martes, abril 03, 2018

75 años de la Guerra Civil, fotos y documentos inéditos

La revista TIEMPO publica esta semana un número especial sobre la Guerra Civil con motivo del 75 aniversario de su inicio, que se conmemorará el día 18, y donde aporta fotos y documentos inéditos fruto de una larga investigación en diferentes archivos.

 

http://www.tiempodehoy.com/espana/75-anos-de-la-guerra-civil-fotos-y-documentos-ineditos/(imagen)/53803/relacion-de-los-reclusos#mainContent

 

 


Don Bosco




Creo, Señor, que puedes sanarme,
pero me tiembla el pulso mientras espero tu sanación.
La tentación de dudar hace tambalear mi ser
y acrecienta mis dudas,
pero a pesar de no ser digno de que vengas a mí,
quiero seguir creyendo que lo haces y me salvas.
Aumenta mi fe Señor y fortalece mi espíritu.
Lléname de esperanza de salvación,
pues solo en vos podemos encontrar el médico
que sana eternamente a todas las almas.
Dame perseverancia, constancia y confianza
en permanecer en tu presencia esforzándome en vivir
para servir y no para servirme o ser servido.
Confío en tu Gracia Señor y permanezco esperándote
a pesar de mis indecisiones, debilidades o fracasos.
Sé que solo en ti puedo encontrar la curación que busco,
la del cuerpo y la del alma, y en tus manos me pongo.
También, de la mano de tu Iglesia, camino junto a ella,
porque en ella encuentro la fuerza de intercesión
que me da el vivir amándonos como Tú nos has enseñado.
Señor, aumenta mi fe para que fortalecido en ella
pueda pedir tu salvación con la certeza
de que vos podéis salvarme.
Amén.


Las mentiras sobre el «diabólico» Gran Duque de Alba y su Tribunal de Tumultos

La propaganda convenció a Europa de que los rebeldes se habían levantado debido a la presencia de tropas extranjeras en los Países Bajos, a los injustos impuestos de Alba y a la intolerancia religioso de los católicos. Sin embargo, hubo tantos holandeses sirviendo a España como combatiéndola; impuestos más altos en las Provincias Unidas que en el lado español y una activa represión de católicos en Holanda hasta mediados del siglo XIX

Todavía hoy el Gran Duque de Alba está considerado en el imaginario popular holandés un demonio con gorguera. La hispanofobia sigue presente en la historia nacionalista de muchos países protestantes que, aún hoy, se niegan a asumir que sus rebeliones contra el Imperio español fueron auténticas guerras civiles, con tantos soldados holandeses, belgas o alemanes luchando contra los españoles como a su favor.
La revisión crítica de la rebelión que dio lugar a la Guerra de los 80 años –encabezada por expertos como María Elvira Roca Barea, autora de «Imperiofobia y Leyenda Negra»– invita hoy a comprender la guerra como una reacción de la nobleza, que suponía menos del 0,1 de la población, ante el intento de Felipe II de modernizar y unificar la disparatada situación legal de los Países Bajos (antes de Carlos V existían 700 códigos legales diferentes). Y sí. El largo historial de rebeliones de la nobleza local contra sus «príncipes naturales» –con 35 levantamientos previos a la llegada de soldados españoles– y el escaso entusiasmo que mostró en un principio la población desmontan el mito del pueblo neerlandés alzándose en masa contra la represión española.
El hispanista William S. Maltby aprecia en los esfuerzos del Monarca que «no estaba planteando más que un sistema de gobierno que simplificara la Administración»
De ahí que sea tan necesario poner bajo cuarentena el casus belli oficial del primer levantamiento, esto es, la decisión de Felipe II de ampliar los tres obispados existentes en los Países Bajos hasta los 17 y, en general, racionalizar la legislación de un territorio que nunca había estado unificado realmente. El hispanista William S. Maltby aprecia en los esfuerzos del Monarca que «no estaba planteando más que un sistema de gobierno que simplificara la Administración y contuviera el poder perturbador de los nobles ambiciosos».
Cada una de las medidas del soberano fueron respondidas con brusquedad y teatralidad por parte de la aristocracia, lo que en tiempos medievales hubiera obligado a Felipe II a renunciar a sus reformas. La diferencia es que Carlos V, como su hijo, contaban con la ventaja de que su poder económico y militar procedía de España y no de esta nobleza díscola. Ellos no retrocedieron ante los chantajes.

