltronieri atesora sus recuerdos en su casa sin techo, eran contundentes: "Por haberse convertido en un ejemplo para sus camaradas", decía una frase. Otras decían que Poltronieri había tenido espíritu de lucha, sencillez, arrojo, que se ofreció como voluntario para misiones riesgosas y que en combate en los montes Dos Hermanas y Tumbledown "operó eficazmente una ametralladora, deteniendo ataques enemigos. Fue siempre el último en replegarse, resultando sobrepasado en ocasiones por los ingleses. Dos veces se lo tuvo por muerto, pero logró reunirse siempre con su sección." La realidad, siempre más dramática que los argumentos, dice que Poltronieri salvó la vida de cerca de ciento cincuenta de sus compañeros.

Yo estaba en el monte Dos Hermanas. Adelante nuestro estaba el regimiento 4 de Corrientes. Al costado teníamos al Regimiento de Infantería 7 de La Plata. Lo pasábamos todo el día en la trinchera. A veces bajábamos del cerro para matar un par de ovejas, sancocharlas así nomás y comerlas. Cuando venía un compañero de curso del Teniente que me mandaba a mí, que se llamaba Llambías Pravaz, yo le pedía los binoculares y él me los prestaba Así vi cómo que desembarcaron los ingleses. Pasaron unos días desde el desembarco hasta que llegaron adonde estábamos nosotros. Tomaron todo a las corridas. Los gurkas mataron a un montón del regimiento 4 de Corrientes. Y a nosotros nos rodearon así, en forma de medialuna. Yo estaba arriba, en el monte, cuando los veo, serían las cinco o las seis de la mañana, en medio de la neblina. Allí matan a tres o cuatro de los soldados nuestros, todos cerca mío: a uno que tiran un morterazo que cae cerca mío y una esquirla le vuela la tapa de la rodilla, limpita, y se desangra, cuando llega al hospital de Puerto Argentino llega desangrado. A otro una esquirla le da en la espalda. Y a otro que trepa un poco el monte para montar la ametralladora también lo bajan con una ráfaga de ametralladora. Ese era Ramón, que era amigo mío. Yo pensé que si lo habían matado a él me iban a matar a mí también, ¿por qué me iba a salvar? A mí me dio como un ataque de locura y empecé a sacudirles con la MAG, que es una ametralladora pesada. Mi abastecedor estaba cansado de ponerle las cintas de balas a la MAG, pero yo seguía tirando. Eran como las nueve de la mañana. Las balas me pasaban cerquita: a las trazantes se las veía clarito. El Subteniente me decía: "Vámonos Poltronieri, que te van a matar..." Pero yo le decía que se fueran ellos. Porque yo sabía que el Sargento Echeverría había tenido familia en esos días. Entonces les dije: Váyanse ustedes que tienen hijos, que tienen familia. Yo no tengo a nadie...".

Poltronieri tiene cuatro hijos. Se casó en 1989 con Alejandra Viviana Carrizo. Después llegaron Jonathan Oscar (11) Melina Judith (9), Lucas Hernán (7) y Matías Sebastián (4). Boquenses irredimibles, los varones amasan su sueño de jugar alguna vez en la Bombonera en el piso de tierra de la cocina de la casa, donde cabecea una mesa simple de madera basta y dos bancos largos y toscos. Poltronieri nació en Mercedes y en el regimiento de esa ciudad, el 6, General Viamonte, hizo la hoy abolida "colimba". Le faltaba un día para salir de baja cuando fue embarcado hacia Malvinas. Llegó a Puerto Argentino el 13 de abril en un avión de línea, sin asientos, con dos centenares de soldados.

Me acuerdo de que el Capitán del avión nos habló, nos dijo que lo único que podía hacer por nosotros era traernos comestibles; que todo lo que habíamos aprendido en el cuartel teníamos que desarrollarlo en las islas. Que a él le gustaría estar con nosotros. Y se largó a llorar el tipo. Allí nos dimos cuenta de que la cosa iba en serio, porque el tipo se puso a llorar.

Tan en serio iba la cosa que casi un mes después Poltronieri estaba solo, con una ametralladora pesada, disparando sin cesar contra el enemigo. Aún hoy, cuando recuerda el combate, vuelve a la misma posición de aquel día, mientras ciento cincuenta de sus compañeros se replegaban hacia Puerto Argentino, amparados por su decisión de morir allí para salvarlos.

Los tipos venían cantando, tirando al aire, como de paseo... y bien chupados. Así que no le di bolilla al Teniente y me quedé esperando que mi Compañía se replegara. Hasta que se me acabaron las balas y empecé a repechar para Puerto Argentino. Llegué a la tarde adonde estaba el batallón de Infantería de Marina 5. Les pregunté si sabían dónde estaba el 6 de Mercedes, porque yo quería juntarme con los míos. Me dijeron que cerca del cementerio, que era el punto de reunión. Cuando me vieron no lo podían creer: me habían dado por muerto. Allí me enteré de que se habían rendido a las diez de la mañana. Y recién como a las tres de la tarde nosotros habíamos dejado de combatir. Cuando vimos la bandera blanca colgada en el mástil, la mayoría nos largamos a llorar.

