miércoles, octubre 04, 2017

Scharn comentarista.

Mi nieto en su primer año  de universitario de periodismo .!!! 
el abuelo Director.




 

Cada año se practican 25 millones de abortos inseguros en el planeta

El 97% de los mismos se producen en Asia, África y América Latina, con «alto riesgo» para las vidas de las madres
Casi el total de los abortos inseguros que se practican en el planeta están concentrados en África, Asia y Latinoamérica
Casi el total de los abortos inseguros que se practican en el planeta están concentrados en África, Asia y Latinoamérica
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MARÍA TERESA BENÍTEZ DE LUGO - @mt237 Corresponsal En Ginebra (Suiza) - Actualizado: Guardado en: Sociedad
Casi la mitad de los abortos que tienen lugar anualmente en el mundo, unos veinticinco millones, se practican utilizando métodos poco seguros que ponen en peligro la vida de las mujeres, según el último informe sobre este tema publicado hoy conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Guttmacher en la revista «The Lancet».
El estudio analiza datos facilitados por 184 países miembros de la OMS, durante el período comprendido entre 2010 y 2014, precisando que la mayoría de los abortos realizado con alto riesgo, un 97% del total, ocurren en África, Asia y Latinoamérica debido a la ausencia de políticas sanitarias adecuadas o a la dificultad de acceso a métodos anticonceptivos.
A nivel mundial, el número total de abortos se ha mantenido estable, unos 55,7 millones anuales. «Unos 49,1 millones tienen lugar en África, sobre todo en la región subsahariana, seguida por Asia y Latinoamérica», comentó a este diario la doctora Bela Ganara, coautora del informe y experta en el departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS.

Situaciones de alto riesgo

«Sin embargo, el número de abortos inseguros llevados a cabo en el mundo es aún muy elevado, principalmente en los países en desarrollo donde cinco de cada diez abortos se llevan a cabo bajo condiciones muy peligrosas para la mujer y, también en los países industrializados con una proporción de uno por cada diez», explicó la experta.
«En el continente europeo se contabilizan unos 4,2 millones de abortos anuales, de los cuales 750.000 tienen lugar en los países de la cuenca del mediterráneo, entre los que se encuentra España. Aunque no existen cifras detalladas por países, el 10% de los abortos practicados en esta zona se realizan utilizando métodos con alto riesgo para la salud», detalló Ganatra.
Esta es la primera vez que un estudio sobre el aborto distingue entre abortos seguros, inseguros o muy inseguros para tratar de explicar, con más detalle, los diferentes tipos de aborto y las diferentes circunstancias por las que atraviesan las mujeres cuando recurren a este método de interrupción de embarazo.
Según los datos facilitados en el informe, entre los 55,7 millones de abortos contabilizados cada año en 184 países miembros de la organización durante el período comprendido entre los años 2010 y 2014, unos 30,6 millones de abortos se practicaron de manera segura, 17,1 de forma insegura y 8 millones con métodos muy inseguros.
La mayoría de los abortos inseguros que tienen lugar anualmente en el mundo, unos 24,3 millones, tienen lugar en los países más pobres. Allí la mitad de los abortos, el 50%, se realiza bajo condiciones muy arriesgadas para la mujer. En el caso de los países industrializados esta proporción se reduce a un 10%.
«Uno de los principales problemas encontrados en la preparación de un estudio de este tipo es la dificultad de obtener datos y estadísticas sobre el número de casos de aborto y las condiciones bajo las que han sido realizados porque este es un procedimiento que se desarrolla, con frecuencia, de forma secreta y que, además, esta muy estigmatizado», explicó Ganatra.

El contexto familiar

«Las mujeres que recurren al aborto no quieren verse envueltas en problemas con sus familias o con las autoridades de sus países y, con frecuencia, prefieren no hablar sobre los motivos que las llevaron a recurrir a procedimientos clandestinos y con frecuencia inseguros que pueden comprometer su futuro», añadió.
El estudio destaca la necesidad de realizar mayores inversiones en programas de planificación familiar que permitan reducir las tasas de abortos no deseados y consecuentemente el número de abortos a nivel mundial. También la importancia de aumentar la información sobre métodos anticonceptivos para disminuir los embarazos no deseados.
«Si el aborto es realizado de acuerdo con las recomendaciones de la OMS el riesgo de complicaciones severas o de muerte es mucho menor. Aproximadamente un 55% de interrupciones de embarazo entre 2010 y 2014 se realizaron de manera segura, dentro de las fechas preconizadas por la organización», detalló Ganatra.
«Un 33% de los abortos inseguros, alrededor de un tercio, fueron llevados a cabo por personas sin formación médica adecuada practicando métodos de raspado o medicamentos a base de misoprostol mientras que el 14% de los muy inseguros se ejecutaron con métodos peligrosos como la introducción de objetos o la ingestión de brebajes a base de hierbas», concluyó.

Un cáncer de útero acabó con Isabel «la Católica», la reina más poderosa de su tiempo

La castellana es la prueba de que el poder y las responsabilidades excesivas, tampoco ayudaron las infidelidades de su marido, desgastan a nivel físico. A su muerte con 53 años, la Reina aparentaba mucha más edad de la que tenía
«Doña Isabel la Católica dictando su testamento», pintura de Eduardo Rosales
«Doña Isabel la Católica dictando su testamento», pintura de Eduardo Rosales - Museo del Prado
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Isabel de Trastámara llevaba reinando en Castilla durante treinta agotadores años cuando le alcanzó la muerte en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504. Tenía 53 años y había ocupado el trono desde 1474, después de superar numerosas dificultades, guerra contra los partidarios de Juana «la Beltraneja» mediante. En el momento de su muerte, los obstáculos del reinado y su insistencia por desplazarse siempre montada a caballo por los lugares del reino habían afectado gravemente su salud, tanto a nivel físico como psicológico –sobre todo a raíz de la prematura muerte de dos hijos y un nieto en torno a esas fechas–. Según los síntomas descritos por las fuentes de la época, la castellana falleció de una hidropesía (retención de líquido en los tejidos) a consecuencia probablemente de un cáncer de útero.
Sin embargo, nunca es sencillo hacer un diagnóstico solo con fuentes escritas, como no es fácil hacer un perfil psicológico de personajes históricos. Todavía en la actualidad existen dudas sobre la dolencia que consumió a la Reina en un plazo de tres años, desde que se mostraron los primeros síntomas. La descripción de la enfermedad que hace el humanista Pedro Mártir de Anglería respalda la versión de que fuera este tipo de cáncer: «El humor se ha extendido por las venas y poco a poco se va declarando la hidropesía. No le abandona la fiebre, ya adentrada hasta la médula. Día y noche la domina una sed insaciable, mientras que la comida le da náuseas. El mortífero tumor va corriéndose entre la piel y la carne».
Antes de encontrarse en este estado, Isabel I de Castilla llevaba dos años sufriendo episodios de fiebre prologada. Además, la castellana creyendo que se trataba de los achaques de la edad vio como por esas fechas se le hincharon las piernas, aumentó de peso y le aparecieron úlceras en las extremidades, las cuales fueron atribuidas a sus viajes a caballo. Todo ello hizo que la Reina tuviera dificultades para caminar y se viera obligada a usar una litera para desplazarse. Cuando ya no pudo subir ni a la litera y tuvo que permanecer en el lecho, apareció «la sed insaciable», señalada por Mártir de Anglería en su texto. Un síntoma asociado normalmente a las alteraciones del eje hipotálamo-hipofisiario o a una lesión renal crónica. En el primer caso, las causas más frecuentes de lesión son las traumáticas y los tumores selares y paraselares.