Una rebelión en forma de hidra

Con la nobleza calvinista preparando ejércitos de mercenarios en Alemania y Francia, la Monarquía española eligió a su mejor general, Fernando Álvarez de Toledo, para que se hiciera cargo de la situación. Al frente de un gran ejército, el Duque de Alba se desplazó en 1567 a los Países Bajos con instrucciones claras. Lejos de lo que tradicionalmente se piensa, el general castellano sí consiguió derrotar, en 1568, a las fuerzas dirigidas por Guillermo de Orange, la figura más representativa de los rebeldes, y durante un tiempo pareció que la sublevación era cosa del pasado. Sin embargo, la subida de los impuestos, la represión del Tribunal de Tumultos y el incansable trabajo propagandístico de Orange resucitaron la guerra en 1572 y la llevaron a un nuevo nivel.
Uno de los populares grabados usado por la propaganda protestante muestra a Alba comiéndose un bebé
Uno de los populares grabados usado por la propaganda protestante muestra a Alba comiéndose un bebé
Pero, ¿tan mal lo hizo el noble castellano durante su gobierno? El Duque de Alba, uno de los comandantes más temidos de Europa, no era ninguna monjita de la caridad, pero tampoco un sádico ni un hombre irracional. No puso gran empeño en dar con una solución política al conflicto ni en comprender el caliz nacionalista porque, entre otras cosas, estaba deseando zanjar el asunto y regresar a España debido a su elevada edad. Por momentos se sintió abandonado... En un intento de arrancar de raíz la rebelión, el castellano sembró el terror en el país a través del Tribunal de Tumultos, conocido a nivel popular como de la Sangre, que en solo tres años ejecutó a diez veces más personas que la Inquisición española en el reinado de Felipe II. Distintas estimaciones cifran el número de ejecuciones ordenadas por el duque en torno a 500-800 personas, lo que la propaganda protestante elevó hasta las 200.000 personas.
A nivel militar, los Tercios españoles se mostraron incontestables
A nivel militar, los Tercios españoles se mostraron incontestables
El objetivo fundacional del tribunal fue perseguir a aquellos nobles que firmaron el Compromiso de Breda (1566), el documento que sirvió como germen de la rebelión, pero la persecución terminó por afectar sobre todo a artesanos y a personas cuya condición social les había impedido huir al norte a tiempo. El duque se reservaba la decisión última sobre todas las condenas, cuyo proceso era conducido por cinco lugareños y dos españoles (uno de ellos nacido en Flandes). Una veintena de colaboradores, todos ellos naturales de los Países Bajos, se encargaban de las investigaciones a nivel local.
Este tribunal no era una máquina descontrolada de matar en la línea de las masacres religiosas que se estaban perpetrando en ese momento en Europa (véase el caso de la Matanza de Bartolomé o la persecución de católicos en Inglaterra), sino una institución que efectuaba sus condenas conforme a un proceso legal. No tenía nada de novedoso ni excepcional en Europa. Tampoco pudo ser la causa de agravar una guerra que debajo de su piel de rebelión tenía características propias de una guerra civil motivada por las diferencias religiosas insalvables. Así lo demuestra el entusiasmo con el que colaboraron muchos de los lugareños a la hora de delatar a sus vecinos.
El duque propuso leyes nuevas que humanizaban el derecho criminal, que fueron rechazadas por ser demasiado igualitarias y blandas, y un sistema progresivo de impuestos que resultó intolerable para la oligarquía
El gobierno de Alba ha pasado a la historia únicamente por la creación de este tribunal, a pesar de haber dado forma, al igual que sus sucesores, a lo que luego sería Bélgica y a sus vértebras legales. Las Ordenanzas Criminales que introdujo Alba en 1570 aportaron un código unificado de aplicación universal que consolidó la centralización del orden jurídico y eliminó muchas prácticas abusivas de las administraciones de justicia local en un país que, antes de la llegada de los españoles (siempre minoritarios, pero imprescindibles, en los ejércitos y en la burocracia del Rey) era uno de los que mostraba más distancia entre ricos y pobres a nivel económico y jurídico. Como recuerda Roca Barea en su exitoso libro, Alba propuso leyes nuevas que humanizaban el derecho criminal, que fueron rechazadas por ser demasiado igualitarias y blandas, y un sistema progresivo de impuestos que resultó intolerable para la oligarquía.
El historiador belga Gustaaf Janssens considera que «el hecho de que las leyes penales del Duque hayan constituido la base práctica del procedimiento penal y del Derecho Penal en los Países Bajos durante dos siglos y medio aproximadamente demuestra que fueron ejemplares en su tiempo».

