martes, abril 03, 2018

un viaje humanitario y sanador al cementerio que por fin tiene tumbas con nombres

Fernando de la Orden

Los familiares de 90 argentinos muertos en la guerra de Malvinas y enterrados en el cementerio de Darwin pudieron al fin cerrar el doloroso círculo de la muerte NN.
Esos caídos, que eran "soldados sólo conocidos por dios", ahora yacen identificados, con sus nombres grabados en la piedra.
Así, casi 36 años después unos 200 parientes dejaron ahí lágrimas, ruegos, rosarios, cruces, amor. De todo, menos olvido.
"Mi primer contacto con las islas lo hice desde el aire. Pegado a la ventana del avión viendo partes de ese mapa que tantas veces pintamos en el colegio y forma parte de todos nuestros mapas de la Argentina" dice Fernando de la Orden, fotógrafo de Clarín que registró la muy emotiva ceremonia y otras huellas imborrables que quedaron en las islas.
"Manejé una hora y media hasta el cementerio argentino de Darwin al que en dos días llegarían los familiares de los caídos en la guerra de 1982, para volver a llorar a sus seres queridos cuyos cuerpos recién ahora pudieron ser identificados. Llegué antes que cayera el sol, era un hermoso atardecer lleno de color, doscientas treinta cruces blancas se recortaban bajo un cielo azul y una pradera teñida de naranja.
Lamentablemente el día que llegaron los familiares al cementerio, los organizadores no permitieron estar más allá del estacionamiento.
Pude fotografiar a los familiares cuando caminaban hacia los micros que los separarían de las tumbas de sus seres queridos, para algunos quizá para siempre, por su avanzada edad.
Muchos se arrodillaban en el camino para recoger piedras y hasta tierra de las islas en bolsas de plástico. Las Malvinas son tan importantes para tantos argentinos que yo mismo tuve esos mismos encargos.
Finalmente me permitieron entrar al cementerio, una vez que partió la caravana, y me emocioné al encontrarme con los mensajes llenos de amor que les dejaron a sus seres queridos escritos con esas piedritas sobre sus tumbas: Te amo, Te amamos, Héroes, Paz. Adiviné dos banderas argentinas y un corazón dibujado con piedras". Mucho amor, orgullo y tristeza resistiendo al viento".
Malvinas - El sol se pone detrás de los cerros que rodean la pequeña ciudad Port Stanley Islas Malvinas27-03-2018Foto: Fernando Orden / Enviado Especial FTP CLARIN Atardecer1033.JPG Z DelaOrden
El sol se pone detrás de los cerros que rodean a Puerto Argentino, capital de las Islas Malvinas. (Foto: Fernando de la Orden / Enviado especial)
Foto: Fernando la Orden
Atardece en Malvinas. (Foto: Fernando de la Orden / Enviado especial)
Cementerio argentino de Darwin Islas Malvinas Foto: Fernando la Orden / Enviado Especial
Vista del cementerio. (Foto: Fernando la Orden / Enviado especial)
Familiares de 90 caídos en Malvinas visitan el cementerio argentino DarwinFoto: Fernando la Orden / Enviado Especial
Despedirlos, por fin, como se debe. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Foto: Fernando la Orden
Cruces y emociones. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Familiares de 90 caídos en Malvinas visitan el cementerio argentino DarwinFoto: Fernando la Orden / Enviado Especial
Mensajes claros. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Familiares de 90 caídos en Malvinas visitan el cementerio argentino de Darwin. / Fernando la Orden / Enviado Especial
El mensaje. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Familiares de 90 caídos en Malvinas visitan el cementerio argentino de Darwin. / Fernando la Orden / Enviado Especial
Tenía 20 años, cayó en la defensa final de Puerto Argentino. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Cementerio argentino de Darwin Islas Malvinas.Foto: Fernando la Orden / Enviado Especial
Héroes. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Familiares de 90 caídos en Malvinas visitan el cementerio argentino Darwin. Foto: Fernando la Orden / Enviado Especial
Allá, ellos. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Las huellas de la guerra en los montes Tumbledown y Longdon.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Huellas. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Registros. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Nombres. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Totem Pole un poste que indica la distancia de las islas con distintas ciudades todo el mundo. Entre ellas Libertad Merlo Buenos Aires 1860kmFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
"Totem Pole", un poste que indica la distancia de las islas con distintas ciudades todo el mundo. Buenos Aires: 1.860 kilómetros. ( Fernando de la Orden / Enviado especial)
La hélice del buque de carga Atlantic Conveyor que fue hundido por Fuerza Aérea Argentina en guerra 1982 Cape Pembroke el punto mas al este las islas. Port Stanley Islas Malvinas. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
La hélice del buque logístico "Atlantic Conveyor", hundido por la Aviación Naval el 25 de mayo de 1982. (Foto: Fernando de la Orden / Enviado especial)
Restos de un helicóptero "Chinook" del Ejército Argentino que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 por el Inglés Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero "Chinook" del Ejército Argentino que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 por el Inglés Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero "Chinook" del Ejército Argentino que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 .Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Lo que dejó la guerra. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero "Chinook" del Ejército Argentino que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Huellas en Mont Kent.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero argentino "Puma" que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero argentino "Puma".Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Restos de un helicóptero argentino "Puma" que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Derribado en el 82 frente al monte Kent. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
El Faro de Cape Pembroke esta situado en punto mas al este las islas. Construido siglo 18 como ayuda a la navegacion. Port Stanley Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
El faro Cabo San Felipe se construyó en el siglo XVIII. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Un visitante observa cañón de la Segunda Guerra Mundial frente a entrada Port Stanley Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
Unas de las armas que quedaron. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Restos de un helicóptero argentino "Puma" que fue derribado frente al monte Kent en la guerra 1982 Islas MalvinasFoto: Fernando Orden / Enviado Especial
Otros restos del "Puma". (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Pradera de Ganso un lugar clave la guerra 1982 en las Islas Malvinas nuevas tumbas de los caidos soldados muertos guerra indentificacion identifican con nombre de los soldados. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Pradera del Ganso (o Goose Green), lugar clave en la guerra. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Paisaje de la pradera. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Malvinas. Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
"La paz sólo se puede alcanzar si Argentina". (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Port Stanley Puerto Argentino, Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Bienvenidos a Puerto Argentino. (Fernando de la Orden / Enviado especial)
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon donde se libraron las últimas batallas de la guerra 1982 muy cerca de Puerto Argentino.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Recorrida a pie por los montes Tumbledown y Longdon.Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Puerto ArgentinoCae la noche sobre Foto: Fernando Orden / Enviado Especial
Cae la noche sobre Puerto Argentino Foto: Fernando Orden / Enviado Especial