La otra guerra de Poltronieri y de sus compañeros ex combatientes de Malvinas empezó cuando volvieron al continente.

Nos llevaron al Hospital Militar, nos dieron de comer y nos tuvieron hasta el otro día, nos tomaron los datos, hicieron una planilla y mis propios compañeros me propusieron para la medalla. Después a nadie le importó nunca nada de nosotros. Cuando vinimos, no había nadie que nos esperara. ¿Sabés quiénes sí estaban? Los chicos y los maestros de entonces. Cuando nos traían a Mercedes, al costado de la ruta, por cada pueblito que pasábamos, allí veías un montoncito de chicos con sus guardapolvos y su banderita argentina, sus maestros y sus maestras. Gentes particulares no había. Nos trajeron escondidos: les debe haber parecido una vergüenza esa derrota nuestra.

Como muchos otros veteranos, el héroe condecorado el 04 de abril de 1983 vivía sin trabajo. Consiguió uno, de casualidad, en 1985.

No nos decían nada, pero a los veteranos nos tenían apartados. Entré a trabajar a La Serenísima gracias a Juan Carlos Mareco, que estaba en Canal 7. Estuve allí diecisiete años hasta que cambiaron de dueños y quisieron que me fuera para contratarme. Pero no acepté. Eso fue en diciembre del 94. La Municipalidad me dio una casa y me descuentan parte de un préstamo que nos dieron, de la pensión que recibimos por veteranos de guerra. Nos prometieron no pagar impuestos, luz, gas, trabajo, becas de estudio, viviendas... Nada de eso se cumplió. No trabajo desde el 99. Ahora el Ejército dijo que me iban a contratar como personal de maestranza en Campo de Mayo. Encontrar trabajo es difícil: si no decís que sos veterano y lo descubren cuando ya entraste a trabajar, te echan. Y si decís que sos veterano, no te llaman. La sociedad nos da la espalda porque perdimos la guerra. Pero si hubiésemos ganado sería igual. En este país se olvidaron de lo que hicimos. Y deberían recordar que pusimos el pellejo, y muchos compañeros lo perdieron, por nuestros padres, por nuestros hermanos. Pero pedís algo y te cierran la puerta. No se acuerdan del veterano. Y a los cuarenta años, si yo tuviera que volver, volvería.

Los hijos del héroe que vive en la pobreza, y que acaso algún día venda por nada esas medallas que guarda en una caja oxidada de lata, cuentan un secreto: papá apenas soporta el estallido de los cohetes cada fin de año, desde hace ya dos décadas.

ALEMANIA - DEUTSCHLAND - GERMANY


SEPRIN » Mausoleo de Kirchner

Mausoleo de Kirchner



La información dice que el napoleónico mausoleo de Kirchner ocupará 625 metros cuadrados, obra adjudicada a dedo a la constructora de Lázaro Báez y supervisada por Máximo K. Imitando la del Gran Corso , tendrá dos plantas, en la baja ocho féretros circundando uno central donde se ubicarán los despojos mortales de quien se creyó inmortal: Néstor.
Sobre él una inmensa Cruz. La paradoja final para quien promovió la quita de crucifijos en los organismos del estado y públicos y vivió enfrentado con la Iglesia.
Pareciera que el Mal queda sepultado bajo el Signo del Cristianismo para que nunca pueda volver a surgir desde las tinieblas.
En la planta alta curiosos y visitantes podrán circular para ver la fastuosidad de una tumba que refleja dos realidades: Una, el ego inconmensurable de una familia que se creyó parte de dioses; y la otra más dura, la realidad de un destino que en algún momento nos alcanzará a todos
sin importar lo grande que podamos sentirnos.
Así en Río Gallegos el monumento dejará desnudo al impostor que sembró el odio entre los argentinos, que deseó el poder sin importarle nada y en ese tránsito hacia la perpetuidad de su poder se encontró con el destino que inexorable marcó su triste y solitario final.
Con el tiempo, las pasiones convertirán el mausoleo en una curiosidad turística sin importar quien era o que dejó para la posteridad.
También será el símbolo del totalitarismo, de una época oscura donde el Estado de Derecho estuvo ausente y la Constitución fue violada en forma reiterada hasta llegar al ridículo como elde las “Candidaturas Testimoniales”.
Será refugio de defensores de derechos humanos de los terroristas. Allí harán actos madres y abuelas de Plaza de Mayo, las más beneficiadas economicamente que llorarán la pérdida de su benefactor y financista
espúreo.
El tenebroso mausoleo cobijará para siempre a quien la Historia juzgará como uno de los infames mayores que ocuparon la presidencia de nuestro país.
A los argentinos nos robó la paz, la unión y la concordia, entre otras cosas. Tal vez haya piadosos que pidan por su descanso u otros duros que lo maldecirán por toda la eternidad.
Tal vez su epitafio debería decir: Aquí yace quien en vida destruyó la República, fomentó la desunión de sus habitantes, compitió en el paroxismo de su locura con Dios… y perdió.
Fuente: Aníbal Radrizzani

[condor-nacional] Consecuencias del matrimonio gay

Bergoglio lleva al Vaticano la interna de la Iglesia argentina

09/02/11 Busca estrechar su relación con el Papa ante el avance del sector conservador.
PorJulio Algañaraz
LA VISITA ANTERIOR. FUE HACE CUATRO AÑOS:  BERGOGLIO, CON EL PARA BENEDICTO XVI, EN ENERO DE 2007. Ampliar LA VISITA ANTERIOR. FUE HACE CUATRO AÑOS: BERGOGLIO, CON EL PARA BENEDICTO XVI, EN ENERO DE 2007.

