La Caridad sin Verdad sería ciega, La Verdad sin Caridad sería como , “un címbalo que tintinea.” San Pablo 1 Cor.13.1
jueves, junio 29, 2017
Boudou, un desprolijo serial
Amado Boudou durante una marcha en Buenos Aires (DyN)
Recién casados, se mudaron al departamento B del primer piso del
edificio de Lavalle 2253, casi en la esquina de la avenida Colón, frente
al mar. Un semipiso de cuatro ambientes con dependencia en una
superficie de 200 metros cuadrados en el que la pareja convivió durante
los cuatro años que duró el matrimonio. "Fueron durante estos 4 años que
habitaron un departamento de características singulares por su
extensión (más de 200 metros cuadrados) y cuyo precio al valor de hoy
ronda los 400.000 dólares, conforme lo acreditamos con la tasación que
al efecto realizara una prestigiosa inmobiliaria de la ciudad. Este
inmueble, según dichos del licenciado Amado Boudou, fue adquirido por
medio de un boleto de compraventa de fecha 30 de junio de 1997 al señor
Víctor Ciccarelli, y formaba parte de la sociedad conyugal al momento de
su disolución, sin que hasta la fecha se haya informado su
destino",escribió Eduardo Andriotti Romanin, abogado de Andriuolo, según
se desprende del expediente que tramitó en el Juzgado de Primera
Instancia en lo Civil y Comercial 11 después de la demanda iniciada en
octubre del 2010 por la mujer, que reclamaba una justa división de
bienes.
Boudou no solo ocultó a su ex
mujer la división de ese departamento que le adquirió a Ciccarelli, un
conocido de la familia Boudou. Sino que durante el tiempo que lo habitó
adeudó expensas e impuestos municipales. Pagaba los servicios de tanto
en tanto. Ciccarelli hasta habría intentado desalojarlo: la propiedad
seguía a su nombre porque la transacción nunca se había plasmado en los
papeles. Hubo deudas impagas de por medio. Y reiteradas intimaciones por
parte del consorcio del edificio, a muy pocas cuadras del departamento
que ahora ordenan rematar de José María "Nariga" Núñez Carmona, socio
del ex vicepresidente, en una de las zonas más exclusivas de Mar del
Plata, como revela Infobae.
Boudou es un deudor serial.
Fanático de la desprolijidad. A principios del mes pasado, el ex
ministro de Cristina Kirchner se sentó por primera vez en el banquillo
de los acusados en Comodoro Py, en el juicio oral y público ante el
Tribunal Oral en lo Criminal Federal 1 por la falsificación de los
papeles de una cupé Honda Civic del Sol '92, que el ex funcionario
inscribió años más tarde en un domicilio inexistente y cuyo ingreso a su
patrimonio difirió según las declaraciones juradas presentadas ante la
Oficina Anticorrupción durante su paso por la administración pública.
Según Andriuolo, no fue otra cosa que una maniobra para no compartir los
bienes tras el divorcio, decretado el 17 de marzo de 1998.
Amado Boudou durante una audiencia judicial (Adrián Escandar)
El ex vicepresidente es tan desprolijo como creativo. En uno de sus
viejos documentos, fijó domicilio en el 3365 de la avenida Costanera, en
la ciudad de San Bernardo, en el Partido de la Costa, donde fue
secretario de Hacienda y Finanzas entre el 2003 y el 2006. En esa
dirección no había nada: solo médanos. Después cambió a
la calle Zado al 3200, en el barrio porteño de Villa Urquiza, donde
nunca vivió. El año pasado, cuando empezó a tramitar la pensión
correspondiente por su paso por la Vicepresidencia, tardó meses en darle
prolijidad a los trámites.
Más allá
de sus reiterados descuidos inmobiliarios y patrimoniales, la osadía
mayor de Boudou lo encontró en la cima del poder K. Fue tan evidente
que, como con el resto de sus maniobras, fue descubierto e irá a juicio.