Un tumor «en las partes vergonzosas»

Con sed insaciable, insomnio, fiebres y dolor en un costado, los médicos de la Reina dejaron escrita una pista reveladora pocos meses antes de su fallecimiento. Habían localizado un tumor visible, pero no concretaron su localización ni el carácter de la lesión. A juzgar por estas informaciones, el secretismo en torno a la ubicación del tumor evidencia que probablemente se trataba de un cáncer de útero o de recto que, a causa del histórico recato de la Reina, se negó a poner bajo el tratatamiento debido y a hacer pública su naturaleza. Un contemporáneo, el doctor Álvaro de Castro, que no llegó a tratar a la monarca directamente, fue más allá en sus estudios y afirmó que «la fístula en las partes vergonzosas y cáncer que se le engendró en su natura» estaba provocado por cabalgar en exceso durante las campañas militares en Granada. Un ejercicio de especulación médica que va más allá de las pruebas disponibles.
Retrato de la Reina Isabel «La Católica» ABC
Pero la hipótesis del cáncer, la más aceptada entre los historiadores, no es la única que se ha barajado. A los 41 años de edad, Isabel I sufrió de fiebres tercianas (malaria o paludismo) que, aunque tratadas en su momento, pueden provocar posteriormente sed abrasadora, convulsiones (la Reina registró al menos una, fechada en octubre de 1504), palidez y cambios metabólicos. El paludismo, sin embargo, no explica todo el cuadro clínico y se deben considerar más posibilidades sobre la enfermedad que afectó a la Reina Isabel, por ejemplo: una vasculitis, primaria o secundaria, como sopesa el doctor Jaime G. Gómez en «Historia Clínica de la última enfermedad de la Reina»; las complicaciones de una diabetes sin tratar, o incluso la peste, puesto que en la villa de Medina del Campo y sus alrededores sufrieron durante aquel año un rebrote de la terrible pandemia.
Si bien no tuvo influencia en los orígenes de la dolencia, cabe recordar que la paciente tenía graves problemas emocionales desde las prematuras muertes de su hijo Juan, el príncipe heredero, de su hija mayor Isabel y de su nieto Miguel, que también había sido nombrado heredero, en el transcurso de pocos años. La depresión reactiva o trastorno de ánimo deprimido se produce como respuesta aun acontecimiento negativo de la vida del sujeto, no teniendo por qué brotar inmediatamente después del acontecimiento desencadenante, y puede entorpecer el tratamiento de otras enfermedades.

La depresión agravó su salud

Las infidelidades de su marido, Fernando «el Católico», tampoco ayudaron a que la Reina templara sus nervios. Fernando tuvo al menos tres hijos extramatrimoniales, porque el aragonés «amaba mucho a la reina su mujer, pero dábase a otras mujeres» –como dice el cronista–, entre ellos uno que se convirtió en arzobispo de Zaragoza. Algo que la castellana nunca pudo soportar y le provocó varios arranques de celos. Así y todo, los historiadores coinciden en que la pareja mantuvo un afecto mutuo hasta los últimos días de Isabel. «Su muerte es para mí el mayor trabajo que en esta vida me podría venir…», escribió entonces el aragonés.
La incipiente enfermedad mental de su hija Juana, que en el lecho de muerte de la Reina ya mostró un comportamiento extraño, fue otro de los quebraderos que hostigó la salud de la castellana. En el testamento de la Reina se estipula que, si bien la heredera del trono era su hija Juana, el Rey Fernando administraría y gobernaría Castilla en su nombre hasta que el Infante Carlos cumpliera veinte años. Las continuas discusiones de Juana con los Reyes Católicos –a causa del malsano amor que profesaba a su marido– y su inestabilidad mental habían convencido a Isabel de ceder la regencia de Castilla a Fernando. No en vano, la falta de apoyos entre la nobleza castellana y la llegada a Castilla del marido de Juana, Felipe «el Hermoso», hicieron que Fernando no pudiera cumplir con la voluntad de su esposa.
Su testamento además disponía que la enterraran en Granada, en la iglesia de San Francisco, mientras se construía una Capilla Real en la catedral de esa ciudad. Allí serían trasladados sus restos en 1521 por su nieto Carlos I, donde descansan junto a los de su esposo Fernando, su hija Juana y su nieto Miguel.