Un impuesto equitativo que no se aplicó

La implantación del Tribunal de Tumultos vino acompañada de un intento de aumentar la recaudación fiscal en las provincias con el fin, a su vez, de sufragar el esfuerzo militar. La subida de impuestos provocó una de las primeras huelgas de la historia entre comerciantes y, gracias a la propaganda de Orange, convenció al pueblo de que el dinero recaudado servía para empobrecer a los Países Bajos y enriquecer a España. Nada más lejos de la realidad; como señala Geoffrey Parker en «España y la rebelión de Flandes» era la Península Ibérica quien corría con los grandes gastos del imperio. Los Países Bajos, de hecho, aportaban menos de lo que generaban.
Fernando Álvarez de Toledo, que disfrutaba leyendo a Tácito en latín y contaba entre sus mejores amigos al poeta Garcilaso de la Vega, comprendía mejor que la oligarquía flamenca la necesidad de que los impuestos fueran equitativos. De ahí que tras una larga serie de deliberaciones entre Alba, el Consejo de Hacienda y los Estados provinciales se concluyera la necesidad de establecer un tributo de en torno al 10% sobre todas las transacciones comerciales a excepción de la última (el punto donde la mercancía llegaba al consumidor), lo que en Castilla se llamaba alcabala, para remontar la ruinosa situación financiera de la hacienda flamenca.
El impuesto final tras sufrir las implacables negociaciones con la oligarquía, resultó un tributo relativamente modesto que producía rentas cuantiosas sin causar grandes privaciones a nadie. Ni aún así pudo ser aplicado.
Retrato de Guillermo de Orange-Nassau en sus años en la corte de Bruselas.
Retrato de Guillermo de Orange-Nassau en sus años en la corte de Bruselas.
«Era un impuesto menos regresivo que la mayoría de tributación del siglo XVI, en el sentido de que la carga sería compartida por todos. Los más pobres habrían pagado probablemente más de lo justo, pero no habrían tenido que pagarlo todo, y los ricos quedaban en cierta medida protegidos, por su carácter perpetuo, de los tradicionales asaltos a su capital», explica William S. Maltby en su biografía dedicada al Gran Duque de Alba sobre un impuesto mucho más justo de los que aplicaría Orange en el bando rival.
Mientras esperaba a su sustituto –el Duque de Medinaceli–, el Gran Duque publicó en el verano de 1571 un perdón general para calmar los ánimos. La inesperada llegada de una flotilla de barcos piratas a varias ciudades de Holanda y Zelanda truncó sus planes y causó una depresión económica que la historiografía protestante atribuye al establecimiento de la alcabala. Dado que nunca pudo ser puesto en marcha ante la explosión de hostilidad entre los comerciantes supone un sinsentido que se responsabilice a Alba y su alcabala de haber causado entre 1571 y 1572 un periodo depresivo en la economía local.
La principal causa para el derrumbe del comercio en Flandes habría que buscarlo, precisamente, en el surgimiento entre las filas rebeldes de estos piratas llamados Mendigos del Mar, que desde puertos ingleses manenían paralizada la navegación. El comercio decaía, los seguros de navegación se dispararon, y, hacia febrero de 1572, los siempre bulliciosos muelles de Amberes se hallaban vacíos. Aparte de que las depresiones de este tipo eran algo cíclico en la historia de esta región.
La principal causa para el derrumbe del comercio en Flandes habría que buscarlo, precisamente, en el surgimiento entre las filas rebeldes de los llamados Mendigos del Mar
La propaganda convenció a Europa de la maldad de los españoles y de que los rebeldes se habían levantado contra su legítimo Rey debido a la presencia de tropas extranjeras en los Países Bajos, a los injustos impuestos de Alba y a la intolerancia religioso de los católicos. Cabe preguntarse si aquellas fueron las verdaderas causas de la guerra por qué durante el transcurso del conflicto los rebeldes abrieron las puertas a tropas extranjeras de Inglaterra, Alemania y Francia en un número superior a los españoles; o por qué al final de la guerra en los territorios independizados se alcanzó una carga fiscal mucho más alta que en tiempos de Alba. Al respecto de la intolerancia religiosa, basta cuestionarse por qué los católicos en Holanda no fueron reconocidos como ciudadanos de pleno derecho hasta casi finales del siglo XIX y que durante varios siglos estuvo en vigor una legislación anticatólica destinada a empobrecer y marginalizar a este grupo religioso.

