lunes, julio 23, 2012

NOTA NECROLÓGICA DE KIRCHNER

NOTA NECROLÓGICA DE KIRCHNER PUBLICADA POR LA MASONERÍA
 
 
¡¡¡Lo que faltaba, no nos privamos de nada!!!
 
En el diario "La Nación" del 29/10/2010 y un comentario
 
La siguiente necrológica es suficientemente ilustrativa del Sr. Kirchner: 
 
“Hermano KIRCHNER, Néstor Carlos, Dr., q.e.p.d., falleció el 27-10-2010. La Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de la República Argentina expresa su profundo dolor por el fallecimiento del ex presidente de la Nación, Hermano Néstor Carlos Kirchner. Su muerte es una pérdida importante para la democracia, el debate de las ideas y los proyectos de la República. Acompaña en el dolor a nuestra presidenta de la Nación, la Hermana Dra. Cristina Fernández de Kirchner, y familia” 
(La Nación, 29/10/ 2010) 

COMENTARIO: No había visto ese día las necrológicas que, por otro lado, leo muy por encima. Agradezco al lector Sr. Patricio Shaw el envío de este dato muy importante. Si no hubiera sido publicado por la propia masonería, la nota hubiera sido desmentida y eso si lo hubiera visto. No hubo esa desmentida, que yo sepa. Por otra parte, el odio de los dos Kirchner por el catolicismo y por la Argentina tradicional, el apoyo internacional de que gozan a pesar de ser notorios tiranos que desprecian las libertades legítimas y su impunidad a pesar de los numerosos negociados cometidos por ellos, la solidaridad de todos los políticos con su permanencia en el poder a pesar de haber incurrido reiteradamente en causales de destitución por juicio político, coinciden plenamente con su pertenencia a la masonería.
Cosme Beccar Varela