La olvidada historia de las mujeres pioneras en la España del Renacimiento

En el ciclo organizado por el Círculo de Orellana y el Instituto Cervantes se trata de revitalizar la imagen de varias de las féminas más destacadas de la historia patria
La escritora Almudena de Arteaga desvela a ABC las singulares vidas de Juana la Beltraneja, Beatriz Galindo, Catalina de Aragón y Leonor de Austria
Juana la Beltraneja
Juana la Beltraneja
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La prolija Historia de España está plagada de nombres que, por varias razones, se han visto privados del reconocimiento que se merecen. En lo que respecta a este punto, especialmente flagrante es el olvido al que se han visto sometidas algunas mujeres extraordinarias (como es el caso de Beatriz Galindo «La Latina» o Leonor de Austria). Pioneras que han pasado de puntillas a pesar de su enorme contribución a la nación.
Con el objetivo de dar a conocer a todas estas adelantadas a su época, desde el Círculo de Orellana en colaboración con el Instituto Cervantes, se ha dado inicio a una serie de conferencias bajo el nombre «Españolas por descubrir». De este modo, se pretende revitalizar la imagen de algunas de las féminas más insignes de nuestro pasado, las cuales triunfaron en gran variedad de campos; como el de la filosofía, el arte, la pedagogía o el deporte.
Gracias al comienzo del ciclo, en ABC Historia hemos tenido la oportunidad de conversar con la encargada de llevar acabo la conferencia de apertura: Almudena de Arteaga. Novelista que ha tenido como protagonistas de gran parte de sus obras a mujeres españolas de indudable peso histórico, como es el caso de Eugenia de Montijo, Juana la Beltraneja (auténtica heredera del trono de Castilla y que hasta el fin de sus días firmó sus escritos como Yo, la Reina) o Catalina de Aragón, la primera esposa e Enrique VIII de Inglaterra.
Durante el inicio de las conferencias el pasado martes 25 de septiembre, la galardonada escritora (entre sus premios se encuentra el «Alfonso X el Sabio» de 2004 otorgado a la mejor novela histórica del año) ha hablado sobre cuatro destacadas mujeres del Renacimiento español. Extraordinarias féminas que aportaron su particular grano de arena para la conformación de la incomparable historia patria.
¿Desde cuándo siente interés por la Historia?
Pues desde muy niña. De hecho, me hubiese encantado estudiar Historia en la universidad. Sin embargo -como ocurre en muchos casos- los padres te acaban guiando hacia una carrera con más salidas. Por lo que acabé haciendo Derecho.
Lo cierto es que la carrera de Historia también tenía parcelas que no me entretenían demasiado. Lo que hice fue terminar mis estudios en Derecho y después me gradué en Paleografía, Heráldica y Nobilaria. Me licencié en esas tres cosas para poder leer papel viejo, lo cual es muy importante cuando investigo para mis novelas.
A la hora de trabajar me fijo en los periodos históricos que me interesan. Necesito pegar saltos. Tengo mucha obra publicada después de veinte años trabajando. El bombazo fue mi primer libro: «La Princesa de Éboli». Después de su publicación aparqué el ejercicio del derecho y me comencé a dedidacar a la literatura en exclusiva.
Una apuesta dura, pero aquí sigo.
Ha escogido para esta conferencia a cuatro mujeres pioneras del renacimiento español ¿Considera que han pasado de puntillas a la Historia de España?
Yo considero que no. Sin embargo, cuando gané el premio «Alfonso X el Sabio» escribí una novela sobre María de Molina llamada «Tres coronas medievales». Esta era una reina que tuvo muchísima importancia y a la que los grandes historiadores en sus compendios dedicaban a penas tres párrafos. Por lo tanto, con esta y con otras grandes mujeres de la Historia de España, lo que he intentado es darles un lugar.
Un buen ejemplo es el caso de Leonor de Austria, que ha pasado bastante inadvertida en la Historia. Sobre todo porque no dejó sucesión a parte de una niña que también falleció sin tener hijos. Es por esto que muy pocas veces queda el recuerdo de esa reina y yo he tratado de rescatarla un poquito.
Leonor de Austria, hermana de Carlos I de España y V de Alemania
Leonor de Austria, hermana de Carlos I de España y V de Alemania
Leonor tuvo una vida muy complicada y muy triste. Ya no era solo su entrega al Imperio -el cual le había enseñado su tía Margarita desde niña- sino que sentía además un amor exacerbado hacia su hermano el Emperador (Carlos V). Llegó incluso a dejar a su hija en Portugal para salir detrás de él.
Está también el caso de Juana la Beltraneja, un personaje que probablemente ha sido algo apartado a nivel histórico en beneficio de Isabel la Católica...
Indudablemente. Hay miedo. Es cierto aquello de que los vencedores tratan de deshacerse de todo lo que les hace daño, y los cronistas del momento ya sabemos que contaban lo que los reyes deseaban.
Hay muchas cosas en la vida de la Beltraneja que no sabremos nunca, como el que fuese o no hija de Beltrán de la Cueva. La Universidad de Lisboa me llegó a llamar tras publicar mi libro sobre ella, que estuvo en la cabecera de ventas durante mucho tiempo en Portugal. Desde la institución estaban pensando en investigar el convento donde estaba enterrada para hacer las pertinentes pruebas de ADN. Sin embargo esto es imposible. El terremoto de Lisboa (1755) hizo que el recinto religioso se derrumbase por completo. Razón que imposibilita hallar su cadáver, por lo tanto el nombre de su auténtico padre será siempre una incógnita.
Un dato que muy poca gente conoce es que también Fernando el Católico (encontrándose ya viudo de Isabel) intentó casarse con Juana, a lo que se negó también.
Después de marcharse a Portugal, y tras varios años encerrada en un convento, hubo un tiempo en el que pudo disfrutar de un régimen más abierto. Sin embargo, la reina Isabel se enteró y escribió cartas al Papa pidiéndole por favor que Juana estuviese enclaustrada de nuevo. No la quería fuera del recinto. La Beltraneja, por su parte, murió firmando como Yo, la Reina.
Entonces no se podrá saber nunca si Beltrán de la Cueva fue su verdadero padre...
Los descendientes de Beltrán de la Cueva dicen que no es cierto. Yo hablo con ellos habitualmente y aseguran que no fue así. Nunca podremos saberlo a ciencia cierta. La promiscuidad de la madre de la Beltraneja (Juana de Portugal) está comprobada, ya que luego tuvo dos hijos con el arzobispo de Sevilla. Su madre no ayudó mucho en este punto.
Otro personaje histórico fascinante acerca del que hablas en la conferencia es Beatriz Galindo “La Latina”. Una mujer muy instruida y, en mi opinión, muy adelantada a su tiempo...
Fue, efectivamente, una adelantada a su tiempo. De niña era autodidacta y acabó estudiando en la Universidad de Salamanca, cosa que te choca, porque allí no había mujeres. Procedía de una familia de hidalgos venida a menos. Su padre tuvo dinero en su momento, pero de su madre no se sabe absolutamente nada. También tuvo varios hermanos, alguno incluso llegó a ser escribiente en la Corte castellana.
Beatriz sobre todo deseaba aprender. Lo deseaba tanto, según se cuenta en alguna crónica, que a penas con 16 años dominaba a la perfección la lengua del lacio. No solamente eso, admiraba mucho a Aristóteles y era una grandísima lectora. También escribía, pero no nos ha llegado absolutamente nada de su obra.
Beatriz Galindo «La Latina»
Beatriz Galindo «La Latina»
Lo que es más curioso es que Isabel la Católica, que no hablaba la lengua diplomática del momento como era el latín, decidió que fuese una mujer (Beatriz Galindo) quien la enseñase. Aún más cuando en aquel momento no había maestras. La llevó a la Corte y fue quien enseñó la lengua del lacio a todas sus hijas.
Además, fue discípula de Antonio de Nebrija y tuvo un matrimonio de esos de pluma y lanza. Su casamiento fue en Santa Fe una semana antes de que se rindiese la ciudad de Granada. Isabel la Católica la premia con uno de los mejores generales de Fernando. El capitán de artillero Francisco Ramírez (su marido) fue uno de los militares más importantes en la Guerra de Granada, ya era viudo y había tenido dos hijos. En las escrituras pone que la Reina le obligó a firmar que, en caso de que este tuviese descendencia con Beatriz, debía despojar de la herencia a los niños nacidos de su primer matrimonio. Le dio además 500.000 maravedíes, lo que eran una auténtica fortuna.
Es curioso también -y mucha gente lo desconoce- que el barrio madrileño de La Latina recibe su nombre de esta estudiosa, porque tras la muerte de su esposo fundó allí varios conventos. En uno de esos centros religiosos había monjas jerónimas, que se encargaban de cuidar enfermos, y realizó un cuadernillo entero de reglas para el hospital que albergaba. En el mismo dice que, cuando se trate de un moribundo, este debe ser atendido por amas mayores de treinta años para que no haya tentación. Las religiosas también debían econtrarse a los pies de la cama durante el orto y el ocaso, porque son las horas en las que más se muere.
Otra vida muy interesante fue la de Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra y madre de María I...
Es fascinante. Yo escribí un libro sobre ella y en su momento nadie la recordaba en España. Luego llegó la serie de «Los Tudor», pero era la gran olvidada de las mujeres de Enrique VIII a pesar de ser la primera y la más duradera. Solo su matrimonio duró lo mismo que los de las demás.
Ella lo pasó muy mal en Inglaterra. Cuando se quedó viuda de Arturo (heredero del trono inglés y hermano de Enrique) el padre de estos estuvo a punto de casarse con ella. Sin embargo, falleció antes, cosa que la libró de tener que unirse siendo muy joven con un anciano. Enrique, que se quedó prendado, era aún más joven que Catalina.
Una cosa muy curiosa es que enseñó a las mujeres de Inglaterra a hacer un encaje que ahora se ha convertido en algo típico de las islas. Hay también una raza de ovejas típicas castellanas que llevó consigo y ha pasado igual, como tantas otras cosas que los británicos se han apropiado pero que venían de la Península.
Catalina de Aragón
Catalina de Aragón
Existe también una teoría según la cual Catalina fue asesinada, ya que tras su muerte se dieron cuenta de que su corazón estaba negro. Era muy posible, porque tanto Enrique como Ana Bolena desearon acabar con ella. Sin embargo, según los conocimientos que tenemos en la actualidad se cree que probablemente fue un tumor. De todos modos, para que la gente se de cuenta, su ex marido se quedó viudo tres veces en a penas un año y medio.
Además, es una de las reinas más queridas en Inglaterra. Sin embargo, como siempre, aquí no nos enteramos de nada.
¿Le da la sensación de que, a diferencia de Inglaterra, en España nunca hemos sabido vender bien a nuestros grandes personajes históricos?
Exactamente. A este mismo respecto me han pasado hoy una carta que ha publicado el célebre hispanista John Elliott en el Times hablando acerca del problema que hay ahora con Cataluña. Parece mentira que tenga que ser un extranjero quien diga ahora estas cosas.
Luego está también Leonor de Austria, una mujer dedicada absolutamente a su hermano y a las necesidades del Imperio. Primero casada con el rey de Portugal, luego con Francisco I en Francia...
No solamente eso. Yo he escrito dos libros donde aparece Leonor, quien creo que es la gran olvidada de todas las hermanas de Carlos V. Sin embargo, fue una referencia para el Emperador y ambos recibieron la misma educación. Estoy convencida de que cuando llegaron a Castilla, siendo todavía unos niños, ella fue su muleta.
Catalina de Aragón es una de las reinas más queridas en InglaterraAlmudena de Arteaga
Cuando al final de su vida Carlos se retiró a Yuste, sus hermanas María y Leonor también decidieron retirarse. Tenía una especie de obsesión por seguir al Emperador donde fuese. No le podía acompañar al monasterio extremeño, así que ingresó en Talavera donde falleció.¿Consideras que la sociedad española tiene unos conocimientos históricos suficientes acerca de estas mujeres?
Todavía queda mucho por hacer. Las televisiones están realizando muchos proyectos relacionados. Me apena mucho también que de repente salga una serie que se llama «The Crown» y volvamos a hablar todos de Inglaterra. ¿Qué tenemos que decir? Nosotros tenemos unas reinas apasionantes que la gente de a pie en muchos casos no conoce y tenían historias fascinantes.
Me apena mucho que de repente salga una serie que se llama «The Crown» y volvamos a hablar todos de InglaterraAlmudena de Arteaga
Opino que queda mucho por hacer en este sentido. También quiero decir que la novela histórica no es una moda ni mucho menos. Yo tengo novelas que tienen dieciocho años y siguen de actualidad. Siempre digo que en una novela trato de aportar una gota de agua a un vaso para que quien quiera seguir bebiendo pueda hacerlo. Por eso intento poner bibliografía al final con todo lo que he consultado para su realización.