Lamiéndose aún las heridas por la derrota sufrida con la ley de matrimonio homosexual, el cardenal Jorge Bergoglio y los otros tres obispos de la cúpula de la Conferencia Episcopal Argentina serán recibidos por el Papa “tal vez hoy, tal vez mañana”, confirmaron en el Vaticano. Antes, el encuentro del grupo es con el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, quien tiene a su cargo el manejo operativo del delicado tema de la interna de los obispos criollos y del presente y futuro de la iglesia argentina.
Acompañan al arzobispo de Buenos Aires los vicepresidentes, arzobispos Luis Villalba (Tucumán) José María Arancedo (Santa Fe) y el secretario general, monseñor Enrique Eguía, auxiliar de Buenos Aires.
En el Vaticano no faltan los recelos, las desilusiones y manipulaciones de los que mueven los hilos del poder.
Bergoglio y los suyos han venido a “puentear las interferencias” y a explicarse con los “ministros” de los dicasterios de la Curia, con el cardenal Bertone y con el mismo Benedicto XVI. La corriente de centro que gobierna la Conferencia Episcopal ha debido luchar a brazo partido con la línea conservadora interna, cuyo líder es hoy el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, quien cuenta en Roma con poderosos amigos.
La corriente de centro que en una época lideraba el hoy cardenal Estanislao Karlic, prevaleció durante la gestión de Bergoglio, que hoy afronta varios peligros tras haber combatido y perdido, dentro y fuera de la conferencia episcopal, en favor de una línea menos intransigente de la que sostuvo el arzobispo Aguer en la cuestión del matrimonio gay.
En el Vaticano predomina netamente la posición ultraconservadora del Papa, contrario a cualquier cesión en lo que llama la defensa de los “grandes valores”, sobre todo en el campo moral (casamiento tradicional, aborto y bioética).
En noviembre los obispos decidieron que la Cúpula viajara a Roma a dar explicaciones y tantear el terreno.
En el horizonte, el próximo noviembre se presenta complicado porque habrá que elegir un nuevo presidente de los episcopales y Bergoglio ya no podrá seguir en el cargo. El cardenal cumplirá 75 años en diciembre y deberá renunciar, como establece el derecho canónico. Estas circunstancias dramatizan la cuestión interna.
“Las cúpulas de los obispos vienen aquí cuando hay crisis”, dijo a Clarín un viejo monseñor del Este europeo ya jubilado en el Vaticano, que sabe mucho de estas cosas. “A veces los llama el Papa, como fue el caso de Irlanda tras la oleada de casos de pedofilia”. Y a veces “vienen solos”, como en el caso de los argentinos. Pero siempre hay razones de peso, porque estas visitas no están previstas en los protocolos vaticanos . Los obispos ven al Papa obligatoriamente cada cinco años, en las visitas “ad limina apostolorum”.
El cardenal Bertone examina el dossier argentina con tres frentes informativos. En primer lugar los informes que manda el nuncio en Argentina, monseñor Adriano Bernardini, un conservador que llegó a Baires en la época del cardenal Sodano y sigue allí. Después está el frente de los conservadores, que juega sus cartas en el nombramiento de nuevos obispos. Y el Frente Central, que es la conducción de los episcopales, con la Comisión Ejecutiva presidida por Bergoglio.
La impresión es que los conservadores han logrado instalar en las cumbres vaticanas dudas acerca de la fragilidad de la dirección de la Iglesia argentina.

Mausoleo de Kirchner

La información dice que el napoleónico mausoleo de Kirchner ocupará 625 metros cuadrados, obra adjudicada a dedo a la constructora de Lázaro Báez y supervisada por Máximo K.

Imitando la del Gran Corso, tendrá dos plantas, en la baja ocho féretros circundando uno central donde se ubicarán los despojos mortales de quien se creyó inmortal: Néstor.