"Amado Boudou, junto a José María Nuñez Carmona, habrían adquirido la
empresa quebrada y monopólica Ciccone Calcográfica, mientras Boudou era
ministro de Economía, a través de la sociedad The Old Fund y de
Alejandro Vandenbroele, con el fin último de contratar con el Estado
Nacional la impresión de billetes y documentación oficial", escribió el
juez federal Ariel Lijo cuando lo procesó por cohecho y negociaciones
incompatibles, en junio del 2014, por el caso Ciccone.
lunes, junio 26, 2017
EVANGELIO DEL DIA
Santos Juan Fisher y Tomás Moro, mártires
San Juan Fisher, obispo, y santo Tomás Moro, mártires, que, por
haberse opuesto al rey Enrique VIII en la controversia sobre su
matrimonio y sobre la primacía del Romano Pontífice, fueron encarcelados
en la Torre de Londres, en Inglaterra. Juan Fisher, obispo de
Rochester, varón conocido por su erudición y por la dignidad de su vida,
por mandato del rey fue decapitado este día frente a la cárcel, y Tomás
Moro, padre de familia de vida integérrima y presidente del consejo
real, por mantenerse fiel a la Iglesia católica murió el día 6 de julio,
uniéndose así al martirio del obispo.
San Juan Fisher, obispo, (1469 - 1535) y Santo Tomás Moro, seglar, (1477 - 1535), mártires.
Juan Fisher nació el año 1469; fue hijo de un modesto mercero de
Beberly, en el condado de York (Inglaterra); estudió teología en
Canbridge, fue ordenado presbítero, por privilegio, cuando solo contaba
veintidós años, y a los treinta y cinco ya era Vicecanciller de la
Universidad.
Consumado humanista, fundó los Colleges de Cristo y de san Juan,
amplió bibliotecas y fundó cátedras con la ayuda de Lady Margaret, madre
de Enrique VII. Erasmo llegó a afirmar que no había en el país «hombre
más culto, ni obispo más santo». Fue nombrado obispo de Rochester en
el año 1504, cargo que ejerció con una vida llena de austeridad y de
entrega pastoral, visitando con frecuencia a los fieles de su grey. Se
mostró como decidido apologista antiprotestante.
Mantuvo una postura firme y clara ante los proyectos de Enrique VIII
sobre su anulación matrimonial, defendiendo la validez y la
indisolubilidad del contraído con la reina Catalina de
Aragón. Miembro de la Cámara de los Lores, arremete contra ciertas
medidas anticlericales y hace añadir una cláusula fatalmente restrictiva
al nombramiento de Enrique VIII como Cabeza de la Iglesia en
Inglaterra.
Su actitud le llevó a estar dos veces en la cárcel, a sufrir
atentados e intentos de asesinato y a soportar bajas calumnias. Por su
negativa a prestar el juramento de Supremacía, se le encarceló en la
Torre de Londres, le despojaron de su título episcopal y declararon a
Rochester «sede vacante». Tomás Moro nació el año 1477, y completó sus
estudios en Oxford; se casó y tuvo un hijo y tres hijas. Ocupó el cargo
de Canciller del reino. Intimo compañero y amigo personal del rey
Enrique VIII, abogado distinguido, notable humanista de gran cultura,
amigo de Erasmo, cariñoso padre de familia, caballero simpático por su
buen humor y, además católico fervoroso.
Cuando vio que era incompatible con su religión el juramento de
sumisión a Enrique como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, presentó su
dimisión, intentando vivir una vida tranquila con su familia, sin más
complicaciones. Pero fue apresado y metido en la Torre de Londres. A
todos los esfuerzos de sus amigos para convencerle de que debía prestar
su juramento contestó sencillamente que no podía reconciliarlo con su
conciencia. Cuando su propia mujer le insiste a hacerlo por lo que
ella juzgaba que era bien para su casa, le contestó: «¿Cuántos años
crees que podría vivir en mi casa?» «Por lo menos veinte, porque no eres
viejo», le dijo ella. «Muy mala ganga, puesto que quieres que cambie
por veinte años toda la eternidad». Escribió varias obras sobre el arte
de gobernar y en defensa de la religión.
Ambos, por haberse opuesto al rey Enrique VIII en la cuestión de su
pretendida anulación de matrimonio, fueron decapitados el año 1535: Juan
Fisher el día 22 de Junio, Tomás Moro el día 6 de Julio, después de
quince meses de cárcel donde escribió «Diálogo en tiempo de
tribulación». El obispo Juan Fisher, mientras estaba en la cárcel, fue
designado cardenal por el Papa Pablo III Oremos
Señor, tú que has querido que el martirio sea el supremo testimonio
de la fe, concédenos, por la intercesión de los santos Juan Fisher y
Tomás Moro, ratificar con nuestra vida la fe que profesamos con nuestros
labios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
La Macedonia de Alejandro Magno, los orígenes del temible imperio que nació entre las cabras
La tierra de Filipo II y Alejandro Magno es
una gran desconocida en España más allá de la campaña de conquistas que
estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa. El libro
«Macedonia: la cuna de Alejandro Magno» pretende remediar este vacío
Vídeo: El misterio de la tumba de Alejandro Magno
Un
reino de pastores de cabras y jinetes de frontera pasó en cuestión de
un siglo a convertirse en el imperio más grande conocido hasta entonces
en Occidente. La Macedonia de Filipo II y Alejandro
Magno es una gran desconocida en España más allá de la campaña de
conquistas que estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa.