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La falacia nacionalista de que el castellano fue impuesto a la fuerza en Cataluña

Castilla no trató de imponer su lengua y los monarcas de la dinastía de los Habsburgo procuraron, al igual que en otros rincones de su imperio, que se respetaran las lenguas locales.


Ilustración de la Guerra de los Segadores, «Corpus de Sangre» de H.Miralles (1910). - Vídeo: ABC

La posición estratégica de Cataluña, puerta hacia el resto de Europa y bañada por el Mediterráneo, ha convertido su historia en un constante mestizaje cultural. Al contrario de lo que afirman los nacionalistas, en esta región española el catalán no ha sido el único idioma y, desde luego, el castellano nunca fue introducido a la fuerza. Ambos idiomas, y otros, convivieron en Cataluña sin confrontación hasta el siglo XX.
Como relata Jordi Canal en «Historia mínima de Cataluña» (Turner), el catalán se originó en el noreste peninsular y en el sur de la Galia a partir del latín vulgar que introdujeron los romanos durante la conquista. La alta penetración que tuvo la cultura romana, sobre todo en el litoral, hizo a su idioma inmune a la influencia celta, griega, fenicia e ibérica. Solo en la zona pirenaica la influencia latina fue menor, hasta el punto de que en Ribagorza y Pallars se habló hasta la época carolingia una modalidad del vasco.
Al igual que con otras lenguas peninsulares es imposible saber el momento exacto en el que el latín vulgar, en la variante de este territorio, evolucionó a un incipiente catalán. Algunos filólogos sugieren el primitivo romance se conformó entre los siglos VII y VIII. Lo que está claro es que durante la Edad Media Cataluña y el resto de territorio peninsular fueron multilingües. El catalán –como señala Jordi Canal– «nunca, a lo largo de la historia, ha sido la única lengua en Cataluña. Ha coexistido, tanto en sus formas habladas como escritas, con otras lenguas, igualmente consideradas como propias por una porción más o menos amplia de catalanes». De esta forma, la convivencia entre el latín, la lengua de oc, el aragonés y el catalán fue lo habitual en Cataluña.

La convivencia medieval entre lenguas

La lengua de oc o provenzal fue la lengua cultural de lo que es hoy en día el sur de Francia y las regiones vecinas durante todo el periodo medieval, particularmente a través de los trovadores y trobairitz. En Cataluña la penetración fue amplia e, incluso cuando dejó de usarse a nivel oral, la poesía se siguió cultivando en lengua de oc durante siglos, no así la prosa. De modo que esta tradición no se rompió definitivamente hasta el siglo XV con la obra del valenciano Ausìas March, autor de «Llir entre cards», aunque hay que aclarar que se trató de un texto en valenciano.
Los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla.
Los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla.
La convivencia entre el aragonés y el catalán también se extendió durante varios siglos. No obstante, dentro de la Corona de Aragón, conformada por los reinos sometidos al Rey de Aragón (Aragón, los Condados catalanes, Valencia, las islas baleares, parcialmente Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria), la lengua no era el eje vertebrador, ni el factor común, sino la sumisión a la jurisdicción de un Rey y de una dinastía, la Casa de Aragón. Cada uno de los territorios conservó su propia lengua y en la Cancillería real, organizada por Jaime II, los funcionarios dominaban a la perfección el catalán, el aragonés y el latín, del mismo modo que lo hacían los comerciantes y la incipiente burguesía. En la Corte, por su parte, se hablaba o el aragonés o el catalán dependiendo del lugar en el que estuviera establecida. La influencia entre ambas lenguas fue inevitable.
La clerecía no catalana llegada en esos años se esforzó en aprender la lengua catalana y los jesuitas, por ejemplo, se cuidaron de escoger solo a catalanes para trabajar en la región
Más adelante, en la unión dinástica que se produjo con los Reyes Católicos, Castilla y su idioma adquirieron un papel preeminente con respecto al resto de reinos debido a que la población castellana suponía el 80% de España y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular. El castellano se convirtió en la lingua franca, la lengua común, en España. En cualquier caso, como Henry Kamen recuerda en su libro «España y Cataluña: Historia de una pasión» (La Esfera de los libros), Castilla no trató de imponer su lengua en ningún momento y los monarcas de la dinastía de los Habsburgo procuraron, al igual que en otros rincones de su imperio, que se respetaran los idiomas locales. Es más, la clerecía no catalana llegada en esos años se esforzó en aprender la lengua catalana y los jesuitas, por ejemplo, se cuidaron de escoger solo a catalanes para trabajar en la región.