 

El poema de Esteban Bullrich para oponerse al aborto

Chiara

El senador por Cambiemos lo subió a su cuenta de Facebook para reafirmar su postura sobre el proyecto de ley que ingresará al Congreso.


Para reafirmar su postura en contra del aborto, el senador por Cambiemos, Esteban Bullrich, compartió en su página de Facebook una poesía titulada “Yo te amo mamá (como nadie lo hará)”, acompañada por la imagen de un feto.






De esta manera el legislador vuelve a reafirm su oposición al proyecto que propone despenalizar y legalizar esta práctica, y que comenzará a debatirse el próximo 10 de abril en la Cámara de Diputados.
En distintas declaraciones, Bullrich fijo su posición sobre este controvertido tema: “¿Es ese embrión un argentino con derechos o no es un argentino con derechos?”, se preguntó Bullrich al opinar sobre la despenalización del aborto. “Hoy la ley dice que sí y que no hay suficiente información para probar lo contrario y creo que en la duda tenemos que defender la vida”, completó.
“Mi opinión es que al haber un tejido genético diferente al de la madre en el embrión, formado por dos códigos genéticos que son los del padre y la madre, ahí hay vida. No se interrumpe sino que se termina una vida”, concluyó.
Aquí, el poema textual que Bullrich subió a la red social:
YO TE AMO MAMÁ (COMO NADIE LO HARÁ)
Indefensos silencios que callan,
adentro del castillo hecho panza.
Vulnerables ojitos que no ven,
la tormenta que le aproximan a su piel.
Sonrisa muda de alegría,
pese a sentir que en breve se le irá su vida.
Manito tibia llena de amor,
que no se abrirá al sol y con dolor.
Mejillas suaves hechas para besar,
no conocerán los labios de su mamá.
Esperará con tristeza su muerte,
sin entender porque le corre esa suerte.
Tanto amor y deseos de abrazar,
serán mutilados y en sangre se ahogarán.
Te amo mami no me dejes,
es mi amor el que quiero que te llene.
Quiero beber de tu pecho la vida
y no entiendo quien te dice que no es mía.
Te amo, te necesito, yo te adoro,
y me entregan a la muerte aunque lloro.
Quiero que sepas que soy tu hijo,
ese mismo, que sin saberlo, tu corazón bendijo.
Ámame, abrázame, ya me muero,
y mi vida se la llevan sin un duelo.
Mi mamá no me mimará,
aunque yo la amaré en su eternidad.
Te amo mami aunque no me veas,
mi vida seguirá con la tuya aunque no creas.
Te amo mamá. Tu hijito por siempre.


La auténtica historia de Espartaco: el temido gladiador que humilló a las legiones de Roma

Lejos de lo representado en la película de Kubrick, el esclavo tracio no fue crucificado como la mayoría de su ejército, sino que murió en una batalla con el severo Craso

 

«Yo soy Espartaco». «No, yo soy Espartaco». «Mi mujer y yo también somos Espartaco...». La Semana Santa no sería la misma sin películas con temática bíblica o, al menos, con romanos poblando la televisión estos días. «Espartaco» (1960), la virulenta producción que desquició por igual a Stanley Kubrick y a Kirk Douglas, es una esas cintas imprescindibles en estas fechas. Importa poco que la fidelidad histórica brille por su ausencia y que, en definitiva, sea incapaz de responder a la pregunta de ¿quién era Espartaco?
Porque poco se sabe realmente de los orígenes de Espartaco más allá del mito. Según los autores clásicos fue un antiguo soldado nacido en Tracia, en la actual Bulgaria, que sirvió como auxiliar a los ejércitos de Roma, razón por la cual conocía bien las tácticas militares de la gran potencia de su tiempo. La leyenda asegura que tras ser apresado por desertor trabajó de forma forzosa en unas canteras de yeso y, gracias a sus habilidades bélicas, fue comprado por un mercader para la escuela de gladiadores de Capua de Léntulo Batiato.