Para remediar este vacío, el periodista especializado en historia,
arqueología y patrimonio Mario Agudo Villanueva ha publicado recientemente «Macedonia: la cuna de Alejandro Magno»
(Colección DSTORIA- Antigua) sobre la evolución económica, política y
religiosa de «este pequeño pero decisivo reino de la Antigüedad».
–Los
atenienses consideraban a los macedonios unos bárbaros, aunque hoy se
estime su historia irrenunciablemente helena, ¿por qué de esta
contradicción?
–Macedonia no era a nivel cultural y político igual
que el resto de Grecia. Todas las polis griegas tenían su propia
idiosincrasia, pero es que Macedonia además era un reino. El rey tenía
el poder absoluto, tanto político, militar como religioso. Su clima y su
paisaje eran distintos, rodeados de montañas y en una planicie aluvial.
Lo que les concedía mucha vegetación y riqueza minera y ganadera... Los
rituales también eran muy distintos. Sus tradiciones de enterramiento
con piras funerarias eran más propias de tiempos heroicos. Además, los
jóvenes macedonios tenían que pasar por un ritual de acceso a la edad
adulta que consistía en matar un animal por sus propios medios. Tenían
valores arcaicos a ojos del resto de Grecia. Desde Atenas no los
consideraban griegos y se los cita frecuentemente como bárbaros. Lo más
curioso es que hoy es al revés. La historia de Macedonia es algo
irrenunciable para los griegos actuales como consecuencia del impacto de
la figura de Alejandro.
–Tal vez la primera pregunta es, ¿qué se consideraba griego en aquel periodo?
–Sí
usamos a Atenas como la propagadora del ideal griego, pues los
macedonios estaban lejos de serlo. Pero es que ellos tenían una
Democracia y su propia variante del idioma griego. Cada polis era
distinta. Sabemos que el reino de Macedonia tenía la aspiración de ser
considerados griegos, pero cabe preguntarse si eso fue real o fue una
construcción propagandística posterior para justificar en tiempos de
Filipo II su dominio sobre Atenas. La dinastía Argéada, que reinaría
hasta la muerte del hijo de Alejandro Magno,
presumía de tener un origen tebano (tres tebanos que emigraron hacia el
norte), lo que demuestra cierto interés por vincularse con el mundo
griego de alguna manera. También hay que tener en cuenta que varios
reyes macedonios abrieron su corte a la llegada de intelectuales de
polis griegas, como ocurrió con el rey Arquelao allá por el siglo cuarto
antes de Cristo con la llegada del escultor Calímaco o el gran
Eurípides. Eso sí demuestra claramente que mantenían interés por
acercarse a la cultura griega.
–Tradicionalmente se presenta a Macedonia como una sociedad muy belicosa, poco interesada por la cultura.
–Los
macedonios eran bastante aguerridos, entre otras cosas porque tenían
vecinos terribles: los tracios en el norte y los ilirios por el oeste.
Su posición estratégica, estando en la ruta terrestre entre Europa y
Asia, y teniendo grandes cantidades de la madera fundamental para la
flota ateniense; los situaba en un terreno bélico de primer orden y les
involucró en muchos conflictos. De hecho, fue en las guerras del
Peloponeso donde empezaron a despuntar un poquito. Pero eso no significa
que no tuvieran también cierta vida cultural, con una orfebrería
avanzada, exquisitos relieves, tallados de marfil… El problema es que
cómo las fuentes son atenienses pues siempre se presentan deformados los
macedonios y los tracios; porque en otro tiempo fueron sus enemigos.
–El filósofo Aristóteles era macedonio y rompe con esta idea de un pueblo de cabreros.
–Aristóteles
es el caso más conocido. Nació en Estagira, un territorio que estaba
cambiando de manos cada pocos años, pero que en tiempos de Aristóteles y
su padre, el médico Nicómaco,
quedó férreamente en manos macedonias. A Aristóteles le pesó ser
macedonio a ojos de los atenienses y preceptor de Alejandro Magno. De
hecho cuando Alejandro murió el filósofo se fue de Atenas.
–¿Cuándo y cómo se convirtió este reino de cabreros en una potencia militar?