San Isidoro, el hombre más culto de Sevilla y el más olvidado

La editorial de la Hispalense publica un completo estudio sobre el sabio y arzobispo sevillano

 San Isidoro recoge todo el saber de su tiempo en la primera gran enciclopedia de la historia de la humanidad con su famosa obra las «Etimologías» (627–630). El intelectual, pensador, erudito y sabio se prodigó en estudios y publicaciones de todo tipo: gramáticas, retóricas y dialécticas, semiológicas, jurídicas, históricas, monásticas, astronómicas, música, entre otras. El también arzobispo de Sevilla y doctor de Iglesia supo reunir todo el conocimiento de la Antigüedad en la Edad Media, algo reconocido a nivel internacional. Su actividad y su influencia en toda la vida hispana fue notoria.
La Editorial Universidad de Sevilla acaba de publicar un completo estudio sobre la figura de San Isidoro, realizado por el grupo de trabajo «Scriptorum Isidori Hispalensis», dirigido por el catedrático emérito de Historia Medieval, José Sánchez Herrero, y nacido del Aula de la Experiencia de la institución universitaria.
«El hombre más culto de la historia de Sevilla no puede ser olvidado», dijo el catedrático emérito. «Con esta obra, en primer lugar, queríamos realizar una aportación investigadora y difusora de San Isidoro, y, en segundo lugar, queríamos escribir algo que interesara de manera especial a los sevillanos».
Bajo el nombre de «San Isidoro de Sevilla, en Sevilla», esta obra consta de nueve capítulos en los que se recoge desde una pequeña biografía del personaje puesta al día, hasta el estudio de sus obras (manuscritas e incunables) editadas desde el siglo XVI hasta nuestros días, sin olvidar toda la iconografía diseminada por Sevilla (arquitectura, escultura y pintura) o el traslado de sus restos a León a mediados del siglo XI, con toda la problemática religiosa y política de la época.
El libro estudia con atención algunas de sus obras más importantes, como las «Etimologías», considerada como la primera gran enciclopedia (esta creación se encontraba en las bibliotecas de todos los monasterios de los siglos VIII al XV hispanas y europeas); el concepto de España a través de sus obras históricas («Chronica Mundi e Historia Gothorum, Wandalorum et Sueborum) o los números y su simbología que recogió en «Liber Numerorum». Se completa con otros capítulos dedicados a conocer si se trata de un pensador antisemita, a través de su obra «De fide catholica contra iudeos»; a la ciencia y a su transmisión, especialmente en «De natura rerum».
Además trata de dejar claro el lugar de nacimiento de San Isidoro. Para algunos autores es sevillano de nacimiento y para otros, de adopción. José Sánchez Herrero, en el capítulo dedicado a su breve biografía, señala que, aunque sus hermanos nacieron en Cartagena, Isidoro —el más pequeño— nació ya en Sevilla, ciudad a la que se trasladó toda la familia. También muere en la capital hispalense en su palacio arzobispal en el 636.