Manuel Belgrano


Del celibato sacerdotal: una reseña histórica


Actualizado 10 febrero 2011
Del celibato sacerdotal: una reseña histórica

            Al hilo del claro pronunciamiento que sobre el tema del celibato sacerdotal acaba de realizar el Prefecto para la Congregación del Clero, el Cardenal Mauro Piacenza, subrayando que el celibato sacerdotal tiene “una validez perenne”, en respuesta, a su vez, a la declaración realizada el pasado viernes a favor de su abolición por un grupo de ciento cuarenta y cuatro teólogos, no estará de más que hagamos un repasito a las páginas de la historia para conocer cómo se han ido produciendo los acontecimientos que han conducido a la situación que conocemos al día de hoy, en la que el celibato es la ley del sacerdote católico.
            Pues bien, el primer pronunciamiento claro de la Iglesia al respecto del celibato que deben mantener los sacerdotes cristianos, no es excesivamente temprano, y data del Concilio de Elvira, un concilio español, primero de los celebrados en Europa, por cierto, convocado en tierras de lo que hoy es Granada hacia el año 310, y cuyo canon 33 reza:
            “Se está de acuerdo en la completa prohibición, válida para obispos, sacerdotes y diáconos, o sea, para todos los clérigos dedicados al servicio del altar, que deben abstenerse de sus mujeres y no engendrar hijos”.
            Canon que encierra dos cuestiones latentes. En primer lugar, el de Elvira es un concilio de ámbito local -los concilios ecuménicos con autoridad sobre todo el orbe cristiano aún están por producirse-, por lo que sólo obliga dentro del marco geográfico en el que ese concilio tiene autoridad, en este caso el sur de España, y no en el de toda la cristiandad. En segundo lugar, la Iglesia insistirá siempre en que dicho concilio, como toda la normativa que en los siglos siguientes se producirá al respecto, no contiene tanto órdenes de nuevo cumplimiento, como la ratificación de las que ya estaban en vigor. Sin embargo, no se habla propiamente, como vemos, de la prohibición de los sacerdotes para casarse (probablemente en vigor), sino de la de abstenerse de sus mujeres, lo que demuestra que, de acuerdo con la normativa vigente o contrariamente a ella, lo cierto es que los sacerdotes se casaban.
            La conducta ordenada en Elvira, irá abriéndose paso a lo largo de los siglos en otras iglesias locales, y en similar sentido se expresan el Concilio de Roma convocado por el Papa Siricio en tiempos tan tempranos como 368, el Sínodo de Tours de 567, o el convocado por San Isidoro de Sevilla en 633. Tampoco faltan pronunciamientos en el ámbito papal, entre ellos los de San Inocencio I (401-417), San León Magno (440-461), o San Gregorio Magno (590-604). Los mismos sin embargo, no tienen todavía carácter universal, y se refieren más bien a la actividad de cada Papa como Obispo de Roma. Tanto así que, en respuesta al rey Pipino de Francia, el Papa San Zacarías (741-752) deja el tema al arbitrio de cada iglesia nacional.
            Un giro de no poca importancia en lo concerniente al tema que nos ocupa, se produce en los dos primeros Concilios Lateranenses, éstos sí, ecuménicos, concretamente noveno y décimo de los mismos. En el primero, en 1123, se reglamenta que el candidato a las órdenes religiosas debe abstenerse de su mujer, por lo que si bien la orden tiene ya carácter universal, transcendiendo en ello la decisión tomada ocho siglos antes en Elvira, en una cosa sigue siendo igualmente relativa, y es que no prohíbe al sacerdote la contracción de matrimonio, sino la de usar de él (y, además, a partir de un determinado momento, aquél en el que se produce el Concilio). La prohibición absoluta y total sólo se regulará en el II Concilio Lateranense, celebrado en 1139, dieciséis años después por lo tanto.
            Comoquiera que sea, y aun a pesar de lo extremadamente controvertido del tema en la actualidad, y hasta de la rebeldía que se aprecia en algunos sectores de la Iglesia en lo relativo al mismo, los textos eclesiásticos modernos se ratifican en el celibato sacerdotal. Así lo hace la encíclica de Pablo VI titulada Sacerdotalis celibatus.
            El Catecismo de la Iglesia es suficientemente claro:
            “[Los sacerdotes] son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el reino de los Cielos” (Cat. 1579)
            El Código de derecho canónico no lo es menos:
            “[Los sacerdotes] están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el reino de los Cielos, y por tanto quedan sujetos a guardar el celibato” (CodCan. 277).
            Ahora bien, la cuestión no es considerada de tipo dogmático, lo que va a permitir que Roma haga determinadas concesiones en materia de celibato sacerdotal. Y entre ellas, en primer lugar, las relativas a ciertas iglesias de obediencia romana que, por su situación de difícil comunicación con la jerarquía en determinados momentos históricos, no se han visto sometidas nunca a algunos comportamientos, como es, en el caso que nos ocupa, el del celibato: tal es la situación, por ejemplo, de los maronitas iraquíes, sometidos a la obediencia romana. En segundo lugar, las relativas al movimiento ecuménico que con tanto ahínco alimenta hoy día el Vaticano, y que han permitido aceptar en la obediencia romana a sacerdotes anglicanos que estaban casados antes de su conversión católica. En tercer lugar, las dispensas papales concedidas desde Roma –sabido es el gran número de las que otorgó el Papa Pablo VI- para que algunos sacerdotes, abandonando eso sí, las prerrogativas sacerdotales, que no el orden en sí -el sacramento del orden imprime carácter y es por lo tanto, irrenunciable-, procedieran al matrimonio.
            Uno de los grandes caballos de batalla de las diversas reformas protestantes, y en esto coinciden luteranos, calvinistas y zwinglistas, es el ataque al celibato sacerdotal. El mismo Lutero, monje agustino, con obligación celibática, por lo tanto, en su etapa pre-reformista, casará con la monja Catalina Von Bora, con voto de castidad igualmente, la cual le dará varios hijos.
            En el ámbito ortodoxo, el celibato existe, pero no es tan estricto como en el católico: de hecho, es posible tomar las órdenes estando casado, no siendo posible, sin embargo, el paso contrario, esto es, el consistente en casarse habiendo tomado las órdenes.
            En todo momento, esto es, desde Elvira, y muy en particular desde los concilios lateranenses, es preocupación de la Iglesia encontrar los argumentos presentes en los textos originales que contribuyan a avalar decisión tan estricta como la de prohibir al sacerdote contraer matrimonio. Pero a esos argumentos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y dentro de éste, tanto en los Evangelios como en las Cartas de Pablo, nos referiremos en otra ocasión, que en ésta ya nos hemos alargado demasiado. Así que, como otras veces le digo, amigo lector, por aquí nos vemos de nuevo, para seguir profundizando en estos temas y en otros que puedan ir suscitándose.

