EL SIGNIFICADO DEL 24 DE MARZO:
Cada año, el 24 de marzo hay actos de repudio por el golpe de 1976, organizados por las “Madres de plaza de Mayo” y otras organizaciones afines, acompañados por políticos y grupos de extrema izquierda. Es humanamente comprensible que una madre mantenga vivo el recuerdo de su hijo muerto, así haya sido un asesino, haya puesto bombas y/o secuestrado personas, y que una abuela quiera encontrar a sus nietos. En otro orden de cosas, es un signo de madurez que la sociedad argentina repudie los golpes de Estado y tenga una firme convicción democrática.
Pero de ahí en más las cosas no son tan claras. En primer término, hay una falsificación consciente de la historia. El golpe se produjo porque había terrorismo organizado, desorden generalizado e incapacidad de dominar la situación por parte del gobierno y del estamento político de entonces. La verdad histórica es que el 24 de Marzo de 1976 amplios sectores de la población respiraron aliviados y estuvieron muy conforme con el restablecimiento del orden por parte de las Fuerzas Armadas.
Con anterioridad a las elecciones del 11 de marzo de 1973, en las que Héctor Cámpora resultó vencedor, se argumentaba que el terrorismo organizado era la respuesta a una dictadura militar. Pero resultó que en 1973 y 1974, con plena vigencia de las instituciones democráticas, hubo dos secuestros extorsivos por día de empresarios a quienes exigían rescates de entre uno y 60 millones de dólares. Hubo además unos 2000 muertos a manos del terrorismo, entre los que se contaban numerosos dirigentes gremiales, empresarios, intelectuales, miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y otros.
De acuerdo a la minuciosa investigación del fiscal Juan Martín Romero Victorica en la causa de Mario Firmenich, había unos 15.000 terroristas armados y unos 25.000 hombres de apoyo, más un elevado e indeterminado número de personas que apoyaban ideológicamente y prestaban servicios a los terroristas. La dimensión que había adquirido el terrorismo organizado fue lo que indujo la idea de que sólo un gobierno de las Fuerzas Armadas podía eliminar el fenómeno.
Los militares entendieron que la eliminación de la subversión era su objetivo primordial. En su acta inicial de propósitos afirman una y otra vez su voluntad de crear condiciones para una democracia genuina. Está claro que la misma no es posible con terrorismo e intimidación, ni con “Triple A” y grupos armados sindicales, ni tampoco con alta inflación y desorden permanente. La democracia requiere aceptación por sus resultados. No cabe ninguna duda de que las condiciones que se dieron en 1983, cuando los militares entregaron el poder por propia voluntad, eran muy distintas de las que prevalecían en marzo de 1976, cuando lo tomaron. A partir de diciembre de 1983 una genuina democracia fue posible.
Se sigue hablando de 30.000 desaparecidos, sin que jamás se haya explicado de dónde proviene esta cifra. El informe Sábato llega a unos 9.000. Los pedidos de pago de indemnizaciones a los parientes de los desaparecidos, debidamente analizados y aprobados, llegan a una cifra no muy distinta. Es difícil de suponer que alguien no se presente a cobrar $ 220.000. Nunca se determinó cuáles y cuántos de estos desaparecidos eran culpables de asesinatos y otros actos terroristas, y cuántos (y quiénes) murieron en su ley, en enfrentamientos armados.
La acción de os grupos de repudio apunta explícitamente a reivindicar la ideología y el objetivo de los “Montoneros” y del “ERP”. Quieren, hoy como ayer, una “patria socialista”, es decir comunista. De haber triunfado, la Argentina hubiera sido una segunda Cuba. Dicen que la política económica de Menem y también de De la Rúa son la continuación de la de Martínez de Hoz.
Sin duda, las tres políticas admiten el modelo de nuestra Constitución Nacional, basado en la propiedad y la iniciativa privada, y las tres reconocen la realidad del mundo actual, en el que el comunismo ha fracasado ruidosamente. Pero cada gobierno tiene su política económica, de acuerdo a sus ideas y a las circunstancias históricas que le tocan. Decir que los tres nombrados (y para algunos también Alfonsín) son iguales, es decir que un elefante se parece a una caja de fósforos en que ninguno de los dos se puede hacer dulce de leche.
Teofilo Saint Germain
Diario La Razón de Buenos Aires, 30 de marzo de 2000.