 
Sobre él una inmensa Cruz. La paradoja final para quien promovió la quita de crucifijos en los organismos del estado y públicos y vivió enfrentado con la Iglesia.
Pareciera que el Mal queda sepultado bajo el Signo del Cristianismo para que nunca pueda volver a surgir desde las tinieblas.
En la planta alta curiosos y visitantes podrán circular para ver la fastuosidad de una tumba que refleja dos realidades: Una, el ego inconmensurable de una familia que se creyó parte de dioses; y la otra más dura, la realidad de un destino que en algún momento nos alcanzará a todos sin importar lo grande que podamos sentirnos.
Así en Río Gallegos el monumento dejará desnudo al impostor que sembró el odio entre los argentinos, que deseó el poder sin importarle nada y en ese tránsito hacia la perpetuidad de su poder se encontró con el destino que inexorable marcó su triste y solitario final.
Con el tiempo, las pasiones convertirán el mausoleo en una curiosidad turística sin importar quien era o que dejó para la posteridad.
También será el símbolo del totalitarismo, de una época oscura donde el Estado de Derecho estuvo ausente y la Constitución fue violada en forma reiterada hasta llegar al ridículo como elde las "Candidaturas Testimoniales".
Será refugio de defensores de derechos humanos de los terroristas. Allí harán actos madres y abuelas de Plaza de Mayo, las más beneficiadas economicamente que llorarán la pérdida de su benefactor y financista espúreo.
El tenebroso mausoleo cobijará para siempre a quien la Historia juzgará como uno de los infames mayores que ocuparon la presidencia de nuestro país.
A los argentinos nos robó la paz, la unión y la concordia, entre otras cosas. Tal vez haya piadosos que pidan por su descanso u otros duros que lo maldecirán por toda la eternidad.
Tal vez su epitafio debería decir: Aquí yace quien en vida destruyó la República, fomentó la desunión de sus habitantes, compitió en el paroxismo de su locura con Dios... y perdió.

Dos antropologías en conflicto

Dos antropologías en conflicto

Daniel Iglesias Grèzes

1.      Dos visiones del hombre

Occidente se presenta hoy como una civilización dividida, como una especie de campo de batalla entre visiones del hombre profundamente antagónicas entre sí; sobre todo dos: la antropología cristiana y la antropología individualista.

La antropología cristiana considera al ser humano como un animal racional, una unidad sustancial de cuerpo material y alma espiritual, un ser inteligente y libre, creado a imagen y semejanza de Dios. La inteligencia humana tiende naturalmente a la verdad (la adecuación del pensamiento a la realidad). El ser humano es capaz de conocer y comunicar a otros la verdad de lo real. Además, la voluntad humana tiende naturalmente al bien y a la felicidad, y puede y debe alcanzarlos a través del ejercicio de su libertad. La felicidad no está en el egoísmo, sino en el don de uno mismo a los demás. El hombre ha sido creado libremente por Dios, por amor, para conocer y amar a Dios y, en un mismo movimiento, también a los demás seres humanos. Según la antropología cristiana, el amor no es una atracción bioquímica ni un sentimiento romántico, sino la búsqueda comprometida y perseverante del bien de la persona amada.

Por ejemplo, los siguientes textos de la Sagrada Escritura ponen de manifiesto esta visión cristiana del hombre:

·        “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco nadie muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor” (Romanos 14,7-8).
·        “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su alma?” (Marcos 8,34-37).
·        “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí.” (Cantar de los Cantares 6,3).
·        "Yo seré para él padre y él será para Mí hijo." (2 Samuel 7,14).
·        "Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y Él, Dios-con-ellos, será su Dios... Ésta será la herencia del vencedor: Yo seré Dios para él, y él será hijo para Mí." (Apocalipsis 21,3.7).

La antropología individualista, en cambio, sostiene el ideal de un ser humano sin vínculos, ataduras, ni compromisos absolutos. Así se tiende a romper la debida relación del hombre con Dios (religión). Como el hombre es un mero animal, producto del azar, su existencia carece de un fin último objetivo, por lo cual en definitiva le conviene pasar la vida buscando el placer. El ser humano existe para sí mismo y busca siempre sólo y exclusivamente su propio bien, su propia felicidad. La caridad (el amor cristiano), la búsqueda desinteresada del bien de la persona amada, no existe. El pretendido altruismo no es más que un egoísmo oculto o disfrazado. El amor es un tipo de atracción que busca en definitiva el propio placer, la propia felicidad. Esta visión del hombre se expresa, por ejemplo, en la siguiente cita de Fritz Perls, fundador de la Terapia Gestáltica: "Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en el mundo para llenar tus expectativas. Y tú no estás en el mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos es hermoso. Si no, no puede remediarse."

El individualismo se relaciona con el relativismo, doctrina que niega la capacidad humana de conocer la verdad de lo real. La verdad ya no puede ser definida como adecuación del pensamiento con la realidad, ya que ésta es incognoscible; por lo tanto se reduce a mera coherencia: la adecuación del pensamiento consigo mismo. Al perder el acceso al terreno común de la realidad objetiva, independiente del sujeto, cada uno queda prisionero de sus propias ideas, de su propia subjetividad, en última instancia incomunicable.

El individualismo se relaciona también con el liberalismo y el utilitarismo. Al perderse de vista la relación de la libertad con la verdad, se tiende a absolutizar la propia libertad de elección, que no es vista ya como un medio para un fin (el libre don de uno mismo en el amor), sino como un fin en sí misma. Además, se tiende a absolutizar el propio placer y a procurar la realización del individuo por medio de la satisfacción de todos sus deseos.
     