La lengua de las élites: el castellano

La edad de oro de la literatura castellana, entre los siglos XVI y XVII, vincularon en Cataluña la idea de que este idioma era propio de las letras cultas. De las 38 obras impresas en Lleida en las dos primeras décadas del siglo XVII, doce eran en latín y el resto en castellano; mientras que ninguno en catalán. Pero mientras en las librerías catalanas las obras más vendidas eran en castellanos, con un éxito inédito de los textos de Santa Teresa de Ávila; en las calles casi todo el mundo hablaba catalán. «En Cataluña el pueblo común no entiende el castellano», afirmaba todavía en 1636 un clérigo de esta región española. Entonces, ¿cómo y cuándo se produjo el proceso de asimilación del castellano entre las clases bajas?
Cuadro de Felipe V (considerado por el nacionalismo la bestia negra de Cataluña) en el Almudín de Játiva.
Cuadro de Felipe V (considerado por el nacionalismo la bestia negra de Cataluña) en el Almudín de Játiva.
El proceso comenzó con la práctica de las élites de Barcelona del bilingüismo por una razón pragmática e inmediata. La administración del virrey y la Inquisición manejaban el castellano como lengua vehicular y quien quería influenciar en estos organismos requería conocer esta lengua. Un amplio sector de las clases altas prefería hablar castellano en vez del idioma del vulgo y educar a sus hijos en esta lengua, así como realizar los discursos públicos en ella. De las élites, el castellano se trasladó finalmente al pueblo con el paso de los siglos, pese a lo cual el catalán sobrevivió en una «modalidad infradesarrollada», de espaldas a la alta cultura.
La lengua hablada en Cataluña fue casi exclusivamente el catalán hasta finales del siglo XIX. Lo que contradice el mito nacionalista de que después de 1714, cuando se produjo el asedio de Barcelona que puso fin a la Guerra de Sucesión, hubo un intento desde la Corte de Madrid de erradicar el catalán. En este sentido, sí es cierto que las Leyes de Nueva Planta exigieron el uso general del castellano en la administración, con el fin de unificar las ordenanzas administrativas. Lo que no evitó que el catalán siguiera usándose en la vida pública y privada de forma mayoritaria. Así las cosas, no hay que olvidar que en la corte de Felipe V la lengua oficial era el francés y los despachos importantes se realizaban en esta lengua. El castellano no era ya una lengua tan predilecta como se podría esperar... En cuanto a la alta cultura, el idioma efectivo era el italiano, lejos de la edad de oro de la literatura castellana un siglo antes.

De la represión franquista a la nacionalista

El castellano fue asimilado de forma progresiva desde arriba, mientras que el catalán seguía vivo abajo sin que fuera objeto de agresiones de ningún tipo. A finales de siglo XIX fue perdiendo influencia, sobre todo en las grandes ciudades. Durante la dictadura de Primo de Rivera se intentó limitar su uso, pero aquella intentona tuvo pocos efectos prácticos. No así con la dictadura Franquista, donde la lengua catalana fue penalizada en todos los ámbitos a modo de castigo contra una zona considera rebelde por el bando nacional. La publicación y venta de libros en catalán quedaron restringidos, e incluso hubo intromisiones en la esfera privada con la obligación de bautizar a los niños con nombres castellanos. Una vez finalizó el periodo dictatorial, la Generalitat trató de revertir todo el proceso valiéndose de algunos de los mismos instrumentos represivos pero, esta vez, contra el castellano. El objetivo de las últimas décadas ha sido el de controlar y casi eliminar el papel del idioma más hablado hoy en la vida pública y privada de Cataluña: el castellano.
Los nacionalistas han empleado el separatismo lingüístico como arma arrojadiza y la Generalitat ha relegado el castellano a una posición secundaria, a pesar de que los estudios sobre el uso del catalán apuntan a que el castellano es el idioma más habitual. Según la encuesta de usos lingüísticos de la población de 2013, realizada por la Generalitat, el catalán es el idioma habitual del 36,3% de la población de Cataluña, mientras que el castellano lo es para el 50,7% de los habitantes.
La tendencia parece clara. En el mencionado libro de Kamen, se atreve a pronosticar que en el futuro el catalán pueda acabar en la lista de la UNESCO de lenguas europeas en amenaza de extinción, como le ha ocurrido al euskera recientemente. «No es sorprendente, porque el bilingüismo regional nunca ha funcionado en ninguna parte, en ningún país. En España, todas las lenguas minoritarias están amenazadas por el avance del castellano», sostiene el hispanista.

También son "desaparecidos" los niños abortados

 

"Se habla de la vida, pero los verdaderamente olvidados, los desaparecidos también son los niños abortados", manifestó el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa Claves para un Mundo Mejor, emitido por Canal 9 el sábado 23 de septiembre, en el que invitó a participar activamente el próximo miércoles 27 a las seis de la tarde en la Marcha por la Vida que se realizará desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, en la ciudad de Buenos Aires.

Tras señalar que la Marcha por la Vida es un acontecimiento que se hace en muchas partes del mundo, como el que a principios de año se efectuó en los Estados Unidos que fue "un éxito rotundo, multitudinario, de millones de personas, con la presencia del vicepresidente de la Nación", monseñor Aguer explicó el porqué de la Marcha.

"Este movimiento y esta marcha están dirigidos -precisó-, especialmente a la defensa de la vida desde el momento de la concepción, a la defensa del niño por nacer, que es algo que hoy se olvida bastante. Se habla de la vida, pero los verdaderamente olvidados, los desaparecidos también son los niños abortados".

"Además -añadió-, se intenta periódicamente legalizar todo esto. En la Argentina ya está parcialmente en algunas ocasiones legalizado, pero quieren una legalización total, una despenalización absoluta, porque no se reconoce que desde el primer instante de la concepción ese embrión microscópico es una persona humana. No se trata de una convicción religiosa sino que es una convicción científica”.

“Es la ciencia -insistió- la que avala este dato que nosotros podemos sostener desde la fe. La Ciencia explica que desde la unión de los dos gametos, masculino y femenino, ese embrión pequeñísimo, casi invisible, es ya una persona humana. Es una persona varón o una persona mujer, y de allí se desarrollarán las realidades materiales del varón y de la mujer".

"Como se sabe, también como una evidencia científica -siguió explicando el prelado-, todas las células del cuerpo masculino son masculinas y todas las células del cuerpo femenino son femeninas. No cabe esa especie de teoría pseudoplatónica de que las almas pueden caer en cuerpos equivocados. El alma es infundida por Dios, creada por Dios, en el momento de la concepción de tal manera que ese microscópico embrión es una persona varón o una persona mujer”.

Volviendo a lo de las marcha del 27, monseñor Aguer señaló que "ahora hay marchas por todo tema de protesta, todos los días hay marchas, especialmente en Buenos Aires. Desde La Plata estamos preparando la participación en esta Marcha por la Vida con mucho entusiasmo; pero es importante que vayan los porteños que son los que están más cerca, aquellos a los que casi connaturalmente les corresponde ir. Espero que vayan muchos, porque la diferencia entre una marcha y un papelón es muy fina, muy delicada, por eso digo que puede convertirse en un papelón si son cuatro gatos los que van. Tiene que ser una verdadera multitud".

“Nosotros -prosiguió el arzobispo platense- defendemos la vida y luchamos para que se reconozca la cualidad plenamente humana del embrión, del feto, del niño por nacer. Lo hacemos porque hay evidencias científicas indiscutibles y, además, porque Nuestro Señor Jesucristo fue un niño por nacer, formado virginalmente por la acción del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. Fue un feto parido virginalmente por la Virgen María. Fue Hombre verdadero y eso para nosotros es una convicción de fe, reforzada por esas certezas científicas indiscutibles”.

