Dejemos que el paso del tiempo responda si hay estallido social o no
Sabemos que el gobierno se niega a reconocer el problema y que, por
el contrario, lo agrava, pero también la oposición no se anima de
decirlo abiertamente. ¿A qué me refiero? A la crisis económica que
tenemos, entre otras cosas, por un gasto público que resulta
insostenible para el sector privado.
Puedo entender, no justificar, a los políticos opositores que no
dicen que hay que bajar el gasto público. Es que buena parte de los
votantes se quejan de la carga impositiva y de la inflación, pero
quieren que el Estado siga gastando en los llamados planes sociales, de
manera que un político que quiere ganar las elecciones, y sabe que el
problema del gasto público es grave, seguramente va a mentir al respecto
o no decir nada.
Ahora bien, sí podemos afirmar con absoluta certeza que aquellos que
dicen que no se puede bajar el gasto público porque se crearía una
crisis social no están viendo que la crisis social ya está ocurriendo
justamente por no bajar el gasto público y, finalmente, el gasto bajará
en la forma más desordenada que uno puede imaginarse.
El populismo k ha llevado la situación a un extremo de crisis. Por un
lado aumentó el gasto hasta niveles récord (empleados públicos, legión
de jubilados que nunca habían aportado al sistema, subsidios, obras
públicas innecesarias o que podría ser financiadas por el sector
privado, etc.) y por otro lado ha inducido a que cada vez trabaje menos
gente en blanco (los que viven de planes sociales no quieren saber nada
de ser contratados en blanco en un trabajo). Puesto de otra forma, un
trabajador que está en blanco tiene que mantener a una legión de
empleados públicos a nivel nacional, provincial y municipal. Tiene que
sostener a millones de jubilados y tiene que bancar a millones de gente
que vive de subsidios y no produce nada, es más, muchos empleados
estatales no solo son mantenidos para consumir sino que, además,
obstaculizan el trabajo de los pocos que quedamos produciendo. La
estrategia es de locos, boicotean a los que producimos para mantenerlos a
ellos. En síntesis, tenemos una relación de gente que produce y gente
que vive de lo que producen los que trabajamos que hace infinanciable el
gasto público.
¿Por qué por primera vez en la historia económica de la Argentina hay
trabajadores en relación de dependencia que nunca en su vida habían
pagado el impuesto a las ganancias y ahora sí lo pagan? No es porque el
gobierno está aplicando un sistema tributario más justo. Es porque ha
tenido que descender hasta niveles nunca imaginados de contribuyentes
para apropiarse del fruto de su trabajo para mantener el aparato
estatal. El no ajuste por inflación del mínimo no imponible es el
mecanismo utilizado por el gobierno para cobrarle ganancias.
Pero si uno analiza la evolución de la recaudación tributaria, se
encuentra con que está creciendo unos 6 puntos porcentuales menos que la
tasa de inflación tomando el período enero-agosto de este año, en tanto
que los gastos están subiendo, como mínimo, 3 puntos porcentuales por
encima de la tasa de inflación. En otros términos, los gastos crecen en
términos reales y los ingresos caen en términos reales.
Este déficit lleva a que la única opción que hoy le queda al gobierno
para financiar el déficit fiscal es la emisión monetaria, lo cual
genera inflación y todas las complicaciones que conocemos.
Pero la inflación ya es tan aguda que la gente huye del dinero, por
lo tanto, para poder recaudar más o menos a misma cantidad del impuesto
inflacionario, lo que tiene que hacer el gobierno es aumentar la tasa
del impuesto inflacionario que cobra, es decir, la tasa de inflación. Si
la gente elude el impuesto inflacionario comprando dólares o comprando
bienes para quitarse los pesos de encima, quiere decir que no tiene
inmovilizados pesos sobre los cuales se pueda cobrar el impuesto
inflacionario. Hay una especie de rebelión fiscal contra el impuesto
inflacionario. Por eso CFK acaba de afirmar que la gente tiene que
comprar cosas que se tocan y se ven. En rigor el dólar se puede tocar,
ver, oler y hasta pesar y además sube respecto al peso. Al que apuesta
al dólar no pierde. La que pretende CFK es que la gente no defienda sus
ahorros y los gaste en bienes para favorecer su política económica que
agoniza por la recesión y la inflación.
Si a esta infernal presión impositiva e inflacionaria le agregamos un
largo listado de regulaciones que frenan la producción, como pueden ser
la ley de abastecimiento o el cepo cambiario, tenemos una combinación
económica letal: a) sobran pesos que la gente no quiere, b) faltan
dólares que la gente sí quiere y c) cada vez hay menos bienes y
servicios frente a una mayor cantidad de pesos en circulación. Tal vez
no terminemos en un estallido hiperinflacionario como el de 1989, pero
vamos a pasarla complicado.
Para salir adelante se necesitan las siguientes medidas que el
gobierno kirchnerista no va a adoptar. En primer lugar disciplina
fiscal, esto exige de una muy fuerte baja del gasto público. En segundo
lugar una reducción de la presión impositiva. Es fácil imaginar que con
déficit fiscal y reducción de la carga tributaria el nivel de baja de
gasto público que hay que hacer es significativo. En tercer lugar
eliminar todas las regulaciones que están frenando la capacidad de
innovación y producción. Esto es más sencillo de hacer. Y, finalmente,
reestablecer la seguridad jurídica para atraer inversiones. Otra tarea
complicada porque la confianza cuesta mucho conseguirla pero se pierde
en segundos.
El kirchnerismo no va a hacer nada de esto porque no está en su
ideología, ni en sus objetivos, ni tiene interés. Por lo tanto, siempre
queda picando la misma pregunta: ¿podrá CFK estirar la mecha de la bomba
para que explote en 2016 o explotará antes? Si uno dice que explota
antes, entonces está conspirando contra el gobierno, las instituciones y
trabaja para los fondos buitres. De manera que no voy a responder a
esta pregunta. Dejemos que el paso del tiempo responda por su cuenta.
Solo tengamos en cuenta que hoy el no ajuste del sector público se
traduce en el ajuste del sector privado, que justamente es el que
mantiene al sector público. Explicar cómo el que vive explotando a otros
puede seguir disfrutando de esa vida matando al que lo mantiene, es un
desafío que se lo dejamos al gobierno. Explicar lo inexplicable: matar a
mi mecenas solo por placer es de locos.
Fuente: http://economiaparatodos.net/