Durante la gobernación filipina el monarca español supo atenuar el rechazo que supuso su llegada al trono portugués. Se preocupó por mantener la identidad del país natal de su madre y tuvo en cuenta los intereses de los portugueses
Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar
.
Antes de agregar la corona portuguesa a la castellana tuvo que ganarse
el apoyo de los nobles lusos después de acabar con las opciones al trono
de otro de los aspirantes, Antonio Prior de Castro, en la batalla de
Alcántara (agosto 1580) comandada por el duque de Alba
. Felipe pasó de Badajoz a Elvas el 5 de diciembre de 1580 y se marchó de Lisboa el 11 de febrero de 1583
.
Durante ese tiempo se comportó como un portugués más, por su forma de
vestir, de comer, los horarios y tuvo siempre presente los intereses de
Portugal, tierra natal de su madre, la emperatriz Isabel
.
“Admiro mucho la figura de Felipe II de España, que gobernó Portugal
durante 18 años”, comienza por explicar a ABC el profesor e historiador
luso Carlos Margaça Veiga, miembro del consejo de la Academia Portuguesa
de la Historia y autor de varios libros, entre ellos “La herencia
filipina en Portugal”
.
“Le admiro por el modo como intentó y buscó atenuar el rechazo
portugués hacia él porque no le aceptaban, sobre todo los populares
aunque la adhesión o rechazo hacia Felipe fuese transversal en todos los
estratos sociales”, puntualiza
. Y es que los populares veían en el bastardo Prior do Crato a su rey, siendo además un hombre muy amable y próximo al pueblo
.
No existen dudas de que Felipe II tenía derecho a la corona portuguesa
De lo que hoy no existen dudas es que Felipe II tenía derecho a la corona portuguesa
.
“Durante mucho tiempo esto no se reconoció por mucha influencia de un
cierto nacionalismo, de una cierta rivalidad entre Portugal y España”,
aclara el historiador
. “Hoy los especialistas que estudian derecho dinástico lo reconocen”, añade
.
Felipe era hijo de Doña Isabel, hija mayor de Don Manuel I, y por
derecho de progenitura primero estaba Juan III y después era Isabel
.
“Se buscaron muchos argumentos y hubo una auténtica batalla jurídica
que movilizó una enorme cantidad de letrados y universidades”, recuerda
el profesor
. “Obviamente quien tenía más poder económico más movilizaba y atraía más apoyos
. Y Felipe, de lejos, fue quien tuvo más juristas a su lado”, aclara
.
Una vez lograda la deseada unión ibérica, Carlos Margaça Veiga
resalta el hecho de tratarse de una agregación del reino de Portugal a
España
. “Agregar es juntarse, se unieron la corona de Portugal con la corona de Castilla, no con España
. Anexar es más fuerte porque implica un dominio y todavía hoy se habla del dominio filipino durante 60 años
. Se debe tener el cuidado de hablar de la gobernación o dinastía filipina, porque es lo correcto”, aclara
.
No se puede olvidar que en esta unión ibérica también hubo un
componente militar, una invasión, “y esa parte dolió a los portugueses,
porque habíamos salido de la humillación de Alcazarquivir, con la muerte
del rey, y volvemos a ser humillados por la invasión de España por el
duque de Alba”, puntualiza el historiador
.
“Él era muy inteligente y no quería herir a los portugueses, era un
gran político y entendía que el vencedor no debía humillar excesivamente
al vencido”, afirma Carlos
.
Por eso durante muchos años no permitió que se publicase en portugués
el relato de las victorias españolas sobre los portugueses
.
A pesar de todo, durante mucho tiempo la figura y el papel de Felipe
II fue rechazado por los portugueses “porque existió una mentalidad
nacionalista que fue muy fuerte y también influyó la fuerza de la
leyenda negra que corría por toda Europa y que tuvo su efecto en
Portugal”
.
Sin embargo, a partir de 1940, cuando se celebraron los tres
centenarios de la Restauración del reino (1 diciembre 1640), “comienza a
aparecer una historiografía menos intoxicada de estos ingredientes, que
se basa en documentos”, reconoce el historiador luso
. “Hoy todavía hay una cierta generación que sigue hablando del dominio español pero ha disminuido la agresividad”, añade
.
También se debe distinguir, dentro del periodo filipino, la figura de
Felipe II con la de sus sucesores, Felipe III y IV (Felipe II y III de
Portugal)
. “Ellos no tenían la misma sensibilidad que Felipe II y además fueron los tiempos de los validos”, puntualiza
.
Identidad portuguesa
Felipe II tuvo siempre la preocupación de mantener la identidad portuguesa
.