“Nosotros -expresó monseñor Aguer- queremos defender la vida desde el instante de la concepción y queremos decir no al crimen del aborto. Esto supone también que el Estado en lugar de legalizar el aborto, en lugar de despenalizarlo totalmente, lo que debe hacer es ayudar para que los niños nazcan y puedan ser criados y educados como deben serlo".

"Por otra parte -añadió-, todo el mundo sabe que muchas veces el aborto es el recurso que sigue a un embarazo no deseado, y esto tiene mucho que ver con lo que pasa hoy con ese pansexualismo general, con esa falta de criterio por la cual desde muy chicos, ya desde la primera adolescencia, empiezan con las relaciones sexuales. No están preparados para eso, no están preparados para ser padres y madres. El Estado lo que debe hacer es empeñarse mucho en la educación para que no sea necesario este recurso, para que no crea nadie que ese recurso es necesario. No basta el “cuidarse”, el “cuidarlos” repartiendo preservativos y anticonceptivos. Es preciso ayudar a que se formen integralmente, y reconozcan que el acto sexual tiene un doble significado, unitivo y procreativo. Así fuimos hechos el varón y la mujer, no sólo para gozar, sino para perpetuar la especie humana sobre la tierra, y para poblar, superados los estrechos egoísmos, esta tierra nuestra”.

“Eso es lo que queremos afirmar: sí a la vida y sí a la vida del niño por nacer. Espero, entonces, que sean muchos los que se encuentren en la Marcha por la Vida el miércoles 27 en Buenos Aires", concluyó monseñor Aguer.+


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La falsa leyenda negra de Junípero Serra: el 'civilizador' de indios español acusado de genocida

El religioso franciscano fundó nueve misiones al otro lado del Atlántico y luchó para que la sociedad nativa avanzara. Sin embargo, hace poco una estatua erigida en su honor fue decapitada en California



Recreación de una misa de Junípero Serra en el Nuevo Mundo - Vïdeo: ABC

Los héroes no son solo aquellos que, espada y escudo en mano, luchan una cruenta batalla sabedores de sus escasas posibilidades de victoria. En muchas ocasiones, los ídolos no necesitan armas ni armadura. El vivo ejemplo de ello fue Junípero Serra, un fraile franciscano que -allá por el siglo XVIII- dejó atrás a su querida España y recorrió casi 10.000 kilómetros en barco hasta México para versar a los nativos en las artes, las ciencias y el comercio.
Olvidándose de su seguridad y bienestar personal, Serra fundó además nueve misiones en el Nuevo Mundo dedicadas por completo a garantizar el bienestar de los indígenas. Fue, en definitiva, un gran hombre con un enorme listado de buenas acciones. Las mismas que, allá por el año 2015, le llevaron a ser canonizado por el Papa Francisco.
La de Junípero Serra es una historia de bondad. Aunque no debían opinar lo mismo los exaltados que, hace menos de una semana, decapitaron y pintaron de rojo una estatua levantada en su honor cerca de la Antigua Misión de Santa Bárbara.
La estatua de fray Junípero Serra de la ciudad californiana de Santa Bárbara, decapitada y pintada de rojo
La estatua de fray Junípero Serra de la ciudad californiana de Santa Bárbara, decapitada y pintada de rojo
Por desgracia, este denigrante asalto no ha sido una excepción. El pasado 23 de agosto, por ejemplo, fue también atacada una efigie del religioso ubicada en la ciudad de Los Ángeles (California). Otro tanto ocurrió en 2015 cuando, pocas jornadas después de que nuestro protagonista fuese canonizado, unos vándalos derribaron varias de sus esculturas y pintaron sobre su lápida las palabras «Santo del genocidio».
Y es que, a día de hoy son muchos los nativos que -tal y como explica José A. Sanz en «Cruces y flechas»- consideran que el religioso fue «un carcelero» que «construyó auténticos campos de concentración» y obligó «a los indios a convertirse al catolicismo». Todo falsedades, en palabras del mismo autor: «No hay evidencia alguna para afirmar que, en tiempos de Serra, hubiera conversiones forzadas de indios al catolicismo; no hay evidencia alguna que muestre que Serra fuera personalmente cruel con los indios; durante la presidencia de Serra no hubo tal destrucción de los pueblos indígenas».
La visión más cruel de este fraile contrasta también con el hecho de que, a día de hoy, este héroe patrio es el único honrado con una estatua en el Capitolio de Washington.

Triste salida de España

La villa de Petra, en la isla de Mallorca, fue la urbe que vio nacer al futuro evangelizador el 24 de noviembre de 1713. Así lo afirma el también religioso del XVIII Francisco Palou (amigo inseparable de nuestro protagonista) en su obra «Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del V. P. Fray Junípero Serra».
El autor señala además que «fueron sus padres Antonio Serra y Margarita Ferrer, humildes labrados, honrados, devotos, y de exemplares costumbres» los que instruyeron a Miguel José (pues ese era su verdadero nombre) «en el santo temor de Dios». La infancia de nuestro protagonista, por tanto, se forjó en base a la religión. Así lo deja claro el cronista, quien señala que «desde luego que empezó a andar, [comenzó] a frequentar la Iglesia y Convento de San Bernardino».
Su paso por aquella escuela le granjeó, en palabras de Palou, grandes conocimientos en «la latinidad, de la que salió perfectamente instruido». Pronto quedó claro que poseía aptitudes más que claras para la filosofía y que se sentía atraído por la religión. Por ello, y a la edad de 15 años, empezó a asistir a las clases del convento de San Francisco de Palma. «Sintiéndose llamado por la vocación religiosa, al año siguiente viste el hábito franciscano en el convento de Jesús, extramuros de la ciudad. El 15 de septiembre de 1731 emite los votos religiosos, cambiando el nombre de Miguel José por el de Junípero», explicaba el fallecido Salustiano Vicedo en su dossier «Beato Junípero Serra (1713-1784), Apóstol de Sierra Gorda y California».
Mapa de Estados Unidos y Fray Junípero
Mapa de Estados Unidos y Fray Junípero- José María Nieto
A partir de entonces se dedicó al estudio y a la docencia. Tarea en la que destacó sobremanera formando a decenas de discípulos. Y así permaneció hasta 1741.
Con todo, su paso por la tarima le duró poco. Ansioso de predicar en el Nuevo Mundo, Serra no pudo contener la alegría cuando le informaron de que, finalmente, se había aceptado su petición para cruzar el Atlántico y unirse al Colegio de Misioneros de San Fernando (en México). La felicidad inicial, no obstante, le duró poco. Y es que, aquello implicaba alejarse de sus padre. Al final nuestro protagonista no tuvo valor para decirles la verdad. «Visitó á sus ancianos padres, despidiéndose y tomado la bendición de ellos para volverse, respecto á haber concluido su tarea; á quienes; dexó asimismo ignorantes de su determinación, quedando por esto mas oculta», añade Palou.