2.      Dos visiones del matrimonio

La antropología cristiana y la antropología individualista dan lugar a dos visiones enfrentadas del matrimonio.

Según la antropología cristiana, el ser humano no existe por sí mismo ni existe sólo ni principalmente para sí mismo. Según un dicho de Nuestro Señor Jesucristo, “hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos de los Apóstoles 20,35).

La antropología cristiana está en consonancia con la visión del matrimonio como una alianza de amor. Según la doctrina católica, el matrimonio es un consorcio de toda la vida entre un hombre y una mujer, ordenado por su propia índole natural al bien de los cónyuges y a la procreación y educación de los hijos (cf. Código de Derecho Canónico (CDC), canon 1055,1).

La causa eficiente del matrimonio es el mutuo consentimiento matrimonial. Éste es “el acto de la voluntad por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio.” (CDC, c. 1057,2). Se trata de una mutua entrega y aceptación total, absoluta e incondicional, que es ratificada y sellada (consumada) en la primera relación conyugal, mediante la cual los dos se hacen “una sola carne” (Génesis 2,24).  

Según la doctrina católica, las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad, la fidelidad, la indisolubilidad y la apertura a la procreación. Para ser válido, el mutuo consentimiento debe tener por objeto el verdadero matrimonio, que incluye dichas propiedades esenciales. Por ejemplo, un matrimonio contraído con mentalidad divorcista (“me caso, pero si me va mal me divorcio”) es un matrimonio nulo.

No en vano el matrimonio ha sido considerado en todas las culturas (hasta nuestros tiempos) como una realidad sagrada. Según la doctrina católica, el contrato matrimonial válido entre dos bautizados se identifica con el sacramento del matrimonio. El matrimonio cristiano es signo e instrumento de la unión de amor fiel, indisoluble y fecunda entre Cristo y su Iglesia.

Según la antropología individualista, el ser humano existe en definitiva para sí mismo, busca siempre y en todo lugar nada más que su propia felicidad. Esta antropología es consistente con una visión del matrimonio como mero contrato. Se trataría de un simple intercambio de bienes y servicios entre los cónyuges y se diferenciaría de otros contratos por el hecho de implicar una cohabitación o convivencia de índole sexual.

Dado que –según esta visión– el matrimonio es un mero contrato, cuyas cláusulas no provienen de la naturaleza humana ni de un orden moral objetivo, sino de la voluntad de las partes contratantes, en el contexto de un consenso social mayoritario que la condiciona en parte, no se ve por qué (siempre y cuando se lograra ese consenso) el contrato matrimonial debería ser sólo entre un hombre y una mujer, y no, por ejemplo, entre dos hombres o dos mujeres. En esa misma línea, tampoco resulta claro por qué el matrimonio debería ser sólo entre dos personas, y no entre tres o más. 

El carácter subjetivista de esta visión del matrimonio hace que tampoco la generación y educación de los hijos sea un fin esencial del pacto matrimonial. Por lo tanto, uno podría casarse legítimamente con o sin voluntad de tener hijos con su pareja. Tener o no tener hijos sería una cuestión en el fondo independiente del matrimonio: podría haber matrimonios que buscaran sólo una especie de disfrute egoísta entre dos, excluyendo positivamente la procreación; y matrimonios que buscaran procrear mediante la intervención de terceros, ajenos al pacto conyugal.

En esta visión del matrimonio tampoco hay lugar para la indisolubilidad matrimonial. Al ser el matrimonio un mero contrato, parece normal que ese contrato pueda ser disuelto bajo ciertas condiciones, por ejemplo, por mutuo acuerdo de las partes. Más aún, el individualismo radical implica en último término la posibilidad de disolver el matrimonio por la sola voluntad de una cualquiera de ambas partes. Se produce así una banalización o trivialización del matrimonio, que termina siendo a veces un contrato menos exigente que el contrato con una empresa de telefonía móvil o de televisión por cable.

Es claro que un matrimonio así concebido ha perdido todo vestigio de carácter sagrado, por lo cual no es de extrañar que sea celebrado por medio de una ceremonia laica.

3.      Dos visiones de la sociedad

Según la antropología cristiana, el hombre es un ser individual y social a la vez. Para el ser humano, la sociedad no es un mal necesario, sino un bien. El hombre no existe para sí mismo, para buscar un disfrute egoísta de la vida, sino para dar gloria a su Creador (que es Amor), amando a Dios y al prójimo. Los dogmas de la comunión de los santos y del pecado original indican los lazos misteriosos pero reales que unen entre sí a todos los individuos humanos. Si alguien se eleva moralmente, eleva en cierto modo a la humanidad entera; y si alguien se degrada moralmente, degrada en cierto modo a toda la humanidad. 

La doctrina social católica supone la existencia, no sólo de los bienes de los individuos, sino también de un “bien común” de la sociedad. El logro o el aumento del bien común favorece, aunque de modos diversos, a todos los miembros de una sociedad. La vida social no es como un “juego de suma cero”, donde si alguien gana es porque otro u otros pierden.