La revuelta de esclavos más célebre

Si bien también había muchos hombres libres en busca de fortuna, las filas de las escuelas de gladiadores se nutrían, sobre todo, con prisioneros de guerra, condenados ad gladium y a trabajos forzados y esclavos destinados a las escuelas por sus amos para que los adiestraran y luego poder usarlos de guardia de corp en sus familias. El adiestramiento diario en la escuela era en muchos casos extremo, pues se requería un gran aguante para soportar una sucesión maratoniana de combates sobre la arena. A cambio, los gladiadores vivían entre grandes comodidades para preservar su salud y podían optar a comprar su libertad en pocos años.
Relieve que muestra a un esclavo en una provincia romana de Asia
Relieve que muestra a un esclavo en una provincia romana de Asia
Los gladiadores eran una clase privilegiada entre los agraviados esclavos, una masa que llegó a suponer más del 20% de la población de toda Roma y estaba expuesta a toda suerte de humillaciones y agresiones por parte de sus dueños. Para empezar porque los gadiadores, a diferencia de un esclavo doméstico, tenían acceso a armas a diario. En el verano del año 73 a.C, un grupo de ochenta gladiadores, encabezados por Espartaco, escapó de la escuela de gladiadores en Capua y se refugió a las faldas del Vesubio, desde donde levantó a miles de esclavos en favor de su causa.
Entre ellos había tracios, celtas, germanos y esclavos de todos los rincones de la República. Apenas tenían armas, pero su fe estaba puesta en la minoría selecta que representaban los gladiadores, con Espartaco y dos celtas, Criso y Enómao, formando un precario grupo de mando.
Espartaco se reveló pronto como un astuto militar que transformó la maraña de hombres y mujeres de distintas tribus en un ejército unido capaz de destrozar a dos ejércitos consulares y, con el tiempo, cualificado incluso para crear talleres propios para equipar a sus fuerzas. No en vano, las mejores tropas de la República romana no se encontraban en la Península Itálica. Los pretores Glodio Glabro y Varinio se vieron sorprendidos al frente de tropas bisoñas, en las laderas del volcánico Vesubio, por un ejército que se alimentaba, no de los esclavos de las grandes ciudades, sino de fugitivos, campesinos, desertores y toda clase de personajes rurales.
Dada la gravedad de la situación, los cónsules en ese momento, Lucio Gelio y Cneo Léntulo, se hicieron cargo en persona de las operaciones. Lucio Gelio se dirigió al sur y derrotó al celta Criso y a sus 20.000 seguidores junto al monte Gargano, en Apulia. Con Clodiano combatiendo a Espartaco en el norte, Gelio reanudó la marcha para apoyar a su compañero de consulado y poner así fin a la revuelta. No obstante, Clodiano cayó derrotado y Espartaco atacó a Gelio. Ni siquiera cuando los dos cónsules unieron sus fuerzas pudieron derrotar al tracio.

Medidas radicales ante la crisis

Alarmado por una de las mayores crisis en su historia, el Senado de Roma encargó a Marco Licinio Craso, uno de los hombres más influyentes y adinerados de la ciudad, que hiciera él frente a la amenaza con su talento militar y, sobre todo, su dinero. Ejerciendo como pretor, Craso comenzó las operaciones desempolvando el arcaico castigo del decimatio a las legiones que habían huido cuando se hallaban al mando de sus predecesores. Este brutal castigo consistía en la elección por sorteo de 1 de cada 10 hombres para ser asesinados a golpes y palos por sus propios compañeros.
Además, cambió la ración de trigo por cebada al 90% de las tropas restantes y las obligó a levantar sus tiendas fuera de los muros de los campamentos del ejército. Estas medidas, que hacían más daño que beneficio a la moral de la tropa, respondían a la gravedad de que un grupo de esclavos se hubiera sublevado en el corazón de la península itálica.
Espartaco y su ejército entraron en contacto con los piratas de Cilicia, quienes prometieron darle una flota para transportar las tropas rebeldes a Sicilia
Al frente de ocho legiones, el pretor sufrió algunos reveses iniciales ante imbatido Espartaco, pero no tardó en ganar terreno a los esclavos y en sacar partido a sus luchas intestinas. Craso derrotó a otro grupo que se había escindido entonces del principal ejército y levantó una inmensa línea de fortificaciones, de unos 65 kilómetros, con el objetivo de encerrar a los esclavos en la punta más extrema de Italia.
Como Adrian Goldsworthy relata en su libro «Grandes generales del Ejército romano» (Ariel, 2005), Espartaco y su ejército, viéndose acorralado, entraron en contacto en el mar Tirreno con los piratas de Cilicia, quienes prometieron darle una flota para transportar las tropas rebeldes a Sicilia con el fin de hacer de la isla un bastión rebelde inexpugnable. Sin embargo, los romanos se percataron de la intención de Espartaco, por lo que sobornaron a los piratas para que traicionaran al esclavo tracio.
El castigo a los esclavos sirvió de mensaje para futuros rebeldes.
El castigo a los esclavos sirvió de mensaje para futuros rebeldes.
En una ocurrencia desesperada, el caudillo rebelde recurrió a una táctica utilizada contra los romanos por el cartaginés Aníbal, otro de los emblemáticos villanos de la historia de Roma. Durante una noche tormentosa, reunió a todas las cabezas de ganado que pudo, colocó antorchas en sus cuernos y las arrojó hacia la zona más vulnerable de las fortificaciones. Los romanos se concentraron en el punto a donde se dirigían las antorchas, pero pronto descubrieron, para su sorpresa, que no eran hombres, sino reses. Los rebeldes aprovecharon la distracción para cruzar la valla por otro sector sin ser molestados.