Los horrores del viaje

El 13 de abril de 1749 Serra partió hacia Málaga rumbo a Cádiz. Este viaje ha sido, en cierto modo, olvidado por la historia. Sin embargo, fue más importante de lo que dejan entrever las crónicas. ¿La razón? Que, durante el trayecto, el fraile tuvo un enfrentamiento con el capitán del bajel que podría haber dado con sus huesos en el mar.
En palabras de Palou, presente en el viaje, aquel sujeto era un «hereje protervo» que no dudó en provocar a los religiosos durante las quince jornadas que estuvieron en el barco. Siempre según sus escritos, el marino atacó durante todo el trayecto a la religión «hablando inglés o algo de portugués» (pues no sabía español) y leyendo pasajes de la Biblia que consideraba inadecuados.
Serra, por su parte, no evitó el conflicto durante aquellas jornadas. «Como nuestro Fray Junípero era tan instruido y versado en el dogma y las sagradas escrituras, […] intentaba que percibiera su error», añade Palou. El enfrentamiento, en principio dialéctico, terminó desquiciando al capitán, quien llegó a «ponerle un puñal a a la garganta con intenciones (al parecer) de quitarle la vida». Sin embargo, parece que desistió cuando el español le señaló que «si no nos ponía en Málaga, nuestro rey pediría al de Inglaterra por nosotros, y su cabeza lo pagaría».
En cualquier caso, Serra arribó sano y salvo a Cádiz y, desde allí, partió hasta Veracruz (en México). A este lugar llegó tras una travesía de 99 jornadas.
Por desgracia, su suplicio no acabó cuando pisó México. Y es que, en su camino al Colegio de Misioneros de San Fernando tuvo un percance que le dejó marcado de por vida. «Se hincharon los pies a [...] Junipero, de suerte que llegó á una Hacienda sin poderse tener; atribuyeronlo á picadas de zancudos por la mucha comezón que sentía, […] Le amaneció ensangrentado todo con cuyo motivo se le hizo una llaga [...] le duró toda la vida», añade Palou. Ni eso podría con nuestro protagonista, decidido a continuar su labor evangelizadora y civilizadora.

Labor civilizadora

Como bien señala Vicedo en su dossier sobre este personaje, Serra permaneció seis meses en el Colegio de Misioneros de San Fernando. Pasado este tiempo dirigió sus pasos hacia la llamada Sierra Gorda (en Querétaro, México). Allí, según Palou, fueron recibidos calurosamente por los nativos de las diferentes misiones. Palabras que acaban radicalmente con la extendida idea de que los indígenas odiaban la labor de los cristianos.
Una vez en la zona, nuestro protagonista se dedicó en primer lugar a aprender la lengua de los lugareños y a dar a conocer entre ellos la religión cristiana. «Intentó imprimir en sus tiernos corazones la devoción al Señor», completa el cronista en su extensa obra.
Pero esa no fue su única labor. «Para que los indios tuviesen qué comer y vestir [...] agenció por medio de sindico el aumento de bueyes, vacas, bestias, y ganado menor de pelo y lana, maíz, y frixol para poner en corriente alguna siembra, en lo qual se gastó no solo el sobrante de los 300 pesos [...] que daba S. M. á cada Ministro para su manutencion, sino también la limosna que se podía conseguir por misas, y la que ofrecían algunos bienhechores», explica Palou.
«Para que los indios tuviesen qué comer y vestir [...] agenció el aumento de bueyes, vacas, bestias, y ganado menor de pelo y lana, maíz, y frixol»
En poco tiempo consiguió también aumentar las cosechas que daban de comer a los indios. Algo que logró, entre otras cosas, «aparatando [a los indios] de toda la ociosidad en la que se habían criado», organizándolos y enseñándoles técnicas avanzadas de cultivo. Por si fuera poco, también les ayudó a construir granjas y talleres. La labor, sin duda, ayudó a los nativos a avanzar. «Fue tal la transformación realizada en aquella zona montañosa que, de un erial infructuoso, sus valles se transformaron en fecundo vergel. Y unos indios semisalvajes y ariscos, quedaron convertidos en sociables ciudadanos, instruidos en los diferentes campos de la actividad humana de aquellos tiempos», añade, en este caso, Vicedo.
El mayor defensor de la labor de Serra era Palou, pues entendía -en palabras de Sanz- que «era un modelo de misionero y que su plan de misiones era el único remedio para que los indios tuvieran un futuro».
Durante aquella vorágine civilizadora fue requerida la presencia de Serra en San Saba (Texas). Más concretamente, en una misión que había sido arrasada a base de flechas por los apaches. El fraile (para entonces «Presidente de los misioneros») aceptó, pero finalmente se canceló su partida. Por ello, y en palabras de Vicedo, «se dedicó a dar misiones populares por todo el Territorio de la Nueva España» durante un año.

Primera expedición

Mientras Serra evangelizaba medio México, la situación internacional se recrudecía. Ejemplo de ello es que, en 1767, los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles. Una decisión que dejó vacías sus misiones en la Baja California y obligó a franciscanos como Serra a asentarse en ellas. «Salimos el día 12 de marzo de dicho año, habiendo anochecido ya», añade Palou, quien viajó junto a Junípero.
Por si esta situación no fuese ya lo suficientemente peliaguda para España (la cual se arriesgaba a perder una buena parte de las misiones en la Baja California), un año después de que Serra arribara a su nuevo puesto llegaron informes de que los rusos buscaban colonizar el noroeste americano. Un desastre para los intereses de nuestra corona en la zona.
¿Cuál fue la solución ofrecida por los españoles? Adelantarse a sus competidores. «El Visitador Real José de Gálvez propuso al gobernador una expedición a Monterrey», explica Matt A. Casado en «California hispana: Descubrimiento, colonización y anexión por los Estados Unidos». Sin embargo, sabía que le sería imposible colonizar solo con las armas, por lo que hizo llamar a Serra.
Estatua de fray Junípero Serra
Estatua de fray Junípero Serra
La expedición partió el 10 de abril de 1769 en dirección a Monterrey bajo el mando de Gaspar de Portolá. El viaje fue más duro que cualquiera de los anteriores en los que había participado Serra. Los episodios que vivieron aquellos hombres así lo atestiguan. El 28 de mayo, por ejemplo, los nativos trataron de detener el avance de los soldados españoles por las bravas a la altura de una zona llamada la Cieneguilla, aunque los nuestros los dispersaron a base de tiros al aire.
«Fray Junípero era entusiasta, pero no ciego. Sabía que en cualquier momento los indios se podían convertir en una amenaza», añade Sanz. Lo cierto es que no le faltaba razón. Y así que claro el 27 de junio cuando, de la nada, aparecieron dos grupos de nativos armados con arcos y flechas que se ubicaron en los flancos de la expedición. Los nuestros se pusieron en guardia pensando que les tocaría defenderse hasta la muerte. Pero no sucedió nada. Según explicó Serra en sus memorias, los indios se dedicaron a dar alaridos hasta que se cansaron y se marcharon.
A primeros de julio la expedición arribó al puerto de San Diego, donde nuestro protagonista fundó la primera misión de la Alta California, la de San Diego de Alcalá.
La estructura social y militar que se generó alrededor de esta misión sería más que revolucionaria. De esta forma lo explican, al menos, Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales en su obra «Banderas Lejanas. La exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos»: «[Allí] se hubo de destinar seis soldados. Así nació un sistema muy eficaz que luego fue copiado en toda California en aquellos lugares donde no había un presidio que diese protección inmediata a los misioneros. Consistía en dotar de una pequeña unidad militar a cada asentamiento en el que los religiosos y los indios cristianizados cultivaban la tierra y producían alimentos».
«Creó un sistema muy eficaz que luego fue copiado en aquellos lugares donde no había un presidio que diese protección inmediata a los misioneros»
Vicedo recuerda en su dossier que las relaciones con los nativos no fueron todo lo amables que nuestro protagonista hubiera querido. Aunque ni las tensiones ni los robos perpetrados por los indios le impidieron continuar su labor civilizadora. Tampoco se rindió cuando su campamento fue atacado ni cuando los alimentos se agotaron y Portolá ordenó la retirada. «Sus ruegos lograron que se aplazara la retirada y, en el ínterin, llegó el barco con nuevos recursos», añade Vicedo. Al final, la tenacidad mostrada por Serra y sus deseos de cristianización hicieron que pudiese formar su segunda misión (la de San Carlos de Borromeo) en Monterrey allá por 1771. «Hizo la fundación del establecimiento con misa cantada y demás ceremonias de costumbre», añade Palou en su obra.