La misma doctrina sostiene los dos principios (correlativos) de solidaridad y de subsidiariedad.

El principio de solidaridad establece que, en definitiva, todos somos responsables de todos. No me es lícito dejarme dominar por la indiferencia hacia los demás, ni desentenderme absolutamente de la suerte de mi prójimo, como hizo Caín, el primer fratricida: “Yahveh dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?» Contestó: «No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?»” (Génesis 4,9).

El principio de subsidiariedad establece que la solidaridad social no debe ejercerse de un modo desordenado, como si cualquiera pudiera entrometerse en cualquier asunto ajeno, sino dentro de un orden en el que se respete adecuadamente el ámbito de libertad de cada persona y organización. De este principio resulta por ejemplo: que el Estado no debe absorber las responsabilidades que corresponden a las personas, las familias, las empresas, las organizaciones de la sociedad civil, etc.; que el gobierno nacional no debe hacer lo que pueden hacer mejor los gobiernos locales; que una comunidad de naciones no debe atropellar la soberanía de las naciones que la integran; etc.

La sociedad cristiana ideal es, según una bella expresión del Papa Pablo VI, una “civilización del amor”, donde cada miembro de la sociedad, actuando de modo solidario y subsidiario, procura, no sólo su propio bien, sino el bien de su familia, de su empresa, etc. y el bien común de su nación y de toda la humanidad. “No hay libertad sin solidaridad”. “Y no hay solidaridad sin amor”.

Según la antropología individualista, el ser humano existe para sí mismo y los demás seres humanos son en cierto modo sus adversarios. Se suele decir que “mi libertad termina donde empiezan las libertades de los demás”. Esta frase tan común implica una noción individualista de la libertad. Si lo que yo busco es maximizar mi libertad y los otros limitan mi libertad, la aparición de los otros es una mala noticia para mí. El filósofo existencialista y marxista Jean Paul Sartre sintetizó esta (su) visión individualista en una frase famosa: “El infierno son los otros”.

Veamos qué implica el individualismo cuando se aplica a escala social. Thomas Hobbes, el pensador inglés del siglo XVII que sentó las bases de la filosofía política absolutista, partió de este famoso principio:  “Homo homini lupus” (“El hombre es el lobo del hombre”). Los seres humanos somos por naturaleza enemigos los unos de los otros. Por lo tanto, en el “estado de naturaleza” los hombres se dañaban y mataban los unos a los otros. Para poner fin a ese peligroso estado de anarquía, los hombres realizaron el “contrato social”, renunciando a sus libertades individuales a favor del monarca absoluto, en busca de seguridad.

Jean-Jacques Rousseau, aunque partió de una antropología optimista (el “mito del buen salvaje”), llegó a una conclusión parecida: el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe y esclaviza. Según Rousseau, en el “contrato social” el individuo cede sus derechos a la “voluntad general”, que es infalible, y así alcanza la verdadera libertad. El “pueblo” ocupa aquí el lugar del rey absoluto de Hobbes. Se va sembrando la semilla de los modernos totalitarismos.

En la perspectiva individualista de Hobbes, Rousseau y otros pensadores, la sociedad es un mal necesario y el “contrato social” es un intento de balancear la libertad y la seguridad de los individuos. Es interesante notar que gran parte de la “derecha” y de la “izquierda” políticas comparten la misma premisa individualista. La “derecha” intenta maximizar la libertad a expensas de la seguridad, mientras que la “izquierda” busca maximizar la seguridad (o magnitudes correlativas a ella, como la justicia y la igualdad) a expensas de la libertad.

Para el individualista, el amor verdadero, la búsqueda desinteresada del bien ajeno, no es más que una quimera. Por tanto, la sociedad individualista no es una “civilización del amor”, sino una trama trabajosa y en cierto modo contra natura que intenta lograr el equilibrio de los distintos intereses de los individuos, necesariamente contrapuestos entre sí.

4.      Dos visiones de los derechos humanos

Según la antropología cristiana, el ser humano tiene derechos porque tiene deberes. Un derecho no es otra cosa que la contracara de un deber. Mis derechos son los deberes que los demás tienen para conmigo. Al crear al hombre, Dios le dio una naturaleza determinada (la de “animal racional”, es decir espiritual, personal) y lo elevó dándole una vocación sobrenatural: llegar a la perfecta comunión de amor con Él en la vida eterna. Los actos humanos (conscientes y libres) son moralmente buenos o malos según que conduzcan al hombre a su fin último (Dios) o lo alejen de él. La ley moral no es una coacción impuesta al ser humano desde afuera, sino que es la ley natural e interior que rige su propio desarrollo en cuanto persona. Actuar moralmente equivale exactamente a obrar según la razón, según la verdad de nuestra misma naturaleza humana. Hemos sido creados por amor y para el amor, por lo cual debemos amar a Dios y a nuestro prójimo. La ley suprema del amor implica determinadas consecuencias: las normas morales particulares.