–Hubo una serie de pasos previos. Alejandro I, un rey macedonio en tiempos de las Guerras Médicas,
se movió con cierta astucia y apareció en los textos como un filoheleno
(esto demuestra, de nuevo, que no eran considerados griegos). Macedonia
entró con él en el primer plano de la historia de Grecia. Por su parte,
el rey Arquelao reformó el Ejército y acogió a intelectuales griegos.
Pero el salto definitivo es sin duda con Filipo II, el padre de
Alejandro, cuando se gestó la hegemonía sobre Grecia. Alejandro no se
puede entender sin la figura de su padre y es muy probable que no
hubiera podido llegar tan lejos sin él.
–¿En qué consistieron los cambios encabezados por Filipo II?
–Filipo
II heredó un reino en descomposición asediado por todos sus vecinos y
lleno de peligros. Con astucia, habilidad diplomática y tácticas
militares reunificó el reino, amplió sus fronteras y preparó la campaña
asiática. Logró en la batalla de Queronea vencer a Tebas y Atenas,
siendo el dominador del escenario político griego. Cuando Filipo fue
asesinado por un tema de intrigas amorosas, había ya tropas macedonias
en Asia. Filipo marcó el camino a Alejandro.
–¿Qué tenía diferente el ejército macedonio respecto al resto de griegos?
–En
sus orígenes el ejército macedonio era en su mayoría caballería, con
buenos jinetes y excelentes caballos. Su infantería no era poderosa y no
tuvo un ejército en garantías hasta las reformas militares de Arquelao y
de Filipo II.
Filipo había sido rehén en Tebas y se había dado cuenta de que había
otras formas de guerrear más allá de la caballería. Añadió a la buena
caballería una poderosa infantería equipada con sarisas, que eran unas
largas picas de 3 a 7 metros de longitud. El mayor peso de la pica se
compensó con una reducción en el peso del escudo macedonio, que algunos
autores apuntan que se inspiró en el tradicional escudo tracio.
Asimismo, Filipo entrenó mucho a sus soldados y mejoró sus tácticas.
Creó así la imbatible falange macedonia.
Otro de los éxitos
macedonios es que fueron incorporando a otras fuerzas auxiliares a su
ejército, como la caballería tesalia; y luego unidades procedentes del
Imperio persa, ya en tiempos de Alejandro Magno.
–¿Da usted crédito a la idea de que Alejandro estuvo detrás del asesinato de su padre?
–A
Filipo II le mató un amante llamado Pausanias por despecho, según las
crónicas. No podemos saber lo que ocurrió realmente por la falta de
materiales y testimonios. Alejandro salió beneficiado, pero eso era
lógico. En el libro cuento que Filipo II nuncas dudó de que su hijo le
sucedería y cuando salió a hacer sus campañas fuera de Macedonia le dejó
de regente, lo cual fue alabado por los emisarios extranjeros, a los
que el joven les dejó alumbrados. En su cabeza era la única posibilidad
de sucesión, pues era el más preparado y capaz.
–Filipo II fue
asesinado y a la muerte de Alejandro también sus herederos y su madre
fueron perseguidos, ¿por qué tenía la monarquía macedonia esta tendencia
a las intrigas violentas?
–Hay ciertas turbulentas en la historia
de Macedonia, con varios reyes en poco tiempo. Estaban en una zona muy
peligrosa y era fácil que murieran en combate. No obstante, a partir de
Filipo II si hubo cierta continuidad. Y en general desde que reinó la
dinastía Argéada hubo más estabilidad, incluso más que en la democracia
ateniense. Los macedonios consideraban a esta dinastía los padres
fundadores de la patria, sin los cuales no hubiera existido el reino
como tal. La dinastía era sólida dentro de las turbulencias.
–¿Cree usted que con Filipo II la campaña asiática hubiera llegado a buen puerto o carecía del talento de su hijo?
–Aquí
entramos en el terreno de la historia ficción. Filipo II era un gran
estratega, un buen político, un hábil diplomático y el diseñador del
inicio de la campaña. El día de su muerte había destacamentos a punto de
cruzar a Asia. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido. Alejandro tenía un
carácter diferente en algunas cosas a su padre, con el que tenía una
relación de hostilidad y admiración a partes iguales. Eran diferentes y a
la vez iguales.
Retrato de Filipo II de Macedonia en una medalla de la victoria–¿Alejandro tenía alguna idea de cómo gestionar el imperio creado o solo era un conquistador?