La importancia del erudito

El objetivo final de este libro, y de ahí su énfasis en el título, es que tenga una resonancia especial en Sevilla para que los sevillanos conozcan mejor a su eminente y culto paisano —de hecho, se le llamó el Hispalense durante la Edad Media— y valoren en su medida la importancia de esta figura y a la cultura que Sevilla proporcionó en los siglos VI y VII a Europa. Y, todo ello, 500 años antes de la fundación de la primera universidad (Bolonia), siete siglos para la fundación de la primera en España (Salamanca) y casi un milenio para la aprobación de la Universidad de Sevilla. El libro está disponible en todas las librerías de la ciudad y en la página web de la Editorial de la US.


El exorcista de Padua

Es un intelectual de prestigio que ha sido catedrático en la Universidad Gregoriana. Afirma que el diablo existe y actúa de forma activa en la vida cotidiana. Asegura haber hablado con él en los exorcismos y dice que no puede soportar el amor. Este sacerdote ha curado a cientos de posesos en Italia

 Sante Babolin, sacerdote, semiólogo y catedrático de Filosofía, ha dedicado la última década de su vida a luchar contra el diablo en la diócesis de Padua. Babolin es un intelectual que ha escrito una docena de libros, entre los que destaca un tratado de exorcismo, publicado en 2014, que se ha convertido en una referencia sobre esta práctica.
El religioso italiano, que nació en 1936 en Padua, es un hombre jovial y amable, que no elude el contacto con los medios de comunicación. «El mal no es una abstracción. Nunca he dudado de la existencia real del diablo. El Maligno no sólo seduce a individuos, es capaz de hacerlo con pueblos y culturas», afirma.
Babolin ha practicado centenares de exorcismos con éxito, aunque es cauto y reconoce que en el 98% de los casos que se le presentan no existe posesión por el demonio sino que se trata de trastornos mentales como la esquizofrenia. Subraya que él es sólo un instrumento de Cristo, cuyo poder es quien realmente exorciza el mal.
A su experiencia en esta actividad, el sacerdote de Padua añade un impresionante historial académico porque es licenciado en Teología y Filosofía. Realizó su tesis doctoral en la Sorbona de París sobre estética, ha sido secretario de la Asociación Nacional de Profesores de Filosofía y, durante mucho tiempo, ejerció la cátedra de Filosofía de la Cultura en la prestigiosa Universidad Gregoriana de Roma.
«El Maligno no descansa, está siempre actuando. Y tienta al hombre con el dinero, el éxito, con lo inmediato», asegura. Para Babolin, el diablo es hoy más fuerte que nunca por la creciente dificultad para distinguir entre el bien y el mal que existe en la sociedad contemporánea.
Babolin asegura haber tenido una comunicación directa con Satanás a lo largo de los procedimientos de exorcismo. En uno de los casos, un frustrado demonio le confesó: «No soporto a los que aman». En otra ocasión invocó a la Virgen de Guadalupe para curar a un joven poseso mexicano. Y contó que el Maligno, con un gesto de frustración, exclamó: «Antes de ella, todo esto era mío» (en referencia a México).
Siguiendo la doctrina tradicional de la Iglesia, Babolin sostiene que el diablo y los demonios eran seres que adoraban a Dios, pero que, en un determinado momento, se volvieron malos, cegados por su ambición. Desde entonces, su objetivo es apartar al hombre del Todopoderoso.
Babolin explica que la advocación a la Virgen María es lo que provoca mayor rechazo del diablo, porque la madre de Dios encarna la idea del amor más abnegado y de la pureza. Y eso el Maligno no lo soporta.
Asegura también que el poseso puede hablar en lenguas muertas o demostrar unos conocimientos enciclopédicos porque es el diablo el que mueve su lengua. Expulsado del alma y finalizado el exorcismo, la víctima no recuerda nada.