Un castigo salvaje

Pese a su astuta maniobra, Espartaco se vio obligado a enfrentarse finalmente a las legiones de Craso en terreno abierto. En el comienzo de la acción, en el año 71 a.C, el antiguo gladiador cortó el cuello a su propio caballo, supuestamente capturado a uno de los comandantes romanos antes derrotados, para demostrar que no estaba dispuesto a huir y pelearía con sus hombres hasta el final. Y así fue. Plutarco afirma que el guerrero tracio fue reducido por una decena de hombres cuando trataba de alcanzar la posición de Craso, después de dar muerte a dos centuriones que le salieron a su paso. La mayoría de los rebeldes pereció en la batalla y de los que se rindieron, 6.000 prisioneros adultos, todos fueron crucificados a intervalos a lo largo de la Vía Apia, desde Roma hasta Capua, como advertencia a otros esclavos dispuestos a atacar a sus amos. El cadáver de Espartaco nunca se halló, ni entre los crucificados ni entre los caídos en la batalla.
Plutarco afirma que el guerrero tracio fue reducido por una decena de hombres cuando trataba de alcanzar la posición de Craso
Craso solo pudo celebrar una ovación por su papel en la rebelión y no el deseado triunfo (una entrada solemne en Roma) que tanto deseaba. El Senado le negó este reconocimiento para evitar que Espartaco se convirtiera en un mártir; en tanto, Cneo Pompeyo, que había participado también en la fase final de la campaña, incluyó la victoria en las celebraciones de su segundo triunfo, concedido sobre todo por sus méritos en Hispania. De esta forma, Pompeyo se adueñó injustamente de la mayor parte de la gloria de la victoria de Craso en la rebelión, al derrotar a un par de miles de esclavos cuando ya encontraban huyendo. «Craso había derrotado a los esclavos fugados en una batalla, pero él, Pompeyo, había destrozado las raíces de la guerra», alardeó con más propaganda que verdad el verdugo favorito del dictador Sila. La herida abierta entre ambos protagonizó el escenario político de los siguientes años.

 

Fundamentan por qué el católico debe tomar parte del debate sobre el aborto

San Francisco (Córdoba) (AICA):
 
  “Si una vez dijimos ‘Nunca más’ a las violaciones sobre los derechos humanos, no podemos eludir ir a fondo en esta materia: el derecho a la vida. Las grandes opciones éticas de los pueblos necesitan ser elegidas, una y otra vez, por las personas. Ni son automáticas ni nunca están tomadas, de una vez para siempre. Siempre reclaman nuestra conciencia y libertad”, expresó el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, al fundamentar por qué el católico debe tomar parte del debate sobre la eventual despenalización del aborto.
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, fundamentó por qué el católico debe tomar parte del debate sobre la eventual despenalización del aborto, y aseguró que él y otros miembros de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) están dispuestos a hacerlo.







“¿Aceptar que se habilite el debate de este tema, en el espacio público y en el parlamento, es, sin más, una claudicación de nuestra fe? ¿No queda comprometida la objetiva malicia moral del aborto claramente señalada por el magisterio ordinario y universal de la Iglesia?”, se preguntó el prelado en un comentario en su blog Evangelium Gratiae.

“La Iglesia católica y sus obispos no manejamos la agenda de temas de debate público. Ni tenemos por qué hacerlo. No es nuestra misión ni debe ser nuestro rol de cara a la sociedad. Es cierto que, en ocasiones, la palabra eclesial puede poner de relieve un tema, y hacerlo con espíritu profético. Nunca la fe cristiana, la cultura y la sociedad van a coincidir totalmente. Siempre la fe tendrá oportunidad de ejercer una saludable oposición crítica, señalando verdades incómodas, incluso a destiempo y sin que se lo pidan”, advirtió.