“Ningún rey del siglo XVI llevó tan lejos las libertades concedidas a
un reino conquistado como lo hizo Felipe II”, afirma Carlos Veiga
.“Fue
bastante generoso”. Entre otras cosas, porque permitió que los
portugueses tuviesen acceso al comercio de las Américas al cual Aragón
no accedía
.
Y es que el cariño y afecto que sentía por Portugal era evidente al
tener madre portuguesa y al ser nieto del gran Don Manuel I, con quien
se vivió el gran esplendor portugués
.
“Felipe concretiza un proyecto que viene desde la edad media, el de
hacer coincidir la unión geográfica con la política”, recuerda el
historiador, “Don Manuel tiene un sueño imperial y Felipe II tiene el
mismo sueño que el abuelo”
.
Aunque muchas veces se haya olvidado ignorado, “Felipe II tuvo muchas
actitudes y medidas que se inspiraban en su abuelo materno y en la gran
emperatriz Isabel, su madre, tan querida por los españoles”
.
Isabel hablaba a su hijo en portugués y tuvo una dama de compañía lusa, Leonor de Mascarenhas
. Además en la corte española había un grupo importante de portugueses
.
Y Felipe (quien perdió a su madre con 12 años) tuvo siempre en cuenta
la importancia del portugués, de ahí que en las cartas que escribía a
sus hijas desde Portugal pidiese que el pequeño Diego estudiase la
lengua de Camões
.
“En el siglo XVI era muy normal el bilingüismo. En el estatuto de Tomar
la lengua queda politizada y toda la documentación relativa a Portugal
era en portugués, aunque se emitiese en Castilla”, recuerda el profesor
.
Armonía del reino
Felipe II logró la armonía y la aceptación a nivel nacional del país y se sirvió de las cortes para conseguirlo
. “Se sintió portugués, fue un rey inteligente con larga experiencia gobernativa desde 1556”, resalta Carlos Margaça Veiga
. Felipe II atendió a la aristocracia pero se preocupó por todos
. Por ejemplo, “tuvo la habilidad de retribuir a los procuradores que iban a las cortes
. Por primera vez bajó las ayudas de coste del viaje, que normalmente lo hacían los ayuntamientos”
. “Se fue transmitiendo la simpatía por Felipe II”
.
En Portugal pasó a estar rodeado de portugueses
.
“Comía al modo portugués, se vestía como los portugueses, le servían
portugueses aunque en los viajes tenía miedo de algún atentado, que
nunca se produjo”, admite el historiador
.
Fueron muchos los que le pidieron que volviera a Portugal cuando se
instaló en El Escorial, “la niña de sus ojos, con sus libros y sus
cuadros”
. Incluso el cardenal Granvelle le dijo que se transfiriese la corte para Lisboa convirtiéndola en la capital”
.
Lisboa filipina
“Creó una Lisboa filipina que recordase al rey”, afirma Carlos Veigas
. Destacan varios monumentos, el primero de ellos el Paço da Ribeira, el paseo manuelino
.
Después la iglesia de San Vicente de Fora. Felipe mandó traer los
restos de Don Sebastián del norte de África, y los restos del rey Don
Henrique, realizando grandes ceremonias fúnebres
.
“Así daba inicio a una nueva dinastía”. Y también se encuentra el
fuerte de San Julián da barra de Lisboa, que lo amplió, y la torre del
Bugio o fortaleza de San Lorenzo de la cabeza seca”
. Una vez más se ve la devoción que sentía por San Lorenzo ya que venció la batalla contra los franceses el día de san Lorenzo
.
Herencia filipina
Son muchos los aspectos que se pueden destacar de la gobernación de Felipe II que dejó como herencia al país vecino
.
“Sobre todo el buen gobierno de Felipe II, fue un buen gobernante, en
la justicia, su principal obligación, creando incluso un Supremo
Tribunal en Oporto”, explica el profesor de historia
.
También fue muy escrupuloso con los temas fiscales, “creó el consejo de
Hacienda y concentró una serie de organismos fue modernización que duró
hasta el liberalismo”
.
Se preocupó igualmente con la legislación, “revisó las ordenaciones
manuelinas y mandó crear las ordenanzas filipinas que perduraron hasta
el final del siglo XIX”
.
Otro punto importante fue la defensa del imperio ultramarino para lo
cual mandó crear muchas fortalezas, entre ellas la de Setúbal, Azores y
Cabo Verde
. “No descuidó la defensa del imperio ultramarino porque era también una cuestión de prestigio”, afirma el historiador luso
.
Como curiosidad cabe recordar que Felipe II cogió madera de la
embarcación lusa Cinco Chagas, cuando estaba en ruinas, para mandar
construir un crucifijo en el Escorial (que no es el actual) y su
sarcófago
.