Pasión del Señor: Experimentar el “amor de donación” en nuestra vida

Homilía del P. Raniero Cantalamessa el Viernes Santo
Francisco adora la Santa Cruz, Viernes Santo 30/03/2018 © Vatican Media
Francisco adora la Santa Cruz, Viernes Santo 30/03/2018 © Vatican Media
(ZENIT – 30 marzo 2018).- “Jesús en la cruz no sólo nos ha dado el ejemplo de un amor de donación llevado hasta el extremo; nos ha merecido la gracia de poderlo ejercitar, en pequeña parte, en nuestra vida”, ha explicado el padre Raniero Cantalamessa.
El predicador de la Casa Pontificia ha pronunciado la homilía de la celebración de la Pasión del Señor, presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro.
“El agua y la sangre que brotaron de su costado llegan a nosotros hoy en los sacramentos de la Iglesia, en la Palabra, aunque sólo mirando con fe al Crucificado”, ha indicado el P. Cantalamessa.



A las 17 horas, este Viernes Santo, 30 de marzo de 2018, el Pontífice ha presidido en la Basílica Vaticana la celebración de la Pasión del Señor.

Durante la Liturgia de la Palabra se ha leído el relato de la Pasión según Juan. Luego el Predicador de la Casa Pontificia, el P. Raniero Cantalamessa, franciscano capuchino, ha pronunciado la homilía.
La Liturgia de la Pasión continuó con la Oración universal y la adoración de la Santa Cruz y concluyó con la Santa Comunión.
RD
A continuación, publicamos la homilía del P. Raniero Cantalamessa.
***
«QUIEN LO HA VISTO DA TESTIMONIO DE ELLO» 
Predicación del Viernes Santo 2018, en la Basílica de San Pedro 


Al llegar donde estaba Jesús, viendo que ya estaba muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con una lanza le atravesó el costado, e inmediatamente salió sangre y agua. Quien lo ha visto da testimonio de ello y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis (Jn 19, 33-35).
Nadie podrá nunca convencernos de que esta solemne declaración no corresponda a la verdad histórica, que quien dice que estaba allí y vio, en realidad no estaba allí y no vio. En este caso se juega en ello la honestidad del autor. En el Calvario, a los pies de la cruz, estaba la Madre de Jesús y, junto a ella, «el discípulo que Jesús amaba». ¡Tenemos un testigo ocular!
Él «vio» no sólo lo que ocurría bajo la mirada de todos. A la luz del Espíritu Santo, después de la Pascua, vio también el sentido de lo que había sucedido: que en ese momento era inmolado el verdadero Cordero de Dios y se realizaba el sentido de la Pascua antigua; que Cristo en la cruz era el nuevo templo de Dios, de cuyo costado, como había predicho el profeta Ezequiel (47,1ss.), brota el agua de la vida; que el espíritu que él entrega en el momento de la muerte (Jn 19, 30) da comienzo a la nueva creación, como «el Espíritu de Dios», aleteando sobre las aguas había transformado, al principio, el caos en el cosmos. Juan, entendió el sentido recóndito de las últimas palabras de Jesús: «Todo está cumplido».



Pero, ¿por qué —nos preguntamos—, esta ilimitada concentración de significado en la cruz de Cristo? ¿Por qué esta omnipresencia del Crucificado en nuestras iglesias, en los altares y en cualquier lugar frecuentado por cristianos? Alguien ha sugerido una clave de lectura del misterio cristiano, diciendo que Dios se revela «sub contraria specie», bajo lo contrario de lo que él es en realidad: revela su potencia en la debilidad, su sabiduría en la necedad, su riqueza en la pobreza…
Esta clave de lectura no se aplica a la cruz. En la cruz Dios se revela «sub propia specie», por lo que él es, en su realidad más íntima y más verdadera. «Dios es amor», escribe Juan (1 Jn 4,10), amor oblativo, y sólo en la cruz se hace manifiesto hasta dónde se abre paso esta capacidad infinita de auto-donación de Dios. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1); «Tanto amó Dios al mundo que dio (¡a la muerte!) al Hijo unigénito» (Jn 3,16); «Me amó y entregó (¡a la muerte!) a sí mismo por mí» (Gál 2,20).
* * *
En el año en que la Iglesia celebra un Sínodo sobre los jóvenes y quiere ponerlos en el centro de la propia preocupación pastoral, la presencia en el Calvario del discípulo que Jesús amaba, encierra un mensaje especial. Tenemos todos los motivos para creer que Juan se adhirió a Jesús cuando todavía era bastante joven. Fue un auténtico enamoramiento. Todo el resto pasó de golpe a segunda línea. Fue un encuentro «personal», existencial. Si en el centro del pensamiento de Pablo está el obrar de Jesús, su misterio pascual de muerte y resurrección, en el centro del pensamiento de Juan está el ser, la persona de Jesús. De ahí todos esos «Yo soy» de resonancias eternas que salpican su Evangelio: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», «Yo soy la luz», «Yo soy la puerta», simplemente «Yo soy».