De la casa de Jesús, recién descubierta en Nazaret


Actualizado 22 diciembre 2009
De la casa de Jesús, recién descubierta en Nazaret


       Si no exacta ni necesariamente la de Jesús, sí por lo menos de la aldea, y por lo que parece, de la época, en los que se desenvolvió su infancia y juventud.

      Hablaba anteayer no más, de los importantísimos descubrimientos que en Tierra Santa se realizan cada día y que tanta información aportan sobre la época en la que se desarrolló la existencia de Jesús. Pues bien, hoy mismo se informa del hallazgo de una casa en Nazaret, descubrimiento que reviste mucha más importancia de la que se pueda barruntar, y no porque en ella hubiera podido jugar o hasta vivir Jesús de Nazaret, no, sino porque la propia existencia de la aldea de Nazaret ha dado lugar a los más insospechados enfoques de la cuestión.

      Y es que algunos estudiosos de la figura de Jesús ponen en duda que alguna vez existiera una aldea de nombre Nazaret. Argumentan, y en ello no les falta la razón, que población de nombre tal no se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en el Talmud, las dos grandes obras clásicas de la literatura judía, como tampoco en los escritos del gran historiador judío de la época Flavio Josefo.

      Para alguno de estos autores, situados generalmente en posiciones muy escépticas, la ciudad de Nazaret sería poco menos que una argucia de los evangelistas encaminada a disfrazar una condición de Jesús que querrían encubrir por parecerles poco adecuada. Según dichos autores, Jesús, más que nazareno, lo que habría sido es nazireo, es decir alguien que habría pronunciado el voto de nazireato del que habla el libro de los Números (ver Nu. 6, 1 y siguientes), por el que durante un período de tiempo no necesariamente perpetuo, practicaría una serie de conductas, entre las cuales la no ingesta de alcohol, probablemente una determinada dieta, el no rapado de la cabeza, el no contacto con cadáveres, todo ello a la búsqueda de la purificación.

      La casa recientemente descubierta sería, por lo tanto, de la máxima importancia por lo que de confirmatorio de la existencia de una aldea llamada Nazaret tiene. Y en consecuencia, para demostrar, una vez más, que las lecturas enrevesadas y en clave conspiratoria que algunos realizan de los Evangelios, acaban siempre o casi siempre desmentidas por la realidad de los hechos históricos.

      Es más, para poner las cosas en su adecuado contexto, la casa ahora descubierta ni siquiera es la primera evidencia conocida de esta ciudad de Nazaret. Así, en Cesarea Marítima, una inscripción refiere el paradero de uno de los veinticuatro órdenes que se repartían el servicio del Templo cuando, al producirse la expulsión de los judíos por Adriano en el año 135, tiene que abandonar Jerusalén. Pues bien, en dicha inscripción se lee:

      "El decimo-octavo curso sacerdotal [llamado] Hapizzez [se reubicó] en Nazaret"

      Por su parte, el franciscano Bellarmino Bagatti, realizó prospecciones bajo la ubicación de la derruída Iglesia de la Anunciación, consumando los siguientes hallazgos que él mismo cita en su obra Excavaciones en Nazaret:

      "Cronológicamente tenemos: tumbas del período intermedio del bronce; silos con cerámicas del período intermedio del hierro; y luego, sin solución de continuidad, cerámicas y construcciones del período helenístico hasta los tiempos modernos".

      Bagatti halló cisternas de agua, prensas para aceitunas, cubas de aceite, piedras y silos para el grano, y  tumbas de tipología netamente judía.

      Un maravilloso regalo de Navidad en suma, el de esta casa nazarena, descubrimiento llamado a deparar, con toda probabilidad, grandes sorpresas todavía.

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¿Cómo nos llamábamos los cristianos antes de llamarnos cristianos?

¿Cómo nos llamábamos los cristianos antes de llamarnos cristianos?

 El nombre «Christianus» sólo empezó a difundirse en Occidente lentamente, a partir de la conversión de Constatino en el siglo IV.

 
 
15 de julio de 2012 (L´Osservatore Romano).-
 
Un breve artículo de Carlo Carletti en la edición de este jueves de L´Osservatore Romano aborda un aspecto concreto de la construcción de la identidad cristiana en los primeros tiempos: la forma en que los miembros de la nueva comunidad religiosa se llamaban unos a otros.