–Es
un debate siempre abierto. Yo creo que Alejandro sí tenía una idea para
gestionar este imperio. Fue adoptando las estructuras administrativas
del imperio persa, las satrapías, y fue asumiendo decisiones sobre los
territorios. Él se preocupaba por la gestión de estos territorios más
allá de la campaña de conquista, aunque fuera para su explotación o para
dejar a sus heridos. No es que tuviera una preocupación cosmopolita de
expandir el helenismo, sino desde una perspectiva macedonia tenía
preocupaciones muy inminentes.
–Hay quien dice que Alejandro terminó obsesionado con Asia y alejándose de Macedonia.
–Sí, hay una tendencia a presentar a Alejandro como la víctima de un
hechizo persa, fascinado por esta cultura, pero en verdad tenemos la
certeza de que se comportó como un macedonio hasta su muerte. Cuando
falleció su amigo Hefestión
mandó construir una pira funeraria como ordenaba el rito habitual de
los macedonios. Además, se hacía acompañar de adivinos y él dirigía los
sacrificios en persona. Para su pueblo, el poder del rey se lo daban los
territorios que hubiera conquistado y cómo se comportaba, no el título
en sí. Y aunque hay una evolución en su personalidad durante la campaña,
lo cierto es que reinó como un macedonio toda su vida.
Dos historias para conocer La Salada: la extraña muerte de su fundador y la primera coima de Jorge Castillo
Jorge Castillo fue detenido ayer por la Policía. Se resistió a los tiros.
En esta nota, un resumen de dos capítulos que sirven para graficar cómo
se construyó el millonario botín con el que los investigadores se
encontraron en las oficinas y en la casa de Castillo. El primero gira en
torno a la extraña muerte de Gonzalo Rojas, uno de los fundadores del predio. El segundo repasa cómo consiguió Castillo la habilitación municipal para
que su feria funcionara todos los días pese al rechazo de los otros dos
grandes jugadores con los cuales se repartió el poder en la gigantesca
feria.
La Salada, de Ediciones B. El libro de Nacho Girón
Cuando René Gonzalo Rojas Paz sintió los cordones cerrándose de manera
infalible alrededor del cuello que alguna vez había sido robusto, hubo
un profundo alivio y un profundo dolor. Dolor, porque el boliviano
pionero y líder natural, fundador de las ferias que se instalaron en la
zona conocida como La Salada, moría de la manera menos esperada:
ahorcado en una celda individual minúscula en el corazón de la cárcel de
Ezeiza. Alivio, porque los tormentos que venía sufriendo en las últimas semanas habían superado el límite de la crueldad:
además de las denuncias por golpes, reducción a servidumbre,
quemaduras, consumo forzado de distinta clase de pastillas y hasta
intentos de violación, se sumaba el hecho de que su psiquis se había
partido en varios pedazos.
El agente
gritó el apellido "Rojas" son mirar la pequeña puerta con visor
transparente. Repitió el llamado, pero no obtuvo respuesta. Entonces,
entró. El administrador de Urkupiña estaba sentado en el suelo, con las
piernas estiradas, la espalda apoyada sobre la pared lateral derecha y
la cabeza caída hacia adelante. De la parte inferior de una repisa
empotrada nacía el nudo de dos cordones de tela blanca que terminaban en
el cogote del detenido. Gonzalo ya no respiraba.
La heroica muerte de Gonzalo Pizarro «el Largo», el padre «bastardo» del conquistador del Perú
En su testamento reconoció hasta a seis de
la tropa de hijos bastardos que acumuló a lo largo de su vida, pero
nunca mostró interés por Francisco Pizarro
Gonzalo Pizarro fue uno de los capitanes que asistieron al Gran Capitán en la batalla de Ceriñola - Museo del Prado
A Gonzalo Pizarro Aguilar, hidalgo procedente de Trujillo (Extremadura),
le apodaron «El Largo» por su gran envergadura; «El Tuerto» por haber
perdido un ojo en las guerras de Granada» y «El Romano» por haber
luchado en Italia durante las campañas del Gran Capitán.
Y sin embargo, la historia apenas lo recuerda si acaso como el padre
del conquistador del Perú, Francisco de Pizarro, al cual nunca reconoció
como hijo suyo ni mostró interés por conocerle.
Nacido en 1458,
Gonzalo procedía de la rama trujillana de los Pizarro, familia cuyo
prestigio era creciente en Extremadura por su participación en la Reconquista. Como explica la historiadora María del Carmen Rubio en su libro «Francisco Pizarro, el hombre desconocido»,
el escudo familiar reflejaba a dos osos intentando alcanzar las piñas
de un pino sobre un suelo de pizarro, y de ahí el apellido. Si bien no
era una de las familias principales de la ciudad, sí gozaba de prestigio
y decían proceder de uno de los nobles que luchó con don Pelayo en la batalla de Covadonga, allá en los albores de la Reconquista.