Juan era, casi con certeza, uno de los dos discípulos del Bautista que, al comparecer en la escena de Jesús, fueron detrás de él. A su pregunta: «Rabbì, ¿dónde vives?», Jesús respondió: «Venid y veréis». «Fueron, pues, y ese día se quedaron con él; eran aproximadamente las cuatro de la tarde» (Jn 1,35-39). Esa hora decidió sobre su vida y por eso nunca la olvidó.
Justamente nos esforzaremos en este año por descubrir qué espera Cristo de los jóvenes, qué pueden dar a la Iglesia y a la sociedad. Lo más importante, sin embargo, es otra cosa: es hacer conocer a los jóvenes lo que Jesús tiene que aportarles. Juan lo descubrió estando con él: «vida en abundancia», «alegría plena».
Hagamos que en todos los discursos sobre los jóvenes y a los jóvenes resuene en el trasfondo la apremiante invitación del Santo Padre en la Evangelii gaudium: «Invito a todo cristiano, en cualquier lugar y situación que se encuentre, a renovar hoy mismo


su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de buscarlo cada día sin descanso. No hay motivo para que alguien pueda pensar que esta invitación no es para él» (EG 3). Encontrar personalmente a Cristo también es posible hoy porque él está resucitado; es una persona viva, no un personaje. Todo es posible después de este encuentro personal; nada cambiará realmente en la vida sin él.
* * *
Además del ejemplo de su vida, el evangelista Juan dejó también un mensaje escrito a los jóvenes. En su Primera Carta leemos estas conmovedoras palabras de un anciano a los jóvenes de sus Iglesias:
«Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno. ¡No améis el mundo, ni las cosas del mundo!» (1 Jn 2,14-15)
El mundo que no debemos amar, y al cual no debemos someternos, no es, lo sabemos, el mundo creado y amado por Dios, no son los hombres del mundo a cuyo encuentro, por el contrario, siempre debemos ir, especialmente a los pobres, a los últimos. El «mezclarse» con este mundo del sufrimiento y de la marginación es, paradójicamente, el mejor modo de «separarse» del mundo, porque es ir allá donde el mundo evita ir con todas sus fuerzas. Es separase del principio mismo que rige el mundo, es decir, el egoísmo.


No, el mundo que no hay que amar es otro; es el mundo tal como ha llegado a ser bajo el dominio de Satanás y del pecado, «el espíritu que está en el aire» lo llama san Pablo (Ef 2,1-2). Un papel decisivo desempeña en él la opinión pública, hoy también literalmente espíritu «que está en el aire» porque se difunde por el aire a través de las infinitas posibilidades de la técnica. «Se determina un espíritu de gran intensidad histórica, al que el individuo difícilmente se puede sustraer. Nos atenemos al espíritu general, lo consideramos evidente. Actuar o pensar o decir algo contra él es considerado cosa absurda o incluso una injusticia o un delito. Entonces no se osa ya situarse frente a las cosas y a la situación, y sobre todo a la vida, de manera diferente a como las presenta»1.
Es lo que llamamos adaptación al espíritu de los tiempos, conformismo. Un gran poeta creyente del siglo pasado, T.S. Eliot, escribió tres versos que dicen más que libros enteros: «En un mundo de fugitivos, la persona que toma la dirección opuesta parecerá un desertor»2.
Queridos jóvenes cristianos, si se le permite a un anciano como Juan dirigirse directamente a vosotros, os exhorto: ¡Sed de los que toman la dirección opuesta! ¡Tened la valentía de ir contra corriente! La dirección opuesta, para nosotros, no es un lugar, es una persona, es Jesús nuestro amigo y redentor.
Se os confía particularmente una tarea a vosotros: salvar el amor humano de la deriva trágica en la que ha terminado: el amor que ya no es don de sí, sino sólo posesión —a menudo violenta y tiránica— del otro. En la cruz Dios se reveló como ágape, amor que se dona. Pero el ágape nunca está separado del eros, del amor de búsqueda, del deseo y de la alegría de ser amado. Dios no nos hace sólo la «caridad» de amarnos: nos desea; en toda la Biblia se revela como esposo enamorado y celoso. También el suyo es un amor «erótico», en el sentido noble de este término. Es lo que explicó Benedicto XVI en la encíclica «Deus caritas est».