La palabra Christianus [cristiano] sólo empezó a difundirse en Occidente, y con mucha lentitud, a partir de la conversión de Constantino, el emperador que con el edicto de Milán del año 313, en virtud del cual la religión cristiana comenzó a dejar se ser perseguida y acabó convirtiéndose en la religión del Imperio.


Antes de esa fecha, la fraternidad cristiana no sólo como virtud, sino también como forma de vida, había hecho cuajar la fórmula "los hermanos" para referirse a los demás miembros de la Iglesia. Así se plasma, por ejemplo, en diversas inscripciones funerarias, donde el deseo de autorrepresentación evidencia este hecho.
 

Tres lápidas...

Carletti se fija por ejemplo en una lápida en torno a al año 220, que se expone en el Museo Nacional de Roma, donde Alejandro, el padre del difunto (Marco), ambos siervos, se dirige en primera persona a quienes lean la lápida: "Os pido, buenos hermanos en el nombre del Dios único, que tras mi muerte nadie dañe esta tumba". Dado que la lápida no estaba en una catacumba, sino en un cementerio donde había tumbas cristianas y paganas, la expresión "hermanos" adquiere un valor identificativo.

Lo mismo pasa con el que se considera el primer elogio funerario latino de la comunidad cristiana de Roma, en torno al año 270. Se conserva en una de las zonas más antiguas del cementerio de Priscila. Son también unos padres que entierran a su hija Ágape, de catorce años, quien al final de los hexámetros se dirige a ellos: "Eucaris, madre mía, y Pío, padre mío, os pido, hermanos, que cuando vengáis aquí a rezar y en todas vuestras oraciones invoquéis al Padre y al Hijo y os acordéis de vuestra querida Ágape, para que Dios Omnipotente la conserve en la eternidad". De nuevo la expresión "hermanos", referida imaginariamente a los padres, alude a su condición de cristianos.


No cerca de la tumba de Ágape está la de Leoncio, unos veinte años anterior, donde sus amigos le despiden así: "Leoncio, paz te desean los hermanos. Adiós".
 
 
...y dos referencias

Este hecho notorio de que los cristianos, antes de existir este nombre, se llamasen "hermanos", sorprendía a los paganos, como recoge Minucio Félix en su imaginario diálogo Octavius: "Se aman casi antes de conocerse... y se llaman sin distinción hermanos y hermanas".

Y un siglo después Lactancio explica: "No hay otra razón para llamarnos hermanos que el hecho de que nos consideramos todos iguales. Esclavos y libres, grandes y pequeños son iguales entre sí y ante Dios se distinguen sólo por la virtud".


La hermandad como identidad, y la identidad en Cristo: dos denominaciones sucesivas, pues, y un mismo principio que ya latía en los siglos de los mártires.

Pedir Permiso - IMPERDIBLE!!!

PIDO PERMISO

Por Malú Kikuchi (17/6/2012)

 A lo largo de la vida le he tenido que pedir permiso a mis
padres, a mis maestros, a veces a mi familia y a mis amigos. Pedir
permiso es solicitar un consentimiento para hacer o decir algo. Se
pide permiso por ser menor y no tener edad para decidir, por respeto,
o por amor. También por temor.

Soy mayor de edad, cumplo mis obligaciones ciudadanas,
pero por alguna razón que no logro discernir, tengo que pedirle
 permiso a un funcionario, al que le pago el sueldo, para poder viajar,
dejar que decida cuanto dinero necesito para el viaje, aclararle
hacia donde voy y cuanto tiempo pienso estar, para que el individuo
decida cuanto puedo gastar. ¡Y la plata es mía!

 
Además, el funcionario, al que le pago el sueldo, que
forma parte de un grupo de funcionarios, a los que también les pago el
sueldo, eso incluye a la presidente, que es mi mandataria y yo soy su
mandante, o sea que es mi, (nuestra) empleada, ha decidido que no
puedo ahorrar en US$. Debo ahorrar en pesos que se devalúan todos los
días, cuestión de obligarme a gastar, para que la economía no “se
enfríe”.

Alguien debería aclararle al, o a los funcionarios,
incluyendo a la presidente, que la economía está entrando en un gélido
invierno, y no es porque “el mundo se nos cayó encima”, salvo que
Europa hay tenido la inverosímil puntería de caer sólo sobre
Argentina, respetando las fronteras del Uruguay, Brasil, Chile y hasta
de Paraguay.