El prelado hizo notar que “autonomía respecto de la Iglesia no significa indiferencia ética” y subrayó: “Nadie puede eludir la responsabilidad de sus propios actos libres y sus consecuencias. La libertad de cada uno coexiste con la de los demás; nuestros derechos son correlativos a nuestros deberes, y todos estamos llamados a contribuir al bien común”.

“Esta dimensión ética que tiene el debate del aborto, como otros similares, es el espacio abierto para que la Iglesia católica, como las otras religiones, puedan ofrecer su particular punto de vista al respecto”, sostuvo.

Tras destacar que “la sociedad argentina, aún con altibajos, ha ido aceptando las reglas de la democracia para regular la convivencia ciudadana y el debate público de temas de interés común”, recordó que “la libertad de conciencia y la libertad de expresión, junto con la libertad religiosa, son pilares sobre los que se asienta la cultura democrática”.

Monseñor Buenanueva pidió no “excluir a nadie” de la discusión federal sobre el tema, y afirmó que “el debate sobre el aborto toca los fundamentos mismos de nuestra convivencia ciudadana: la vida, su dignidad, su intangibilidad, su indisponibilidad y su correlación con la libertad”.

“Si una vez dijimos ‘Nunca más’ a las violaciones sobre los derechos humanos, no podemos eludir ir a fondo en esta materia: el derecho a la vida. Las grandes opciones éticas de los pueblos necesitan ser elegidas, una y otra vez, por las personas. Ni son automáticas ni nunca están tomadas, de una vez para siempre. Siempre reclaman nuestra conciencia y libertad.+



La marcha olvidada con la que el Imperio español arrasó al ejército inglés en el Misisipi

La exposición «Memorias recobradas» (patrocinada por Iberdrola) desembarca en abril en Nueva Orleans con el objetivo de mostrar la importancia de la Corona en la emancipación de las Trec e Colonias durante el siglo XVIII

El pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau, recrea en un nuevo cuadro el tortuoso viaje que acometió Bernardo de Gálvez con un ejército multicultural para conquistar las posiciones cercanas a Baton Rouge

 

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Como ya hicieron en el siglo XVIII los doce millones de reales de vellón que España envió a las Trece Colonias para combatir por su independencia, la exposición «Memorias Recobradas, España, Nueva Orleans, y el apoyo a la Revolución Americana» ha cruzado el Atlántico con el objetivo de recordar a Estados Unidos que la ayuda cedida por Carlos III a los políticos de las barras y estrellas fue más que determinante para que terminaran constituyendo una nación.
«La marcha de Gávez»
«La marcha de Gávez»-AUGUSTO FERRER-DALMAU
[Puedes ver el cuadro en una imagen grande aquí]
La muestra (patrocinada por Iberdrola), que contará con más de 200 obras de arte, mapas, trajes o miniaturas, será inaugurada el 21 de abril en el «Louisiana State Museum» de Nueva Orleans y buscará, además, homenajear a figuras como la del malagueño Bernardo de Gálvez. Un héroe entonces desconocido que (entre otras cosas) marchó a lo largo del Misisipi con un ejército formado en buena parte por hispanos para expulsar a los casacas rojas de la importante posición de Baton Rouge.
Pieza de la exposición (busto de Washington)
Pieza de la exposición (busto de Washington)-L. M. GUERRERO
Según desvela a ABC José Manuel Guerrero Acosta, comisario de la exposición, el principal objetivo de «Memorias recobradas» es revivir una epopeya olvidada. La de muchos españoles que se dejaron la vida por combatir en favor de una nación incipiente a la que, actualmente, es pertinente recordar que no siempre estuvo a la cabeza del mundo. En sus palabras, la muestra pretende ayudar al público local a familiarizarse con esta gran contribución olvidada de la Corona.
A su vez, el responsable afirma que se ha elegido Nueva Orleans como sede porque fue un enclave determinante para nuestro país después de que el renqueante Imperio se posicionara del lado de las Trece Colonias y declarara la guerra a Gran Bretaña en 1779. No en vano, en esta urbe (cedida a España por los galos en 1764) se llegó a sentar el mismo Gálvez como gobernador. «Además, aprovechamos que este año se celebra el centenario de la fundación de la ciudad por parte de los franceses», explica.