 

«Eros y agapé —amor ascendente y amor descendente— nunca llegan a separarse completamente […]. La fe bíblica no construye un mundo paralelo o contrapuesto al fenómeno humano originario del amor, sino que asume a todo el hombre, interviniendo en su búsqueda de amor para purificarla, abriéndole al mismo tiempo nuevas dimensiones» (nn.7-8).
No se trata, pues, de renunciar a las alegrías del amor, a la atracción y al eros, sino de saber unir al eros el ágape, al deseo del otro, la capacidad de darse al otro, recordando lo que san Pablo refiere como un dicho de Jesús: «Hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20,35).
Es una capacidad que no se forja en un día. Es necesario prepararse para donarse totalmente uno mismo a otra criatura en el matrimonio, o a Dios en la vida consagrada, empezando por donar el propio tiempo, la sonrisa y la propia juventud en la familia, en la parroquia, en el voluntariado. Lo que muchos de vosotros silenciosamente hacéis.
Jesús en la cruz no sólo nos ha dado el ejemplo de un amor de donación llevado hasta el extremo; nos ha merecido la gracia de poderlo ejercitar, en pequeña parte, en nuestra vida. El agua y la sangre que brotaron de su costado llegan a nosotros hoy en los sacramentos de la Iglesia, en la Palabra, aunque sólo mirando con fe al Crucificado. Juan vio proféticamente una última cosa bajo la cruz: hombres y mujeres de todo tiempo y de cada lugar que miraban a «quien fue traspasado» y lloraba de arrepentimiento y de consuelo (cf. Jn 19, 37; Zac 12,10). A ellos nos unimos también nosotros en los gestos litúrgicos que seguirán dentro de poco.
_______________________
[1] H. Schlier, Demoni e spiriti maligni nel Nuovo Testamento, in Riflessioni sul Nuovo Testamento (Paideia, Brescia 1976) 194s. [2] T. S. Eliot, Family Reunion, part II, sc. 2: «In a world of fugitives – The person taking the opposite direction – Will appear to run away». © Traducción del original italiano Pablo Cervera Barranco