 
Tengo que pedir permiso para importar, desde remedios,
hasta libros; tengo que pedir permiso para exportar. Tienen que decir
qué se exporta, cuanto y a cuánto, y a partir de ahí, pagar
retenciones sobre los dólares que gracias al esfuerzo y al trabajo de
otros, que no son funcionarios, entran al país. Argentina necesita
dólares, y por desgracia, como nos aclaró Pagliero, “¡no los
fabricamos!”… todavía.

 Cuidado con la ex Ciccone, ésa que nadie sabe quiénes son
los dueños y porqué, en un país que estatiza todo lo que puede, sigue
siendo privada y no una subsidiaria de la Casa de la Moneda.

 
¡Tengo que pedir permiso para vivir! Con el disparatado
sistema abolicionista del código penal (al que harán desaparecer si no
hacemos algo al respecto), hay que pedirle permiso a los chorros para
que sean gentiles y sólo nos roben, o asalten, o secuestren, pero que
no nos maten o violen. Los malvivientes, “víctimas de la injusta
sociedad”, salen en libertad, mientras nosotros acumulamos rejas,
alarmas, puertas blindadas y pagamos seguridad privada.

 
Tengo que pedir permiso para saber qué hacen con mis
impuestos. ¿Y la ley de transparencia de los actos de gobierno? ¿Por
qué tengo que mantener la millonaria pérdida diaria de Aerolíneas
Argentinas para que los chicos de la Cámpora jueguen con los
avioncitos y cobren sueldos siderales?

A mi no me pidieron permiso para el disparate de “fútbol
para todos”, que nos cuesta $1.200 millones por año, ni para
“automovilismo para todos”, que nos cuesta $450 millones por año; ni
para lanzar el 5° (quinto) plan de construcción de viviendas desde
2003, incluyendo “Pesadillas compartidas”, que se llevaron de nuestra
plata, la friolera de $750 millones, y todo sale de los aportes de los
jubilados. Nuestros aportes. Nadie contesta.

 
Tengo que pedir permiso para saber por qué se confiscó (es
el verbo adecuado) YPF y no se hizo como lo indica la ley de
expropiaciones. Tengo que pedir permiso para saber por qué los actos
de este gobierno a nivel internacional, hacen que mi país, Argentina,
sea cada día menos creíble.

Pido permiso para saber, pero nadie contesta. Mis
preguntas no importan. Y deberían importar. Soy ciudadana argentina,
pago impuestos, voto, dependen de mi, aunque sea minoría. ¿Cómo hemos
llegado al punto en que el gobierno ignore estas verdades?

 
¿Tengo que pedir permiso para ejercer mis derechos
constitucionales? ¿Tengo que pedir permiso para asumir mi ciudadanía
argentina en plenitud?

    Algo está mal. Algo está profundamente
    equivocado en Argentina. Y no son sólo mis derechos, es más bien el
    hecho de permitir que coarten mis derechos y no exigir que me los
    respeten.
    
     Soy una ciudadana argentina; Argentina es (o debería ser)
    una república, y aunque forme parte de la minoría que no votó a este
    gobierno (46%), tengo inalienables derechos que hacer respetar. Y los
    opositores, casi todos ellos en sintonía con el pensamiento
    gubernamental, más honestos y más institucionales (lo que no es
    difícil,) nos deben una alternativa posible. Mis libertades
    individuales están en juego, no debo, ni puedo permitir que las
    avasallen.
    
    El gobierno, todos los que lo conforman, los tres poderes
    y en particular el ejecutivo, deben escuchar. Este no es el camino. Ya
    lo anduvimos demasiadas veces, ya sabemos de la euforia de los
    comienzos populistas y de los demoledores finales que inexorablemente
    llegan.
    
     De nosotros, de nuestros reclamos, de la reiteración de
    los mismos, de nuestra prédica constante sobre el respeto a la CN, y
    el respeto que nos debe el gobierno, de nuestro clamor por libertad y
    justicia, depende que cambien el rumbo. Y deben cambiarlo. De no
    hacerlo, una vez más, Argentina se hundirá y será más difícil salir de
    una nueva recaída. ¡Basta de pedir permiso!