Por lo tanto debemos distinguir entre la dignidad humana ontológica, que corresponde a la naturaleza humana y es independiente de los actos buenos o malos del hombre, y la dignidad moral, que puede crecer o decrecer en función de la moralidad o inmoralidad de los actos humanos. En virtud de su creación, cada hombre será siempre “imagen de Dios”, pero su semejanza con Dios podrá aumentar o disminuir en función del ejercicio de su libertad responsable.

Los derechos humanos básicos tienen su fundamento en la dignidad humana ontológica, es decir en un don gratuito del Creador. Por lo tanto son inherentes a la naturaleza humana y son inalienables. Nada ni nadie, ni tampoco nada que hagamos o dejemos de hacer, podrá despojarnos jamás de ninguno de esos derechos, porque la voluntad de Dios es inmutable.

En la filosofía del derecho, esta visión cristiana de los derechos humanos se conoce como “iusnaturalismo”: los derechos humanos son naturales, anteriores a cualquier ley positiva. Al Estado no le corresponde crear, modificar o suprimir esos derechos, sino simplemente reconocerlos. Como dato importante, añadiré que tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas como la Constitución de la República Oriental del Uruguay denotan una clara impronta “iusnaturalista”.

Según la antropología individualista, tanto los derechos como los deberes humanos surgen del “contrato social”. Como consecuencia del “primado del yo”, los derechos tienen la primacía frente a los deberes. De ahí que hoy se hable tanto de los derechos humanos y tan poco de los deberes humanos.

En la filosofía del derecho, esta visión individualista de los derechos humanos se conoce como “positivismo jurídico”: los derechos humanos surgen del consenso social y dependen de las leyes humanas positivas. La ley puede crear, modificar o suprimir los derechos humanos.

La combinación de democracia liberal y positivismo jurídico crea el peligro de la “dictadura de las mayorías”. La mayoría de los ciudadanos o de sus representantes, por vías formalmente “democráticas”, podría despojar a una minoría (por ejemplo, los seres humanos aún no nacidos, los enfermos terminales, etc.) de sus derechos humanos. Se trata de un caso particular de la “ley del más fuerte”, donde la fuerza determinante es la del número de votos. Nada ni nadie puede garantizar que, siguiendo este camino, que hoy pasa por ejemplo por la legalización del aborto y la eutanasia, no volvamos a caer mañana en la legalización de la esclavitud. De hecho hoy los “embriones sobrantes” de la fecundación in vitro son tratados con frecuencia peor que muchos esclavos del siglo XIX.

5.      Dos visiones de la laicidad

La antropología cristiana conduce a una visión de la laicidad como legítima autonomía de los asuntos temporales, de la cultura humana y de la comunidad política (cf. Concilio Vaticano II, constitución pastoral Gaudium et Spes, nn. 36, 59, 76). Esta visión católica de la laicidad contradice tanto al integrismo, que niega la autonomía de la realidad creada, como al secularismo, que la exagera considerándola como independencia respecto de Dios. Mientras que el integrismo une indisolublemente a la fe cosas que le pertenecen sólo accidentalmente, el secularismo separa de la fe cosas que le pertenecen sustancialmente. El Concilio Vaticano II rechaza ambos errores, afirmando que las cosas creadas y la sociedad gozan de leyes y valores propios, que el hombre debe descubrir y emplear, y que la realidad creada depende de Dios y debe ser usada con referencia a Él (cf. ídem, n. 36).

La laicidad así entendida debe ser considerada como un fruto maduro del cristianismo. Está implícita en la famosa sentencia de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22,21). Todo es de Dios, pero de tal modo que hay un ámbito que es del César, aunque éste esté subordinado a Dios. El Papa Benedicto XVI se ha referido más de una vez a esta visión de la laicidad mediante la expresión “laicidad positiva”.

La antropología individualista conduce a una visión de la laicidad como laicismo, que procura la exclusión de la religión del espacio público. El individualismo concibe a los individuos como mónadas aisladas entre sí que buscan sólo su propia autorrealización individual. Al absolutizar la libertad de elección del individuo, tiende a desvincular a éste de sus semejantes, “liberándolo” de toda atadura o compromiso permanente con ellos, del tipo que sea: matrimonial, familiar, social, etc. El mismo impulso ideológico que forma esta “sociedad de la desvinculación” tiende a desvincular al hombre de Dios, “liberándolo”, por lo menos en el ámbito público, de la relación religiosa con Él.

Esta visión de la laicidad es un fruto de la Ilustración racionalista. No busca sólo una separación entre la Iglesia y el Estado, sino una “separación sin reconocimiento”. Tiende a organizar la vida social como si Dios y la religión no existieran. Con frecuencia da lugar a una actitud hostil contra la religión, sobre todo la religión católica, principal defensora de la ley moral natural.

El laicismo pretende quitar a los cristianos su derecho a actuar como cristianos en política y quitar a la Iglesia su derecho a enseñar su doctrina moral social. En nombre de la “tolerancia”, es intolerante con la fe de la Iglesia Católica; y, en nombre de la libertad de pensamiento, pretende imponer la filosofía relativista como requisito indispensable para la pacífica convivencia democrática.