Genealogía de los Reyes Españoles


Et nox sicut dies illuminabitur

Redacciónpublicado el

Es la Pascua. El día que ha hecho el Señor para nuestro regocijo y para nuestra alegría: “Haec dies quam fecit Dominus: exultemus el laetemur in ea” (in Off. Domin. Resurrect.).
Apenas se han apagado los ecos del Praeconium paschale y aún perdura en nuestro ánimo un motivo particular, entre los muchos que se siguen unos a otros, entrelazándose y fundiéndose en ardiente armonía. Después de invitar al regocijo a la muchedumbre angélica de los cielos, a la tierra y a la santa madre Iglesia y a todos los pueblos, la atención del canto litúrgico se detiene en la noche que precedió a la Resurrección del Señor. Verdadera noche, noche de pasión, de angustia, de tinieblas; pero con todo, noche bendita; vere beata nox; porque fue la única que tuvo el mérito de conocer el tiempo y la hora en la cual Cristo resucitó de la muerte; pero especialmente porque de ella fue escrito: “et nox sicut dies illuminabitur”. Una noche que preparaba el amanecer y el esplendor de un día luminoso; una angustia, una tiniebla, una ignominia y una pasión, que preparaban la alegría, la luz, la gloria y la resurrección.
  Considerad, amados hijos, lo que sucede en una noche de tempestad. Parece que a la Naturaleza, trastornada, le ha llegado su última hora, sin esperanza alguna. No tiene el caminante extraviado ni siquiera la débil luz de las estrellas lejanas para recobrar la confianza y la dirección; las plantas, las flores y toda palpitación de vida se halla sumergida como en una sombra de muerte. ¿Cómo lograr despertar el canto y el perfume? Todo esfuerzo parece inútil: los seres no se distinguen en la obscuridad; no es posible encontrar de nuevo el camino; las palabras se pierden en la borrasca enfurecida.
Con todo, allí están todos los elementos; en los terrones mismos del campo hay un estremecimiento de espera; las semillas gimen sufriendo; los pájaros del aire tienen quietas las alas, deseosas de elevarse en un vuelo libre: pero nada se puede mover.
Mas he aquí que hacia el oriente una tenue claridad aparece; el fragor del trueno se calma; el viento disipa las nubes y aparecen sonrientes las estrellas; es la aurora. El peregrino se detiene; una sonrisa reaparece en su rostro cansado, mientras su ojo ardiente se ilumina de esperanza. El cielo se arrebola; se suceden con rápido ritmo los colores, que poco a poco se blanquean; un último estremecimiento, un destello, un resplandor: es el sol. Se mueve la tierra, se despierta la vida, se eleva un canto.
También la noche que precedió a la Resurrección de Jesús fue noche de desolación y de llanto, fue noche de tinieblas. Sus enemigos estaban satisfechos de haber por fin encerrado en la tumba al “seductor del pueblo”. Herido el Pastor, la pequeña grey había sido dispersada. Los amigos de Jesús, desolados y desconcertados, se ven obligados a esconderse por temor a los escribas y fariseos. Jesús está en la tumba. Sus restos mortales yacen sobre la fría roca y todo su cuerpo está todavía llagado; sus labios enmudecieron. ¿Qué quedan ya de sus palabras, que sabían animar, confortar e iluminar, palabras tan llenas de majestad y sabiduría? ¿Dónde está su imperio sobre los vientos y las tempestades; dónde su poder para eludir las insidias diabólicas de sus enemigos o para hacer frente con valentía a su furor? ¿Dónde está su poder de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos? Todo (parecía) ha terminado; y con Él han quedado sepultados en la tumba no sólo los proyectos ambiciosos de algunos, sino también las discretas esperanzas de muchos. Todo ha terminado -van murmurando los hombres- y en sus voces se ve la expresión de una desesperada tristeza. Todo ha terminado, parece que responden las cosas.
Sin embargo, quien hubiese podido mirar más allá de la piedra que cerraba el sepulcro, hubiera tenido la impresión de que los ojos de Jesús no habían sido cerrados por la muerte sino por el sueño; no había signos de corrupción en sus miembros y su rostro conservaba aún muy visibles las señales de su belleza sobrehumana, de su infinita bondad. Después de su muerte, el cuerpo de Jesús, como su alma, permaneció unido al Verbo, a la divinidad, que vive y obra en aquellos miembros. No muy lejos, en una casita modesta y silenciosa, arde una llama de fe que nunca se apaga: María espera llena de confianza a Jesús.
He aquí que la tierra tiembla; el ángel baja del cielo, aparta la pesada piedra que cierra el sepulcro, y se sienta majestuoso y sereno sobre ella. Los soldados huyen y van a dar bruscamente a los enemigos de Jesús la primera prueba de su ardiente derrota. Ya es el alba.
María Magdalena está corriendo casi sin saber adónde, movida por un amor que no admite pausas ni reflexión: ahí está, súbitamente, como desmayada ante Jesús, que la saluda con infinita ternura. Las piadosas mujeres, con el corazón alborotado por el anuncio que les había hecho el ángel, encuentran también a Jesús y vuelan a anunciar la resurrección a los apóstoles, para hacerles partícipes de su alegría, de su paz. Mientras tanto, Pedro ha recibido del Señor, con una señal inefable, la certeza de su perdón. Y Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y encuentra a los apóstoles; los conforta, los tranquiliza, les deja su paz. Después vuelve para reavivar la fe de Tomás. Ocho días antes, en el camino de Emaús, Él había acompañado a dos discípulos desolados y se les había manifestado en el acto de partir el pan.
La noche terminó: con ella se acabó la angustia, se acabó el temor; desaparecieron las dudas; las tinieblas se iluminaron; ha vuelto la esperanza. De nuevo resplandece el sol. Se eleva un canto festivo: Resurrexit, alleluia.
¡Oh María, que lo viste resucitado; María a quien la primera aparición de Jesús quitó la angustia inenarrable causada por la noche de la Pasión; María, a Vos te ofrecemos las primicias de este día! Para ti, Esposa del divino Espíritu, nuestro corazón y nuestra esperanza. ¡Así sea!
Pío XII, Mensaje “Urbi et Orbi” de Pascua 1957