En
la posterior Guerra de Granada, entre 1481 y 1492, el militar extremeño
ganó protagonismo, perdió un ojo y todavía tuvo tiempo de obtener el
grado de capitán
Desde joven el hidalgo se mostró inclinado
por la vida militar de sus ancestros y pronto abandonó Trujillo por
Badajoz para intervenir probablemente en la batalla de la Albuera, en 1479, que puso fin a la guerra que mantuvieron los Reyes Católicos contra las fuerzas del Rey de Portugal, aliadas con Juana La Beltraneja.
En la posterior Guerra de Granada, entre 1481 y
1492, el militar extremeño ganó protagonismo, perdió un ojo y todavía
tuvo tiempo de obtener el grado de capitán. «Siendo alférez, y dando
cara por los de su compañía, desafiados colectivamente por los moros de Loja y Vélez Málaga,
[...] peleó tres veces, a pie y a caballo, en duelo singular, y tres
veces salió vencedor», según se refieren las Informaciones tramitadas en
1529 para otorgar el hábito de Santiago al conquistador del Perú.
La carrera militar de un hombre de acción
Las
guerras en la Península foguearon el carácter de Gonzalo Pizarro, pero
fue en Italia donde se haría un auténtico soldado, al frente de la
infantería que iba a dominar los campos de batalla europeos durante casi
dos siglos. Pizarro «El Largo» combatió junto al Gran Capitán contra las tropas francesas de Carlos VIII
que habían ocupado Nápoles en 1496. Después de siglos de luchas
internas, las fuerzas españolas mostraron al fin a Europa las virtudes
de su infantería y el Gran Capitán recuperó para la Corona de Aragón sus tradicionales posesiones italianas en Sicilia y Nápoles. Este primer conflicto entre España y Francia terminó con el tratado de Granada (1500) y supuso un nuevo ascenso para el hidalgo.
Ese mismo año, el Gran Capitán y su infantería de confianza zarparon desde Málaga hacia Cefalonia,
en manos turcas, pero una nueva ofensiva francesa forzó a la armada
española a dirigirse a Nápoles otra vez. Y aunque también aquí el
general cordobés estaba en inferioridad, se valió del terreno y la
superioridad de su infantería, germen de los Tercios castellanos, para
volver a expulsar a los franceses de Nápoles y Sicilia. Por las crónicas
escritas por Antonio Rodríguez Villa consta que «El
Largo» no fue un soldado más en estas acciones, sino uno de los
capitanes de confianza del Gran Capitán. Estuvo presente, entre otras
acciones, en las batallas de Ceriñola (abril de 1503), Garellano (a finales de ese año), Gaeta (el 2 de enero de 1504) y en la defensa del cerco de Rocaseca. Al final de esta segunda intervención española en Italia, aparece mencionado ya con el rango de coronel.
Durante
un lustro el coronel extremeño permaneció en Trujillo poniendo en orden
sus asuntos. En 1512, sorprendió a sus vecinos y a su familia
regresando, con 66 años, a la vida militar a propósito de la guerra por anexionar Navarra a la Corona de Castilla. El II Duque de Alba
dirigió la conquista de Navarra en un tiempo exprés, mientras que el
Gran Capitán permanecía en un segundo plano por decisión de un
desconfiando Fernando «El Católico» y sus capitanes se ponían a disposición de otros comandantes. Gonzalo Pizarro se alistó junto al Duque de Nájera,
nombrado virrey del reino conquistado, si bien los combates fueron
escasos y el veterano coronel apenas tuvo tiempo de recrearse con el
olor a pólvora por la mañana.
La guerra de conquista fue breve,
pero a partir de entonces Navarra se convirtió en un nuevo frente de las
guerras intermitentes entre Francia y España. Ya en tiempos de Carlos
I, un ejército francés formado por 12.000 infantes y 800 caballeros
invadió el reino, recuperando para la dinastía depuesta de los Albret
tanto Pamplona, donde el futuro San Ignacio de Loyola quedó gravemente herido, como Tudela y Estella.
Gonzalo Pizarro permaneció al lado del virrey en esta ofensiva, que
hizo las veces de carta de presentación para una de las grandes
rivalidades del siglo XVI. Carlos I de España contra Francisco I de Francia; el emergente imperio de la Edad Moderna
contra el poderoso reino medieval... En paralelo a una nueva ofensiva
en Italia, Francisco I logró sorprender a su enemigo íntimo en Navarra e
incluso sitió Logroño hasta penetrar en Burgos.