Cuatro espacios

«Memorias recobradas» (expuesta hasta el pasado julio en la Torre Iberdrola de Bilbao) contará con cuatro espacios que permitirán a los visitantes conocer la colaboración entre norteamericanos y españoles. «El primero de ellos explica qué sucedía por entonces en la España de Carlos III. Eran tiempos de reformas y de ilustración», señala Guerrero. Con todo, y según el experto, esta primera toma de contacto con la muestra indagará también en «la presencia de nuestro país en América, en Florida, en Luisiana y en el sur de los Estados Unidos» antes del inicio de las hostilidades entre ambos imperios.
Las dos salas siguientes abarcarán los cuatro años en los que se combatió al inglés en el Nuevo Mundo (de 1779 a 1783). «Se explican los antecedentes, los pormenores de la ayuda económica y militar que se envió y, finalmente, la actuación de los españoles más determinantes», completa. El cuarto, para terminar, repasará la importancia de España al otro lado del Atlántico desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Otros héroes

Entre los personajes que serán rememoradas en las salas centrales, Guerrero destaca a Bernardo de Gálvez. Y es que, fue el primer oficial español que, una vez declarada la guerra contra Inglaterra, armó un ejército con el que marchó contra los británicos. «Luego acometería sus aventuras más conocidas como la toma de Pensacola», añade.
Sin embargo, Guerrero también señala a otros grandes olvidados como el vasco Diego María de Gardoqui o el sevillano Francisco de Saavedra. La actuación de este último, de hecho, fue clave para que Estados Unidos venciera en la batalla de Yorktown (la misma en la que el líder británico Charles Cornwallis arrió la bandera). «Saavedra fue un enviado especial de Carlos III que se encargó de gestionar toda la ayuda económica. Sin embargo, se hizo famoso porque proporcionó mucho dinero (más de un millón de pesos) al ejército franco-estadounidense para que sus tropas combatieran en Yorktown», añade el comisario.

Una marcha olvidada

El 18 de mayo de 1779, un mes antes de que España informara oficialmente a Inglaterra del inicio de la guerra y cuatro años después de la declaración de independencia, el gobernador de Nueva Orleans Bernardo de Gálvez reunió un pequeño ejército con el que atacar los puestos defensivos que los británicos tenían en el Misisipi. Por aquellos días apenas disponía de unos pocos hombres del Batallón de Luisiana y algunos piquetes de otros regimientos.
Sin embargo, su popularidad hizo que se unieran a este ínfimo contingente afroamericanos libres, indios chactás, canadienses y varios voluntarios norteamericanos. Aquel ejército multicultural se aventuró a través del Misisipi empujando lanchas cargadas con cañones para, semanas después, conquistar los fuertes de Manchac y Baton Rouge.
Boceto del cuadro «La marcha de Gálvez»
Boceto del cuadro «La marcha de Gálvez»-AUGUSTO FERRER-DALMAU
Aquella fue una marcha que ha sido olvidada pero que, casi tres siglos después, ha vuelto a la vida gracias al nuevo cuadro del pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau. Un precioso lienzo que se convertirá en una de las piezas centrales de la exposición para, después, viajar a Washington y al Guggenheim Partners de Miami. «Es la primera vez que pinto nativos americanos y afroamericanos. Ha sido difícil porque me he tenido que documentar de forma exhaustiva sobre el equipo, la vestimenta y los peinados de los indios de la zona. Y lo mismo a sucedido con los civiles negros», explica el artista en declaraciones a ABC.
En sus palabras, el resultado es una escena que muestra tanto las penalidades que sufrieron los hombres de Gálvez para llegar a su destino, como la camaradería que tenían los diferentes integrantes del contingente a pesar de proceder de lugares tan distintos.
Detalle del cuadro «La marcha de Gálvez»
Detalle del cuadro «La marcha de Gálvez»-AUGUSTO FERRER-DALMAU
Las penurias, en sus palabras, quedan reflejadas en pequeños detalles como un soldado con un tambor que no puede evitar caerse al agua debido a lo abrupto del terreno, o la cara de esfuerzo de dos miembros del contingente mientras tiran de una barca. «Fue horrible para ellos. Durmieron mal, apenas bebieron agua, sufrieron enfermedades de todo tipo...», indica.
Con todo, el popular pintor (que ha sido asesorado durante el proceso de creación por los expertos Luis Sorando, el mismo Guerrero y los Voluntarios de Madrid) señala que, en este caso, la importancia de la pintura la toma el ambiente. «El centro del cuadro es el escenario, es lo que da dureza a la situación. Ningún personaje prima sobre el resto», completa. No obstante, desvela que hay dos sujetos que tienen un papel especial: Gálvez (que monta a caballo) y un indio (el personaje más emblemático de los Estados Unidos).