Millones de argentinos rechazaron el proyecto de despenalización del aborto

Marcha por la Vida en la Ciudad de Buenos Aires
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Buenos Aires (AICA):
En el marco del Día del Niño por Nacer, se realizaron en cientos de ciudades del país marchas a favor de la vida y en contra del proyecto de ley sobre la despenalización del aborto. Según estimó la organización, participaron alrededor de dos millones de personas en todo el país. En Buenos Aires, unas ciento cincuenta mil marcharon desde Plaza Italia hasta la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
Millones de argentinos marcharon en todo el país para manifestarse a favor de la vida, en el marco del Día del Niño por Nacer que se celebra hoy, 25 de marzo, y en coincidencia con el Domingo de Ramos.
Rechazar el proyecto de ley sobre la despenalización del aborto y clamar por soluciones integrales al cuidado de la mujer embarazada y del niño por nacer fueron los principales objetivos de las marchas, que se llevaron a cabo en más de ciento cincuenta localidades.
En Buenos Aires, alrededor de 150.000 personas –según estimó la organización- caminaron desde Plaza Italia por la avenida Sarmiento y Libertador hasta la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde había un escenario dispuesto al frente.
Conducido por los locutores Rolando Vera, María Ester Sánchez y Víctor Balseiro, se realizó un acto en el que la doctora Soledad Otazua explicó detalles del proceso de desarrollo de un bebé, utilizando como ejemplo un modelo a escala gigante de un bebé de 12 semanas de gestación que acompañó la marcha.
Luego, médicos vestidos con sus guardapolvos blancos leyeron un manifiesto por la vida y recordaron su juramento hipocrático. Aplaudidos por el público, los doctores aseveraron que “hay vida humana desde el momento de la fecundación”, y que “ese embrión recién formado constituye un ser humano independiente”. De ese modo, “cualquier maniobra que dañe o destruya dicho embrión estará quitando la vida de un ser humano independientemente de la semana en la cual se realice”, criticaron.
“Dañar de cualquier forma un ser humano vivo con la intención de terminar su vida bajo ningún aspecto constituye un acto médico”, advirtieron y aclamaron: “Ni el estado ni nadie puede obligar a ningún agente o profesional de la salud a realizar prácticas que estén en contra de su objeción de conciencia”.
A continuación, venida desde Norteamérica, Patricia Sandoval dio su testimonio sobre su trabajo en la clínica abortista estadounidense ‘Planned Parenthood’ y lo que vivió tras realizarse un aborto. “El aborto es un acto de violación”, declaró y explicó que “cuando una chica es violada y queda embarazada, un aborto no sana sino que repite esa violación”, tras relatar un caso especial de aborto en el que asistió como parte de su trabajo.
También, reclamó que “hoy en día los niños no son los únicos que no tienen voz”. Con el aborto, “los hombres también no la tienen”, señaló.
El cantante católico Maxi Larghi acompañó el encuentro con algunas canciones, seguidas de testimonios de personas que narraron diversas experiencias, tales como madres solteras que desistieron de abortar, de mujeres que sufrieron violaciones y de personas que decidieron adoptar.
“Querer el aborto es lavarnos las manos como sociedad y no ayudar a las madres y a los bebés por nacer”, exclamaron desde el escenario y se pidió que “acompañemos a las mujeres, especialmente aquellas que atraviesan un embarazo no deseado”.
“Dale la oportunidad a ese ser que tenés adentro tuyo de que nazca”, pidió a estas mujeres una madre que adoptó el hijo de una adolescente de 14 años que quedó embarazada tras una situación de violencia.
Finalmente, la doctora Cecilia Otero habló del síndrome del posaborto y la marcha concluyó con las palabras de Alejandro Geyer, coordinador nacional de la marcha.
Durante la manifestación se recordó que la iniciativa no respondió a ningún partido ni credo, motivo por el que no hubo representantes políticos ni vinculados a ninguna religión en el escenario. Sin embargo, se vio una notable presencia de católicos y evangelistas, así como gente de otros credos o aconfesionales.
Las movilizaciones en las provincias del país también tuvieron una gran adhesión, estimado por el coordinador nacional en un total de dos millones de personas, sumando las grandes y pequeñas ciudades como Córdoba capital, Villa María, Río Cuarto, Necochea, Brandsen, Tres Arroyos, Bahía Blanca; San Fernando del Valle de Catamarca, Resistencia (Chaco), Goya (Corrientes), Puerto Madyrn y Esquel (Chubut); Paraná, Concordia y Concepción del Uruguay (en Entre Ríos); Formosa capital; Santa Rosa (La Pampa); Mar del Plata; y Mendoza, Malargüe, General Alvear, San Rafael y Tupungato (Mendoza); Posadas (Misiones), Neuquén; San Carlos de Bariloche, General Roca y Cipolletti (Río Negro); Salta, Santa Fe capital y Rosario; Santiago del Estero; San Luis capital y Villa Mercedes; San Miguel de Tucumán; Las Heras (Santa Cruz); la capital de La Rioja; Ushuaia y Río Grande, entre otras.+

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