Un testamento sin Francisco
Antes de que se produjera la reacción castellana, el avance francés se extendió hasta tierras burgalesas y se llevó la vida de Gonzalo Pizarro. Durante el asedio francés a la Peña de Amaya,
en agosto de 1522, el veterano coronel fue herido de gravedad.
Trasladado a Pamplona, ya liberada de los franceses, nada pudieron hacer
los médicos y Pizarro murió a finales de ese año. En un primer momento
fue enterrado en la iglesia de San Francisco de Pamplona,
para ser trasladado luego por su hijo Hernando hacia la iglesia de La
Zarza. Este traslado definitivo de sus restos hacia la iglesia de San
Francisco de Trujillo tuvo lugar después de 1557, cuando se pudieron
reunir al lado de los de su noble esposa doña Isabel de Vargas. Retrato de Francisco PizarroGonzalo se había casado el 29 de julio de 1503 con una prima suya llamada Isabel de Vargas,
de cuyo matrimonio nacieron tres hijos. Su vida familiar fue escasa,
dada su intensa carrera militar, y abundantes fueron los hijos
ilegítimos que dejó a su paso. En su testamento reconoció hasta a seis
de estos hijos bastardos, entre ellos dos que procreó con una molinera de la Zarza. No así al conquistador Francisco Pizarro,
al que por alguna razón desconocida nunca reconoció ni quiso conocer.
El hijo nació como consecuencia de un galanteo breve o una relación
fugaz (incluso se ha insinuado una violación) del militar con una joven
llamada Francisca González, «la Ropera», durante las fiestas organizadas en 1478 para festejar la derrota de Juana La Beltraneja.
Se
desconoce si el padre del futuro conquistador Francisco Pizarro
combatió en algún momento junto a su hijo bastardo en Italia, pues
también él se embarcó en 1495 en esta aventura militar, tal vez
queriendo emular la carrera de su prestigioso progenitor. El viaje del
natural de Trujillo a América en 1499 puso un océano de por medio entre
padre e hijo y evitó que pudieran coincidir en más ocasiones.
Jorge Lanata: "Si volviera el kirchnerismo iríamos para atrás 20 años, sería un desastre"
“Ellos
ven que es el último tren, que se mueren”, consideró el periodista.
Además, fiel a su estilo, analizó la historia reciente de la Argentina,
desde los 70 hasta el gobierno de Mauricio Macri
18 de junio de 2017
Sin filtros ni eufemismos, el reconocido periodista y escritor, Jorge
Lanata, opinó sobre los grandes temas de la historia reciente de la
Argentina: la generación del 70, el peronismo, el kirchnerismo, la
"grieta" y la gestión del presidente Mauricio Macri.
"Creo que la generación del 70 nos arruinó. Realmente nos cagó la vida. Nos mintieron", consideró al analizar la virtud de la capacidad de evolucionar en cuanto al pensamiento: "Por suerte cambié, gracias a Dios. Si no, me tendría que pegar un tiro".
Ya analizando la coyuntura, advirtió que "la grieta es lo peor que nos pasa
y va a tardar en cerrarse". Además, sostuvo que el jefe de Estado "no
está atacando las enfermedades fundamentales de la Argentina".
Las frases más destacadas de Jorge Lanata en la edición impresa de la revista de La Nación:
Su carrera profesional
– "Con Página 12
me empecé a dar cuenta de eso, de que la gente me envidiaba. Es muy
rara la sensación porque conmigo hay un microclima: me quieren y me
odian. Y a veces por los mismos motivos".
– "¡El año pasado han llegado a decir que Lanata no es periodista! ¡Lo
único que no se puede decir de mí es que no soy periodista, si es lo
único que soy! ¿Cómo puedo explicar una declaración así, si no es por la
envidia? Me la paso discutiendo con tipos que no hicieron ni el diez
por ciento de lo que hice yo".
¿Soy capaz de dispararle a un tipo desarmado en un sótano? Mi respuesta es no. ¿Y Verbitsky? Verbitsky sí.
– "Para mi Página dejó de salir hace mucho, es una mueca de lo que fue. No puede ser un diario vinculado al poder. El sinónimo de Página es libertad, no es obedecer.
Nació como un espacio pluralista donde realmente había de todo. Hoy
tengo más diferencias que antes con (Horacio) Verbitsky, pero no quiere
decir que antes no las tuviera. De hecho, en ese momento, tenía grandes
diferencias con la generación del 70, y ahora tengo más. Entre otras
cosas porque tengo 56 y no soy igual que a los treinta. Por suerte
cambié, gracias a Dios. Si no, me tendría que pegar un tiro".