6.      Dos espíritus contrapuestos

En esta sección final procuraré mostrar que las dos antropologías principales de nuestro tiempo (la antropología cristiana y la antropología individualista) provienen de dos espíritus contrapuestos y tienden a producir frutos contrarios entre sí.

“Dos amores construyeron dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo, la ciudad de Dios; el amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios, la ciudad terrena” (San Agustín, La Ciudad de Dios, 14,28).

El amor de Dios aquí referido es la caridad, virtud teologal que proviene de un don del Espíritu Santo. El “desprecio de uno mismo” implicado por la caridad no debe ser entendido literalmente, como una especie de “auto-odio”, que sería enfermizo y maligno, sino como abnegación y sacrificio por amor, en el sentido de la Cruz de Cristo. El Evangelio no prohíbe el amor bien entendido a uno mismo (cosa que sería absurda, porque no somos libres de no desear nuestra propia felicidad), sino que lo ubica en su verdadero contexto: el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a uno mismo, con el mismo amor de Cristo. La caridad une al hombre a Dios y a su prójimo, formando una comunión divino-humana, que es la Iglesia, Cuerpo de Cristo.

En cambio, el amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios es el pecado capital de la soberbia, que llevó a Lucifer a su orgullosa y trágica decisión de no servir a Dios. Por las insidias del demonio el pecado entró en el mundo y se difundió luego en la humanidad caída. El pecado divide y desune: separa al hombre de Dios y a los hombres entre sí, sumiéndolos en la espantosa confusión de un conflicto de todos contra todos. Por el pecado, el hombre se encuentra dividido incluso en sí mismo, alienado, separado de la verdad más íntima de su mismo ser y de su verdadera vocación.

A nivel personal y a nivel social, debemos pues elegir entre Babel y Pentecostés, entre el espíritu del mal y el Espíritu de Dios. Los frutos de esas dos posibles elecciones son dramáticamente opuestos entre sí.

“Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.  Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais. Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,  envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.” (Gálatas 5,16-25).

En la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13,24-30.36-43) Jesucristo nos enseña que el Reino de Dios y el reino del diablo coexistirán y se enfrentarán entre sí hasta el fin del mundo, cuando Dios manifestará su juicio definitivo sobre cada ser humano, retribuyendo a cada uno según sus obras. Notemos que la pugna entre ambos reinos se produce no sólo en el nivel individual, sino también en el nivel social, tendiendo a constituir por una parte una civilización o cultura del amor y por otra parte una “anti-civilización” o “cultura de la muerte” (cf. Juan Pablo II, Gratissimam sane, Carta a las familias, 2/02/1994, n. 13).

Si bien es cierto que esta pugna se ha dado siempre en toda sociedad humana desde el pecado original de nuestros primeros padres, cabe afirmar que ella ha adquirido una especial intensidad en nuestros días y en particular en nuestra civilización occidental. Para entender esto, quizás nos ayude esta reflexión: desde el primer pecado, siempre ha habido egoísmo en el mundo; pero es propio de nuestra época el haber “racionalizado” el egoísmo, convirtiéndolo en una ideología: el individualismo.

Es por esto, sobre todo, que Occidente aparece hoy como una civilización dividida en dos: la cultura cristiana y la cultura individualista y secularista. Tanto en nuestra América como en la vieja Europa se enfrentan hoy claramente esas dos concepciones principales del hombre y del mundo, profundamente antagónicas entre sí. Dado que la familia es la célula básica y fundamental de la sociedad humana, no es extraño que ella esté en el centro de la lucha entre las dos culturas mencionadas.

Más allá de los males comunes a todas las épocas (guerras, hambrunas, epidemias), el mundo actual sufre algunos males muy característicos de nuestra época, consecuencias directas de una amplia difusión de la mentalidad individualista. Haciendo un paralelismo con las diez plagas de Egipto, podemos enumerar a modo de ejemplo diez plagas típicas del mundo actual: el aumento y la trivialización del divorcio; el surgimiento y auge de la eugenesia; la eutanasia, que retoma, en nuestra civilización técnica, las antiguas prácticas paganas de eliminación de los “indeseables”; la búsqueda de un “paraíso artificial” a través de la drogadicción; la anticoncepción, fruto envenenado de la “liberación sexual”; la legalización del aborto, la mayor lacra moral de nuestra época; la multiplicación de las “uniones de hecho”, efecto del individualismo aplicado a las relaciones entre el hombre y la mujer; la promoción de la homosexualidad a través de la “ideología de género”; la reproducción humana artificial, que trata al hombre como un mero producto de la técnica; y, finalmente, el aumento de los suicidios, claro síntoma de la desesperación que inunda a una sociedad que parece olvidar cada vez más el sentido trascendente de la vida, del amor, del trabajo y del sufrimiento del hombre.

Quiera Dios que, bajo el impulso de su gracia, podamos resistir la embestida de la cultura individualista, mantenernos firmes en la fe católica y apostólica, y dar muchos frutos de alegría y paz (¡la alegría y la paz de Cristo!) en un mundo que tanto los necesita.