Otras misiones

Tras estas dos primeras, Junípero Serra fundó otras tres misiones más: la de San Antonio de Padua (1771), la de San Gabriel Arcángel (1771) y la de San Luis Obispo de Tolosa (1772).
La creación de la última de esta lista (auspiciada por el lugarteniente de Portolá, Pedro Fages) fue particularmente feliz para los nativos. «Serra convenció a Fages para que le dejara algunos hombres y así poder fundar una nueva misión, que recibió el 1 de septiembre de 1772 el nombre de San Luis Obispo de Tolosa. La amistad de los indios, agradecidos por [una] matanza de osos que Fages había llevado a cabo un año antes, garantizó el éxito del nuevo asentamiento», añaden Laínez y Canales en su obra.
En los años siguientes, el número de misiones creadas por Junípero Serra aumentó hasta un total de nueve. Así lo explica Palou en su libro, en el que se señala además que el fraile se desvivió para llevar víveres a las mismas con el objetivo de que ningún nativo pasase hambre.
Estatua de Serra en San Juan Capistrano
Estatua de Serra en San Juan Capistrano
Entre todas ellas destacó la creación de una misión ubicada a medio camino entre las regiones de Los Ángeles y San Diego. Su levantamiento comenzó en 1774, cuando el fraile Fermín Luasén y un comandante llamado Francisco Ortega fueron enviados a la actual zona de San Juan Capistrano con el objetivo de fundar un centro religioso.
La labor de los mismos, que en principio se desarrolló sin problema alguno, tuvo que ser detenida repentinamente cuando recibieron órdenes de regresar al punto de partida por culpa de un ataque nativo.
La misión (todavía sin fundar) quedó totalmente abandonada. Sin embargo, poco después partió hacia la zona Junípero Serra para continuar el trabajo. Lo hizo, además, junto a dos misioneros (fray Pablo Mugartegui y fray Gregorio Amurrio), un cabo y diez soldados.
«Llegaron al sitio en donde hallaron enarbolada [una] cruz [dejada por Ortega] y desenterraron las campanas, a cuyo repique acudieron los gentiles muy festivos de ver que volvían a su tierra los padres. Hizóse una enramada, y puesto el altar dijo en él el venerable padre presidente la primera misa. Deseoso de que se adelantase la obra, tomó el trabajo de pasar su reverencia a la misión de San Gabriel a fin de traer algunos neófitos para ayuda de la obra, algún socorro de víveres para todos y el ganado vacuno que ya estaba», añade Palou.
«Cuando el misionero murió en la misión de Carmel [en 1784], las exequias fúnebres que se hicieron fueron impresionantes»
Debemos suponer que el monje pasó sus últimos días feliz por el buen trabajo realizado a lo largo y ancho del continente americano. «Cuando el misionero murió en la misión de Carmel [en 1784], las exequias fúnebres que se hicieron fueron impresionantes. Tras la muerte de fray Junípero, el padre Fermín Francisco Lasuén quedó como director de las misiones, y con él tuco que coordinarse Fages», completan los divulgadores históricos españoles. A la tumba, nuestro protagonista se llevó también el odio de algunos gobernadores de California que le impidieron realizar más fácilmente su tarea y la leyenda negra que se generó a su alrededor. Un mito imposible de entender atendiendo a su currículum civilizador.

Falsa leyenda negra

La historia de Junípero Serra nos habla de bondad y de piedad. Así lo demuestra el que fuera beatificado por Juan Pablo II en 1988 y, posteriormente, canonizado por el papa Francisco allá por 2015. Este último señaló durante una de sus homilías que el misionero había tenido que lidiar con la dura mentalidad de los conquistadores que viajaban hasta el otro lado del mundo.
«Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos», explicó hace dos años el Sumo Pontífice.
Sin embargo, ni su pasado misionero ni su reconocimiento internacional han servido para acallar a aquellos que creen que participó en el genocidio que los españoles cometieron en América. En 2015, por ejemplo, algunas asociaciones nativas cargaron frontalmente contra su memoria aprovechando su canonización.
Fray Junípero Serra
Fray Junípero Serra
Una de ellas fue «Mexica Movement», defensora de la «liberación americana de los europeos». Esta, a través de uno de sus representantes (Olin Tezcatlipoca) declaró a la cadena CNN que Junípero Serra había «planificado el genocidio». La afirmación es una de las más benévolas, ya que el grupo ha llegado a señalar que el religioso «era un racista que cometió crímenes inmorales y genocidas contra nuestra gente».
El grupo también ha tildado, a lo largo de los últimos años, a las misiones de Serra de ser realmente campos de concentración para los nativos. Una teoría que suscribió posteriormente Andrew Salas (presidente tribal de la nación Kizh) en la cadena BBC: «Eran campos de exterminio para mi gente. Ellos sirvieron de esclavos para erigir algunos de los ejemplos más bellos de la arquitectura del estado de California, que no eran más que una fachada de los insalubres campos de la muerte».
Estos grupos son partidarios también de que los nativos eran obligados a vivir en las misiones fundadas por los españoles en unas condiciones de absoluta insalubridad. Además, no señalan que los españoles repartían comida a diario entre los indios y les protegían de sus enemigos en estas instalaciones. Para contrarrestar esta muestra de solidaridad explican que muchos pueblos no tenían más remedio que alojarse allí debido a que eran las únicas zonas en las que había alimento.
«Las misiones eran campos de exterminio para mi gente»
Asociaciones como «Mexica Movement» también esgrimen que los misioneros (así como los soldados españoles) solían azotar a los nativos cuando se comportaban de una manera inadecuada. En este sentido, cargan contra Serra arguyendo que envió una carta en 1780 en la que afirmaba que no tenía problemas de conciencia por ello debido a que era «el método que se usa en todo el mundo, ha sido practicado por todos los santos misioneros, y es recomendado por las autoridades civiles». Sin embargo, se olvidan de señalar que aquella era una práctica tristemente habitual y que, a su vez, también la sufrían los soldados españoles fugitivos. Por si fuera poco, no hay evidencias de que el mismo fraile fuera el que empuñara el cuero.
A fray Junípero también se le reprocha el haber fundado un sistema de misiones que acabó con una buena parte de la civilización indígena. En este caso, de lo que no se acuerdan los mencionados grupos es de episodios como el acaecido a mediados de julio de 1776. Durante aquellos días, Serra pidió clemencia para un grupo de nativos que había atacado un asentamiento español.
«Fray Junípero tenía buenas razones para pedir clemencia por los indios […] que habían destruido la misión de San Diego. Se lo dijo a Teodoro de Croix, primer comandante general de las Provincias Internas (carta del 22 de agosto de 1778): esos rebeldes y asesinos eran sus hijos, engendrados en Cristo».