El peronismo
– "Tenemos que poder hablar con libertad del fascismo que tuvo el
peronismo, del apoyo a los nazis durante el peronismo, de la censura
durante el peronismo, sin sentirnos culpables".
La generación del 70
– "Yo creo que la generación de los 70 nos arruinó la vida. Realmente
nos cagó la vida. Nos mintieron. Los que nos decían que los chicos
pioneros en La Habana estaban ahí levantando el puño y diciendo: Seremos
como El Che. Los Montoneros, el ERP, los que sean. Sabato decía que,
durante tu vida, vas pasando por diferentes etapas, pero al final todo
se divide en una lucha entre el bien y el mal. Yo
llegué a esta pregunta: ¿Soy capaz de dispararle a un tipo desarmado en
un sótano? Mi respuesta es no. ¿Y Verbitsky? Verbitsky sí. Es ésa la
diferencia. Todo lo demás es anécdota. Yo estaba ahí. Página jamás fue un diario que reivindicara la lucha armada".
¿Qué consolida al kirchnerismo? Que ellos ven que es el último tren. Que se mueren.
– "Muchos de los que integraron las organizaciones armadas y esa
generación piensan igual que entonces, por eso existió el kirchnerismo. ¿Qué consolida al kirchnerismo? Que ellos ven que es el último tren. Que se mueren. La generación de Horacio González y toda esta gente".
Tapa del nuevo libro de Lanata.
Creo que llevamos mucho tiempo autoengañándonos y eso se tiene que terminar.
El kirchnerismo
– "Si volviera el kirchnerismo iríamos para atrás 20 años. Sería un desastre. Vos no podés hacer política en un mundo que ya no existe más, cuyos aliados eran Venezuela e Irán. Es una locura.
Hoy parece que nos hubiéramos despertado de un mal sueño, ¡pero fue
raro que fuera tan largo y no nos despertáramos antes! Evidentemente
algo kirchneristas somos porque si no, no hubiera pasado. Mirá la época
de la dictadura: había mucha gente que estaba de acuerdo y mucha otra
que no, pero que no hicieron nada para sacarla hasta muy tarde. En otros
países sí hicieron, como los cacerolazos de Uruguay o la Iglesia
brasileña que estaba en contra. Hicieron más cosas que nosotros.
Acá de la dictadura se salió más que nada por Malvinas, ni siquiera por
nosotros. Creo que llevamos mucho tiempo autoengañándonos y eso se
tiene que terminar. Digamos la verdad: ¿estás en contra de tal cosa? Sí, estoy en contra".
La "grieta"
– "Yo insisto en que la grieta es lo peor que nos pasa y va a tardar en
cerrarse. Es lo más difícil de superar. Hasta ahora tengo razón porque
todos quieren dejar de hablar, pero nadie deja de hacerlo".
Tengo con Macri un diálogo buenísimo porque él se banca lo que pienso,
no le hablo pensando que estoy ante el Presidente sino frente al que
conozco hace treinta años.
Mauricio Macri
– "Yo
voté a Macri, nunca lo había votado antes. Pero no sé si volveré a
votarlo, dependerá de las circunstancias. Yo no soy de Cambiemos.
A nivel personal tengo con Macri un diálogo buenísimo porque él se
banca lo que pienso, no le hablo pensando que estoy ante el Presidente
sino frente al que conozco hace treinta años. Eso es bueno. Publiqué
varias notas en contra de Macri y lo critiqué por cosas que realmente
creo que estaban mal. Macri podría haber hecho una multipartidaria para
hacer un ajuste más sensato y que no caiga sobre los sectores más pobres
y no lo hizo y ahora se le pasó el momento. Cuando asumió no dijo que
estábamos quebrados y debería haberlo dicho porque la bomba nunca
explotó. Entonces a la gente le contaron que había una bomba. No es lo
mismo".
– "Lo
otro que me desilusiona es que Macri no está atacando las enfermedades
fundamentales de la Argentina. Por ejemplo, que el país gasta más de lo
que gana. Ahora la guita la pedimos afuera, pero sigue pasando.
Eso tiene que ver con que Macri no es un líder político, es un
dirigente. Discutí mucho con él en privado sobre las demandas de la
gente y las acciones del político. Él cree que no hay que poner en
agenda más que las demandas manifiestas de la gente y yo pienso que es
totalmente al revés".